martes, 21 de julio de 2015

QUE SON LAS PLATAFORMAS EDUCATIVAS EN ESPAÑOL





Las TIC en las Nubes:
Las Tecnologias de la Informacion y la comunicación en la nube: Es la forma de que los recursos como documentos , Presentaciones que hoy tenemos en nuestro disco duro o pendrive y poder llevarlos a la red para que podamos tenerlo e a nuestro alcance en cualquier lugar del mundo o poder compartirlo con otras personas y teniendo nuestros materiales en la nube puedo hacer los cálculos y operaciones en una maquina local, pero tener en una memoria remota a través de INTERNET,
La Nube: Es  un espacio físico de almacenamiento al que  puedes acceder para hacer lo mismo que haces con tu computador y periféricos pero en Internet con todas las ventajas y desventajas que esto acarrea. 

VENTAJAS: 
- puedes compartir información a nivel mundial 
- obtener recursos facilmente 
- no requieres un computador especifico, puedes acceder desde cualquiera 

DESVENTAJAS: 
- la información que almacenas puede ser blanco de piratería informatica 
- la información ya no te pertenece literalmente porque almacenaste en servidores externos 
- la velocidad de acceso dependerá de tu ancho de banda y sinembargo siempre será menor a la velocidad que ya tienes en tu disco duro 

por mencionar algunas. 

PORQUE SE LE DICE NUBE? 

Pues simplemente porque está alla "ARRIBA" (virtualmente hablando) es decir en INTERNET, (se te hacen familiares los terminos BAJAR (descargar) O SUBIR información ?) 


Diferencia entre Google Docs, y Google Drive:
Google Docs: Es una herramienta de Ofimatica (Word, Excel,Etc) suministrada por Google, y que accedemos via Web.-
Google Drive:Es un espacio de memoria otorgado por Google en la nube.-

Comunidades en la Web: Es un espacio virtual, comunidades que se forman por intereses comunes.-
Los Wikis: es un sitio web colaborativo que puede ser editado por varios usuarios.
Los usuarios de una wiki pueden así crear, editar, borrar o modificar el contenido de una página web, de una forma interactiva, fácil y rápida; dichas facilidades hacen de una wiki una herramienta efectiva para la escritura colaborativa. tipos de documentos wikis, Art,Blogs, Trust
Diferencia entre blogs y wikis
Blogs
Wikis
- Normalmente un sólo autor/editor + comentarios
- Estructura cronológica empezando por la última "entrada"
- Links externos
- Muchos autores al mismo nivel
- La estructura puede ser variada, sustituyéndose las versiones a medida que se modifica.
- Links externos e internos
Blog: Es una Pagina web donde se publica en forma cotidiana entradas, Antes solo contenían texto, hoy en día contienen imágenes , vídeos, son mas dinámicos.-

  • comunican ideas
  • Publican contenidos

Aplicaciones Web: Las aplicaciones web reciben este nombre porque se ejecutan en la internet. Es decir que los datos o los archivos en los que trabajas son procesados y almacenados dentro de la web. Estas aplicaciones, por lo general, no necesitan ser instaladas en tu computador.
El concepto de aplicaciones web está relacionado con el almacenamiento en la nube. Toda la información se guarda de forma permanente en grandes servidores de internet y nos envian a nuestros dispositivos o equipos los datos que requerimos en ese momento, quedando una copia temporal dentro de nuestro equipo.En cualquier momento, lugar y desde cualquier dispositivo podemos acceder a este servicio, sólo necesitamos una conexión a internet y nuestros datos de acceso,  que por lo general son el nombre de usuario y contraseña.Estos grandes servidores de internet que prestan el servicio de alojamiento están ubicados alrededor de todo el mundo, así hacen que el servicio prestado no sea tan costoso o gratuito en la mayoría de los casos y extremadamente seguro.
E-Learning: Se denomina aprendizaje electrónico, educación a distancia completamente virtualizado.-
B-Learning: Aprendizaje mezclado es un proceso docente semipresencial, o sea tendrán clases presenciales, o como E-learning.-
M-Learning: Aprendizaje electrónico móvil (diapositivas móviles, celulares, Palms, Tabletas, Ipads,agendas electrónicas.-
PlataformaEducativas: Es la Herramienta tecnológica, usada para distribuir, el conocimiento : Blackboard,Athenea,,Moodle, Edu,Desire2Learn,Joomla, Spip, Drupal, Dokeos, Claroline, Nicenet, webtc,Lon, Capa,php,Nuke, Siggma.-
Clasificación de Plataformas:
·         CMS: Es un software que permite la creación y administración de los contenidos de una pagina web.-
·         LMS: Registra a todos los actores que intervienen en el acto de aprendizaje, organiza los diferentes cursos en un catálogo almacena datos sobre los usuarios realiza un seguimiento del aprendizaje y genera reportes automáticos.-
·         LCMS: Es un software que cambina la capacidad de gestión de cursos de LMS con la capacidad de almacenamiento y creación de contenidos de un CMS.-
Ventajas de trabajar con plataforma educativa
·         Software que automatiza la administración de las actividades de aprendizaje

  • ·         Permite el acceso a materiales de lectura necesarios para el curso, en cualquier momento.
  • ·         Pone al alcance de los estudiantes las indicaciones sobre las actividades aprendizaje.
  • ·         Permite la comunicación entre el asesor y los estudiantes de forma sincronizada asincrónica, asi como entre los estudiantes.-
  • ·         Hace sencillo el envió de tareas y trabajos
  • ·         Permite programar con detalles las actividades de aprendizaje.-
  • ·         Facilita la incorporación de instrumentación de auto-evaluación y evaluación.
  • ·         Al usarse, instrumentos  de evaluación, la calificación se calcula automáticamente, según los criterios del asesor.-
  • ·         Permite aplicar encuesta.-
Aula Virtual: Software de tele-formación que proporciona un entorno para desarrollo de cursos de formación a distancia e interacción entre docente y alumno.-
Campus Virtual: espacio creado y organizado formalmente por una escuela en internet para el acceso a su oferta docente desarrollado en línea.-
La Wed 2.0 Es sobre todo  un concepto o metáfora de un nuevo software que permite convertir al navegante no solo en un consumidor de información elaborada por otros, sino también en un emisor, es decir, en un agente o sujeto productor de información . Los blogs y los wikis son la expresión conocida y generalizada de nueva concepción de Internet. Pero también lo son la publicación de pequeños videoclips, elaborados artesanalmente por cualquier persona o de presentación multimedia.-
La Wed 1.0 AYER
Red de documento LEER
·         Contenido Generado por expertos
·         Comunicación Unidireccional.
o   Sitio de Información  ESTATICA
La Wed 2.0  HOY
 Red social LEER y ESCRIBIR
·         Contenido generado por usuarios
·         Sitios con información CAMBIANTE
Redes Sociales Virtuales
                Facebook, Myspace, Twitter, Tuenti

Redes Temáticas o micro: Comunidades con un interés  específico: Ning, Elgg, Groups, Google Groups.-
E-lerning 2.0: Este modelo se conoce como E-learning 2.0, lo que implica que nuestros alumnos “escriban” en Internet y no solo “lean”. Esto supone organizar actividades para que nuestros estudiantes elaboran.-
·         Wikis para que elaboren diccionarios sobre los contenidos de la materia.
·         Blogs para que escriban sus diarios de clase
·         Debates colectivos a través de foros
·         Produzcan y publiquen objetos digitales tales como videos
·         Paticipan de redes temáticas específicos vinculados con el contenido de la signatura
Multimedia :
Es un término que procede de la lengua inglesa y que refiere a aquello que utiliza varios medios de manera simultánea en la transmisión de una información. Una presentación multimedia, por lo tanto, puede incluir fotografías, vídeos, sonidos y texto.

Una Biblioteca Virtual es
Un conjunto de colecciones que se publican vía web, al servicio de una comunidad específica. Conformada por contenidos comerciales, propios de la institución o de un sector específico, además de recursos open-source (opcional) y las herramientas tecnológicas para lograr una visibilidad del sector al que va dirigida la biblioteca virtual, en la que se registren los usuarios que se benefician de esta herramienta educativa.
TIPOS DE BIBLIOTECA VIRTUAL biblioteca digital: es la biblioteca donde el usuario puede acceder al universo de conocimientos con mayor rapidez, desde su escritorio o terminal de comunicaciones. En este sentido, se afirma que las personas dejan de depender de la biblioteca como edificio
Biblioteca virtual: se plantea que hay mucha similitud entre estos términos, pero no cree que se diferencien la biblioteca virtual de la digital; ambas están disponibles en red a diferencia de la electrónica que sólo utiliza las posibilidades de la red. Una o varias bases de datos de textos electrónicos y digitales, ofrecen además servicios en línea o virtuales. La diferencia entre biblioteca digital y virtual es que la primera se refiere sólo a contenidos y la segunda a las dos cosas: contenidos y servicios en un nuevo escenario invisible, inmaterial pero real, desarrollada por los hombres y la ingeniería, en los últimos decenios, y que se denomina ciberespacio.. Biblioteca electrónica: es aquella que ha sido capaz de integrar las tecnologías de información en el ámbito de su trabajo cotidiano, de forma permanente y eficiente, de forma tal que le permita crear nueva información con valor agregado; y que ha sido capaz de almacenar la totalidad de la información en soportes eléctricos, magnéticos o digitales. Además ha sido capaz de seguir el ritmo de crecimiento y actualización de la información en el mundo.
Un foro (también conocidos como "foros" o "foros de discusión") en Internet es una aplicación web que da soporte a discusiones u opiniones en línea. Dicha aplicación suele estar organizada en categorías. Estos últimos foros son contenedores en los que se pueden abrir nuevos temas de discusión en los que los usuarios de la web responderán con sus opiniones.

Un foro tiene una estructura ordenada. Las categorías son contenedores de foros que no tienen uso ninguno aparte de "categorizar" esos foros. Los foros, a su vez, tienen dentro temas (argumentos) que incluyen mensajes de los usuarios. Son una especie de tableros de anuncios donde se intercambian opiniones o información sobre algún tema. La diferencia entre esta herramienta de comunicación y la mensajería instantánea es que en los foros no hay un "diálogo" en tiempo real, sino nada más se publica una opinión que será leída más tarde por alguien quien puede comentarla o no. Los foros permiten el análisis, la confrontación y la discusión, pues en ellos se tratan temas específicos de interés para un grupo de personas. Dependiendo del foro, se necesitará registrarse para poder comentar o se podrá hacerlo de forma invitada (sin necesidad de registro ni conexión).
Buscadores
Un buscador se define como el sistema informático que indexa archivos almacenados en servidores web
 cuando se solicita información sobre algún tema. Por medio de palabras clave, se realiza la exploración y el buscador muestra una lista de direcciones con los temas relacionados. Existen diferentes formas de clasificar los buscadores según el proceso de sondeo que realizan. La clasificación más frecuente los divide en: índices o directorios temáticos, motores de búsqueda y metabuscadores.

Índices o directorios temáticos
Los índices o buscadores temáticos son sistemas creados con la finalidad de diseñar un catálogo por temas, definiendo la clasificación por lo que se puede considerar que los contenidos ofrecidos en estas páginas tienes ya cierto orden y calidad.

La función de este tipo de sistemas es presentar algunos de los datos de las páginas más importantes, desde el punto de vista del tema y no de lo que se contiene. Los resultados de la búsqueda de esta de estos índices pueden ser muy limitados ya que los directorios temáticos, las bases de datos de direcciones son muy pequeñas, además de que puede ser posible que el contenido de las páginas no esté completamente al día.

Motores de búsqueda
Artículo principal: Motor de búsqueda
Este tipo de buscadores son los de uso más común, basados en aplicaciones llamadas spiders ("arañas") o robots, que buscan la información con base en las palabras escritas, haciendo una recopilación sobre el contenido de las páginas y mostrando como resultado aquéllas que contengan la palabra o frase en alguna parte del texto.

Metabuscadores
son sistemas que localizan información en los motores de búsqueda más utilizados, realizan un análisis y seleccionan sus propios resultados. No tienen una base de datos, por lo que no almacenan páginas web y realizan una búsqueda automática en las bases de datos de otros buscadores, de los cuales toma un determinado rango de registros con los resultados más relevantes y así poder tener la información necesaria.


La función de este tipo de sistemas es presentar algunos de los datos de las páginas más importantes, desde el punto de vista del tema y no de lo que se contiene. Los resultados de la búsqueda de esta de estos índices pueden ser muy limitados ya que los directorios temáticos, las bases de datos de direcciones son muy pequeñas, además de que puede ser posible que el contenido de las páginas no
 esté completamente al día.
Buscadores más utilizados:
  1. Google
  2. Yahoo
  3. Bing
  4. Baidu
  5. MSN
  6. NHN Corporation
  7. Ebay
  8. Ask Network
  9. Yandex
  10. Alibaba
Podemos ver que 6 de los buscadores más utilizados tienen base en USA, 2 en China (Baidu, Alibaba), uno en Korea (NHN) y uno en Rusia (Yandex). Probablemente esto se deba al uso del idioma, y puesto que el inglés es el más utilizado en el mundo también son los buscadores más usados. Podemos ver que China y Rusia tienen una población muy amplia con acceso a Internet, y por lo tanto utilizan buscadores en su idioma. En este sentido Google se ha adaptado muy bien puesto que está disponible prácticamente en todos los idiomas.
Portales Más comunes o utilizados: El top 10

    1. Google
    2. Facebook
    3. YouTube - Broadcast yourself
    4. Yahoo!
    5. Baidu.com(Buscador de la República Popular China)
    6. Blogger.com
    7. Wikipedia
    8. Windows Live
    9. Twitter
    10. QQ.COM(Portal chino de servicios de internet)






    miércoles, 22 de abril de 2015

    4to modulo de: Tendencias de la Educación Superior


    PLAN DE CLASE


    FECHA

    UNIDAD

    CONTENIDOS

    OBSERVACIÓN





















    FICHA DE CONTROL DE LECTURA
    Nombre y Apellido:
    Fecha:
    Título de la lectura:
    Objetivo: Interpretar el texto ……………………….


    Nuevo vocabulario (Término que desconozco con su significado)
    Ideas principales de la lectura
    Dudas y comentarios


























    ACTIVIDADES
    -          Seleccionar un capitulo por cada participante.
    -          Leer  el material seleccionado
    -          Completar la ficha de Control de lectura
    -          Enviar al profesor antes de la sgte. clase a juanes.cde.py@gmail.com
    -          En la sgte. clase debatir el tema y los subtemas seleccionados   




    Capítulo 1

    CONTEXTO GLOBAL Y REGIONAL DE LA EDUCACIÓN
    SUPERIOR EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
    Axel Didriksson
    Colaboradores*:
    Efraín Medina
    Miguel Rojas Mix
    Lincoln Bizzozero
    Javier Pablo Hermo
    * NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluidos en el CD-ROM Tendencias
    de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    23
    Introducción
    La complejidad de la educación superior en la región, desde ahora y hacia su futuro,
    se revela en una serie de tendencias históricas y emergentes, en su heterogeneidad, en su
    desigualdad, pero sobre todo en el papel que pueden asumir las universidades públicas y
    algunas muy destacadas instituciones de educación superior, para construir un nuevo escenario
    que coadyuve al mejoramiento sustancial de los niveles de vida para sus poblaciones,
    y brinde la posibilidad de un mayor bienestar, democracia e igualdad desde la ciencia, la
    educación y la cultura.
    Los cambios que se analizan han sido persistentes y, nuestro punto de vista, es que lo serán
    de forma aún más pronunciada en las próximas dos décadas. La realidad de estos cambios
    puede ser expresada, con algunos ejemplos como los siguientes:
    1) De las universidades públicas tradicionales que dominaban el panorama de la región, se
    ha pasado a la organización de un sistema de educación superior complejo, heterogéneo
    y segmentado socialmente, que presenta una realidad distinta a la de su historia original;
    de instituciones de un sólo campus urbano, se ha pasado a las macrouniversidades públicas
    nacionales con multicampus de estructuras diferenciadas y a la conformación de un sistema
    segmentado y diversificado.
    2) De las escuelas técnicas y vocacionales de nivel medio superior, se ha conformado un importante
    aparato de instituciones politécnicas y tecnológicas de nivel medio, medio superior
    y superior.
    3) De la existencia de unas cuantas y poco significativas escuelas privadas se ha pasado a una
    condición de dominio de éstas en muchos países, con la concentración que tiene la empresa
    privada en el acceso social y en el número de sus instituciones.
    4) De la escasa investigación científica y de un número reducido de investigadores, se cuenta
    ahora con una multiplicidad de laboratorios e institutos de ciencia que abarcan todas las
    áreas del pensamiento humano y de sus fronteras, a pesar de sus insuficiencias.
    5) De unos cuantos miles de estudiantes que conformaban la élite de los profesionales, la
    región vive la masificación de la demanda social por educación superior.
    A los cambios que han ocurrido, como los anteriores, habría que agregar los de un nuevo
    periodo como el que nos encontramos, tales como la comercialización y mercantilización de
    las escuelas privadas; el impacto de las nuevas tecnologías que redefinen los espacios de aprendizaje;
    el desarrollo de nuevas áreas de conocimiento de base interdisciplinaria que empiezan a
    verse como sustitutivas de las tradicionales conformaciones curriculares y de la oferta actual de
    carreras; la contracción severa de los recursos financieros provistos por los gobiernos, con una
    mezcla de mecanismos de evaluación, de rendición de cuentas, de aparatos de acreditación que
    valoran el desempeño de instituciones, de programas y de personas; la importancia que está
    adquiriendo la internacionalización de los procesos de aprendizaje, el surgimiento de nuevas
    redes y asociaciones académicas, la movilidad de estudiantes y los nuevos procesos de transfe24
    rencia y gestión de los conocimientos.
    Las anteriores, son tan sólo algunas de las tendencias que durante los últimos decenios están incidiendo
    en los cambios que ocurren en la educación superior de América Latina y el Caribe, dentro
    de enormes brechas sociales, económicas, de equidad y desigualdad, así como de gobernabilidad.
    1. Universidad, sociedad y conocimiento
    Para explicar el papel que juegan las instituciones de educación superior en la conformación
    de nuevas expresiones de sociedad, de cultura, de relaciones sociales, de economía, de
    globalidad, de movimientos y cambios locales intensos, de regionalización y de conformación
    de bloques subregionales o regionales diversos y contrastantes, se requiere impulsar un gran
    debate sobre el carácter de los cambios que están presentes en el marco de lo que se ha caracterizado
    de forma diversa, y hasta contrastante, como el desarrollo hacia una “sociedad del
    conocimiento”.
    En este sentido, se identifican tendencias como las siguientes:
    1) Nos encontramos en un nuevo periodo, en donde se manifiesta la reorganización del conjunto
    de las esferas de la vida política, social y económica, por la intermediación de la producción y la
    transferencia de nuevos conocimientos y tecnologías sobre todo relacionadas con la informatización,
    las telecomunicaciones, así como en la biotecnología y en la nanotecnología.
    2) En este periodo uno de los sectores que tiene mayor participación, pero también que resiente
    los impactos de estos cambios es el de las instituciones de educación superior, porque
    sus tareas y trabajos se relacionan directamente con el carácter de los niveles de desarrollo e
    innovación de los principales componentes de la ciencia y la tecnología. Ello, porque gran
    cantidad de aspectos, para que este proceso ocurra, dependen de estas instituciones educativas,
    sobre todo por lo que se aprende y se organiza como conocimiento, por la calidad y
    la complejidad en la que se realiza y la magnitud y calidad que todo ello representa para la
    sociedad.
    3) Las instituciones de educación superior están destinadas, en consecuencia, a tener un papel
    fundamental en la perspectiva de una sociedad del conocimiento, sobre todo si pueden
    llevar a cabo cambios fundamentales en sus modelos de formación, de aprendizaje y de
    innovación.
    Nos encontramos en una condición de riesgo general. Esta perspectiva de corte más que
    todo preventiva que catastrofista, da cuenta de la necesidad de poner en el centro de este debate
    el problema, la altura, el carácter y el sujeto de los cambios que desde la educación superior
    puede llevarse a cabo.
    El tema no es banal, se trata de vivir en sociedades que enfrentan cotidianamente la inseguridad
    y la inestabilidad social, económica y ambiental sobre todo como consecuencia de lo que
    es el eje y el motivo de ser de estas instituciones educativas: el avance del conocimiento, de la
    ciencia y de la innovación tecnológica. Las decisiones al respecto, resultan no ser del todo pertinentes
    y adecuadas desde los avances “neutrales” de la ciencia, y operan bajo lógicas a menudo
    racistas, con fines de alcanzar un lucro desmedido, de operaciones que pueden llegar a destruir
    partes vitales de la existencia del planeta o de los seres humanos en condiciones de masa.
    25
    Una sociedad en donde los conocimientos, la ciencia y la tecnología juegan el eje central de
    una perspectiva inteligente de desarrollo, no puede permitir la reproducción de condiciones de
    riesgo e inestabilidad extremos, como en los que se vive.
    La región de América Latina y el Caribe se encuentra determinada por su ubicación de
    exclusión en el marco de brechas y asimetrías en las que ocurre la división internacional de los
    conocimientos, de la innovación tecnológica y de la revolución de la ciencia y de sus aplicaciones,
    y esto aparece día a día de manera contrastante y desalentadora para las instituciones
    educativas de la región, que se ven constreñidas a llevar a cabo procesos que tienen que ver más
    con la transferencia de conocimientos o con su imitación, que con la innovación y creatividad
    desde la perspectiva de una cultura propia y de una identificación clara de las prioridades sociales
    y económicas en beneficio de las mayorías de sus poblaciones.
    Estas distancias se muestran de forma cuantitativa y cualitativa, es decir, en el número
    de personas involucradas en la producción y el uso de los conocimientos, en la transformación
    del sentido de la información, como en su impacto para generar mejores condiciones
    de bienestar y equidad entre las poblaciones constantemente excluidas. Es esto lo que
    reflejan los indicadores que dan cuenta del número de personas educadas, de sus grados
    de escolarización, del número de sus investigadores y de su participación en los beneficios
    de una cultura informática.
    En un reciente informe de la ONU (2005), se señala que existen distintos tipos de sociedades
    del conocimiento: las de tipo “nominal” y de tipo “desequilibrado” o “contradictorio”,
    cuyos potenciales no se relacionan con el mejoramiento del bienestar de su población, y hasta
    pueden ir en contra de sus intereses por el beneficio sobre todo a de las grandes empresas
    transnacionales y de una minoría siempre más y más rica; frente a otro tipo de sociedad del
    conocimiento “inteligente”, en la cual los beneficios del desarrollo del conocimiento, de la
    información, de la ciencia y de la tecnología y de su democratización, se orientan al beneficio
    de la mayoría de su población.
    Una sociedad inteligente del conocimiento tal y como se define en el trabajo citado , no
    consiste en la riqueza de los activos provenientes de la ciencia y la tecnología o de la innovación
    de las empresas, sino en el aseguramiento de altos niveles de calidad y seguridad de la vida de
    la población y de la realización de una democracia profunda y no simulada, es decir, se trata de
    la manera como una sociedad decide libremente la manera como se organiza sobre su futuro, y
    en ello está en juego si decide ser una sociedad del conocimiento “inteligente” o no.
    “Nominal knowledge society- a surprisingly frequent phenomenon these days. Government strategies and policies proclaim the desire to
    achieve the goal of the Knowledge Society but none of the programs in place or envisioned contain believable plans that would measure
    up to the task of the needed institutional transformation. None or only very little of the potential brought by the ability to mass-produce
    knowledge is utilized. To the extent that it is, it is by accident rather than by design…Warped Knowledge Society- where institutional
    transformation ocurr but are careful to stop before they disrupt the prevailing balance of power. These tend to focus on only a narrow
    spectrum of the application of mass-produced knowledge. If the current transformations in the industrialized countries were to stop at
    the level of building the Knowledge Economy , this is what would most likely obtain. In this situation, part of the potential brought
    by the ability to mass-produce knowledge would remain underdeveloped and/or unutilized, contrary to the interest of the society as a
    whole…”Ver en: United Nations. Understanding Knowledge Societies. U.N. New York, 2005, p. 46.
    “Smart Knowledge Society”- where the pattern of change has been understood and acted upon. Institutional changes open broad avenues
    for limitless development of people and information and they rebuild social organizations for mass production and mass utilization
    of knowledge. There is no systemic tension between thoughts about fuller utilization of the ability to mass-produce and mass-utilize
    knowledge and the existing institutions, as the latter remain in an adjustment-friendly posture. In a democracy, public power is locked
    in the super-encompassing interest that embraces the society as a whole. The market produces with no loss to society as a whole. Actions
    are in synch with values and a open political process watches the fit among outcomes, values and actions. Human development and
    protection of the biosphere function as goals and means of development. No one should expect that Smart Knowledge Society to become
    the prevailing way in which human society is organized in a predictably short time. However, it is worth the struggle for the freedom
    to make it happen”. Idem.
    26
    Cada fase de construcción de una sociedad y de una cultura aparece con un sentido común
    diferente, con nuevos instrumentos y tecnologías, con pensamientos, usos y costumbres, y
    por supuesto ideas. Se trata de un estadio de la vida social en el que lo que se aprende puede
    llegar a ser determinante para ubicarse en este nuevo periodo, y que la educación y la cultura
    se conviertan en lo socialmente determinante .
    Este estadio de mutación se ubica en todas partes, y tiene puntos de contacto, de dominio
    y de diferenciación, pero como se trata de una transición histórica de periodo largo, se presenta
    un muy complejo paralelograma de fuerzas que llega a todos lados y tiene efectos y causas
    desiguales entre lo que está terminando y lo que está surgiendo.
    El concepto de transición de un periodo a otro es el que determina el carácter de la onda
    larga que ocurre y en ella aparece todo y desaparece todo, al tiempo que lo imperecedero se
    mantiene como incólume y lo nuevo no demuestra la energía suficiente como para hacerse
    valer por sí mismo. Es lo consustancial del tipo específico en el que se presenta esta onda larga
    de transformación general, y por ello lo que aparece como una tendencia dominante, no necesariamente
    perdurará en el tiempo.
    Desde la perspectiva de América Latina, ésta condición de ciclo y periodo ha adquirido
    condiciones específicas, sobre todo en su articulación con la producción y transferencia de
    nuevos conocimientos y en el papel que juega la educación superior, particularmente la universitaria.
    Este es el sentido del avance de una sociedad determinada hacia un tipo definido y original
    de sociedad del conocimiento, y como se verá esto tiene circunstancias poco favorables y condiciones
    verdaderamente difíciles en la región.
    2. Desarrollo general de la educación superior en América Latina y el Caribe
    A partir de la década de los 80, se presentaron muy importantes modificaciones políticas,
    sociales y económicas que indicaban la presencia de nuevas tendencias y profundas alteraciones
    en los sistemas educativos de la mayoría de los países de la región.
    A diferencia de lo que ocurrió en otras latitudes del mundo, en donde los modelos de
    educación superior se reconstituyeron bajo pautas de orientación hacia la diferenciación institucional,
    en la región latinoamericana las tendencias y los cambios que se resintieron, hicieron
    referencia a un largo periodo de contracción de los recursos económicos, que provocó movimientos
    de adecuación constantes, que alteraron de manera definitiva la relación de participación
    y de conducción de los sectores tradicionales de la educación superior, los que deterioraron
    fuertemente la capacidad de legitimidad de los órganos de poder, de sus propósitos y de
    sus estrategias.
    A partir de esas fechas, dio inicio un largo periodo de contracción económica de carácter
    general, conocido como el de las “décadas perdidas” de América Latina y el Caribe, que se
    prolongó hasta el fin del siglo XX. Para entonces el ingreso real por habitante disminuyó de
    Como lo indica Manuel Castells; “Estamos entrando en un nuevo estadio en el que la cultura hace referencia directa a la cultura, una vez
    dominada la naturaleza hasta el punto que ésta se revive (“preserva”) de modo artificial como una forma cultural: de hecho, éste es el
    significado del movimiento ecologista, reconstruir la naturaleza como una forma cultural ideal. Debido a la convergencia de la evolución
    histórica y el cambio tecnológico, hemos entrado en un modelo puramente cultural de interacción y organización sociales. Es el
    comienzo de una nueva existencia y, en efecto, de una nueva era, la de la información, marcada por la autonomía de la cultura frente
    a las bases materiales de nuestra existencia”. Manuel Castells. La Era de la Información. La sociedad Red. Vol. 1 Ed. Siglo XXI, México,
    1999, p. 513-514.
    27
    manera drástica y con ello los recursos públicos orientados hacia las instituciones de educación
    superior, sobre todo hacia las universidades públicas.
    En contraparte, la transnacionalización de la educación superior en la región empezó a
    cobrar auge impulsada desde las distintas sedes transnacionales de Estados Unidos, de Canadá,
    de España y de otros países, con la multiplicación de programas de educación a distancia, virtuales
    o en línea , con una oferta de títulos y grados que hicieron su aparición, a menudo sin
    ningún control o regulación.
    Sin embargo, las perspectivas económicas suscitadas por estas políticas no incidieron de
    forma estructural en el mejoramiento de la calidad de vida, ni en el bienestar de las mayorías
    de la región, ni en los indicadores generales de desarrollo humano, incluyendo el de sus niveles
    educativos; éstos siguieron siendo precarios, por no decir menos.
    El balance de estas políticas en la educación fue señalado por la UNESCO, en un informe
    de fin de siglo (2002):
    …la implementación de medidas de austeridad ha comprometido el acceso, la calidad
    y la equidad en la educación. El promedio del tiempo pasado en el sistema
    escolar por las cohortes juveniles actuales de América Latina es de menos de nueve
    años, siendo éste apenas superior en año y medio al de veinte años antes. Este promedio
    encubre grandes desigualdades derivadas del nivel de ingreso de los padres y
    del hecho de vivir en el campo o en las ciudades, y queda muy por debajo de los doce
    años, que es, a juicio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe,
    el mínimo de educación necesario para ganar un salario que permita al interesado,
    entre otros factores sociopolíticos, liberarse de la pobreza a lo largo de su vida activa.
    Como, a juzgar por el indicador compuesto de la pobreza humana del PNUD
    (Indice de la Pobreza Humana), que mide las carencias en lo concerniente a las dimensiones
    fundamentales del desarrollo humano, la pobreza afecta a más del 5% de
    la población en todos los países de la región, salvo en Argentina, Costa Rica, Cuba,
    Chile y Uruguay, y a más del 20% en Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras y
    Nicaragua, resulta preocupante, entonces, la semejante falta de progreso en el número
    de años que la población ha pasado en la escuela.
    De acuerdo con cifras de la ONU , para 2005 se observan los siguientes datos en el Indice
    de Pobreza Humana, en países de América Latina y el Caribe: Uruguay 3.5%, Chile 3.7%,
    Argentina 4.1%, Costa Rica 4.4%, Cuba 4.7%, México 6.8%, Trinidad y Tobago 7.3%,
    Colombia 7.9%, Panamá 8.0%, Venezuela 8.8%, Paraguay 8.8 %, Brasil 9.7% y República
    Dominicana 10.5%. El crecimiento del PIB durante los noventa en la región fue apenas un
    poco superior respecto de los ochenta, hasta alcanzar una tasa de alrededor del 3%.
    Con todas estas condiciones, para la década de los noventa, se volvió a vivir un nuevo
    crecimiento de la educación superior, desde otras perspectivas y muy diferente al que ocurrió
    durante los años 50 y 70. Así:
    “Los países proveedores a mayor magnitud a nivel mundial son Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón y Australia. En el caso de Australia
    tiene una importante tradición de educación superior transnacional ya que ofrece programas, en particular a los países asiáticos ubicados
    sobre el Océano Pacífico. La educación se ha convertido en una de las principales actividades de exportación de Australia, habiendo
    generado 3.200 millones de dólares australianos en 1996 en concepto de aranceles y otros gastos no arancelarios”. Vease: Fernández
    Lamarra, N. Hacia una nueva agenda para la educación superior: internacionalización, evaluación de la calidad y educación virtual. 2004,
    Forum de Barcelona, junio 2004, p. 11.
    UNESCO. América Latina y el Caribe, Informe Regional 2002. Estadísticas de la Educación, UNESCO, París, p. 12.
    ONU (2007). Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. Madrid, España.
    28
    la educación superior en América Latina registró incrementos desde la segunda
    mitad de siglo XX. El número de instituciones universitarias pasó de 75 en 1950
    a más de 1.500 actualmente, las que en su mayoría son privadas. El número de
    estudiantes pasó de 276.000 en 1950 a casi 12 millones en la actualidad; es decir,
    que la matrícula se multiplicó en 50 años por 45 veces(...) La tasa de incremento
    anual de la matrícula desde 1990 ha sido del 6%. Esta tasa ha sido mucho mayor
    para la universidad privada (8%) que para la pública (2,5%). Esto ha llevado a
    que actualmente más del 50% de la matrícula universitaria de América Latina
    concurra a universidades privadas, a diferencia de lo que ocurría hasta la década
    del 80 en que la universidad latinoamericana era predominantemente estatal(...)
    El crecimiento de la matrícula ha llevado a un incremento significativo de la tasa
    bruta de escolarización terciaria: del 2% en 1950 al 19% en 2000 (se multiplicó
    por diez en 50 años). Sin embargo, esta tasa es muy inferior a la de los países
    desarrollados: 51,6% en 1997 .
    De 1,9% de personas de entre los 20 y 24 años que estudiaban en la educación superior en
    la región en 1950, se brincó al 20,7% como promedio en 1994, con lo cual la región entró de
    lleno al modelo de masificación de este nivel educativo, con todo y sus importantes diferencias
    subregionales y por país . En ese mismo año, la matrícula total de la educación superior en los
    19 países de América Latina y el Caribe era de 7 millones, 405 mil 257 estudiantes, de la cual el
    68,5% se localizaba en universidades de carácter público, el restante se encontraba estudiando
    en empresas privadas o en otro tipo de instituciones. El total de universidades de la región para
    entonces era de 812 .
    A pesar de este crecimiento de las matrículas, de las demandas sociales y económicas en
    el periodo, los recursos con los que contaban las universidades no eran los adecuados ni los
    suficientes:
    …en América Latina y el Caribe, la proporción destinada al gasto en educación
    superior es menor al 0.9%, a lo largo de todo el periodo considerado (de 80 a
    mediados de los 90: nota mía, AD) con excepción de Costa Rica y Venezuela
    que destinan un poco más de 1%. Se observa un decrecimiento en la proporción
    en el transcurso de la década de los ochentas y una recuperación a finales de la
    misma, la cual alcanza los valores de 1990. La variación que se presenta en los
    países analizados va de 0.42% a 1.4%. Como referencia es pertinente señalar que
    el promedio en los países de la OCDE para 1992 es de 1.2, con una variación
    de 0.3% al 2.2%...La inversión pública por alumno de educación superior, en
    dólares por año, fue de 1,469 en 1980 y de 1,325 en 1990. Cabe destacar que el
    promedio por alumno en los países de la OCDE (1995) es de 7,940 dólares por
    año, que representa casi seis veces más que en los países de América Latina10.
    Fernández Lamarra, N. La Convergencia de los sistemas de educación superior en América Latina. Situación y Desafíos. Mim, Universidad
    Nacional de Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina, noviembre, 2004, p. 2-3.
    García Guadilla, C. El Valor de la Pertinencia en las Dinámicas de Transformación de la Educación Superior en América Latina. En:
    CRESALC-UNESCO. La Educación Superior en el Siglo XXI. Visión de América Latina y el Caribe. Tomo 1, CRESALC-UNESCO,
    Caracas, 1997, p. 48. La autora señala allí, que: “este promedio encubre grandes diferencias regionales, encontrándose un país, Argentina,
    que ya ha alcanzado el modelo de acceso universal; 12 países que caen en el modelo de acceso de masas, con promedios entre 25% y 35%;
    y seis países que todavía están en el modelo de elite, esto es con tasas de escolarización menores al 15%”.
    Idem, p. 49.
    10 Diversos autores. Financiamiento y Gestión de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. En: CRESALC-UNESCO. La
    Educación Superior en el Siglo XXI, Visión de América Latina y el Caribe. Tomo 2, CRESALC-UNESCO, Caracas, 1997, p. 671-672.
    29
    Para principios de los 90, la relación entre la investigación académica y la industria, se
    mantenía organizada desde la perspectiva tradicional, de separación de mundos disciplinarios
    distintos y aún excluyentes, a pesar de que existían ya importantes experiencias exitosas pero
    muy localizadas11. Aún así la visión de los analistas era bastante pesimista:
    En cualquier caso, no debe exagerarse la extensión que pudiera haber adquirido
    en América Latina este tipo de vinculaciones industria/universidad. Existen,
    por ambos lados, profundas barreras culturales que separan y hacen desconfiar
    a los universitarios de la empresa y a ésta de la universidad. Los investigadores
    académicos se apegan al ethos científico tradicional, en parte como defensa de su
    identidad corporativa y, en parte, también, como una manera de perseverar en
    las prácticas relativamente protegidas que posibilita la investigación universitaria,
    frecuentemente apartada de exigencias de productividad, calidad y reconocimiento
    por terceros externos a la comunidad de pares12.
    Hacia mediados y fines de la década de los noventa el panorama no era muy diferente,
    aunque tenía algunos avances importantes. El promedio regional de investigadores por
    millón de habitantes era apenas de 339, pero ya Cuba tenía 2.600 y algunos otros países
    como México, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, Uruguay y
    Argentina empezaron a promover políticas explícitas de reconocimiento y promoción de
    masas críticas para un mayor desarrollo de la ciencia y la tecnología integrada a la creación
    de un polo, así sea pequeño, de producción de conocimientos. Con todo, la situación era
    el siguiente: mientras América Latina representaba el 8% del total de la población mundial,
    apenas representaba el 1,6% de las publicaciones científicas mundiales, el 0,2% de
    las patentes y el 0,2% del conocimiento aplicado13.
    Por ende, tampoco las empresas respondían a la nueva ola de renovación y seguían
    sin invertir de forma decidida en I+D. Mientras que en los países desarrollados el ímpetu
    por la producción de conocimientos mantenía el paso de una inversión privada entre
    el 60 y el 70%, en América Latina los empresarios apenas destinaban entre el 10 y 15%.14
    Para 2005 y de acuerdo con la clasificación del Indice de Desarrollo Humano
    de las Naciones Unidas, Argentina, Chile, Uruguay, México y Panamá fueron
    considerados dentro del grupo de países de alto desarrollo humano y el resto
    de los países de Latinoamérica fue ubicado como de desarrollo humano medio.
    Sin embargo, en el denominado Indice de Desarrollo Educacional se ubicó a los países
    iberoamericanos, con excepción de Argentina, en posiciones rezagadas a nivel mundial, por
    debajo del tercio de países con mayor desarrollo, como (Canadá, Gran Bretaña, Estados Unidos,
    entre otros)15.
    11 Ver, por ejemplo, para el caso de México: ANUIES. Casos Exitosos de Vinculación Universidad-Empresa. ANUIES, México, 1999. O bien,
    para el caso Argentino: Jorge Katz, (et. al). Productividad, Tecnología y Esfuerzos Locales de Investigación y Desarrollo. Programa BID/CEPAL,
    Memoria de BID-Trabajo No. 13, marzo 1978. O bien otras experiencias en: BID-SECAB-CINDA. op. cit., p.83.
    12 Brunner, J.J. Educación Superior, Investigación Científica y Transformaciones Culturales en América Latina. En: BID-SECAB-CINDA.
    Vinculación Universidad Sector Productivo. Colección Ciencia y Tecnología No. 24, Santiago de Chile, 1990, p. 83.
    13 Guarga R. El Papel de la Investigación . En: Jorge González,(et. al). La Universidad Pública en la Respuesta Iberoamericana a la Globalización.
    Universidad Nacional de Córdoba; Asociación de Universidades Grupo Montevideo; Junta de Extremadura. Argentina, 2002, p. 160.
    14 “Nos encontramos pues con algo así como el mundo al revés: en América Latina el 85% de la investigación se realiza en la universidades
    y el 15%, o menos, en la empresas. En los países desarrollados listados en la OCDE, el 70% se lleva a cabo en las empresas y el 20% en
    las universidades”. Rafael Guarga; ob. cit., p. 163.
    15 CINDA. Educación Superior en Iberoamérica, Informe 2007, Indicadores de desarrollo humano e integración social. p.53.
    30
    Durante los primero años del siglo XXI, del total de instituciones de educación superior de
    América Latina y el Caribe (8.756), existían 1.917 universidades de carácter privado, y 1.023
    de carácter público, así como poco más de 5.800 institutos de enseñanza superior de todo tipo
    y nivel. Esto concentraba una matrícula de casi 14 millones de estudiantes en toda la región,
    de los cuales 94. 995 se encontraban en la zona del Caribe. En su totalidad, ello representaba la
    cantidad de 259 estudiantes por cada 10.000 habitantes, con una tasa bruta de escolarización
    de 28,5%. En la gran mayoría de países, la participación femenina rebasaba ya el 50% de la
    matrícula, y en algunos países, entre otros del Caribe, representaba más del 60%. En comparación,
    la tasa bruta de escolarización en los países de América del Norte y Europa occidental
    alcanzaba el 57%, así como el 51.7% de participación femenina.
    El 60% de la matrícula de educación superior en América Latina y el Caribe, se concentra
    en tres países: Brasil (28%), México (17%) y Argentina (14%). Le siguen en orden de importancia:
    Perú (6%), Centroamérica (6%), Chile (4%), Bolivia (2%), Caribe (1%).
    Los países que tienen una concentración de estudiantes de entre el 75% y el 100% en instituciones
    de carácter público, son Cuba, Uruguay, Bolivia, Panamá, Honduras y Argentina. Los
    que tienen el mayor porcentaje (de entre 50 y 75%) de estudiantes en instituciones de carácter
    privado, son Brasil, Chile, El Salvador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua y República Dominicana.
    En una situación intermedia, por así decirlo, esto es, países que tienen concentraciones
    de estudiantes importantes tanto en el sector público como en el privado, están Ecuador,
    México, Venezuela, Paraguay, Perú y Guatemala. Sin embargo, debe notarse que la tendencia
    de incremento de la participación de las instituciones de educación superior privadas ha ido en
    aumento en la región de forma constante.
    En términos de la distribución del número de estudiantes por áreas de conocimiento y
    carreras, se mantiene una fuerte tendencia a la concentración en ciencias sociales, empresariales
    y jurídicas, que llegan a abarcar entre un 35% (como en Argentina, Chile o Surinam), el
    40% ( como en Brasil, Colombia, Guatemala, México y Panamá), y hasta el 50% (como en
    El Salvador). En ciencias, la media regional es de alrededor del 10% y en algunos casos ligeramente
    mayor. Las Ingenierías fluctúan entre el 7% (Argentina) hasta el 29% (Colombia). No
    obstante, si se suman los porcentajes de estudiantes inscritos en las áreas de Ciencias Sociales
    y de Administración y Leyes, con los de Humanidades, Artes y Educación se llega a abarcar
    hasta más del 60% del total en la región.
    El número de investigadores con los que cuenta la región, se ubican mayoritariamente
    en las instituciones de educación superior, sobre todo en las universidades públicas:
    65,1% del total, lo cual representa el 0,87% de investigadores por cada 1.000 integrantes
    de la Población Económicamente Activa (PEA). En términos de las publicaciones científicas,
    América Latina y el Caribe cubre tan solo el 2,6% del total de las publicaciones a
    nivel mundial (ver anexos).
    Con todo el incremento del número de instituciones y de otros agrupamientos, en los
    últimos 10 años, las universidades públicas, nacionales y autónomas (las definidas como “macrouniversidades”
    16) fueron las instituciones que más crecieron en su tamaño, las que reprodujeron
    un sitio privilegiado en el espectro de la diversificación y las que llegaron a expresarse, a
    veces de forma exclusiva, como las únicas instituciones complejas, sobre todo por su crecimiento
    en la investigación y el posgrado.
    Esto significó que esas universidades de América Latina y el Caribe, encontraron su propio
    16 Ver Didriksson A. Las Macrouniversidades de América Latina y el Caribe. IESALC-UNESCO Caracas, 2002.
    31
    paso en la lógica de los cambios que empezaron a ocurrir de forma acelerada a partir de la
    década de los noventa, en el contexto del nuevo debate que giró alrededor de los conceptos
    de calidad, transparencia en el financiamiento, rendición de cuentas, flexibilidad curricular,
    equidad y pertinencia, uso y manejo de nuevas tecnologías de la información, las telecomunicaciones
    y producción y transferencia de nuevos conocimientos; todo ello dentro de nuevos
    ordenamientos jurídicos, legislativos, políticos y organizacionales.
    Por ello, hacia las universidades públicas de mayor arraigo en la región, en especial sobre las
    grandes y complejas, recayó el peso específico de orientar respuestas y debates sobre el desarrollo
    de nuevas líneas de investigación, la vinculación con el aparato productivo y de servicios,
    su tecnologización y, sobre todo, la formación de cierto tipo de recursos humanos relacionados
    con la producción de nuevos conocimientos.
    Estas universidades empezaron a resentir que esto tenía que hacerse, es decir, iniciar un
    largo periodo de cambios de fondo en sus estructuras, en sus sistemas organizacionales y en su
    administración y gobierno, en circunstancias muy difíciles desde el plano político y económico,
    sobre todo por la contracción de los recursos públicos hacia la educación superior, y porque
    la demanda social no dejó de seguir creciendo.
    Desde el plano del financiamiento del Estado, la contracción derivada de las crisis económicas
    y el pago de la deuda externa, impulsó políticas denominadas de “diversificación de
    recursos”, que caminaron paralelas a la baja de los subsidios gubernamentales, a la proliferación
    de los programas de estímulos sectoriales e individualizados hacia las plantas académicas, y a
    la búsqueda de una ansiada “excelencia” que justificara la utilidad del servicio educativo y de
    investigación desde la perspectiva de una optimización de los gastos.
    En general, el resultado del balance que puede realizarse respecto a este giro de las políticas
    nacionales referidas a la educación superior, la ciencia y la tecnología en América Latina
    y el Caribe es que, sobre el supuesto que las empresas y las instituciones gubernamentales
    orientarían recursos frescos y se diversificarían las fuentes de financiamiento, se mantuvieron
    estancadas las inversiones hacia nuevos campos y hacia una posibilidad de nueva expansión de
    la demanda y la oferta; vaya, que se “dejó hacer” con políticas que navegaron en una suerte de
    indefinición, pero impulsando de forma directa orientaciones de mercado hacia la educación
    superior y la investigación con objetivos de corto plazo y de escasa trascendencia.
    Frente a ello, las comunidades científicas y académicas optaron por un patrón de sobrevivencia
    y de recurrente presión hacia el logro de estándares externos y a menudo bajo sistemas
    de control diversos. Esto se manifestó de forma directa sobre todo en las universidades públicas
    nacionales, siempre y cuando en ellas se había concentrado y se encontraba fuertemente desarrollando
    la producción y transferencia de nuevos conocimientos, y se había desplegado como
    en ninguna otra institución la investigación en ciencia y tecnología.
    Sin embargo, también debe reconocerse una tendencia positiva de amplia y diversa serie de
    cambios y procesos de reforma en destacadas instituciones de educación superior, con todo y
    que están muy lejos de significar las mismas una transformación de fondo en el sistema, desde
    el plano, especialmente, de sus aspectos académicos y de gestión del conocimiento, como para
    hacer posible una realidad actual de nueva oferta educativa y de nuevas plataformas de formación
    de generaciones sociales articuladas a una sociedad del conocimiento.
    Como se señala en un balance realizado por IESALC-UNESCO:
    La región tiene en curso una amplia diversidad de procesos de reforma de sus sis32
    temas terciarios, pero aunque puedan reconocerse como positivas, todavía están
    muy lejos de significar una transformación de fondo de la educación superior en
    la región. La agenda temática de las propuestas de transformación que apreciamos
    se refiere, en el mejor de los casos, a: las formas de gobierno universitarios;
    las tecnologías de información y comunicación ; la estructura y el funcionamiento;
    los profesos de evaluación y acreditación; el desarrollo del personal; el
    rendimiento estudiantil y las formas de financiamiento universitario; pero la
    organización de los saberes, el perfil institucional, su marco epistemológico y
    su traducción en formas organizativas por Facultades, Escuelas o Carreras, ni siquiera
    aparece en las declaraciones o en las fundamentaciones sobre las reformas
    propuestas. Las reformas en curso no son reformas del modo de pensar, sino de
    ajustes técnicos orientados a responder funcionalmente a las diversas demandas.
    Así, la universidad latinoamericana y caribeña encara hoy fuertes dilemas, tendencias
    y retos, que debe resolver, considerar y enfrentar17.
    Como también lo marca Carlos Tunnermann:
    Una de las grandes debilidades de la educación latinoamericana ha sido la poca
    atención que en el pasado se otorgó al diseño curricular. El currículo, concebido
    tradicionalmente como plan de estudios o listado de asignaturas, no era considerado
    como pieza clave de los procesos de reforma académica. Hoy día sabemos
    que el currículo es donde las tendencias innovadoras deben encontrar su mejor
    expresión. Nada refleja mejor la filosofía educativa, los métodos y estilos de
    trabajo de una institución que el currículo que ofrece. El currículo debe hacer
    realidad el modelo educativo que la institución promueve18
    Así, el cambio de fondo de planes de estudio y de la oferta de carreras, su marco epistemológico
    y su traducción en formas organizativas, como se ha señalado, no constituye un esfuerzo
    sistemático ni comprehensivo, ni general en la región, con todo y que contamos con experiencias
    institucionales y buenas prácticas muy importantes y dignas de ser analizadas19, siempre y
    cuando, se presentan tendencias que vale la pena valorar en este marco general.
    Por ello, vale la pena insistir que la formación meramente disciplinaria y profesionalizante
    ya no es suficiente para construir una capacidad social adecuada de aprendizajes significativos
    modernos. Solo la redefinición de la curricula de forma integral, podrá generar estas nuevas
    capacidades de pensamiento y praxis dirigidas a la producción de un conocimiento pertinente
    y adecuada a nuestra realidad, y brindar la posibilidad de articularlo a una nueva oferta de áreas
    y carreras de formación universitaria.
    El énfasis de una nueva reforma en la educación superior, entonces, debe diseñar y poner en
    marcha un nuevo paradigma latinoamericano y caribeño centrado en los aprendizajes y en un
    nuevo modelo de oferta académica innovador. Una oferta que pueda ofrecer la más amplia gama
    de experiencias científicas, tecnológicas y humanísticas que hagan posible un salto de calidad en la
    responsabilidad social y el compromiso de las instituciones de educación superior en la región.
    17 Lanz R., Fergusson A., Marcuzzi A. Procesos de Reforma de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. En: IESALC-UNESCO.
    Informe sobre la Educación Superior en América Latina y el Caribe 2000-2005. IESALC-UNESCO, Caracas, 2006, p. 110.
    18 Tunnermann, C. (2007) La Universidad Necesaria para el Siglo XXI. HIPAMER/UPOLI, Managua, p. 231.
    19 Ver Didriksson, A., Herrera, A. Informe Mundial sobre la Educación Superior (en prensa), GUNI, Barcelona, 2008.
    33
    Este paradigma depende de las propias instituciones para constituirse en organizaciones
    de aprendizaje permanente, en donde la innovación constituya el eje de una nueva cultura
    académica.
    Para el caso, hay tres procesos que deben atenderse para alcanzar una ruptura con los esquemas
    tradicionales, reproductivistas y técnico-funcionales:
    - La articulación curricular a partir de temas y problemas transversales y de promoción de
    valores. Este proceso implica la integración de múltiples ambientes de aprendizaje, desde
    los presenciales hasta los virtuales, que desplieguen todas las posibilidades de un individuo
    o de un grupo social para el aprendizaje de alto nivel.
    - La movilidad de estudiantes y académicos con base en programas flexibles. Este proceso
    conlleva cambios sustanciales en las organizaciones universitarias porque genera sistemas
    que conducen al máximo aprovechamiento del aprendizaje colectivo y de las redes.
    - El redimensionamiento de las disciplinas alrededor de campos de problemas y de las nuevas
    áreas del conocimiento moderno.
    3. Perspectivas del debate en la educación superior
    Ya entrado el siglo XXI, la agenda de las universidades públicas empezó a cambiar de forma
    significativa. De la insistencia en los temas de atención a la demanda social, del crecimiento,
    de la descentralización o de la planeación se pasó, en el lapso de dos décadas, a la insistencia
    en temas como la evaluación y la acreditación, al uso y manejo de la contracción financiera
    y a los programas de recursos extraordinarios condicionados a la competitividad, al cobro de
    colegiaturas y al incremento de los recursos propios, a la mercantilización y a la intervención
    de los organismos financieros internacionales.
    Con ello, los actores tradicionales del cambio en las universidades (los estudiantes y los
    sindicatos) han pasado a un plano menos protagónico respecto de las reformas universitarias
    (se concentraron en sus reivindicaciones gremiales), pero han alcanzado un mayor interés y
    dinamismo los investigadores y los directivos académicos universitarios, como los actores más
    relevantes en la definición de los cambios internos y externos de las instituciones.
    También fueron modificados los esquemas tradicionales de otorgamiento de los subsidios
    gubernamentales y de la asignación de los recursos. Las políticas de diversificación introdujeron
    una mayor competitividad entre las instituciones, y surgió la idea de que las universidades
    públicas tendrían que empezar a dejar de ser las instituciones de educación superior más representativas
    del espectro nacional, a favor de las privadas.
    Aún así, respecto a la capacidad instalada en el pregrado y sobre todo en el posgrado, en lo
    referido al número de investigadores, en el número de proyectos y de productividad científica,
    en la capacidad cultural de sus iniciativas, claramente las universidades públicas se han mantenido
    en el liderazgo del conjunto del sistema de educación superior, y aún en el del conjunto
    nacional y regional.
    De forma paralela a la ocurrencia de esas mutaciones, la cooperación regional en la educación
    superior se ha intensificado notablemente. Con éxitos relativos y con muchos programas
    y proyectos en marcha, los temas de la movilidad universitaria, de las equivalencias de títulos
    y grados, de los programas conjuntos en diferentes ámbitos y niveles, del uso extensivo de
    34
    nuevas tecnologías, de los programas de títulos compartidos, del establecimiento de redes y de
    programas de trabajo multilaterales, tienen ya gran actualidad y se han convertido en parte de
    la agenda prioritaria del cambio en las instituciones de educación superior a nivel regional.
    En la práctica y con la excepción de las instituciones de más baja calidad y menos representativas,
    la gran mayoría de las universidades públicas tiene de alguna manera algún tipo
    de relaciones a nivel bilateral, trilateral y, en algunos casos, a nivel subregional o regional, a lo
    largo y ancho de América Latina y el Caribe.
    En este nuevo siglo, el panorama de la educación superior, sin embargo, se mantiene en una
    suerte de impase y a la expectativa, porque a pesar de que se observa la fragmentación y heterogeneidad
    del modelo predominante, con un conjunto de nuevas instituciones de diferente
    carácter y nivel (privadas y públicas, universitarias y no universitarias, politécnicas, tecnológicas,
    de ciclos cortos, comerciales, entre otras), y que se alcanzó una nueva oleada de expansión
    de la demanda hacia la educación superior, se han reproducido a mayor escala, las más grandes
    desigualdades e inequidades, a nivel de género, de raza y de etnia, así como de forma pronunciada
    a nivel de las condiciones socio-económicas de ciertos sectores de la población, junto a
    la idea de que la lógica del mercado es uno de los mejores referentes de la calidad educativa,
    mientras encuentran amplios cauces de expansión las empresas de transnacionalización y de
    mercantilización del servicio educativo respectivo.
    Así, con el impacto tremendo que tiene ésta realidad cada vez más inequitativa, también
    encontramos avances sustanciales en distintos programas, instituciones y políticas de todo
    tipo, pero sobre todo el impulso de cambios que están realizando las propias universidades,
    principalmente públicas, para promover iniciativas e innovaciones importantes. Por ejemplo,
    debemos señalar que ya contamos con estructuras, asociaciones, redes y organismos de distintos
    nivel y desarrollo que están apuntalando la conformación de una nueva etapa de autonomía,
    de superación y de construcción de plataformas indispensables para asumir las tareas que
    tienen que ver con una sociedad latinoamericana del conocimiento.
    Esto se expresa en el trabajo de organismos como la Unión de Universidades de América
    Latina (UDUAL), de la Red de Macrouniversidades Públicas de América Latina y el Caribe, de
    la Asociación de Universidades Grupo Montevideo, de la Primada Asociación Subregional del
    Consejo Superior de Universidades de Centro América (CSUCA), pero también de la red de
    universidades del Caribe (UNICA), del Convenio Andrés Bello (CAB) para los países andinos
    y no andinos, o de otras tantas asociaciones que dan cuenta de los cambios que se presentan en
    la educación superior a favor de un nuevo desarrollo.
    Asimismo, vale la pena mencionar la importante presencia de otras agencias de interés,
    como las agencias de cooperación europeas e internacionales, entre las que destacan la Asociación
    Internacional de Universidades y la Agencia Española de Cooperación Internacional.
    Esta última administra actualmente recursos financieros del propio gobierno español, del Programa
    de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de la Unión Europea (UE), del
    Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) y de la Conferencia de las Naciones
    Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) destinados a los programas macro de
    cooperación como INTERCAMPUS (movilidad de estudiantes y académicos), MEC-MER
    (cooperación científica), IBERCUE (cooperación universidad-empresa) y acciones específicas
    de apoyo.
    La Unión Europea, por decisión adoptada el 10 de marzo de 1994, ofrece el programa
    35
    ALFA para América Latina inspirado en programas de índole similar de Europa (como ERASMUS,
    TEMPUS y COMETT), y el mismo tiene como objetivo: “fomentar la cooperación
    entre redes de instituciones de enseñanza superior de América Latina y Europa”, así como
    promover programas de cooperación en torno a dos ejes, la gestión institucional y la formación
    científica y tecnológica. También puede mencionarse el trabajo de apoyo y de cooperación que
    está realizando Universia, del Banco Santander, quién ha proporcionado distintos apoyos a
    programas de trabajo a nivel regional, subregional y nacional.
    Todo lo anterior significa que estamos entrando a una nueva fase de proyección y de internacionalización
    de la educación superior en nuestros países , y esto se relaciona con la pertinencia
    de seguir fomentando iniciativas que coadyuven a la movilidad universitaria, a los procesos
    de integración y a la formación académica compartida. Asimismo, a trabajar en pro de una
    cooperación interinstitucional de carácter horizontal, como elemento fundamental para el diseño
    de políticas que deben buscar explícitamente la internacionalización de sus programas y
    alcanzar más altos niveles de valoración de los estudios.
    También, por supuesto, para superar la actual estructura de cooperación tradicional que
    se lleva a cabo, sobre todo, por la vía de convenios sólo bilaterales que se promueven desde las
    oficinas de intercambio académico, con las que cuenta la mayoría de las universidades de todos
    los países de América Latina y el Caribe, en los últimos años, se ha buscado que ésta se oriente
    por la vía del reconocimiento de la calidad de los programas de licenciatura y de postgrado, y
    ello se ha establecido como fundamental para facilitar la cooperación regional.
    Todo lo anterior, señala que las posibilidades de alcanzar una transformación de los sistemas
    de educación superior y el desarrollo de grandes e importantes proyectos de investigación,
    en la perspectiva de conformar un sector poderoso de conocimientos endógenos, siguen siendo
    muy limitadas para la región, a no ser que ello ocurra dentro de casos específicos o en nichos
    reducidos de crecimiento sostenido. Lo que aparece en tendencia, es que mientras en otros
    países y regiones se está avanzando de forma decidida en la inversión y el crecimiento de bases
    estructurales alrededor de los conocimientos y de una nueva economía, en América Latina y el
    Caribe se profundizan las brechas entre las capacidades tecnológicas mínimas y la cantidad y
    calidad de las instituciones, que forman las bases de formación de investigadores y del personal
    para sustentar un modo de producción de conocimientos.
    De acuerdo con algunas estimaciones, los países de la región demorarán entre 15 y 20 años
    para converger en materia de líneas telefónicas, como base fundamental para el desarrollo de
    las telecomunicaciones, la microelectrónica y el Internet20. Esto hace que el número de computadoras
    personales por cada mil habitantes que tienen las personas en la región frente a las
    que la tienen en las naciones más desarrolladas de la OCDE, sea abismal: 317 mil frente a
    33 mil. A pesar del pronóstico de un importante crecimiento del número de computadoras y
    uso de Internet en los próximos años, la participación de la población en estos componentes
    fundamentales para alcanzar un nivel deseable de informatización social, será bajo, dado que
    aún la media de la población activa no alcanza los 6 años de escolaridad básica, la misma que
    tenían Hong Kong, Taiwán, Corea y Singapur hace 30 años21.
    También significa que, en la región, la mayoría de la población joven y adulta tiene un
    bajo nivel de aprendizaje audiovisual, puede leer pero no comprender lo que lee y mucho
    menos adentrarse en lecturas avanzadas y hacer uso de un lenguaje codificado como el
    20 Basado en el World Times Information Society Index. World Future Society, capítulo mexicano. Boletín Informativo, No. 4, México, 2005.
    21 Idem.
    36
    usado en medios electrónicos. Lo anterior hace que el nivel de competitividad de base en
    conocimientos sea, para América Latina, un escenario más complicado que el que tienen
    otras naciones.
    Por su historia y tradición, que viene de la colonia y de las sucesivas etapas desarrollistas,
    la educación superior no tuvo una base organizacional endógena de carácter tecnológico
    y medianamente de corte científica, por lo cual la orientación de sus carreras estuvo y se
    encuentra aún concentrada en áreas de las Ciencias Sociales, algunas de las Humanidades,
    del Comercio, de la Administración, menor en las Ingenierías y en la Medicina y en los
    servicios relacionados con las tareas del Estado.
    Es por ello que la relación de los perfiles de egreso de las instituciones de educación
    superior, ha sido de una debilidad manifiesta a lo largo de los años entre la producción de
    conocimientos y las demandas de las organizaciones, las empresas y el desarrollo económico.
    Esto determinó el flujo y constancias de elaboración de los artículos científicos, de
    las patentes y de la contribución de la región en el desarrollo global de la ciencia y la tecnología.
    Además de que se trata de una de las que genera mayor flujo de cerebros fugados
    sin retorno a nivel mundial.
    La concentración de la actividad científica y tecnológica de la región se ubica, sobre todo,
    en las grandes universidades públicas, las macrouniversidades22, que mantienen aún la concentración
    más importante de las carreras de carácter científico, humanístico y tecnológico,
    tienen una organización compleja que contempla la mayoría de las áreas del conocimiento
    moderno, concentran alrededor del 80% de los postgrados y sobre todo del doctorado, y contribuyen
    con el caudal fundamental de la investigación de la región.
    La realidad contemporánea tampoco rebasa nuestras expectativas y nuestros deseos, a pesar de
    algunos avances importantes, sobre todo porque se ha avanzado en la escolarización básica y cada
    vez más niños y jóvenes cuentan con los aprendizajes suficientes como para poder interactuar con la
    escritura y la lectura, pero no con la comprensión compleja y el conocimiento simbólico.
    En la transición en la que nos encontramos, el contexto de la producción de conocimientos
    cuenta aún con condiciones desiguales, algunas puntas desde las que se puede
    jalar la madeja, pero con muchos hoyos negros. Ello debido a que debe considerarse que
    en la región el proceso no es parejo, nunca lo ha sido, pero ahora, aparece con transiciones
    desiguales y desequilibradas a lo largo y ancho de la región, sobre todo en el desarrollo de
    los niveles del sistema educativo: un poco más pujante en el nivel primario, mucho más
    importante en el nivel superior, pero con una desgracia en el nivel medio23 y medio superior,
    y ello debido a las poco congruentes políticas educativas, y sobre todo a su reflejo: la
    orientación de las inversiones hacia estos niveles y sus resultados sobre todo en términos
    de la calidad del servicio que se ofrece24.
    Sin embargo, la relación global de interdependencia con otros países de alto nivel de desarrollo
    sustentado en I+D sugiere indicadores positivos de mejoramiento, por lo menos de la
    22 Didriksson, Axel. op. cit. IESALC-UNESCO, 2002, Caracas.
    23 En general, la región tiene un déficit masivo en la matrícula de secundaria. La tabla (en referencia) indica que América Latina tiene un
    déficit de casi 19 puntos porcentuales en la matrícula de secundaria. Por contraste, los “tigres asiáticos” tienen un excedente de casi 18
    puntos porcentuales y los países con abundantes recursos naturales tiene un excedente de 6 puntos porcentuales”. De Ferranti, David,
    et. al. Estudios del Banco Mundial sobre América Latina, Washington, Editorial Alfaomega, p. 29-30.
    24 “Tomado en conjunto, esto sugiere que los países de América Latina están recibiendo menos tecnología transferida de los “líderes” cercanos
    a la frontera de la tecnología global, que sus competidores. Los países latinoamericanos también tienen bajos niveles de IyD nacional y
    registran pocas patentes, incluso si se controlan por sus niveles de ingresos. En la práctica, esto significa que un trabajador de Finlandia,
    Suecia y Corea del Sur o Singapur está operando con tecnologías más avanzadas nacionales o extranjeras que sus contrapartes de Brasil,
    Argentina o México”. De Ferranti, Idem, págs. 41-43.
    37
    relación investigación-productividad-mejores salarios, que puede sugerir un patrón polarizado
    de lo que ocurre en algunos sectores de la producción latinoamericana:
    Dicho de otra manera, no sólo es la cantidad de comercio lo que importa sino
    con quien se comercia, de modo que las importaciones de países e industrias
    intensivos en I+D son particularmente importantes como un impulso para el
    mejoramiento. Un trabajo anterior de Machin y Van Reenes (1998) muestra que
    hay una gran asociación entre la intensidad de I+D a nivel de industria y la masa
    salarial para trabajadores calificados en una muestra de países de la OCDE. La
    I+D extranjera, transmitida a través del comercio, aumenta los salarios relativos,
    la participación en el empleo y la demanda de trabajadores con educación terciaria
    en América Latina. En un documento de información básica, Pavnik, et al.
    (2002) se muestra que también hay evidencia de cambio tecnológico basado en
    la educación específico de sectores, transferido a través del comercio25.
    Por ello la comparación con otros países del mundo revela que América Latina tiene un
    desaprovechamiento de las condiciones de la actual transición hacia una nueva economía,
    por todas la razones que se quieran argumentar, para empujar hacia una sociedad de base
    de conocimientos26. El hecho es que para principios del nuevo siglo, sólo unas cuantas
    universidades, marcadamente las de carácter público, mantenían una capacidad sustantiva
    para realizar investigación, con un número reducido de investigadores (10 veces menor
    que en los países desarrollados), con una inversión que no rebasaba el 0,5% del PIB y una
    estructura siempre deficitaria27.
    En síntesis, las condiciones del desarrollo de un sector productor de conocimientos se mantiene
    reducido y en muchos casos como secundario y marginado, el cual tiene los siguientes
    rasgos fundamentales:
    - Una escasa legitimidad del quehacer científico, en donde el conocimiento científico no está
    plenamente valorado ni auspiciado.
    - Una reducida plataforma de aprendizaje social, de tal manera que el desarrollo de habilidades,
    capacidades, destrezas, competencias y valores relacionados con la producción y transferencia
    de conocimientos no se promueve ni se planifica, y su promoción se encuentra en
    condiciones de brechas abismales respecto de lo que ocurre en otras regiones del planeta.
    - Un escaso interés del sector productivo para desarrollar una capacidad endógena en ciencia
    y tecnología: “Con las exportaciones concentradas en recursos naturales, y con mercados
    manufacturados relativamente pequeños y altamente protegidos, por mucho tiempo no
    25 Idem p. 68.
    26 “No solamente los países latinoamericanos se quedaron atrás de los “tigres asiáticos” y Finlandia, desde el punto de vista de los logros promedio
    en educación de la fuerza laboral, pues el patrón de transición también fue diferente. En 1960, había (en promedio) un trabajador
    con educación terciaria por cada 5 o 10 trabajadores con educación secundaria en casi todos los países latinoamericanos y Asia Oriental.
    Entre 1969 y 2000 esta proporción de trabajadores con educación terciaria frente a los que tenían educación secundaria se cuadruplicó
    o más en Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Panamá y Venezuela y se triplicó o más en Argentina, Brasil, República
    Dominicana, honduras y Perú. El volumen de países latinoamericanos se perfeccionó haciendo de la distribución de la educación
    más sesgada. Las únicas excepciones a este patrón fueron México, Cuba y los países de habla inglesa del Caribe., Idem. p. 78.
    27 “De las más de 2,500 unidades de investigación que existen en América Latina y el Caribe, 78% se encuentran en sólo 6 países; menos
    del 10% de la inversión gubernamental en ciencia y tecnología se dedica a IyD en ingeniería y esto implica una limitada capacidad de
    la región en materia tecnológica. La ausencia de una visión estratégica de la sociedad latinoamericana se refleja, entre otros aspectos, en
    la inmensa y absurda pérdida de muchos de los mejores investigadores, que emigran a los países industrializados en los que se aprecia y
    valora su trabajo. Se estima que entre un 40% y un 80% de los investigadores chilenos, peruanos, argentinos y colombianos viven y trabajan
    fuera del país”. Hernando Gómez Buendía (director). Educación, la Agenda del Siglo XXI, hacia un desarrollo humano. Programa
    de Naciones unidas para el Desarrollo, Colombia, 1999, p. 318.
    38
    existieron el estímulo o la necesidad de innovar. Nuestros estilos de vida y patrones de
    consumo trataron de imitar a los países industrializados. Siempre fue más fácil importar
    la tecnología “llave en mano”. Aún después de la apertura comercial, las multinacionales
    adelantan casi todos sus programas de I+D en los países desarrollados”28. Esta falta de
    coordinación -que no llega a expresarse en sistema nacionales de innovación- lo cual implicaría
    un mayor y mejor nivel de “articulación”, aparece como uno de los más importantes
    obstáculos para alcanzar el desarrollo de un sector de producción de conocimientos.
    - Una falta de claridad en las estrategias de desarrollo científico, tecnológico y de educación
    superior. Con el retiro gradual del Estado en materia de financiamiento para la educación
    superior, la ciencia y la tecnología, se pensó en que ello conllevaría un aumento de la oferta
    de inversión de parte del sector privado, lo que no ocurrió. Con ello, la suerte del sector
    productor de conocimientos depende, sobre todo, del esfuerzo de las comunidades académicas
    y de un grupo de universidades de la región.
    - Una permanente fuga de cerebros, que drena el esfuerzo local y exporta recursos físicos y
    humanos para el desenvolvimiento de los conocimientos de otros países, sin que se logre
    una adecuada transferencia de los mismos, ni tampoco una nueva relación de cooperación
    que pueda centrarse en la superación de las brechas, los desequilibrios y las asimetrías existentes.
    Finalmente, debe tenerse presente que el momento de reflexión colectiva más importante y
    reciente que ocurrió a nivel de la región, se presentó en el marco del debate sobre el cambio en
    la educación superior promovido por la UNESCO y que culminó con la Conferencia Mundial
    celebrada en París en octubre de 1998. Para América Latina, ese momento representó uno de
    los más importantes esfuerzos de investigadores, universidades, ministerios, organismos no
    gubernamentales y otros actores, que permitieron elaborar estudios y análisis de gran relevancia
    sobre la educación superior. Los mismos se concentraron y presentaron en la reunión
    regional promovida por la entonces CRESALC-UNESCO (ahora Instituto Internacional para
    la Educación Superior de América Latina y el Caribe, cambio de estatus y nomenclatura propuesto
    precisamente en esta reunión) celebrada en la ciudad de La Habana, durante el mes de
    noviembre de 199629.
    El enfoque asumido, en general, por la reunión regional de La Habana, fue presentar alternativas
    para la educación superior garantizando el conocimiento como un bien público,
    el aumento del financiamiento por parte del Estado y la transformación de las universidades
    para responder a los desafíos que presenta la sociedad del conocimiento, pero siempre desde
    un rango de pertinencia social y de beneficio social, frente a los avances de la mercantilización
    y de la globalización excluyente. Como ejemplo, lo que concluye Carmen García Guadilla, en
    el trabajo presentado entonces:
    Para construir respuestas pertinentes será preciso situarse en un campo donde
    las crisis, las turbulencias y los desórdenes dejen de verse sólo como contextos
    de riesgo y comiencen a vislumbrarse como campos de posibilidades.
    Para una construcción compartida de nuevas realidades es preciso el trabajo
    28 Gómez Buendía. op. cit. p. 320.
    29 Ver UNESCO-Centro Regional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe-Ministerio de Educación Superior de la República
    de Cuba. La Educación Superior en el Siglo XXI, visión de América Latina y el Caribe. Ediciones CRESALC-UNESCO, dos
    tomos, Caracas, 1997.
    39
    colectivo de todos los actores involucrados en la construcción de una sociedad
    del conocimiento que garantice la equidad y, por lo tanto, el servicio a
    todos los sectores sociales. En una sociedad basada en el conocimiento, la
    distribución equitativa de la riqueza implica, más que nunca, una equitativa
    distribución del conocimiento30.
    En este tenor, las elaboraciones alternativas para alcanzar mayores y mejores niveles de
    desarrollo en un modo de producción de conocimiento deben contemplar la transformación
    de las universidades y de las instituciones de educación superior, como instituciones de amplia
    relación social, sustentadas en una gran reforma académica y organizativa desde un perspectiva
    propia y auténtica.
    Por lo anterior, se ha vuelto necesario y es ahora posible poner en marcha una nueva estrategia
    de cooperación y de movilidad universitaria de carácter horizontal, con el objetivo de
    posibilitar la creación y potenciación de las capacidades sociales de los países de América Latina,
    para producir y transferir conocimientos científico-tecnológicos propios a nivel nacional,
    regional e internacional.
    Desde las perspectivas estratégicas de estas iniciativas, se debe concebir que el cambio estructural
    de la educación superior es un imperativo, y que en éste juega un papel muy relevante
    la puesta en marcha de iniciativas de una nueva articulación regional.
    El desarrollo de una capacidad propia de producción y transferencia de conocimientos, o
    su potenciación local, subregional y regional debe ser el objetivo central de las nuevas formas
    de cooperación. Ello significa que los actores locales son los principales responsables del diseño
    y formulación de las propuestas, programas y proyectos de cambio y los actores principales del
    proceso de transformación.
    Asimismo, el escenario de cambio desde la cooperación y la integración regional, para
    alcanzar un nuevo estadio de valorización social de los conocimientos, se presenta como uno
    de carácter alternativo, porque pone el acento en la atención a las nuevas demandas y requerimientos
    de las instituciones de educación superior, que deben empezar, desde ahora, a planear
    las nuevas estructuras organizativas que favorezcan el acceso a un conocimiento de valor
    social, así como sus procesos formativos en la creación de la nueva fuerza de trabajo regional
    y global.
    Este escenario de nueva reforma universitaria posibilita la integración a diferentes redes, la participación
    de las comunidades en la democratización interna y de la vida pública, así como la generalización
    de medios ambientes para un aprendizaje permanente. Se trata de un cambio de modelo
    pedagógico y organizacional que comprende que la acción educativa se sostiene en la unidad de lo
    diferente, en la construcción de nuevos objetos de conocimiento, en la reflexión sobre el otro y la
    totalidad, en el impulso a esquemas de autoaprendizaje y en el reconocimiento de la diversidad.
    Esta concepción de reforma universitaria se sostiene en la identificación de las fortalezas
    institucionales y regionales, en la comprensión de los desarrollos originales, en la búsqueda
    de la reconstitución de las propias capacidades de los individuos y de los sectores, y no en su
    diferenciación o en la reproducción de sus inequidades. En términos de políticas en la educación
    superior, significa un modelo de cambio que favorece el intercambio de experiencias, la
    articulación de sus funciones, las interrelaciones y no la competitividad.
    Sobre todo esta concepción alternativa supone pensar la calidad educativa no desde los
    30 Carmen García Guadilla. “El valor de la pertinencia en las dinámicas de transformación de la educación superior en América Latina”. En
    UNESCO-CRESALC-Ministerio de Educación Superior de Cuba, op. cit. P. 77.
    40
    productos y los fines, sino desde las condiciones reales del desarrollo general común, y desde
    el valor social de los conocimientos que se producen y distribuyen, y que se vinculan con las
    prioridades nacionales y regionales.
    Lo que implica esto es un cambio de paradigma de lo que es la reforma universitaria en la
    época contemporánea, hacia la concepción de una organización abierta, de diferente nivel de
    participación de sus múltiples actores, flexible, auto-regulada y con una fuerte orientación con
    sustentabilidad y compromiso social.
    La producción de conocimientos implica que el conocimiento que se produce en la investigación,
    pero también en los nuevos sistemas de aprendizaje, se define por el contexto de su
    aplicación y su utilidad pública.
    Por ello, la producción y transferencia de conocimientos hace referencia a un proceso articulado,
    desde el conocimiento existente hacia el que se produce y recrea. Esto incluye, por
    tanto, un conjunto de elementos y componentes del saber hacer y saber cómo, experticia, técnicas
    y capacidades muy variadas, mecanismos, programas, instituciones, agencias y actores del
    proceso. Una institución que se organiza para producir y transferir conocimientos a la sociedad
    debe ser, por tanto, compleja, dinámica y diferenciada.
    La organización de la innovación institucional y colectiva requiere de una incrementada eficacia
    en la toma de decisiones, en su descentralización, en su mayor participación horizontal, con mayor
    delegación de responsabilidades y autoridades, y de una amplia integración de unidades autónomas.
    4. Conclusiones
    Ubicadas como instituciones de gran trascendencia para fines de desarrollo económico, cultural
    y social, las expectativas que se ciernen sobre las instituciones de educación superior y, en particular,
    las universidades están provocando presiones sin límites, en la redefinición de políticas y planes, la
    frecuencia de programas y alternativas en la búsqueda de nuevos modelos de organización.
    Estas tendencias e impactos hacen referencia a una dialéctica de escenarios que han alterado
    de forma significativa lo que la idea de universidad era hasta hace unas cuantas décadas, en
    relación a sus funciones, a sus sectores, a su gobernabilidad, a su calidad y a su lugar mismo
    en la sociedad.
    Habrá que destacar, no obstante, que el impacto del nuevo patrón social, tecnológico y
    productivo global ha propiciado la emergencia de redes, estructuras de cooperación y nuevos
    marcos de integración a nivel regional e interinstitucional que presentan, en tendencia, la
    posibilidad de construir un escenario alternativo o paralelo al de la competitividad institucionalizada
    y a la lógica del modelo (dominante) de mercado.
    Lo anterior hace referencia a la posibilidad de constituir un escenario de nueva reforma
    universitaria que apunta a una mayor cooperación horizontal entre instituciones y sectores,
    que se estructura en redes y en espacios comunitarios y trabaja en colaboración, sin perder su
    identidad institucional.
    Este escenario de nueva reforma universitaria buscaría impulsar un modelo alternativo de
    universidad, caracterizado como de producción y transferencia del valor social de los conocimientos
    y de pertinencia de las tareas académicas de la universidad, el cual se sostiene en la
    transformación de las estructuras en redes y en la cooperación horizontal que da prioridad a los
    proyectos conjuntos (o interinstitucionales), a la más amplia movilidad ocupacional del perso41
    nal académico y de los estudiantes, a la homologación de cursos y títulos, a la coparticipación
    de recursos y a una orientación educativa social solidaria.
    Los valores educativos se comparten y se concentran más en el cambio de contenidos del conocimiento
    y las disciplinas, en la creación de nuevas habilidades y capacidades sociales, que buscan
    relacionar prioridades nacionales o regionales con el trabajo en nuevas áreas del conocimiento y en
    la innovación que busca diversificar el riesgo. Este escenario se sostiene en la intensificación de la
    participación de las comunidades y en el incremento diversificado en la obtención de recursos.
    Por ello, el escenario de cambio desde la cooperación y la integración, para alcanzar un
    nuevo estadio de valorización social de los conocimientos, se presenta como uno de carácter
    alternativo, porque pone el acento en la atención a las nuevas demandas y requerimientos de
    las instituciones de educación superior, que deben empezar desde ahora a planear las nuevas
    estructuras organizativas que favorezcan el acceso a un conocimiento de valor social, y sus procesos
    formativos en la creación de la nueva fuerza de trabajo regional y global.
    Este punto de arranque no podrá ocurrir si no se garantizan mecanismos de plena participación
    de las comunidades académicas y la modernización de las relaciones interinstitucionales,
    para garantizar la calidad de los procesos académicos, y si no se asumen reformas
    sustanciales en la legislación y las formas de gobierno para establecer canales de comunicación
    e información permanentes para regular el ejercicio del gasto, potenciar y desarrollar la infraestructura
    y sostener una adecuada transferencia de conocimientos respecto a los requerimientos
    de la sociedad.
    Los nuevos paradigmas de organización académica surgen con la creación y desempeño
    de unidades académicas complejas que relacionan individuos, equipos de trabajo en redes de
    diferente nivel y perspectivas, con la puesta en marcha de estructuras interdisciplinarias y con
    la autonomía relativa de sus instancias orgánicas.
    El salto organizativo central, sin embargo, puede ocurrir si se da inicio a la discusión y a la
    propulsión de instancias de transferencia de conocimientos. Hasta ahora, las funciones de
    producción y transmisión de conocimientos habían sido los ejes estructurales del desarrollo de las
    instituciones de educación superior. Actualmente se debe pensar en desplegar una nueva función
    sustantiva más la de transferencia de conocimientos hacia la sociedad, en particular
    hacia los actores sociales y económicos reales cuyo papel se relaciona directamente con el
    uso y la explotación del conocimiento.
    Una efectiva transferencia de conocimientos depende de la formación y desarrollo de habilidades
    y aprendizajes específicos para adaptar el conocimiento producido y transmitido para su uso
    social y económico. Esto tiene que ver con las perspectivas de la responsabilidad social que tienen
    las instituciones de educación superior, y con las normas y procedimientos para la realización de
    patentes y la propiedad intelectual, las relaciones de estas instituciones con las empresas privadas
    y sociales, con el Estado, con otras instituciones y con el espectro más amplio de la cooperación
    internacional y la participación con las redes internacionales del conocimiento.
    La nueva política universitaria, así, debe relacionarse con la científico-tecnológica y operar en
    correspondencia a estructuras mucho más horizontales desde el plano de sus particulares dinámicas,
    con agendas basadas en la concepción de “desarrollo de prioridades estratégicas”, en una división del
    trabajo basada en la producción y transferencia de conocimientos.
    El papel que juega, o debe jugar, la universidad se concentra, entonces, en la definición de prioridades
    en la producción y transferencia del conocimiento como bien público, como un bien social
    42
    desde un compromiso no privado al respecto de la investigación y la docencia que realiza. Es decir,
    que sus productos, procesos e instancias de gestión para su desarrollo no pueden ser capturados para
    la obtención de un bien privado, o para su apropiación privada.
    Esto es lo que tiene que ver con una nueva categoría de investigación que debe establecerse: la investigación
    estratégica . La investigación de carácter estratégico difiere de la investigación “orientada por la
    curiosidad”, así como la de “utilidad económica”, porque no se remite a una sola disciplina, ni responde a
    intereses individuales de los investigadores, ni a los intereses económicos de alguna empresa privada.
    La investigación estratégica responde a intereses de corto, mediano y largo plazo, es básica, aplicada
    o experimental, pero depende del establecimiento de prioridades nacionales, sociales o específicas que
    contemplen una solución relacionada a un contexto, a problemas, y es inter y transdisciplinaria.
    La investigación estratégica presupone, por lo tanto, la definición explícita de problemas a atender,
    de solución fundamental para el desarrollo del país o la región, y el bienestar de las mayorías de
    la población, sobre todo de las más pobres.
    Esto significa que la universidad innovadora debe pasar a comprometerse a resolver problemas
    concretos, a desarrollar tecnologías fundamentales y promover la generación y transferencia de nuevos
    conocimientos y soluciones tecnológicas, desde las anteriores perspectivas. No se trata, con ello,
    de que las universidades pasen a ser parte de los indicadores de productividad nacionales o de los
    componentes del Producto Nacional Bruto. Se trata, más bien, de un paso previo, de la producción
    del conocimiento y su difusión dentro de la sociedad y la economía, de ser parte de un producto de
    innovación antes de que el conocimiento científico y tecnológico sea comercializable.
    El eje de la calidad del proceso educativo, entonces, se ubica en la utilidad social de los conocimientos
    producidos y distribuidos por la institución universitaria. Este concepto de calidad, se
    relaciona directamente con la valorización actual del conocimientos.
    Esto supone la idea de una universidad de innovación con pertinencia social. Esta es una
    institución social activa y dinámica, sustentada en la formación de trabajadores del conocimiento,
    con un alto nivel, compromiso y responsabilidad con el cambio social, la democracia, la paz y el
    desarrollo sustentable. Es una universidad en donde la calidad social del valor de los conocimientos
    que produce y transfiere se presenta como un principio organizativo, el eje de sus cambios se ubica
    en el carácter de sus procesos educativos, y el perfil de la institución responde a los retos que plantean
    la transición democrática y el desarrollo para el bienestar31.
    Algunos temas finales para reflexionar en lo particular y en relación con el diseño de políticas
    de corto y mediano plazo, para alcanzar el escenario anterior, son los siguientes:
    1. Para enfrentar las condiciones de la región, efectivamente habrá que pensar en estrategias
    31 Desde la perspectiva del nuevo posicionamiento que deben llevar a cabo las instituciones de educación superior de América Latina y el
    Caribe, debe reflexionarse con sumo cuidado el tema de la internacionalización y de la influencia de los indicadores mundiales, que han
    venido cobrando gran prestigio. Se trata de comparaciones que toman como perspectiva “ideal”, o como “modelos” a las universidades
    que están destacando por su influencia en la producción y transferencia de nuevos conocimientos y tecnologías, por sus innovaciones
    y sus relaciones exitosas en el mercado global. Ello está generando una jerarquía que poco comprende los contextos diferenciados y los
    esfuerzos que llevan a cabo universidades e instituciones de educación superior de los países en desarrollo, y son sólo algunas que son consideradas
    en tales jerarquías, comúnmente denominadas rankings, desde una clasificación que las ubica como “world class universities”.
    Para las instituciones de educación superior de la región, el compromiso social, su autonomía y su relación con las demandas de los sectores
    mayoritarios de su país, son escasamente, si no nulamente, considerados en estos rankings, y por ello vale la pena analizarlos de forma
    muy crítica y evitar buscar una estandarización mecánica al respecto. Lo más discutible es que, de imponerse una tendencia de dominio
    de rankings en la región, se corre el riesgo de un alejamiento gradual de la orientación social y de la pertinencia, de la sustentabilidad y
    de la autonomía, que, tal y como se ha enfatizado en este trabajo, son y deben seguir siendo prioridades y factores consustanciales a la
    historia, a la identidad y a la vigencia del presente de las universidades latinoamericanas y caribeñas.
    43
    de cooperación regional e internacional que hagan posible la redefinición de los términos
    de las asimetrías, y puedan transferir conocimientos, ciencia y tecnología, recursos humanos
    y físicos, a favor del desarrollo del sector de producción articulada de conocimientos.
    En este sentido, vale la pena incluir el tema –como factor clave de negociación- del cambio
    demográfico a nivel mundial, en donde los países latinoamericanos tendrán en los próximos
    años, aún un caudal muy importante de jóvenes y jóvenes adultos, con una mayor
    formación terciaria y técnica, que de no ser aprovechada puede constituir un drenaje social
    impresionante; o bien ser una plataforma social de aprendizajes que con tasas adecuadas de
    retorno, pueda fertilizar el componente de conocimientos locales, además de contribuir al
    avance del conocimiento internacional.
    2. Las universidades deben transformase a sí mismas, para responder a las nuevas estructuras
    en red y constituir bases de aprendizaje de alto valor social en los conocimientos desde una
    perspectiva interdisciplinaria y de investigación basada en el contexto de su aplicación, sin
    dejar de mantener su visión crítica hacia la sociedad y su compromiso con el desarrollo
    humano y la sustentabilidad.
    3. Plantearse la posibilidad de construir redes académicas regionales, programas muy amplios
    de movilidad estudiantil, sobre todo en el doctorado, programas conjuntos de posgrado y
    de nuevas carreras en las áreas de frontera del conocimiento relacionado con los problemas
    más urgentes de la región; aprovechamiento conjunto de la infraestructura de ciencia y
    tecnología instalada; movilidad de académicos a nivel regional en cursos cortos, estancias
    de investigación y en redes de cooperación científica y tecnológica en proyectos definidos y
    la creación de una macro-universidad de carácter continental, que se sustente en programas
    académicos universalmente intercambiables para propósitos de créditos académicos.
    4. Sustentar un sistema de evaluación de la calidad de la educación superior y de la investigación
    para proyectar su función social y pública, garantizar nuevos estándares de referencia
    hacia la sociedad y crear mecanismos en todos los países para hacerlo efectivo, con la contribución
    de todos los sectores de la sociedad interesados.
    5. Sin ninguna duda, habrá que seguir insistiendo en el aumento considerable de la inversión
    en educación superior, en ciencia y tecnología y en favorecer que el sector privado intensifique
    sus esfuerzos de I+D, sin demérito de la acción positiva e incrementada del Estado.
    44
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    46
    ANEXO ESTADÍSTICO
    Fuente general (salvo se especifique otra):
    Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT), Buenos Aires, 2002


    47
    48


    Capítulo 2

    EL FUTURO NOS ALCANZA:
    MUTACIONES PREVISIBLES DE
    LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA
    Hebe Vessuri*
    Colaboradores**:
    José Miguel Cruces
    Renato Janine Ribeiro
    José Luís Ramírez
    * Este texto contó con la colaboración de Irene Plaz Power e Isabelle Sánchez Rose.
    ** NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluídos en el CD-ROM
    Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    57
    Introducción
    ¿Dónde estamos? ¿Adónde vamos? ¿Qué estrategias podemos usar para avanzar en el desarrollo
    de nuestras sociedades? Son preguntas como éstas las que están en la base del interés colectivo,
    a comienzos del siglo XXI, al reflexionar sobre las tendencias de la educación superior
    en un horizonte de 20 a 30 años. Dicha reflexión integra necesariamente la dimensión científica
    y tecnológica pues la ciencia y la tecnología preparan las transformaciones por venir. Este
    capítulo tiene como objetivo central comentar mutaciones previsibles y su incidencia sobre la
    educación superior y sobre nuestras sociedades en la región latinoamericana.
    La introducción de la ciencia y la tecnología en las reflexiones y ejercicios sobre el futuro
    ha estado históricamente acompañada de la idea de progreso y de un pensamiento utópico.
    No obstante, en el siglo XX la cercanía de la visión típica de progreso científico respecto de la
    utopía condujo, paradójicamente, a la supresión, por lo menos transitoriamente, de la utopía
    como género literario. De hecho, hubo un largo paréntesis de sustitución de la noción de
    utopía por la de ciencia ficción en la literatura (Schaff, 1985). Esto, probablemente, porque el
    proyecto científico se percibía como tan eminente y claramente realizable que parecía mejor
    presentarlo en una guisa realista e histórica, y no asociada al voluntarismo inherente a la visión
    utópica (Kumar, 1987). No obstante, ante el aumento de las incertidumbres y lo vertiginoso
    de los cambios ha ocurrido un resurgimiento de las reflexiones sobre el futuro que apuntan a
    proponer la reconstrucción de la sociedad en términos distintos a los actuales.
    Así es como sigue siendo muy importante imaginar futuros posibles y deseables al
    tiempo que se revisan tendencias. No obstante, una pregunta inquietante y por cierto
    relevante es ¿Cómo es que identificamos tecnofuturos posibles y deseables? Y una vez que
    lo hacemos, ¿cómo entendemos su extensión científica e institucional y sus implicaciones
    sociales? En particular, dadas nuestras características de países fundamentalmente consumidores
    de ciencia y tecnología, ¿qué autonomía y qué alternativas se nos ofrecen en la
    construcción de futuros?
    Se ha argumentado al menos desde el primer tercio del siglo XX (Husserl, 1929; Schumpeter,
    1939; Merton, 1948), que las teorías en las ciencias sociales pueden autoconfirmarse en
    la medida en que sus supuestos y lenguaje se dan por supuesto, son valorados normativamente
    y por lo tanto, crean las condiciones de volverse “verdaderas”. De esa forma, dichas teorías
    pueden “ganar” en el mercado independientemente de su validez empírica, perpetuándose en
    la medida en que promulgan un lenguaje y supuestos que se usan y aceptan ampliamente. A
    diferencia de la evolución biológica, la evolución cultural reestructura las observaciones del
    pasado y escribe el presente a través de las interacciones entre dinámicas anticipatorias. Las
    representaciones, visiones, promesas e incluso discursos éticos, tienen una enorme importancia
    en el desarrollo de las tendencias y las agendas de tecnofuturos. Giddens (1984) ha sugerido
    que la ciencia social no puede ser separada completamente de la realidad que intenta explicar,
    porque hay una interacción interpretativa mutua “entre las teorías sociales y aquellas actividades
    que componen su temática –una doble hermenéutica”. Los actores ven el mundo a través
    de las lentes de las teorías sociales, y las teorías sociales están construidas tomando prestadas las
    categorías y significados de los actores.
    58
    Con esto no hacemos más que destacar el carácter frecuentemente circular del análisis de
    tendencias y agendas, y la forma como algunas se cohesionan en tecnofuturos y se incrustan en
    tecnologías y artefactos que confirman las agendas, las cuales de esa forma resultan en profecías
    que se cumplen a sí mismas. Hay una especificidad del conocimiento en el mundo moderno
    que consiste en su habilidad de codificar significados y de esa forma reducir la incertidumbre
    en la representación (colectiva) del sistema social, volviéndose crecientemente selectivo en
    cuanto a la información a retener como relevante. A lo largo del tiempo, esto proporciona una
    capacidad de producir expectativas informadas de posibles futuros, que luego realimentan los
    procesos históricos. Es precisamente esta capacidad reflexiva y anticipatoria lo que explica la
    estabilidad de la trayectoria evolutiva de la economía basada en el conocimiento (Leydesdorff,
    2006). Pudiéramos definir al tecnopresente como aquél que erige ciertos aspectos y problemas
    como los problemas principales a ser resueltos por medio de respuestas tecnológicas específicas.
    Conduce a un tecnofuturo que justifica su solución como revolucionaria, legitimando así los
    gastos de recursos (públicos y privados) en actividades específicas y consiguiendo la adhesión,
    en el trayecto, de múltiples agendas.
    Para lograrlo, el futuro y su remedio tecnocientífico se constituyen de manera específica, para
    no sólo reflejar el problema implícito en el presente, sino también trasmitir la impresión de inevitabilidad
    y dar carácter obvio a la solución del futuro. Dicha “inevitabilidad” sería producida por la
    imbricación de las agendas en artefactos concretos, a pesar de que puedan aparecer como libremente
    adoptadas a través de la eliminación de las alternativas. Usualmente, las fuerzas que están detrás
    de las visiones tecnológicas del futuro van construyendo las condiciones de realización haciendo
    que éstas se verifiquen en los hechos. La promoción de ciertas agendas como racionales y coherentes
    induce de hecho un futuro tecnológico específico, tanto en escenarios y políticas como en prácticas
    particulares, mientras que se dejan de lado otros futuros posibles. Las representaciones, visiones y
    expectativas son una parte integral de ese desarrollo. Existen como un aspecto de la tecnología.
    Esto sucede ya sea que nos ocupemos de la medicina, las Tecnologías de la Información
    y de la Comunicación (TIC), la ciencia de los materiales o las tecnologías convergentes, para
    dar sólo unos ejemplos. Así, en relación con la medicina, la noción de la prevención y el tratamiento
    individualizado se basan en una concepción de la humanidad extraída de la genética,
    la genómica y otras biociencias que descomponen nuestro cuerpo en partes constitutivas (por
    ejemplo genes, genomas, células). Otro ejemplo, también de la biomedicina moderna, son las
    tecnologías y artefactos del screening genético que ayudan a producir una percepción de que
    hay características “indeseables” que los individuos necesitan verificar y luego corregir, haya o
    no los medios para hacerlo (Birch, 2006). Las agendas particulares de científicos, compañías,
    universidades y pacientes pueden beneficiarse de esta orientación y direccionalidad científica.
    Los científicos que trabajan en estos campos en los países industrialmente más avanzados son
    abundantemente compensados por sus esfuerzos, tanto materialmente (i.e. acciones) como
    socialmente (i.e. status). A su vez, las organizaciones públicas y privadas son recompensadas
    a través de cambios en las instituciones de propiedad intelectual (por ej. el Acta Bayh-Dole,
    1980, en los Estados Unidos) que refuerzan una comprensión individualista y propietaria
    de la investigación, la cual asegura la legitimidad de su apropiación privada de lo que es una
    propiedad intelectual valiosa. Finalmente, los grupos de pacientes son recompensados cuando
    logran sensibilizar la conciencia pública, con inversiones en investigación sobre su enfermedad
    o desorden particular, motivando a otros grupos a seguir estrategias similares.
    59
    En el corazón de estas representaciones está implícita la naturaleza competitiva, estratificada
    de la ciencia, si bien su evolución en dirección de lo que aparece cada vez más como
    una estructura de poder altamente sesgada hacia cúpulas concentradas de autoridad y poder
    está menos presente en las discusiones y pasa en buena medida por debajo de la mesa, sin
    ser cuestionada. Claramente, la estructura de control científico afecta y es afectada por las
    representaciones del futuro. De esta forma, contribuimos a elaborar profecías que se realizan
    en un cierto nivel de realidad, en las cuales las políticas y decisiones prescriptas refuerzan la
    teoría original, “probando” su exactitud. Si reportamos sobre las biociencias en términos que
    corroboran las expectativas de vidas individualizadas y cuerpos privatizados, entonces nuestras
    descripciones pueden promover un sistema socioeconómico particular (i.e. apropiación privada)
    que reproduce ciertas expectativas culturales (i.e. individualismo). Si reportamos sobre las
    nanotecnologías como “imaginarios tecnocientíficos”, es decir, supuestos no testados y tácitos
    que dan forma al desarrollo del campo, estos imaginarios no son simplemente imaginarios en
    el sentido de que son ficticios sino que más bien definen los recursos discursivos a través de
    los cuales el campo llega a definirse. En sociedades con escasos márgenes de libertad como las
    nuestras, que no tienen una ciencia y tecnología vigorosas en esta etapa de economías globales,
    debe formularse la pregunta y responderla si se quiere que la investigación que se haga promueva
    estas agendas y, si no, cómo se puede evitar hacerlo.
    ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué creemos que importa? Porque estamos sometidos a la doble
    hermenéutica de que hablaba Giddens, donde la creciente complejidad y el reforzamiento
    de la dinámica reflexiva que los medios de comunicación cada vez más rápidos permiten, lleva
    a un intercambio de conocimiento en el que el rol de los actores sociales es mucho más decisivo
    cuando describen al mundo, modificándolo a través de teorías que prescriben enfoques particulares
    para entenderlo, los cuales estimulan y endosan políticas y decisiones particulares. Estas
    preocupaciones subyacen a este capítulo en el que retomamos, entre otras, algunas de las ideas
    esbozadas por un conjunto de autores que han participado en el Proyecto Tendencias. Hemos
    escogido detenernos en el análisis de algunos temas: la estructura estratificada y jerárquica de la
    ciencia, la nueva convergencia tecnológica, en particular las nanotecnologías, las biociencias,
    y las TIC; el papel de la ciencia-e y su impacto en la educación superior; la producción y el
    consumo del conocimiento; y el tipo de “sistema de ciencia” que se promueve para apoyar la
    búsqueda de un desarrollo sostenible. La educación superior es la depositaria, escenario y eventual
    catalizadora de estos y otros posibles desarrollos. Los países de la región casi sin excepción
    viven una transición complicada, con sendas que a veces se bifurcan, otras vuelven al lugar
    inicial, o no conducen a ninguna parte, haciendo muy difícil la tarea de interpretar y vislumbrar
    caminos futuros. Un aspecto esencial es tratar de identificar entre las tendencias, aquellos
    rasgos de las universidades, industrias y gobiernos, incluyendo sus interfaces funcionales tales
    como las agencias de financiamiento o las oficinas de transferencia de tecnología, que pudieran
    ser reinterpretadas y redefinidas por los agentes humanos en los próximos años.
    1. Transformaciones institucionales en el nuevo contexto global
    Incapaz de adaptarse en la medida que requerían los cambios progresivos del siglo XX, la
    educación superior será testigo de una transformación radical en las décadas venideras. Por
    años la asimilación del conocimiento nuevo al codificado en la ciencia básica, fue generando
    60
    una forma de percepción particular, según la cual este “bien,” una vez producido, era muy
    difícil de apropiar. Esta visión tuvo dos consecuencias importantes. La primera fue que los
    actores económicos no invertirían en investigación básica ante la expectativa de no recuperar
    su inversión; de allí la necesidad del soporte gubernamental. La segunda fue que la apropiación
    del conocimiento y su circulación eran “libres” para los actores económicos interesados. No
    había necesidad, por tanto, de mecanismos específicos que ayudaran a que el conocimiento
    fluyera del sector de conocimiento a los mundos económico y social.
    El resultado fue que la universidad se vio por mucho tiempo como la institución para
    preparar el futuro a través de la producción formal de conocimiento y para formar a la élite.
    Además, esa élite profesional era la única en posición de decidir qué hacer y cómo juzgar la
    calidad y relevancia de lo que se hacía en materia de investigación científica. Paulatinamente
    se fue reconociendo que la realidad más allá de los muros universitarios no era tan simple y se
    fue poblando paulatinamente con cantidades variables de estructuras intermedias destinadas
    a llenar la brecha entre la investigación básica y el desarrollo. A medida que nos acercamos
    al presente, fue cambiando la comprensión del proceso de innovación, pasándose de lo que
    se había dado en llamar el modelo lineal de la innovación a un modelo en red, con nociones
    como redes tecnoeconómicas, procesos de innovación distribuidos o innovaciones abiertas. En
    el camino las universidades, o más precisamente, grupos e individuos dentro de la educación
    superior, se fueron interesando en participar en los beneficios de sus insumos de investigación,
    contribuyendo así al cambio institucional.
    Hace más de dos décadas que fueron creciendo los parques científicos y tecnológicos, incubadoras,
    incentivos fiscales, múltiples iniciativas para proporcionar capital de semilla, políticas
    de capital de riesgo, incentivos para el personal académico que se comprometiera en tales
    actividades. La lista de iniciativas focalizadas en tales actividades es larga, si bien todavía no
    satisfacen plenamente las expectativas (Laredo, 2007). En los países industrialmente avanzados
    se viene hablando de una “tercera misión” empresarial de la universidad, además de la docente
    y la de investigación, si bien históricamente las universidades latinoamericanas tuvieron una
    larga tradición de servicio público como una tercera misión que se definía como de “extensión”.
    En la redefinición actual de la “terceramisión” hay mucha ambigüedad; se habla, por
    ejemplo, de dimensiones tales como:
    1)La transferencia de conocimiento incorporado en estudiantes de doctorado y graduados
    (transferencia de competencias entrenadas a través de la investigación a la
    industria y los servicios públicos orientados por misiones). 2) La propiedad intelectual,
    entendida como conocimiento codificado producido por la universidad y su
    gestión (patentes, copyright). 3) Spin-offs: transferencia de conocimiento a través del
    emprendedorismo. 4) Contratos con la industria a través de de la coproducción de
    conocimiento y su circulación a la industria. Su supone que es el principal marcador
    del atractivo de las universidades para actores económicos existentes. 5) Contratos
    con cuerpos públicos, para satisfacer la dimensión de servicio público de las actividades
    de investigación. 6) La participación en la elaboración y/o implementación
    de políticas (a diferentes niveles). 7) El involucramiento de la universidad en la vida
    social y cultural, fundamentalmente urbana. 8) La comprensión social de la ciencia,
    a través de la interacción con la sociedad (Schoen et al, 2006).
    En todo caso, parece claro que éstas son sólo manifestaciones de una transición hacia algo
    61
    radicalmente diferente que pudiera hacerse visible en los próximos años, vinculada a los cambios
    en la base y estructura jurídica y en las formas de guardar, tratar y producir el nuevo conocimiento
    a partir de las transformaciones que inducen las nuevas tecnologías. Paradójicamente,
    en estos momentos en que la humanidad accede como nunca a herramientas universales de
    comunicación, cuando aumentan drásticamente las posibilidades de apertura, archivo y uso de
    la información, educación, salud, etc., en una palabra, cuando se revoluciona la inteligencia,
    la memoria, la inventiva humana, nos enfrentamos con un pesado lastre de marginalidad y
    exclusión de contingentes importantes de la humanidad, que pone en riesgo la efectivización
    de un futuro mejor claramente posible si se superan los obstáculos del presente.
    Actualmente varios países se han lanzado a una búsqueda desenfrenada del lucro con todo
    el entusiasmo de los conversos; Europa del Este, China, India y en nuestra región México son
    ejemplos. ¿Qué va a pasar con las tendencias a la comercialización de la vida universitaria en el
    mundo y en particular en América Latina? La universidad pública está siendo presionada para
    reorientar sus actividades y sus recursos a la producción de bienes privados intercambiables en
    el mercado. Se viene imponiendo en las políticas públicas y prácticas universitarias la orientación
    hacia el mercado como fin último y como modo de supervivencia de las instituciones de
    educación superior, introduciendo una serie de conceptos y nociones cuya adopción resulta
    problemática y a veces traumática. Ingentes masas de seres humanos en esos mismos países
    están siendo expulsados de sus tierras por la competición con la agricultura industrializada y
    deambulan en las calles de las ciudades sin posibilidades de retorno al campo ni de integración
    a la moderna sociedad tecnológica, pues no tienen acceso a una educación efectiva. Su nivel de
    carencias y falta de perspectivas no sólo genera un infierno en la tierra para ellos sino que los
    convierte en una fuente de inseguridad que permea toda la vida urbana.
    Es probable que en los próximos años, con algún eco de lo que ocurrió en pleno auge de la
    Primera Revolución Industrial, surjan “refugios” del pensamiento en la sociedad, lugares que
    den espacio y tiempo para el pensamiento profundo y crítico, en contraste con la tasa cada vez
    más acelerada y la publicación masiva de papers de importancia cada vez más puntual cuando
    no triviales. Cuando recientemente Serres (2007) planteó que “las nuevas tecnologías nos
    condenan como especie a volvernos más inteligentes,” este filósofo se refería a la revolución de
    la información que repercute y cambia nuestra relación con el mundo y genera una transformación
    cognitiva y cultural en las facultades de la memoria, la imaginación y la razón, que se
    externalizan y así liberadas crecen vertiginosamente. La convergencia de este proceso con el de
    la globalización, la degradación ambiental, la sociedad de alto riesgo y la brecha creciente entre
    quienes aprenden y los otros, que crearán gradualmente una demanda de instituciones que
    busquen entender lo que sucede en la naturaleza y en la sociedad, hará que probablemente el
    “aprendizaje lento y profundo” renazca espontáneamente en los próximos años.
    Por varias décadas el uso de recursos laborales fue persistentemente desestimulado en el
    mundo desarrollado; si bien el crecimiento de la productividad del trabajo fue un elemento
    importante que contribuyó al aumento continuado en el ingreso neto per capita, se alcanzó un
    nivel crítico. Por un lado, la sustitución de trabajo por capital ha estado acompañada por un
    aumento continuado en el uso de energía y de materias primas, que condujo a una sobreexplotación
    de los recursos ambientales. Por el otro, las estrategias de negocio fueron impulsadas
    por consideraciones de ahorro de mano de obra hasta el punto en que la ganancia de productividad
    a nivel del negocio es crecientemente neutralizada por un aumento en los costos de la
    62
    sociedad. Uno de los ejemplos más claros es el desempleo en los países industrializados, donde
    la fuerza de trabajo se vuelve redundante pero a costas de un aumento de los beneficios del desempleo.
    Los requerimientos financieros de los arreglos de seguridad social incrementaron aún
    más los costos indirectos de la fuerza de trabajo, intensificando las tendencias hacia el ahorro
    de fuerza de trabajo. Además, como en Alemania y en Francia, este mecanismo ha llevado a
    una pérdida considerable en la competitividad en mercados extranjeros a medida que la tecnología
    sofisticada se instala crecientemente en países con bajos salarios.
    El uso inadecuado de los recursos disponibles –relativamente poco aprovechamiento de la
    fuerza de trabajo, demasiado uso de los recursos ambientales- claramente no coincide con las
    preferencias de la sociedad: la gente espera para sí y para sus hijos más trabajos y un ingreso
    estable, por un lado, y también una mejor calidad de vida, por el otro. Aunque los modelos
    económicos han tendido a ver los logros tecnológicos como factores exógenos, debe reconocerse
    que éstos son esencialmente el resultado de incentivos que se originan en los sectores
    público y privado. Además, la tecnología es hecha por los humanos, y en este sentido, la inversión
    continuada en capital humano es crítica. Las ineficiencias fundamentales que están en la
    base de los problemas económicos y sociales que aquejan a la región latinoamericana pueden
    mejorar o empeorar en las próximas décadas. El dilema es si el cambio se dará en términos que
    reproduzcan o no el exclusivismo (exclusionismo) del pasado y del presente porque serían cada
    vez más insustentables.
    A pesar de experiencias parcial o totalmente fallidas de diversificación y diferenciación de
    la educación superior en el pasado, es preciso seguir pensando estrategias que no reproduzcan
    la estratificación y rigidización sistémica que acompañó a muchas de esas experiencias.
    Sin duda serán estrategias complejas que buscarán resolver y superar la crisis pedagógica y la
    restricción espacial al locus específico y limitante del salón de clases, en camino a una utilización
    pertinente y eficiente de los instrumentos y dispositivos pedagógicos del futuro. Los
    contenidos se harán crecientemente accesibles en línea, y la educación no será ya “transmitir
    conocimientos o saberes” sino que ella misma será reinventada. Sus principales desafíos están
    ligados a las evoluciones previsibles de la sociedad que necesita el desarrollo de nuevas aptitudes
    de comportamiento (espíritu de iniciativa, capacidad de trabajar en equipo, polivalencia,
    movilidad, etc.) cuya importancia se acrecenterá en el mundo del trabajo en detrimento del
    modelo educativo de los países desarrollados desde finales del siglo XIX. El contenido de la
    educación se ha vuelto cada vez más abstracto con poca relación con el conocimiento práctico,
    funcionando como filtro de selección social. En América Latina, el Caribe y el resto del mundo
    periférico, ex colonias o no, se agudizarán los intentos de construir sus propias instituciones
    de educación superior imitando los modelos del mundo desarrollado y tratando de compartir
    su mismo estilo y estándar de vida, en lugar de buscar resolver sus problemas prácticos siendo
    más originales y creativos. Pero también crecerán los intentos de inventar una nueva cultura,
    opuesta a la violencia y deseosa de proteger la naturaleza.
    América Latina y el Caribe, desde su estado actual de atraso relativo y absoluto, dan muestras
    concretas de querer establecer las bases para el logro de mayor competitividad internacional,
    apoyadas en el diseño e implementación de instrumentos legales en los cuales los sectores
    empresarial, estatal y académico pudieran convergir uniendo esfuerzos en lo que pudiera calificarse
    como un sistema de innovación, que se expresaría en cada país (CEPAL, 2002). Se reconoce
    que la generación y adopción de la tecnología y el logro y mejora consiguientes de la compe63
    titividad internacional constituyen procesos de naturaleza sistémica; el sistema de innovación
    depende de un conjunto de sinergias y externalidades de varias clases, más allá de las reacciones
    maximizadoras de las firmas frente a los cambios de incentivos (idem). En efecto, en la mayoría
    de los países de la región se argumenta a nivel del discurso, que hay una necesidad de desarrollar
    prácticas de innovación tecnológica como una forma de mejorar sus sistemas productivos
    ampliando las bases para los intercambios entre los diferentes sectores y agentes económicos;
    se propone especialmente hacer que cada sociedad se convierta en un espacio económico más
    competitivo en diferentes mercados, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo,
    aunque la innovación ha sido una práctica común de algunas firmas o laboratorios, e incluso
    es tema de estudio y debate en centros de investigación y trabajo, no ha sido un tema asumido
    explícitamente por la mayoría de los aparatos legales en los países de la región.
    El interés reciente de algunos gobiernos de introducir prácticas de innovación tecnológica
    tiene un carácter diferenciado, siendo notables mayores avances en países como: Brasil, México,
    Argentina, Chile, Costa Rica y Venezuela, en cuanto a crear condiciones para su inducción
    y pensar en aumentar más el alcance de los agentes socioeconómicos envueltos. Esto puede
    apreciarse en el establecimiento de contextos legales y estructurales que posibilitan la implementación.
    Este interés se ha manifestado principalmente en los últimos cinco años, lo cual
    indudablemente parece deberse a la necesitar de aumentar las capacidades de competitividad
    económica y modernización de los mecanismos de producción. No obstante, todos los países
    enfrentan dificultades en sus respectivas capacidades de realización de la IyD, y para la vinculación
    entre las comunidades científicas y los empresarios e industriales. Por el otro lado, hay
    poca tradición de acercamiento entre las comunidades de investigadores y los problemas locales
    de sus respectivos países. Esto, sin tomar en cuenta que la inversión interna con respecto al
    PIB de cada país ha sido tradicionalmente baja.
    En el Consejo del MERCOSUR en su reunión del 5 de mayo de 2005, en Asunción,
    Paraguay, se consideró útil instituir un Comité de funcionarios gubernamentales de alto nivel
    responsables de los temas de ciencia, tecnología e innovación. También se consideró la necesidad
    de profundizar estudios hacia una política común en estas cuestiones en esta agencia
    multilateral. En su primer artículo, el Consejo del MERCOSUR decidió crear la “Reunión de
    Ministros y altos funcionarios de Ciencia, Tecnología e Innovación del MERCOSUR”, con la
    función de proponer al Consejo por medio del Grupo del Mercado Común, medidas dirigidas
    a la coordinación y cooperación en el campo de la ciencia, la tecnología y la innovación dentro
    del MERCOSUR (Cruces, 2008). Falta saber si estas medidas no llegan demasiado tarde y si
    están suficientemente respaldadas por los compromisos necesarios de parte de los gobiernos y
    sociedades de la región.
    2. ¿Cambios en el sistema de control y autoridad en el campo científico?
    Tendencias del acceso abierto
    El sistema de control y autoridad en el campo científico ha cambiado su naturaleza en el
    tiempo y en la geografía mundial. Las tendencias observables sugieren una transformación
    significativa en los arreglos existentes. La divisoria entre ciencia hegemónica o de “corriente
    principal” y ciencia “periférica” que se afianzó en el siglo XX refleja una realidad contingente
    64
    que supone formas específicas de organización y control. La estructura de prestigio y el consiguiente
    ejercicio del poder en la ciencia toma diversas formas: dirigir un importante laboratorio
    es una de ellas, editar una revista líder es otra, coordinar un comité que adjudica fondos
    de investigación es una tercera. La superación de la divisoria e inequidades existentes requiere
    transformar la estructura jerárquica de la ciencia que hoy rige.
    Como las pretensiones de la ciencia son universales, es decir, suponen que sus resultados se
    aplican en igualdad de condiciones en todas partes, los científicos suelen extender con facilidad
    este principio básico a cuestiones de método e incluso a nivel de valores y criterios para juzgar
    su producción, instalándose así un campo competitivo global sobre la base del universalismo.
    Sin duda las publicaciones son percibidas como el mecanismo más importante para regular el
    sistema internacional de competición científica. Ellas corporizan una cantidad sustancial de
    poder porque forman la base para la gestión de las carreras científicas en todas partes y están
    constantemente en las mentes de los científicos, aunque sólo sea para monitorear el progreso
    de sus competidores.
    Hasta la última década del siglo XX la transición en América Latina desde un rol principalmente
    nacional a otro internacional todavía podía pensarse como un cambio gradual y no
    como una discontinuidad abrupta. Hasta entonces, los dos escalones –nacional e internacional-
    definían una pendiente que había que remontar, no una barrera a superar, con variaciones
    según el campo del conocimiento. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial,
    algunas casas editoriales comerciales fueron bastante ágiles en moverse más allá del escenario
    nacional para alcanzar el estado de compañías multinacionales. Paralelamente, el agudo aumento
    en la cantidad y tamaño de las universidades en el mismo período marcó el surgimiento
    de un mercado mundial para las publicaciones científicas. El escalón internacional ha pasado a
    funcionar cada vez más como el principal árbitro de la calidad mientras que el nacional incluye
    mezclas más complejas de evaluación, vinculado a cuestiones de política que han sido parte
    de la escena en el nivel nacional, ya que muchos gobiernos tratan de domesticar el poder de la
    ciencia para mejorar el bienestar de su país.
    La naturaleza concentrada de la autoridad en la ciencia internacional se fue reforzando en
    las últimas décadas. Esto incidió no sólo en las revistas, sino más insidiosamente aún, en los
    temas que pasaron a estar también estratificados de acuerdo con una escala internacional de
    prestigio. Desde los años de 1960, el Social Citation Index (SCI) aunque en un comienzo se
    limitó a unos pocos cientos de títulos, pudo ofrecer con credibilidad lo que parecía una buena
    representación de la “ciencia nuclear”. Con basamento en evidencia estadística, la lista de títulos
    usada por el SCI rápidamente pasó a gozar de una gran credibilidad. Con su mecanismo
    numérico de contabilidad, el SCI creó esencialmente una barrera entre las dos categorías –nacional
    e internacional. Separó radicalmente lo que caracterizó como la “ciencia nuclear” o “de
    corriente principal” del resto de las publicaciones científicas y asumió para sí la tarea de decidir
    qué publicaciones podían o no ser incluidas en la lista del SCI. También en este caso se autocumplió
    la profecía. Las grandes editoriales han mantenido un control firme sobre el tamaño
    y la naturaleza de la ciencia nuclear. Se ha argumentado que esencialmente éste fue uno de
    los principales roles del SCI en los últimos cuarenta años. Una compañía privada –Thomson
    Scientific (antes conocida como Thomson ISI)- unilateralmente y en buena medida sin tener
    que rendir cuentas, ha venido decidiendo cuántos títulos de revistas incluir en su lista básica y
    todo el mundo ha aceptado sus decisiones. Cada vez más los bibliotecarios empezaron a hacer
    65
    sus pedidos de compra para sus bibliotecas a partir de las listas del SCI, con lo cual los patrones
    de compras comenzaron a convergir, generando un mercado rígido.
    Justamente el desarrollo de la alternativa del Open Access o Acceso Abierto, puede interpretarse
    como una respuesta al proceso por el cual la pendiente se convirtió en una barrera
    (Guédon, 2007). Las estrategias dirigidas a estimular el Acceso Abierto pueden entenderse
    en función de esa estructura de control. Es difícil imaginar, excepto retóricamente, cómo la
    promoción del Acceso Abierto pudiera divorciarse de la búsqueda de una estructuración diferente
    del poder en la ciencia. Esta cuestión es particularmente importante para los países
    emergentes y en desarrollo de la región latinoamericana. Los debates y tensiones en torno al
    SCI hacen más creíble el argumento que una de las principales funciones del SCI es adjudicar
    el orden jerárquico de las revistas de manera tal que se preserve la estructura actual, cartelizada
    de la publicación científica. Este papel raramente se discute, escondido como está por todas
    las funciones bibliográficas y cienciométricas del SCI. Pero sin el SCI, la estructura concentrada
    del poder científico no existiría como lo hace, y no hubiera durado tanto. Obviamente
    la comunicación científica internacional ha quedado sometida al control de algunas revistas
    de unos pocos países occidentales, instaurándose una carrera por tratar de publicar en revistas
    pertenecientes al conjunto de títulos definidos y controlados por Thompson Scientific. Rápidamente
    la evaluación por pares, las asignaciones de subsidios, el apoyo para asistir a conferencias
    internacionales, todo fue cayendo bajo mecanismos complejos regidos por este particular
    sistema de filtro. Pero esto no es todo. También la manera como la gente cita está sesgada por
    el prejuicio antipaís en desarrollo. El problema no es trivial.
    Algunos países fuera de la “corriente principal” hacen esfuerzos en distintas direcciones
    para resolver o minimizar estos problemas. Brasil es uno de ellos en nuestra región. El Portal
    de información científica creado y mantenido desde el año 2000 por CAPES/MEC (Coordinación
    de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior del Ministerio de Educación
    de Brasil, por sus siglas en portugués), es una biblioteca virtual de fácil acceso a la información
    científico-tecnológica mundial, ofrecido por el Gobierno brasileño a los Programas de
    Postgrado vinculados al sistema educativo del país. De esta forma, más de 1.3 millones de
    profesores, investigadores, estudiantes de pre y postgrado, y el personal técnico-administrativo
    de instituciones de todas las regiones de Brasil, tienen acceso gratuito al Portal vía Internet,
    intermediado por la Red Nacional de Investigaciones (RNP). Los costos de esta herramienta
    para el desarrollo científico nacional, los cubre el Estado brasileño. Entre el 9% y el 10% del
    presupuesto de CAPES es destinado anualmente al mantenimiento y desarrollo del Portal,
    correspondiendo al año 2006 US$ 32 millones (Guimarães, 2007). La continuidad de este
    esfuerzo en los próximos años muy probablemente asegurará a Brasil una consolidación de la
    curva de crecimiento de su producción y productividad científica.
    Paralelamente a este costoso esfuerzo de internacionalización en términos convencionales,
    Brasil ensaya otras vías, como Scielo, una biblioteca electrónica que nació cubriendo una
    colección seleccionada de revistas científicas brasileñas, y que busca el desarrollo de una metodología
    para la preparación, archivo, diseminación y evaluación de la literatura científica
    en formato electrónico. A medida que el proyecto se desarrolla, se añaden nuevos títulos a la
    colección de la Biblioteca. Scielo permite la implementación de bibliotecas digitales en la Web
    de colecciones de revistas científicas en texto completo. Como resultado de las políticas de integración
    regional, ya hay en funcionamiento varios portales Scielo que proporcionan acceso a
    66
    revistas académicas de Brasil y de otros países de América Latina, el Caribe, España y Portugal,
    apoyando la visibilidad de una literatura que de otro modo sólo sería accesible dentro de las
    fronteras de esos países. Scielo responde a una fuerte política institucional. Ofrece un ejemplo
    que descansa en un compromiso gubernamental sostenido. Al igual que con portales como
    Scielo, la decisión de muchas universidades y otras instituciones de investigación de agregar
    valor a los depósitos o archivos de papers arbitrados, y con el esfuerzo de países como Australia,
    Holanda y Reino Unido, además de Brasil, de desarrollar repositorios nacionales, ya es posible
    pensar en la remoción de las barreras o por lo menos en su reducción, mejorando la infraestructura
    comunicacional del sistema mundial de la ciencia. De perseverar en esta orientación,
    se corregirían muchas iniquidades e injusticias debidas a las barreras de conocimiento que se
    erigen hoy entre el “centro” y la “periferia”.
    Otra iniciativa complementaria es la que se adelanta con la coordinación de la UNAM de
    México, a través de Latindex, un sistema regional de información en línea para revistas científicas
    de América Latina, el Caribe, España y Portugal, producto de la cooperación de una red
    de instituciones que funcionan de manera coordinada para reunir y diseminar información bibliográfica
    sobre las publicaciones científicas seriadas producidas en la región. El sistema busca
    difundir, hacer accesible y elevar la calidad de las publicaciones científicas seriadas producidas
    en la región, a través de los recursos compartidos. Para ello, coordina acciones de acopio, procesamiento,
    diseminación, uso y producción de la información científica y pone a disposición
    de sus usuarios tres productos básicos de información: el Directorio, que proporciona los datos
    normalizados de una amplia variedad de revistas académicas o de interés académico. A la fecha
    contiene más de 14,500 registros; el Catálogo, con información descriptiva y de contenido
    adicional a la que ofrece el Directorio para títulos seleccionados y clasificados según criterios
    internacionales de calidad editorial previamente probados y convenidos por el Sistema Latindex;
    y el Enlace a revistas electrónicas, actualmente en construcción, que en su primera etapa
    brinda acceso directo a más de 2.400 revistas con texto completo en línea.
    Con iniciativas como éstas se está procurando una internacionalización de diferente signo
    respecto del actual, no subordinada a la dicotomía entre ciencia de corriente principal y ciencia
    periférica, y de ampliar una función importante, entre otras, la del acceso a la información y
    la comunicación. El surgimiento del movimiento del Acceso Abierto –AA- (Open Access) abre
    perspectivas novedosas ya que juega diferentes roles con diferentes categorías de científicos.
    Para todos, ya sean de países ricos o pobres, el AA da más oportunidad de construir sobre el
    trabajo de los predecesores y colegas/competidores de todo el mundo. Los científicos en cuanto
    lectores están bien servidos por el Acceso Abierto, y para los científicos en países pobres,
    si las conexiones de Internet están disponibles con suficiente ancho de banda, la brecha de la
    información bajo la cual trabajan tenderá a disminuir con el crecimiento del AA. Una revista
    de AA de cualquier proveniencia tiene más oportunidades de ser usada en todas partes que una
    revista con peaje, y el poder creciente de varios motores de búsqueda Google, y en particular
    Google Scholar, Yahoo y otros sólo incrementará las posibilidades en este respecto y de hecho
    comienzan a nivelar el campo de juego que las bibliografías de alto costo (como las del SCI)
    distorsionaron. Para el mundo en desarrollo, esto significa que las revistas AA podrán cruzar la
    divisoria más fácilmente que antes, ya que aunque pueden no estar listadas en el SCI, y en general
    no lo están, su presencia en listas de AA, y su disponibilidad en portales bien organizados
    comenzará a compensar las limitantes que las barreras del sistema cartelizado de la ciencia ha
    67
    montado, en particular en torno al SCI.
    El AA abre las vías a la investigación en torno a la dinámica de la innovación en ámbitos
    enormes e interdependientes como son los de la sociología, la economía o incluso la gerencia,
    además de los de las ciencias duras y la propia tecnología. La noción de AA ha dejado de ser
    considerada como una simple metáfora que anuncia el motor de relaciones societal y organizacionalmente
    transformadas. Así, la posibilidad de compartir los conocimientos y los recursos,
    por ejemplo, entre estructuras en directa competencia mutua, que ayer parecía difícilmente
    concebible, está mucho más cerca de su realización, simplemente por la vía de tomar al AA en
    un sentido no restringido del término.
    3. La nueva convergencia tecnológica
    Las llamadas “tecnologías convergentes” forman parte de la dinámica contemporánea del
    desarrollo científico-técnico. Con este nombre se hace referencia a la combinación sinérgica
    de diferentes tecnologías transformadoras: (a) nanociencia y nanotecnología; (b) biotecnología
    y biomedicina, incluyendo la ingeniería genética; (c) tecnología de la información, incluyendo
    comunicación y computación avanzada y (d) ciencias cognitivas, incluyendo la neurociencia
    cognitiva (nano–bio–info–cogno, NBIC). Constituyen la combinación del conocimiento para
    la manipulación de la materia viva con la inerte (ETC, 2003), teniendo como objetivo final,
    impactar directamente a sectores estructurales de la economía, lo político, social y ambiental.
    En la visión del grupo de expertos de la Comisión Europea sobre la ola de nuevas tecnologías
    cuyo relator fue Nordmann (2004), el paradigma de la convergencia se ha modificado
    con la llegada de la nanotecnología, ya que con ella la materia, compuesta de moléculas, puede
    reconstruirse prácticamente de nuevo a través de la nanoescala. En la escala nanométrica, la
    materia manifiesta propiedades diferentes a las tradicionalmente conocidas a escala macroscópica.
    El aprovechamiento de estas propiedades en la implementación de dispositivos, en la formación
    de nuevos materiales, en sus métodos de manufactura y en su producción, es tan sólo
    uno de los propósitos de este paradigma emergente que se plantea transformar a las sociedades
    en el curso de las próximas décadas. La convergencia de las tecnologías transformadoras se
    basa fundamentalmente en la unidad material en la nanoescala y en la integración tecnológica
    a partir de ella.
    Tales promesas se reflejan en el foco declaradamente “futurista” de buena parte de la retórica
    de la nanotecnología, con la elaboración de largas listas de posibles aplicaciones que son
    tan amplias como para erigirla en la cura de prácticamente todos los males de la humanidad, y
    como soporte del futuro crecimiento y felicidad humanos. Estas visiones reflejan que lo social
    es parte integral de la nanotecnología. Es decir, con relación a “futuros tecnoprospectivos”
    como el que ofrecen los proponentes de la nanotecnología el futuro es movilizado en el desarrollo
    de la tecnología y su gobernabilidad, creando “direccionalidad” y convenciendo a otros de
    lo que “el futuro traerá”. Como tales, las varias narrativas de la nanotecnología aparecen como
    siendo profunda e irrevocablemente sociales, políticas y filosóficas.
    Reconociendo su enorme potencial, varios países o grupos de países han avanzado en la
    formulación de propuestas para desarrollar intensamente las Tecnologías Convergentes. Actores
    poderosos imaginan a la nanotecnología como una reorganización paradigmática de las
    técnicas de investigación y las habilidades en la nanoescala con potencial para inducir amplias
    68
    y transformadoras implicaciones sociales, económicas y políticas (Roco y Bainbridge, 2005).
    Las visiones sociales, culturales, morales, políticas y económicas que acompañan las promesas y
    amenazas están dando forma, de maneras desiguales y complicadas, a las agendas y trayectorias
    de investigación que determinarán la forma eventual de las nanotecnologías.
    La investigación pública y privada en este campo está desarrollándose a pasos gigantescos,
    y por el momento se encuentra fuera del control de las regulaciones de los gobiernos o del
    escrutinio de la sociedad, incluso cuando existen programas y proyectos gubernamentales.
    Es particularmente importante que tanto los gobiernos como la sociedad civil tengan una
    comprensión y ejerzan un monitoreo, pues de otra forma los productos de las tecnologías
    convergentes serán trasladados al mercado en procesos poco transparentes y democráticos de
    revisión, evaluación y regulación (ETC, 2003). Por eso es necesario, desde el punto de vista
    de la educación superior y el análisis social, examinar e interpretar la nanotecnología y otros
    campos relacionados que comparten con ella la dinámica genérica social, económica y política,
    no solamente como un campo emergente de investigación y experimentación científica, sino
    también como estando constituida a través del despliegue de una gama de repertorios discursivos
    de promesa y expectativa. Se apunta a mover la discusión desde intentar ver en el futuro a
    ver cómo es que se construye y se gerencia el futuro en tanto abstracción temporal en discursos
    controvertidos, quiénes elaboran esos discursos y bajo qué condiciones, como prerrequisito
    para la construcción de estrategias de desarrollo de la región latinoamericana.
    Si bien entre las promesas que se dicen válidas para los países en desarrollo están las posibles
    aplicaciones de nanotecnología relacionadas con las metas del Milenio, tales como el
    almacenamiento de energía, producción y conversión, mejora de la productividad agrícola,
    tratamiento y remediación de agua, diagnóstico de enfermedades y monitoreo, sistemas de
    lanzamiento de drogas, procesamiento y almacenaje de alimentos, contaminación del aire y
    remediación, construcción, monitoreo de la salud, detección y control de vectores y pestes
    (Salamanca-Buentello et al, 2005), no todo son promesas. En el discurso “inevitabilista” dominante,
    pareciera que las políticas públicas y los sistemas de gobernabilidad en los países en
    desarrollo, enfrentarán nuevos y difíciles desafíos a sortear para poder generar y utilizar este
    nuevo conocimiento e introducirlo o adaptarlo a metas sociales o económicas.
    Se prevé que la producción de nuevos materiales basados en las nanotecnologías y otras
    tecnologías convergentes puede tener efectos nefastos en las economías de los países en desarrollo
    al permitir la sustitución de materias primas por productos más económicos y libres de
    condicionamientos geográficos y/o climáticos, incrementando las diferencias entre los países
    del Norte y del Sur. Algunos estudios (ETC, 2003; Meridian Institute, 2006) anotan que las
    relaciones económicas y sociales desiguales entre los países del Norte y del Sur pueden verse
    afectadas aún más con la introducción de nuevos materiales, como por ejemplo textiles mejores
    que el algodón, que afectarían la producción de commodities de un número muy grande de
    países. Basta con observar que de un total de 141 países en desarrollo, 95 de ellos dependen de
    sus commodities para por lo menos el 50% de sus ingresos por exportaciones (CFC, 2005).
    En los países de la región es posible encontrar, además de las comunidades científicas y de
    los tomadores de decisiones en el ámbito de las políticas públicas, otros actores directamente
    interesados así como diferentes organizaciones, que tienen un papel cada vez más importante
    en la discusión y definición de políticas y naturalmente en la construcción de una conciencia
    pública sobre el impacto de la tecnología. Muchos de estos actores, sin embargo, no conciben
    69
    claramente los impactos del nuevo conocimiento, y como consecuencia, se toman crecientemente
    decisiones de política pública en base a información incompleta, fragmentada y pobre,
    o por la influyente presencia de instituciones y “expertos” inadecuadamente preparados para
    comprender y enfrentar los desafíos que imponen las tecnologías transformativas y convergentes.
    En ese terreno las funciones de la Universidad y de la educación superior son cruciales en
    la etapa de transición.
    Enfrentar los “desafíos de la convergencia” tecnológica supondrá la coordinación de esfuerzos
    entre las universidades, el sector productivo y los gobiernos para desarrollar instrumentos
    adecuados de regulación y monitoreo orientados a asegurar la protección de la población y de
    la naturaleza. Una cuestión de la mayor importancia es la relativa a los riesgos de la nanotecnología.
    Se evidencia una percepción difusa de los riesgos en la investigación y la utilización
    de la nanotecnología, y existe en consecuencia una gran dispersión de recomendaciones para
    generar las competencias que pudieran permitir enfrentarlos. Con frecuencia, la comunidad
    científica no concibe los riesgos como una dimensión inherente a la actividad de investigación
    que realiza, y cuando los percibe, los identifica como una problemática de orden ético que debe
    ser asumida por los organismos correspondientes.
    En general, se dan por supuesto las narrativas que actores clave despliegan en su intento de
    dar sentido a la dinámica social de las tecnologías emergentes. Se ha argumentado que científicos
    y tecnólogos han desarrollado un conjunto de teorías informales acerca de lo que es la
    nanociencia. Pero ya hay debate respecto a cómo debiera posicionarse, cómo se materializan
    las preocupaciones públicas, las lecciones que pudieran aprenderse de la controversia de los
    transgénicos conocidos como OGM, etc. Pareciera que mientras que estas teorías informales
    carecen de soporte sistemático empírico, no obstante dirigen la expectativa y promesa tanto en
    las deliberaciones de políticas como en la innovación y la I+D. Representantes de ONG reclaman
    una mayor atención a las implicaciones de la nanotecnología para los países en desarrollo
    y las economías emergentes.
    Es necesario considerar más sistemáticamente cómo la nanotecnología pudiera contribuir
    a reducir la pobreza y cómo los procesos de innovación globales pudieran vincularse con procesos
    locales en los países en desarrollo. Algunas economías emergentes están luchando con
    temas de nanotecnología. Por un lado, las instituciones políticas apuntan a atraer compañías
    extranjeras. Por el otro, necesitan desarrollar marcos legales que proporcionen protección a la
    población y que también aseguren estabilidad legal a las compañías. Las principales cuestiones
    aquí se refieren al ambiente, la salud y la seguridad al igual que a los derechos de propiedad
    intelectual. En general, los actores en economías emergentes están en posición diferente que
    aquéllos en los países altamente desarrollados. La academia, por ejemplo, tiene menos posibilidades
    de hacer estudios de salud ambiental y seguridad y/o de tener una comunicación efectiva
    con el público. Las economías emergentes a menudo dependen del liderazgo del extranjero y la
    conciencia pública de los desarrollos en nanotecnología es muy bajo (Renn & Walter, 2008).
    Algunas organizaciones han señalado la necesidad de aplicar el principio precaucionario a la
    nanotecnología. Pero, ¿qué constituye un enfoque precaucionario? En años recientes, enfrentados
    con la creciente escala de cambios e impactos humanos en el ambiente, y con la creciente
    conciencia de su complejidad, se ha vuelto cada vez más claro que la ciencia y el conocimiento
    humano en general no pueden proporcionar evidencia definitiva por adelantado respecto de
    todas las formas de daño posibles. Tal evidencia puede ser intrínsicamente inalcanzable o lle70
    gar demasiado tarde para evitar daño ambiental serio e irreversible. Frente a la necesidad de
    los decisores de políticas ante la incertidumbre, tratando de equilibrar propósitos y objetivos
    divergentes la precaución ha surgido como un principio amplio que favorece la protección
    ambiental en el caso de la incertidumbre.
    El meollo del concepto se puede entender como contrarrestar la presunción a favor del desarrollo
    que predominó durante mucho tiempo (Cooney, 2005). En todo caso, pareciera importante
    encontrar el equilibrio entre este principio aplicado por medio de la evaluación sistémica
    de los riesgos de largo plazo, y una aproximación ética de verdaderos beneficios a corto plazo.
    Los países latinoamericanos deben considerar que el principio precaucionario requiere que los
    gobiernos tengan a su disposición recursos humanos y una infraestructura eficiente de investigación
    y servicios de laboratorios y para ello deben decidir sobre la construcción de capacidades
    para su implementación. La importancia de un análisis abierto y transparente de esos
    imaginarios sociotécnicos, proyecciones y repertorios culturales es doblemente significativa, si
    se considera que la nanotecnología potencialmente desafía nociones profundamente enraizadas
    de humanidad y naturalidad, entre otras a través de nociones como la “nueva invisibilidad
    material” o la “increíble pequeñez” de la nanoescala.
    La convergencia observable también en la “nueva bioinformática” podría ser de especial interés
    en la región, debido a su menor costo de inversión y a la sinergia que puede generar en el
    trabajo en redes. La biotecnología como uso de los sistemas biológicos a los cuales se les puede
    reprogramar siguiendo la voluntad del hombre, y en donde por primera vez los descubrimientos
    biológicos toman un lugar protagónico en el escenario de los grandes mercados mundiales
    constituye uno de los desarrollos tecno-científicos más espectaculares de décadas recientes. En
    la era actual el prefijo Bio se ha popularizado a niveles nunca antes conocidos, esto se explica
    por la penetración de las técnicas de la biología moderna en la sociedad. La tendencia que
    arrancó a mediados de los años 70, cuando se pudo visualizar el impacto que la biotecnología
    y la manipulación genética en general podrían tener en nuestras vidas, se ha ido reafirmado en
    los últimos años con hechos concretos de servicios y productos biotecnológicos. El catálogo de
    biotérminos va incrementándose desde biotecnología, pasando por bioética, bioenergía, bioremediación,
    bioprospección, biomatemáticas, bioinformática, bioingeniería, bioseguridad, hasta
    llegar a biodiplomacia; todos ellos reflejan una visión utilitaria de la biología y su impacto
    en la sociedad (Ramirez, 2008).
    4. Producción y consumo del conocimiento
    La transición hacia la sostenibilidad requiere cambios radicales en la manera como producimos
    y consumimos. Entendemos mejor ahora que el logro de la sostenibilidad se vincula no
    sólo al mejoramiento de la situación ambiental, sino también a cómo aprender a vivir mejor y
    a cómo mejorar la calidad de nuestras estructuras sociales. Más aún, cuando se reconoce claramente
    que no es posible lograr las reducciones necesarias del impacto ambiental y el consumo
    de recursos por medio de soluciones exclusivamente técnicas dirigidas a mejorar la eficiencia
    de los procesos productivos y a hacer más verdes los productos.
    ¿Por qué esto? La investigación muestra que el impacto ambiental agregado continúa elevándose
    debido a niveles crecientes de población y de afluencia. Hay diferencias enormes entre
    los niveles de consumo per capita de las sociedades ricas y pobres en el mundo. En las naciones
    71
    industriales el consumo de bienes domésticos, energía y otros materiales ha alcanzado niveles
    agregados muy elevados, que están ejerciendo presiones tremendas sobre el ambiente y las
    bases de recursos naturales. La “geografía distorsionada del consumo” indica que el consumo
    general del quinto más rico de la población mundial es 16 veces el del quinto más pobre. El
    cambio es crucial en la escala individual, organizacional (dentro de, y entre organizaciones) e
    igualmente en la escala social (entre sistemas funcionalmente autónomos, con su propio código
    operacional).
    En décadas recientes, se ha dedicado bastante atención y recursos a enfoques orientados tecnológicamente
    a reducir la contaminación y aumentar la eficiencia del uso material y energético.
    Estos esfuerzos son críticos, pero en términos de lograr la transición a la sostenibilidad, es
    necesario desarrollar una comprensión más holística de los sistemas de producción y consumo.
    También se ha focalizado el interés en los beneficios potenciales de cambios más sistemáticos
    que abarcan cambios en la producción y el consumo, y las relaciones que vinculan el acto de
    producir y el de consumir. Una ejemplificación aproximada de esos cambios puede encontrarse
    en el nivel de la innovación de las funciones, que incluye sistemas de uso compartido, ofertas
    de pago por uso, y ventas funcionales, que pudieran sintetizarse bajo el nombre de sistemas de
    producto-servicio. Como ilustración sirven casos como los de la gestión integral de pestes, el
    uso compartido de automóviles y los centros de lavado de ropa de base comunitaria en Suecia.
    Éstos se volvieron parte de la planificación urbana, con estándares de eficiencia energética y de
    agua y proporcionando funciones de lavado a millones de hogares.
    En las actividades de innovación se ha venido reconociendo cada vez más la importancia
    del aprendizaje y de las instituciones. Los actores sociales, las interacciones y las instituciones
    son componentes importantes en la conceptualización de los procesos de innovación (Malerba,
    2005). Los procesos pueden involucrar la co-evolución de varios elementos tales como la
    tecnología, la base de conocimientos, el aprendizaje, la demanda, las firmas, las organizaciones
    no empresariales, y las instituciones. Se observan claras referencias en el comportamiento de
    diferentes sistemas sectoriales tales como el rol del conocimiento, actores e instituciones, con
    claras implicaciones para el tema de la producción y el consumo sostenibles. El reclamo de
    cambios en el nivel sistémico es direccional en un sentido e ideológico en otro, ya que prescribe
    acciones deseadas de parte de los actores sociales para producir y consumir. ¿Qué es lo que
    subyace a estos cambios a nivel del sistema? ¿Cuál es la naturaleza y dinámica del cambio que
    envuelve la transformación en patrones de producción y comportamiento del consumidor? ¿Y
    qué rol juegan las instituciones en esta transformación?
    Tukker y Tischner (2006) distinguen tres niveles de cambios hacia el consumo y producción
    sostenibles: 1) optimización del sistema, que incluye mejorías de los sistemas existentes
    de producción y consumo sostenibles con herramientas existentes, como el eco-diseño de productos
    y servicios, la información a los consumidores acerca de alternativas ambientalmente
    robustas y patrones de consumo, 2) el rediseño de la capacidad de provisión del sistema para
    hacerlo menos pesado, a menudo, con base en la innovación de funciones, por ejemplo, en lugar
    de satisfacer la necesidad de movilidad por medio de la propiedad del vehículo privado, se
    ofrece un sistema de movilidad integrado, en el cual el público usa el transporte público donde
    ello es posible, y sistemas de vehículos compartidos como opción de respaldo, aunque todavía
    se actúa dentro del marco contextual y de mercado; 3) innovación de sistema, donde no sólo
    son optimizados sistemas de productos, servicios y producción y se encuentran nuevas formas
    72
    de satisfacer necesidades de consumo dentro de marcos e infraestructuras institucionales existentes,
    sino que se desarrollan e implementan nuevas infraestructuras, sistemas de planeación
    o incentivos, que promueven estilos de vida más sostenibles. Pareciera así que la innovación de
    función sistémica depende del grado de cambios en toda la cadena de valor producto –servicio
    y no meramente de la provisión de la función.
    El Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (División de Tecnología, Industria
    y Economía) tiene numerosas actividades para promover tecnologías y prácticas de gestión
    ambientalmente sensatas, y construir vínculos mundiales entre los líderes industriales y
    los expertos en tecnologías de producción limpias y eficientes. Esos esfuerzos pudieran ser
    muy aumentados comprometiendo a un segmento más amplio de la comunidad de ciencia
    y tecnología a trabajar en estas cuestiones. Por ejemplo se necesitan análisis sociológicos
    para entender cómo la propaganda y los medios populares influyen en las elecciones de los
    consumidores y en la “brecha de las aspiraciones” (por ejemplo, la distancia entre lo que
    la gente tiene realmente y lo que sienten que necesitan). Se requieren estudios de ciencia
    política y de economía para desarrollar mecanismos eficientes de monitoreo y/o control
    de niveles agregados de consumo y uso de recursos. Insumos de la ecología y la biogeoquímica
    permitirían desarrollar una perspectiva sistémica de cómo fluyen la energía y los materiales
    a través de lugares particulares y ciclos de producción/consumo. Y por supuesto,
    los químicos, físicos y otros científicos básicos son necesarios para continuar avanzando
    en tecnologías para la “descarbonización, desmaterialización y detoxificación de los ciclos
    de energía y materiales.
    Esta cuestión puede proporcionar oportunidades interesantes para revertir los roles tradicionales
    de compartir conocimiento entre los países en desarrollo y los industrializados (vistos
    típicamente como unilaterales, influjo Norte-Sur de información). Se necesitan las perspectivas
    del Sur para ayudar a analizar comportamiento y valores vinculados al consumo, y ayudar
    al Norte a desarrollar políticas y prácticas para reducir niveles de consumo excesivos. Algunas
    cuestiones en la investigación del consumo/producción necesarios en los próximos años son
    (ICSU-ISTS-TWAS, 2005):
    • ¿Cómo se crean las “necesidades” materiales? ¿Cuáles son los determinantes primarios que
    impulsan el comportamiento superfluo, de consumo excesivo? ¿Cómo pueden cambiarse
    valores que estimulan un consumo insostenible?
    • ¿Qué tipos de políticas han sido efectivas en desacoplar las mejoras en el bienestar del consumo
    creciente de energía y materiales?
    • ¿Cuáles son los principales patrones y tendencias de cambio social, económico y ambiental
    relacionados con sistemas de consumo/producción? ¿Cuáles son las vulnerabilidades de
    sistemas de consumo/producción importantes a estos cambios?
    • ¿Qué nuevas herramientas y metodologías se necesitan para estudios comparativos robustos
    de sistemas de producción/consumo?
    • ¿Cuáles son los roles de las instituciones, las nuevas tecnologías y la innovación en influenciar
    la dinámica de sistemas de consumo/producción?
    • ¿Cuáles son las implicaciones para el desarrollo sostenible de las tendencias incipientes como el
    consumismo verde, los cambios de la dieta, el etiquetado más estricto de productos, etc.?
    73
    5. Ciencia y ética. Aprender a manejar los riesgos e incertidumbres
    El mundo actual nos presenta algunas libertades antes nunca vistas pero también un grado
    de inseguridad potenciada. La nueva situación del conocimiento forma parte de este panorama
    ambiguo y conflictivo. Por un lado, la ciencia ocupa una posición central en nuestra sociedad
    como jamás la tuvo antes. De ella se espera y se obtiene la solución a innumerables problemas
    y una ganancia de productividad que va desde el tratamiento de enfermedades hasta la mayor
    parte de la calidad de lo que los seres humanos fabrican, plantan o crean. No obstante, al mismo
    tiempo, su apropiación social genera una serie de problemas, pues si bien en ciertos casos
    reduce la desigualdad social e internacional –sirviendo de poderosa herramienta para vencer
    problemas crónicos de grupos sociales y nacionales-, en otros los acentúa.
    Nuestra inseguridad hoy es la de quien comienza a sentir que puede estarse enfrentando
    con límites insuperables. Es verdad que siempre alguien alertó a la especie humana respecto de
    los peligros de superar los límites que Dios o la naturaleza nos fijaron. Es posible que esté aquí,
    también, la raíz de nuestra libertad actual. Las identidades enclaustradas del pasado dejaban
    pocas opciones a las personas. Nuestro tiempo, por el contrario, ha abierto un abanico inédito
    de elecciones, muchas de las cuales asocian lo que hasta hace pocas décadas parecía contradictorio.
    Parece útil, a este respecto, recordar la conferencia Asilomar y su éxito en identificar,
    evaluar y en última instancia mitigar los riesgos percibidos del ADN recombinante en la década
    del 70. En esos años hubo un llamado a una moratoria voluntaria de parte de un grupo de
    científicos norteamericanos hasta evaluar mejor el estado de la nueva tecnología y sus posibles
    riesgos. La conferencia de Asilomar, que incluyó a científicos de todo el mundo, abogados,
    representantes de la prensa y funcionarios gubernamentales consideró si levantar la moratoria
    y en tal caso en qué condiciones la investigación podía proceder con seguridad. Finalmente
    se decidió que la investigación sobre el ADN recombinante debería seguir, pero bajo estrictos
    lineamientos, que luego fueron promulgados por los National Institutes of Health (NIH) y por
    órganos comparables en otros países.
    En restrospectiva, esta conferencia única marcó el comienzo de una era excepcional para la
    ciencia y para la discusión pública de la política científica. Su éxito permitió que la entonces
    tecnología contenciosa del ADN recombinante surgiera y floreciera. Ahora el uso de la tecnología
    del ADN recombinante domina la investigación en la biología. Ha alterado las formas
    como se formulan las preguntas y la manera como se buscan soluciones. El aislamiento de
    genes de cualquier organismo en nuestro planeta, vivo o muerto, así como la construcción de
    nuevas variantes de genes, cromosomas y virus y la introducción de genes en microbios, plantas
    y animales experimentales son hoy una actividad rutinaria. Desde nuestro punto de vista, es
    interesante observar que en los años 70 se escuchaban frecuentes críticas a los científicos por
    asumir el liderazgo en formular políticas que eran asuntos de preocupación pública. Esto llevó
    a algunos de ellos a creer que el debate público mismo era una gran amenaza y que las consecuencias
    resultarían en restricciones debilitantes o incluso prohibiciones sobre la investigación
    biológica molecular. No obstante, el esfuerzo de informar al público también estimuló una
    discusión responsable que logró desarrollar un consenso para el enfoque mesurado que muchos
    científicos apoyaron. Se evitó caer en legislaciones nacionales restrictivas y a la larga, los científicos
    se beneficiaron de su franqueza y acciones prudentes frente a la incertidumbre. Ganaron
    así la confianza pública, ya que fueron los propios científicos quienes tomaron la iniciativa,
    74
    engendrando considerable credibilidad.
    Pero el propio organizador de dicha conferencia, el premio Nóbel, Paul Berg (2004), recordando
    las circunstancias del evento, piensa que es muy probable que el modelo Asilomar
    no sirva para lidiar con los temas de hoy y de mañana porque las cuestiones que nos desafían
    son cualitativamente diferentes. Hay pocas perspectivas de consenso en la sociedad actual con
    respecto a cuestiones éticas relacionadas con los tejidos fetales y células madres, el testeo genético,
    las terapias genéticas de líneas de gérmenes y somáticas y otras áreas de incertidumbre y
    riesgo. En esas instancias, los consensos sólo parecieran ser posibles por medios políticos, donde
    la regla de la mayoría prevalece. A menudo están afectadas por el auto interés económico
    y cada vez más por conflictos y desafíos éticos y religiosos irreconciliables con valores sociales
    profundamente enraizados. Las decisiones de Asilomar en última instancia las tomaron los
    propios científicos que definieron sus responsabilidades no sólo en cuanto tales sino también
    como ciudadanos.
    La lección que Berg extrae de Asilomar es que cuando los políticos y el público en general
    aprenden suficiente acerca de una cuestión como para formarse una opinión, usualmente ignoran
    y rechazan las opiniones de los científicos. Su respuesta a esta situación es entonces que
    “es mejor mantenerlos ignorantes hasta que uno pueda conseguir la aprobación de leyes razonables.”
    Obviamente el problema que queda abierto de inmediato es: ¿“mejor para quiénes?”
    Berg otorga el poder de decisión exclusivamente a los científicos. Si bien es innegable que la
    opinión experta es fundamental, también a los ojos del presente parece crucial que el público
    participe en la discusión de cuestiones de riesgos, máxime a la luz de supuestos controles y “escándalos”
    científicos que con lamentable frecuencia les siguen. El público se siente impotente
    contra algunos de los intereses que impulsan las cuestiones regulatorias. Y los científicos han
    sido parte de esos intereses. Las tendencias que se observan hoy tienen implicaciones de crisis
    civilizatoria: la incapacidad de un modelo de desarrollo básicamente económico para permitir
    la sobrevivencia física de nuestro mundo. El modelo hoy dominante, llámese capitalismo, o
    modernidad, o primacía occidental sobre el mundo, es predatorio y no reconoce límites a su
    expansión (Ribeiro, 2008).
    En estos tiempos y los por venir en el futuro mediato, probablemente relacionado con las
    incertidumbres y frustraciones, resurge la oposición por la fe, que parecía distante no hace mucho.
    El país más desarrollado del mundo, aquél en el que la ciencia y la tecnología contribuyen
    más a generar riqueza, es también aquél donde hay una ignorancia e indiferencia de la población
    respecto de lo que constituye la base misma de su éxito- o la base misma de su práctica.
    La agenda pública comporta una adhesión a supersticiones, a creencias que la ciencia moderna
    desmontó hace más de un siglo. No hay país donde el creacionismo sea tan fuerte como en los
    Estados Unidos. La ciencia es incorporada como tecnología, como innovación, en las fábricas,
    en la agricultura, en los servicios, pero la teoría que está en ella, la semilla de inquietud y de
    inteligencia que en ella pulsa, no llega a la conciencia de millones de personas que hacen uso
    de ella. Se usa la ciencia, se aprende con sus resultados, pero el espíritu científico se enfrenta
    con mentes impermeables a su trabajo de erosión de mitos y de construcción de un mundo
    diferente y mejor (Ribeiro, 2008).
    Un informe reciente publicado en los Estados Unidos, plantea que el insuficiente nivel
    de habilidades de alfabetos en grandes segmentos de la población constituye una de las más
    serias amenazas para la sostenibilidad del desarrollo de esa nación. “Se espera que los indivi75
    duos tomen más responsabilidades en el manejo de sus propias vidas, tales como planificar su
    jubilación, navegar el sistema de atención médica, y manejar sus carreras”, dijo el director de
    la Organización ETS.
    Sin embargo, la mitad de los adultos no cuentan con los conocimientos matemáticos y de
    lectura suficientes como para usar estos sistemas de una manera eficaz; por lo tanto enfrentarán
    mayores desafíos cuando llegue el momento de cumplir sus papeles de padres, ciudadanos
    y trabajadores. Quizá lo que más preocupa es el hecho de que este problema no se presenta
    sólo entre nuestra población adulta. Nuestro índice de graduación de las escuelas secundarias
    (“high school”), es del 70 por ciento y se encuentra muy por debajo del índice de otros países,
    y nuestros estudiantes han quedado rezagados en la lectura, las ciencias y la matemática por
    muchos de nuestros socios comerciales”. (ETS, 2007)
    ¿En qué medida el conocimiento científico mejora el sentido ético de las personas, los valores
    que ellas asumen? Un abismo radical separa, por un lado, los valores asumidos socialmente
    y los de la ciencia. ¿Cómo hacer para que las masas se apropien de la ciencia, como transformar
    la ciencia en cultura? Es necesario que el conocimiento científico amplíe la libertad de
    elección de las personas. Como tributarios que somos de la gran revolución iluminista, seamos
    científicos o educadores, concebimos la ciencia y el conocimiento de calidad en general, en
    términos sociales, más que nada por su papel emancipador y mejorador de la vida humana.
    Tendemos, por eso, a culpar muchas veces a los poderes de este mundo, a quienes deciden y
    tienen seguidores en masa, por el mal uso de un conocimiento que, en sí, asumimos como
    neutro o incluso bueno. Superado el período del terror nuclear, el discurso fue retomando el
    rasgo que había sido el suyo en el pasado, de la afirmación que el conocimiento de calidad es
    bueno y sólo por desviación o deformación es mal apropiado. No hay un gestor de la ciencia
    que no crea en eso, o por lo menos que no lo afirme.
    Tal vez sea justamente porque el discurso convencional siempre proclama a la ciencia como
    positiva, como portadora de ganancias indudables, tal vez sea porque ese discurso sobre el
    conocimiento usualmente ignora que puede servir a distintos amos, que acabamos teniendo
    poca noción de lo que es fáustico, lo que es prometeico, en la producción y consumo, o uso,
    del conocimiento. Pero no se puede olvidar que Oppenheimer tal vez haya sido el primer científico
    que expresó de manera gráfica la interrogante de si el peligro está en el saber o en el uso
    del saber y desde entonces la humanidad tiene que vivir con esa carga.
    Nuestra ineptitud para modificar el mundo es chocante. Las ciencias desempeñan todavía
    un papel instrumental (¿será que algún día podrán desempeñar más que eso?). Sin
    duda, sería impensable que ocupasen el lugar de los valores. La ciencia permite conocer;
    el plano de los valores es distinto. Una constante del pensamiento diferencia la capacidad
    de descubrir, de inventar, de saber, respecto de la de evaluar y apreciar: se distinguen así
    el saber y la sabiduría.
    Recientemente se resignificó la distinción entre conocimiento y sabiduría, para reservar
    un espacio democrático a las decisiones políticas sobre los valores y asegurar un lugar
    íntimo para aquellos asuntos que la ciencia no resuelve, ni pretende o puede solucionar:
    ciertos valores morales, ciertas opciones sociales, ciertas elecciones religiosas. La elección
    entre el valor de la solidaridad y el de la competición, por ejemplo, aunque los estudios
    científicos puedan señalar los costos y ventajas de cada uno de ellos (la solidaridad genera
    menos productividad, si bien también menos tensión; la competitividad produce más,
    76
    no obstante angustia más), es una elección que como tal está fuera del campo científico.
    Pertenece al plano de los valores, de aquello que excede al conocimiento, sin con eso ser
    irracional. Pero incluso así, la ciencia debe y puede ayudar a aclarar esas elecciones, a indicar
    sus efectos, a mejorar la calidad de las dudas. ¿Consigue hacerlo? Pareciera ser ese el
    papel, por ejemplo, de la divulgación y/o difusión científica.
    Suena razonable suponer que la ciencia mejora, en nuestras vidas, lo que no pasa por
    nuestra conciencia (tal es el caso de los nuevos materiales, por ejemplo), aunque beneficia
    muy poco nuestra conciencia del mundo. Las sociedades en que vivimos hicieron esfuerzos de
    alfabetización en el pasado y hasta hoy en nuestra región, como modo de inclusión social, si
    bien antes de completar esos esfuerzos llegó la reciente ola de alfabetización de nuevo cuño,
    que torna analfabetas a las personas que: (i) no tienen conocimientos mínimos de informática
    y por lo tanto no consiguen ya, sin ayuda externa, lidiar con su cuenta bancaria, efectuar
    pagos, intercambiar correspondencia electrónica o leer noticias en Internet; (ii) no tienen
    conocimiento científico e, incluso siendo capaces de hacer aquellas tareas casi mecánicas del
    ítem anterior, no son capaces de comprender el mundo de manera más profunda. Si bien se
    hacen intensos esfuerzos para enfrentar el analfabetismo en términos absolutos o inclusive en
    computación, hay poco empeño en promover el aprendizaje de la lectura científica. Dicho
    de otro modo, los proyectos oficiales e incluso los de las ONG buscan mucho más un efecto
    secundario, pragmático, superficial, que un impacto profundo y duradero en el conocimiento,
    que haría saltar la educación a un nivel que nunca ocupó.
    Es más, los intentos de elevar el gasto público en educación primaria enfrentan resistencia
    significativa de los más ricos, y esa oposición es más probable en sociedades muy desiguales.
    Usar la educación primaria para reducir la pobreza será difícil de lograr a menos que se aborde
    también la elevada desigualdad en el ingreso. Diversos estudios encuentran evidencia de que
    los ricos influyen desproporcionadamente en el proceso político, logrando que los subsidios
    públicos tiendan a beneficiar a los más ricos (Addison y Rahman, 2003). Las experiencias
    de Brasil, Guatemala y Sudáfrica parecen confirmarlo. Al destacar la desigualdad en el gasto
    de educación, no estamos implicando que la solución para el bajo nivel de gasto en educación
    primaria deba resolverse necesariamente transfiriendo recursos de la educación media o
    universitaria. Encontrar recursos para servicios básicos como la educación primaria es visto
    demasiado a menudo como una tarea de reasignación de recursos dentro del sector educativo,
    más que a través de todas las categorías de gasto público, donde puede muy bien haber
    grandes líneas de gasto improductivo fuera de la educación. Esto, naturalmente, es válido
    para la ciencia. La ciencia asumió en nuestro tiempo un papel social inédito, ya que activa
    el desarrollo económico. El conocimiento ya no es pensado como la aventura personal de
    un individuo, sino como trabajo colectivo. Por estas razones, ocurre una fuerte apropiación
    de la misma por los agentes económicos, al mismo tiempo que importantes cantidades de
    personas no llegan a protagonizarla. Más grave aún, en muchos de nuestros países no parece
    tomarse conciencia del impacto económico como social de la investigación científica.
    La ciencia está teñida de cuestiones éticas: el uso de embriones en la investigación, el problema
    del aborto y el de la eutanasia, la posibilidad misma de la eugenesia plantean problemas
    morales que todavía no han sido bien resueltos: hay científicos ciegos a la dimensión ética y hay
    religiosos conservadores que no comprenden los beneficios que la ciencia puede brindar. Hay
    Se estimaba hace unos diez años que 855 millones de adultos –casi un sexto de la humanidad- eran funcionalmente analfabetas, y un 64 de
    esos analfabetas eran mujeres (UNICEF, 1999: Banco Mundial, 2001).
    77
    riesgos envueltos, como los que traía consigo la bomba atómica, cuya única justificación era que
    se necesitaba llegar a ella antes que Hitler. El diálogo entre científicos y éticos es débil, incluso
    en la bioética. Los riesgos que suponen los descubrimientos científicos son difíciles de dimensionar,
    entre el hubris de muchos investigadores, que no tienen en cuenta los problemas que
    pueden resultar de la ciencia descontrolada, y la ignorancia del público y de los políticos que
    sólo ven lo que quieren ver. Falta un espacio en el que la política y la ciencia puedan dialogar.
    Tal vez ese exilio de la ciencia con respecto a la polis sea lo más preocupante hoy, algo que percibimos
    mal cuando vemos las dimensiones del fomento y todo lo que en teoría parece positivo
    en la ciencia; pero en los hechos no necesariamente se plasma en mejoras tanto como pudiera.
    Nunca la ciencia fue tan utilizada, si bien el espíritu científico no se haya vuelto dominante.
    ¿Cómo administrar entonces los riesgos e incertidumbres inherentes a la producción y consumo
    de conocimiento? Algunos puntos básicos se destacan; tienen en común una creencia en la
    investigación, en su discusión pública, en el avance del conocimiento por medio de la investigación
    y del debate, en síntesis, un cierto espíritu democrático. También tienen en común una
    reducción en la creencia en la verdad: los descubrimientos científicos son provisorios e incluso
    cuando en su mayor parte no son refutados sino matizados, dejan de ser tan enfáticos para convertirse
    en relativizados. La misma complejidad de la ciencia actual resulta en una fractura creciente
    entre el conocimiento científico y el sentido común. Esta brecha incluye la dificultad de
    la comprensión de la misma por la clase política que recurre crecientemente a la intermediación
    de “expertos”. El efecto es que el papel racionalizador de la ciencia disminuye en el mundo contemporáneo
    y ésta se devalúa como recurso cultural para promover la superioridad de las pretensiones
    científicas acerca del mundo. Como consecuencia del vertiginoso desarrollo tecnocientífico
    la ciencia, casi universalmente considerada como un bien público que debe ser apoyado, es
    percibida crecientemente como generadora de riesgos y peligros antes impensados. La percepción
    del desarrollo tecnológico incorpora así componentes de incertidumbre, ambigüedad y
    complejidad. La expansión irrestricta del conocimiento científico conduce a demandas de que
    el nuevo conocimiento y su impacto sean regulados y gestionados de alguna manera. América
    Latina y el Caribe (ALyC) debe prepararse para enfrentar estos retos tanto a través de la formación
    como en el manejo relativo de distintos aspectos que el conocimiento nuevo trae aparejado.
    Si la ciencia constituye una cierta comunidad, con valores aproximados, los usuarios de la
    ciencia –los políticos, los líderes empresariales y religiosos, los movimientos sociales, los individuos
    y la sociedad en general- no comparten necesariamente sus valores. Usan, con gusto y
    provecho, lo que ella produce. ¿Cuál es la diversidad de esos usos que se hacen de la ciencia?
    Qué los define, qué los valoriza? Los científicos y los educadores prefieren un uso emancipador,
    de raíces iluministas: la idea de que la ciencia vencerá el prejuicio, probablemente ampliará la
    democracia. Una ciencia así, fecunda, en términos sociales, reduce sus riesgos y, si trae incertidumbres,
    éstas son las del conocimiento, no las del desempleo o la miseria espiritual o material.
    Pero cuando reconocemos las serias limitaciones que inciden sobre el pasaje de la ciencia a la
    sociedad, que se reflejan en los diferentes conceptos de difusión, divulgación y sobre todo, el
    más rico, de apropiación social, el panorama deja de ser optimista. O por lo menos no caben
    tantas celebraciones. No por ello, no obstante, cabe desistir: al final, la luz que las luces
    trajeron consigo casi se extinguió varias veces, pero continúa irradiando. El conocimiento de
    calidad todavía no enunció todos sus poderes. Hacer que la ciencia se convierta en un factor
    pujante de la cultura de nuestro tiempo es algo que exige lidiar con la producción, pero
    78
    sobretodo con el consumo del conocimiento.
    6. ¿Qué tipo de “sistema de ciencia” (y tecnología) se necesita para
    apoyar la búsqueda de un desarrollo sostenible?
    Desde el Informe Brundtland “Nuestro Destino Común” (1988) producido por la Comisión
    de las Naciones Unidas de Medio Ambiente y Desarrollo se ha venido afirmando la
    noción de desarrollo sustentable, entendido como aquel que es capaz de responder a las necesidades
    del presente, sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras satisfagan
    las suyas. Sostiene el Informe que la enorme desigualdad existente entre países ricos y países
    pobres no sólo es un problema de desarrollo, sino también un problema ambiental. Desde
    esta perspectiva, la pobreza y la exclusión son los síntomas más visibles de la problemática del
    modelo de desarrollo imperante: “un mundo que permite la pobreza endémica estará siempre
    sujeto a catástrofes ecológicas y de cualquier otro tipo” (idem).
    Tras la aparente simplicidad del enunciado inicial de desarrollo sustentable de la Comisión
    Brundtland, emergen enormes desafíos tanto epistemológicos como para su puesta en práctica
    en medio de tendencias contradictorias. No cabe duda que los avances científico-tecnológicos
    de la humanidad le han permitido explotar los recursos naturales sin precedentes y ocupar los
    más diversos ecosistemas de la tierra. Es indudable el enorme impacto que han tenido y siguen
    teniendo las acciones humanas en la transformación del planeta a diferentes escalas y en distintos
    ámbitos, generando muchos de los problemas que enfrenta la humanidad actualmente:
    pérdida de la biodiversidad, pérdida de resilencia de muchos ecosistemas, lluvias ácidas, hueco
    de la capa de ozono, efecto invernadero, cambio climático global. Las implicaciones sociales,
    económicas y ambientales de estas transformaciones en la calidad de vida de la mayoría de la
    población del planeta y del bienestar general no son menos impactantes. No es ninguna novedad
    afirmar que el actual esquema de desarrollo es insostenible.
    El Programa Internacional sobre las Dimensiones Sociales del Cambio Ambiental Global
    (IHDP, 2007), sostiene que ante el predominio de “ecosistemas dominados por el hombre”,
    es necesario comprender las dinámicas de los sistemas socio-ecológicos como sistemas humanos-
    naturales conectados, donde las acciones humanas no pueden seguir siendo tratadas como
    variables externas. El cambio ambiental global es en buena parte una problemática relativa a
    las interacciones humanas-ambientales. Para denotar estos cambios, algunos autores sostienen
    que la tierra está saliendo de la era del Holoceno para entrar en una nueva era geológica que
    denominan Antropoceno (IHDP, 2007; Young, 2006; Clark et al, 2005).
    El carácter incierto de los resultados de la ciencia, que en el mundo actual es más conciente
    de los riesgos y provisionalidad de los conocimientos que produce y de las decisiones sustentadas
    en ellos, se expresa en las recientes convenciones internacionales, que estipulan que la
    aplicación del principio de precaución debe ser proporcional al nivel de protección necesario y
    no discriminatorio, además de ajustarse regularmente en función de los nuevos descubrimientos.
    Las decisiones orientadas a determinar el grado de riesgo que una sociedad está dispuesta a
    aceptar son de orden político, no técnico, aunque se apoyen en información científica. En este
    punto Surge un concepto fundamental: el de la responsabilidad, entendida como el compromiso
    colectivo sobre las opciones tecnológicas que hace una sociedad. La ciencia se ve obligada
    79
    a salir del espacio confinado de los laboratorios para insertarse en la vida económica y social
    (Sánchez-Rose, 2008).
    Las tendencias observadas muestran que los entes que financian investigación promueven
    crecientemente estudios orientados a problemas que obligan a cruzar las fronteras disciplinarias.
    Algunas agencias globales enfatizan la necesidad de promover un “enfoque de pensamiento
    integrado” mediante la vinculación de las ciencias sociales y económicas con las ciencias naturales,
    generando fertilizaciones cruzadas entre sus métodos, perspectivas y respectivos hallazgos
    a fin de lograr una mayor comprensión de los problemas socio-ambientales y aportar respuestas
    a los temas emergentes de investigación relacionados con la capacidad de resilencia de los sistemas,
    la gobernabilidad y la toma de decisiones en contextos de incertidumbre (IHDP, 2007).
    Sin pretender especular al respecto, es obvio que estas tendencias tendrán implicaciones en el
    nivel institucional y organizacional de la educación superior.
    El desafío es enorme porque los problemas que plantea el desarrollo sustentable, hacen
    necesario que los científicos y los tecnólogos establezcan un diálogo abierto y constructivo
    con “otros” tipos de conocimientos e incluir a nuevos actores sociales. Se reconoce cada vez
    más que muchas de las soluciones relevantes a los problemas se encuentran en sitios alejados
    de los laboratorios, en contextos particulares donde cobra relevancia el conocimiento local, el
    empírico, el tradicional, el incorporado en tecnología, etc. En años recientes se ha puesto en
    evidencia el elevado precio que ha tenido que pagar el mundo moderno por rechazar prácticas
    tradicionales y los conocimientos que las sostienen en diversos campos de aplicación que van
    desde la medicina hasta la agricultura.
    La “moderna visión científica del mundo” ha tendido a descartar o ignorar otros tipos de
    conocimientos por considerarlos poco rigurosos, folklóricos e incluso irracionales o supersticiosos,
    sin reparar que el test de racionalidad con el que son juzgados es, en sí mismo, un producto
    cultural de la sociedades occidentales (Vessuri, 2004). No obstante, los investigadores
    comienzan a abandonar los límites disciplinarios para involucrarse con gente “real” en innumerables
    procesos de interacción y comunicación en una variedad de situaciones y contextos
    que hace cada vez mas complicado mantener la vieja distinción entre ciencia académica y
    otros tipos de conocimiento. Esta tendencia fue recogida por la Declaración de la Conferencia
    Mundial de la Ciencia, cuando definió a la ciencia como “la capacidad de examinar problemas
    desde perspectivas diferentes y buscar explicaciones de fenómenos naturales y sociales, constantemente
    presentados al análisis crítico” (ICSU 1999).
    La articulación de conocimientos y perspectivas heterogéneas es una tarea compleja que
    plantea importantes problemas metodológicos por resolver: ¿todos los tipos y formas de conocimiento
    son igualmente válidos?, ¿se trata de adoptar enfoques sincréticos o de incluir
    una pluralidad irreducible de conocimientos y perspectivas?, ¿cuáles son los mecanismos más
    adecuados para discernir los conocimientos y capacidades más idóneos para la solución de un
    problema en un contexto determinado?, ¿quiénes participan en estos procesos y de qué manera?,
    etc. Las respuestas a estas interrogantes irán emergiendo de los sistemas de conocimientos
    resultantes de procesos de construcción social de carácter participativo y transdisciplinario,
    enmarcado en espacios de negociación y mediación, orientados a atender y resolver problemas
    concretos de la vida real (Lawrence y Després, 2004).
    La ciencia no se produce en un espacio vacío de política ni ésta funciona en ausencia de
    conocimientos. Entre ambas existe una relación circular: ciertos temas puestos de relieve por
    80
    investigaciones científicas son considerados como objeto de discusión política; los cuales luego
    de ser incorporados a la agenda pública son traducidos en acciones concretas a través de
    la aplicación de políticas específicas, cuyos resultados, a su vez, ponen en evidencia vacíos de
    conocimiento que deben ser investigados. Ciencia y política mantienen una indudable relación
    de interdependencia y de retroalimentación. (Guimaraes, 2006). La necesidad de promover
    relaciones bi-direccionales entre ciencia y política es una demanda creciente como uno de los
    requisitos para atender los complejos problemas globales. Por ello es preciso fortalecer el diálogo
    entre científicos y políticos con miras a lograr mutua comprensión entre los académicos
    y quienes toman decisiones. La perspectiva política debería ser tomada en cuentan a lo largo
    de todo el proceso, desde la definición temprana del problema y durante el desarrollo de la
    investigación.
    La investigación orientada por asuntos políticos como es el uso de la ciencia para el desarrollo
    sustentable es el marco de Surgimiento de un nuevo paradigma conocido con el nombre de
    ciencia de la sostenibilidad. Este nuevo paradigma de investigación Surge como una respuesta
    prometedora a los esfuerzos que desde hace un tiempo, se vienen realizando para incorporar
    la ciencia y la tecnología a la agenda del desarrollo, orientando la ciencia y tecnología hacia el
    desarrollo sustentable, entendiendo a este último como una propuesta de desarrollo integral
    que debe ser enfrentado desde la perspectiva del sistema socio-ecológico. En este sentido, la
    transición al desarrollo sostenible aparece como el más reciente giro en la agenda del desarrollo,
    por cuanto este implica atender los problemas sociales, económicos y ambientales, reduciendo
    el hambre, la pobreza y la inequidad, a la vez que mantiene la biodiversidad y los sistemas de
    soporte de la vida en el planeta.
    La construcción de sociedades más sostenibles se hace en un espacio de negociación política
    entre los múltiples intereses en juego, en el que múltiples actores e intereses participan para
    alcanzar un consenso respecto a qué desarrollar, qué sostener y por cuánto tiempo. Es por ello
    que, pese a las declaraciones en contrario, siempre existe el riesgo de que el establecimiento de
    la agenda científica sea dominado finalmente por los grupos de presión más poderosos, por lo
    que este nuevo paradigma debe tener la habilidad de promover una conciencia de solidaridad
    y visión de largo plazo que permita conciliar los objetivos del desarrollo sustentable.
    7. Desafíos y oportunidades en la ciencia-e
    Gracias a la digitalización, las nuevas tecnologías (que hoy están siendo denominadas
    por algunos como posibilitadoras), la globalización y el Surgimiento de la investigación y
    la innovación en cooperación, ya se genera, organiza y usa el conocimiento en una cantidad
    de formas nuevas. La iniciativa de la National Science Foundation relacionada con la
    ciberinfraestructura (NSF, 2006) proporciona una visión impulsora para la infraestructura
    de conocimiento avanzado en una economía compleja, enormemente expandida y casi
    sin fronteras. El Internet es un ejemplo paradigmático de infraestructura posibilitadora,
    basada en tecnología no propietaria y mínimamente regulada. Virtualmente libre de
    controles, privados o públicos, el Internet se difundió rápidamente como una plataforma
    de tecnología genérica que todo el mundo era libre de usar y transformar. Dentro de lo
    vertiginoso de la expansión, los controles relacionados con la prioridad de servicio, privacidad,
    derechos propietarios y seguridad se desarrollaron más lentamente no sólo porque
    81
    no estaban apoyados en la infraestructura subyacente sino porque también eran percibidos
    como desviaciones de la arquitectura abierta de Internet.
    Prácticas de mediación/mecanismos/instituciones
    (National Academies, 2007)
    Estándares abiertos son críticos al desarrollo de infraestructura en todos los niveles y al desarrollo
    de productos y servicios complementarios, propietarios y no propietarios.
    Plataformas propietarias a menudo estimulan la interconexión de productores de productos y
    servicios complementarios publicando las especificaciones y sin exigir regalías.
    El software de fuente abierta cubre una cantidad de diferentes enfoques a empresas colectivas,
    incluyendo el uso del copyright y el licenciamiento para definir y establecer un espacio
    común (copyleft). El software de fuente abierta también puede ser visto como un estándar
    complejo, altamente definido que permite el desarrollo de productos y fuentes
    complementarias.
    Los pools de patentes han surgido como una nueva forma semi-abierta de agregar derechos
    necesarios para implementar estándares de Tecnologías de Información (TI) complejos
    tales como JPEG, MPEG, DVD y GSM.
    Los espacios comunes de información y conocimiento agregan contribuciones voluntarias. Mientras
    que Wikipedia es el ejemplo más conocido, esos territorios comunes también se usan
    para evitar cuellos de botella propietarios en la investigación (p.ej., el Consorcio SNP y
    el proyecto HapMap).
    Los proyectos de investigación en colaboración a menudo envuelven el acceso conjunto a derechos
    “de fondo” que pueden necesitarse para hacer investigación, junto con la asignación
    de intereses de acceso a la propiedad en cualquier logro de la investigación.
    Las publicaciones de acceso abierto, como ya vimos, pueden ofrecer disponibilidad libre después
    de un período limitado de exclusividad.
    El licenciamiento cruzado es común entre las firmas de TI como medio de maximizar la libertad
    de acción y simplificar el tema de las patentes.
    Licencias posibilitadoras simplificadas tales como las de los Creative Commons estimulan la
    reutilización bajo una variedad de términos simples, fácilmente comprensibles.
    Aunque las nuevas tecnologías y los controles legales a menudo parecen tener fines contrapuestos,
    en la práctica han surgido medios voluntarios para mediar entre ambos, que incluyen
    una variedad de mecanismos, prácticas e instituciones. La transferencia de tecnología para el
    software basada en la universidad ha funcionado de manera muy diferente que en el caso de la
    biotecnología porque buena parte del software no es intensivo en recursos, apunta al uso académico
    o es apoyado por los usuarios. Pero como vimos más arriba, esta tendencia a la libertad
    y la creatividad del soporte de Internet acabará influenciando a la bioinformática y a toda la
    infraestructura para la investigación en otras áreas intensivas en datos, como las que predominan
    en las biociencias y biotecnologías, ya que cada una expande el valor y el potencial de la
    otra estimulando la colaboración entre investigadores individuales, equipos de investigación,
    disciplinas, instituciones, firmas y sectores.
    El proyecto NSFNET de la National Science Foundation en los años de 1980 y la visión
    82
    de la ciberinfraestructura del presente han estado motivados por la necesidad de compartir
    con eficiencia recursos elevados de computación final. La ciberinfraestructura hereda todos
    los desafíos legales y de política del Internet y de la Web y se agrega a ellos. Inicialmente los
    desafíos parecen más manejables por la naturaleza relativamente enclaustrada, no comercial
    de la investigación científica. Sin embargo, la visión de la ciberinfraestructura se extiende explícitamente
    a la educación y a grupos subrepresentados, y a la implementación práctica de
    colaboratorios, organizaciones virtuales e infraestructura centrada en los seres humanos. Lo
    que se conoció en los años de 1990 como Red Nacional de Investigación y Educación en los
    Estados Unidos surgió como no limitada a la investigación y la educación sino que fue abierta
    y ubicua. La ciberinfraestructura debe crecer y madurar, sin embargo, en un nivel y tiempo
    cuando los controles son más fuertes, difusos y controversiales.
    ¿Cuáles son los grupos de interés? ¿Cómo se da el equilibrio de poder? ¿Cuáles son
    las reglas? Las reglas locales de los ecosistemas digitales varían entre ecosistemas. Habrá
    que investigar cómo se da la interacción global entre ecosistemas de comunicación. En los
    próximos años habrá que trabajar mucho en el área de la creación de confianza y en el desarrollo
    de un marco de gobernabilidad, sin tener que recurrir a políticas regulatorias verticales.
    Como en toda nueva ciencia, la senda tiene aún que ser abierta: “Se hace camino
    al andar”, como decía el poeta (Machado, 1912). La vastedad de los desafíos científicos y
    de la investigación que apenas se comienza a discernir sólo puede intuirse como tendencia.
    Estados Unidos y Europa han elegido enfoques notablemente diferentes para controlar
    los datos personales, la propiedad de las bases de datos y el alcance del material patentable.
    Estas diferencias persisten a pesar de tener una infraestructura común, una preocupación
    común por promover la innovación, y un compromiso común de armonización internacional.
    En los próximos años la expansión de la ciberinfraestructura podrá apoyarse en un
    menú creciente de mecanismos, instituciones y estrategias. La optimización de todas estas
    herramientas para apoyar la investigación y la innovación requiere una mejor comprensión
    de las fuerzas sociales y económicas que rodean los procesos de ciencia y tecnología,
    así como una perspectiva desinteresada, de base empírica sobre cómo se enfrentan y mitigan
    en la práctica las tensiones entre apertura y control.
    La experiencia con la infraestructura expandida debiera decirnos mucho acerca de la ecología
    del conocimiento y la innovación en un mundo de fronteras porosas e instrumentos
    inmensamente poderosos. Esto, a su vez, puede ayudarnos a repensar y a redefinir las leyes y
    políticas heredadas de tiempos y circunstancias más simples (National Academies, 2007). La
    extensión del paradigma de redes al conocimiento, a las capas sociales y a los procesos y las actividades
    económicas que funcionan en cooperación y competición pudieran conceptualizarse
    como los organismos de un ecosistema aplicando la metáfora del ecosistema a su representación
    digital. Se ha argumentado que se puede obtener una mayor aceleración de los desarrollos
    cuando las TIC son diseñadas para favorecer ciertos procesos, tales como la producción y
    apertura del conocimiento y a frenar otros, como la formación de monopolios. El derribar las
    barreras al trabajo cooperativo distribuido y la producción de conocimiento compartido permitiría
    la sincronización de redes sociales dinámicas y de comunicación en escalas de tiempo
    cada vez más cortas, empujando la metáfora del ecosistema hacia una inteligencia colectiva y
    un sistema cognitivo distribuido.
    Ya existen áreas de investigación que vinculan las TIC con la epistemología y las cien83
    cias sociales (Nachira et al, 2007). Algunas cuestiones que adquirirán interés creciente en los
    próximos años tienen que ver con nuevos sistemas de valores y modelos de actuación. Por
    ejemplo, crecen las interrogantes sobre cuál es la noción de bienes públicos en la Economía
    del Conocimiento. ¿Cómo se compara la apertura con las patentes en relación con el estimulo
    de la innovación? Todavía falta entender cómo acoplar la innovación con la dinámica social,
    amplificar las sinergias entre el desarrollo social y el crecimiento económico. Estas últimas también
    pueden aumentarse a través de la optimización de las tecnologías digitales que permean
    todas las facetas de la experiencia humana. ¿Por qué las aplicaciones y sistemas operativos se
    vuelven tan complejos cuando aumentan el tamaño? ¿Cómo podemos desarrollar sistemas que
    aprendan del comportamiento de sus usuarios, sistemas adaptativos, auto-organizados y auto
    curativos? ¿Cómo se pueden diseñar sistemas y arquitecturas sociotécnicos que reflejen una red
    de procesos, operaciones técnicas y económicas y que tengan la habilidad de reproducirse a sí
    mismas recursivamente, creando, destruyendo o reorganizándose a sí mismas en respuesta a
    insumos y perturbaciones externas?
    Los esfuerzos específicos de investigación y desarrollo dirigidos a la transformación de
    la ciencia y la tecnología en los países latinoamericanos, son interesantes. Sin embargo, la
    “brecha digital” entre los países de la región y los países avanzados así como en el interior
    de un mismo país entre diferentes segmentos de la sociedad y la economía es preocupante.
    Lo que se haga no puede circunscribirse a los ámbitos académicos y científicos. Si bien se
    ha pensado así desde el inicio de la implantación del Internet en la región, los resultados
    distan mucho de ser satisfactorios. Son urgentes por tanto las estrategias para un mayor
    desarrollo y la mayor explotación de las TIC. Una buena parte del valor de la adopción de
    las TIC se deriva de su potencial de explotar e integrar redes tecnológicas, redes de conocimiento
    y redes socioeconómicas, permitiendo la creación dinámica de nuevas conexiones,
    procesos y cooperación entre actores económicos. Un sistema que permita estas múltiples
    clases de redes no puede reducirse a una plataforma de servicios interoperables, sino que
    debiera evolucionar hacia una arquitectura orientada a procesos, que pueda apoyar un
    ambiente rico en conocimientos y que sea representativo de los usuarios y de su comportamiento
    social y económico.
    En el mundo, la tendencia en la ciencia-e es la vinculación de la investigación teórica con la
    aplicación estratégica, para la producción de resultados que lleguen a la industria rápidamente.
    El entorno digital está adquiriendo cada vez más importancia para las industrias creativas.
    América Latina y el Caribe muestran poco desarrollo en ese campo, con pocas excepciones,
    como Brasil y Chile. La filosofía del “salto adelante” acompaña con fuerza el proyecto de incorporar
    la región a la tecnología de avanzada en materia de información y comunicación. El
    futuro puede ser prometedor pero sólo si se fortalecen las TIC de la región en todas sus áreas,
    incluyendo la investigación en ciencia-e. En función de los desarrollos actuales en materia
    de integración regional, existe la oportunidad de realizar una integración de los proyectos en
    campos de investigación estratégicos.
    8. Discusión
    Actualmente la ciencia y la innovación son a la vez más competitivas y cooperativas. La globalización
    aumenta la competición, mientras que la creciente complejidad debe ser abordada por
    84
    medio del trabajo en equipo, la coordinación, la interacción y la reutilización de los recursos. La
    cobertura y la escala se logran menos a través del escalamiento de la inversión y más compartiendo
    datos, conocimiento e infraestructura, a menudo en asociaciones con los competidores. Las nuevas
    ciencias y tecnologías proporcionan marcos de referencia infinitamente adaptables, lo cual estimula
    y permite que participantes con diferentes habilidades, roles e incentivos trabajen juntos hacia el
    logro de fines comunes –ya sea que persigan una agenda de investigación, como facilitadores en el
    aprendizaje o desarrollando un producto. Desde luego, tener una infraestructura tecnológica de
    referencia es esencial, y ello puede ser suficiente para grupos homogéneos o para relaciones complementarias
    bien entendidas, como la de proveedor y cliente. Pero los grandes desafíos de los próximos
    veinte años incluyen la posibilidad de participar en la creación y distribución del conocimiento
    desde contextos muy variados y pudiendo elegir entrar y salir en distintos momentos. ¿Cómo podrá
    hacerse efectiva la colaboración? ¿Podrán ponerse de acuerdo sobre contribuciones, procedimientos,
    intereses y expectativas cuando la previsión es imperfecta y las motivaciones difieren?
    Las ventajas cooperativas se están convirtiendo en un componente fundamental, algunas veces
    dominante en un mundo que estará cada vez más interconectado. Al mismo tiempo los controles
    del tipo de las patentes y otros mecanismos excluyentes se harán más complejos, diversificados y
    penetrantes, es decir, crecerán las habilidades de superar barreras y fronteras al mismo tiempo que se
    definirán cercas efectivas. ¿Cómo funcionarán la cooperación y el compartir recursos que cada vez
    se harán más poderosos a nivel global en un ambiente con controles profundamente institucionalizados?
    Apenas si se empiezan a enmarcar los problemas, pero las respuestas son temas a explorar en
    el futuro. La legislación pública también está cambiando drásticamente en vista de valores e intereses
    competitivos cambiantes, pero las respuestas políticas al cambio técnico pueden ser demoradas
    y discutibles. ¿Cómo se alinearán los flujos cada vez más acelerados de conocimiento con mayores
    incentivos para el control y una creciente capacidad de colaborar? ¿Qué harán América Latina y el
    Caribe para manejar los nuevos escenarios y participar del mundo que está naciendo como consecuencia
    de los desarrollos en marcha y que seguramente se producirán en los próximos años en el
    ámbito científico y tecnológico?
    Es muy probable que se desarrollen nuevas disciplinas como derivación natural de los avances
    vertiginosos en la ciencia y la tecnología. Surgirá una fuerza de trabajo en estas nuevas disciplinas,
    que pudieran ser tan importantes como lo son hoy las relativamente nuevas ciencias de la computación,
    la biología matemática, la genómica, las ciencias ambientales y la astrofísica. Crecerán las
    asociaciones, colaboraciones y asociaciones nacionales, regionales e internacionales en el desarrollo
    de esa nueva fuerza de trabajo. En nuestra región, será necesario prestar especial atención a las barreras
    al uso de los nuevos conocimientos y promover la formación de profesores particularmente en
    instituciones que atiendan a grupos socialmente desventajados. La región enfrenta el desafío especial
    de tener que estimular programas para integrar métodos innovadores de enseñanza y aprendizaje a
    través del uso de las TIC y el desarrollo de investigaciones que posibiliten que estudiantes, docentes,
    científicos e ingenieros puedan trabajar y aprender en ambientes ricos en ciberinfraestructura. El
    aprendizaje a lo largo de la vida, a través de mecanismos formales e informales, será una parte esencial
    de la fuerza de trabajo en sociedades en las que el conocimiento estará en continua expansión.
    85
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    Capítulo 3

    CALIDAD, PERTINENCIA Y RESPONSABILIDAD
    SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD
    LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA
    José Dias Sobrinho
    Colaboradores*:
    Adolfo Stubrin
    Elvira Martín
    Luís Eduardo González y Oscar Espinoza
    Pedro Goergen
    * NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluidos en el CD-ROM Tendencias
    de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    89
    Introducción
    Todas las reflexiones que siguen parten de una premisa fundamental: la educación es un
    bien público, derecho de todos, deber del Estado. Esta premisa afirma dos cosas importantes:
    a) no sólo todos tienen derecho a la educación, como también es un deber del Estado proveer
    a todos una educación de calidad; b) la educación no es un bien negociable, aunque pueda ser
    impartida también por actores privados. Al ser pública, la educación tiene que ser de calidad
    para todos. Por ello, son beneficiosos los mecanismos que cumplan con las funciones de promover
    y asegurar la calidad de las Instituciones de Educación Superior (IES) de acuerdo con
    las demandas prioritarias de la sociedad. En tanto bien público, el aseguramiento de la calidad
    no puede transformarse en un interesante rubro de comercio, sino que es imprescindible que
    sea un instrumento de profundización de los valores democráticos, fortalecimiento de la soberanía
    nacional y la identidad nacional.
    Otra declaración inicial también es necesaria: como se puede leer en la literatura del área,
    es muy difícil definir satisfactoriamente la palabra “calidad”, especialmente cuando se refiere a
    la educación. Es muy común la referencia a su existencia, pero sin definir ni operacionalizar su
    significado. Ella es la base de nuestras apreciaciones, pero no sabemos expresar con mucha convicción
    lo que es la calidad. Hablar de calidad en educación superior es un desafío permanente,
    más aún cuando se está en medio de un proceso de expansión y privatización que trasforma la
    educación superior en un campo de fuerzas atravesado por múltiples disputas.
    Aunque falte una definición que sea plenamente satisfactoria para todos, juzgamos importante
    anclar el concepto de calidad en algunos pilares básicos. En el presente texto insistimos
    en la necesidad ineludible de vincular la calidad a la pertinencia, la equidad, la responsabilidad
    social, la diversidad cultural y a los contextos específicos en que se desarrollaría. Esto nos ayuda
    a especificar que la calidad no es un concepto aislado, sino que sólo adquiere significado en
    tanto que vinculado a sus finalidades sociales. En el caso de la educación superior, el concepto
    de calidad debe tomar en consideración los compromisos públicos y los papeles sociales que
    corresponden a esas instituciones.
    Además de discutir los aspectos conceptuales de la calidad en educación y de sus vínculos
    esenciales con la pertinencia, la relevancia social, los compromisos públicos de la educación
    superior, también intentamos presentar sugerencias generales desde un punto de vista que
    contemple dimensiones importantes de la gran heterogeneidad latinoamericana y caribeña.
    Esta es una tarea difícil, pero irrecusable. Por supuesto, esto es así no solo por la inherente
    complejidad temática que constituye el problema a enfrentar. También no es tarea fácil enmarcar
    estos temas en la realidad latinoamericana, habida cuenta de la enorme diversidad regional,
    donde se encuentran valores comunes, pero también otros en pugna con intereses y proyectos
    diferentes, muchas veces contradictorios. Las grandes disparidades relativas en lo que se refiere
    a grados de desarrollo económico, cultural, educativo, tecnológico (en especial a la enorme
    heterogeneidad de los sistemas nacionales de educación superior, dificultan mucho los intentos
    de establecer escenarios de futuro en el ámbito regional.
    90
    1. Calidad, pertinencia y relevancia social
    Luis Eduardo González y Oscar Espinoza (IESALC, 2007) presentan diversas concepciones
    de calidad que se encuentran en la literatura especializada. Entre las más tradicionales está
    la clasificación de Harvey y Green que plantea cinco opciones, a saber:
    • La calidad como excepción. Esta conceptuación presenta tres variantes:
    1. La calidad vista como algo de clase superior, de carácter elitista y exclusivo;
    2. la calidad como equivalente a excelencia, al logro de un estándar muy alto, que es alcanzable,
    pero en circunstancias muy limitadas;
    3. la calidad entendida como el cumplimiento de estándares mínimos.
    • La calidad como perfección o consistencia. En este caso, para establecer la calidad, se formula un
    juicio en conformidad con una especificación predefinida y medible. Esta definición permite
    tener distintos conjuntos de estándares para diferentes tipos de instituciones. Ella se basa en dos
    premisas: la de “cero defectos” y la de “hacer las cosas bien”. En este caso, la excelencia se define en
    términos de especificaciones particulares. La especificación misma no es un estándar ni tampoco es
    evaluada contra ningún estándar. Por otra parte, se ha visto que es posible la provisión de estándares
    no universales para la educación superior. El enfoque “cero defectos” está, en opinión de Peters y
    Waterman, intrínsecamente ligado a la noción de “cultura de calidad”, en la cual todos en una determinada
    organización son igualmente responsables del producto final. El hacer las cosas bien
    implica que no hay errores en ninguna etapa del proceso y que la calidad es una responsabilidad
    compartida, lo cual se aproxima al concepto de calidad total.
    • La calidad como aptitud para el logro de una misión o propósito. Aquí calidad se refiere
    a la manera en que cierto producto o servicio se ajusta a un propósito, siendo este usualmente
    determinado por las especificaciones del “cliente”. Esta definición de calidad es
    generalmente utilizada por los gobiernos para asegurarse que la asignación de recursos es
    adecuada.
    • La calidad como valor agregado. Concepción que se ha estado usando desde los años ochenta,
    asociada a costo, exigiendo eficacia y efectividad. Calidad sería el grado de excelencia a
    un precio aceptable. En este enfoque subyace el concepto de accountability: responsabilidad
    frente a los organismos financiadores.
    • La calidad como transformación. Esta idea está basada en la noción de cambio cualitativo.
    Cuestiona el enfoque de calidad centrado en el producto. Una educación de calidad es
    aquella que produce cambios en el estudiante y lo enriquece. El estudiante se apropia del
    proceso de aprendizaje.
    Por otra parte, para las normas ISO , la calidad se ha definido como grado en que un conjunto
    de características inherentes cumple con unos requisitos.
    Asimismo, según la definición de CINDA : “el concepto de calidad en la educación superior
    no existe como tal, sino como un término de referencia de carácter comparativo en el cual
    algo puede ser mejor o peor que otro, dentro de un conjunto de elementos homologables, o en
    comparación con cierto patrón de referencia – real o utópico – previamente determinado”. En
    rigor, sólo se puede establecer que una institución es mejor que otra cuando son homólogas en sus
    ISO: International Organization for Standardization por sus siglas en inglés.
    CINDA: Centro Interuniversitario de Desarrollo.
    91
    fines, concordantes en su misión y se encuentran en un contexto similar.
    De acuerdo a la concepción acuñada por CINDA, el aumento de la calidad de la educación
    superior deja de ser un proceso unilineal que puede ser simplemente evaluado por un conjunto
    de indicadores estáticos y cuantitativos. Por el contrario, aparece como un proceso multifactorial
    cuyos resultados difieren dependiendo de los patrones de referencia. Todo ello se manifiesta
    en que los resultados de un cambio en la calidad de la educación pueden ser considerados muy
    positivos para aquéllos que comparten ciertos valores y muy negativos para quienes sustentan
    valores antagónicos.
    Los innumerables conceptos de calidad coinciden en aspectos y atributos importantes desde
    diferentes perspectivas, pero, según nos parece, ninguna definición ha conseguido aprehender
    la complejidad de todas sus significaciones posibles y satisfacer a todos los académicos y
    grupos de interés. Es fundamental distinguir los conceptos de calidad que tienen su raíz en
    concepciones empresariales de los que tienen su raíz en las concepciones educacionales. El
    concepto empresarial de calidad se ha transferido a amplios e importantes sectores educacionales.
    Es interesante observar que el gran éxito de la “calidad total” como modelo industrial,
    responsable directo del liderazgo de Toyota y de la gran competitividad de Japón en la economía
    global, tiene un impacto importante en la agenda de la calidad en la educación. Con la
    creciente atribución de valor económico a la educación, hay un gran auge de la apropiación de
    la lógica empresarial en la formulación del concepto y en la evaluación de la calidad. Por ello, es
    bastante común asociar calidad en educación a conceptos como eficiencia, productividad, costo-
    beneficio, rentabilidad, adecuación a la industria, al mundo del trabajo y sus traducciones
    en expresiones cuantitativas. Para los responsables de la administración central, la calidad de la
    educación está más asociada a desempeños y rendimientos estudiantiles, capacitación para el
    trabajo, disminución de costos y ampliación de la matrícula. Estos también son aspectos más
    fácilmente visibles y que pueden ser presentados objetivamente a la sociedad, pero no pueden
    ofrecer una comprensión de todos los significados de la “calidad”.
    La educación es un fenómeno social, y no todos sus atributos y dimensiones son medibles.
    La calidad de los objetos materiales puede establecerse con el apoyo de las ciencias naturales;
    la de los objetos humanos y sociales lo será, por el contrario, siempre a través de una opinión,
    aunque gracias a una actividad especializada pueda ser por convención y por razón aceptable
    y aceptada.
    No se trata de oponer calidad y cantidad. Son dimensiones coesenciales que se constituyen
    mutuamente. Por ello, una realidad humana, social y dinámica, como es el caso de la educación,
    debe ser comprendida a través de un entramado complejo de perspectivas, metodologías,
    instrumentos y herramientas epistémicas que combinen las dimensiones de calidad y cantidad.
    Al buscar comprender las realidades humanas, como subraya Stubrin (IESALC, 2007), se llega
    a un punto que, sin la mediación de las magnitudes, la interpretación fracasa. Ambas perspectivas,
    entonces, se confrontan en una oposición dialéctica, pero necesitamos reintegrarlas si
    queremos que nos proporcionen un conocimiento confiable.
    Por muchas razones el tema de la calidad ocupa creciente centralidad en la agenda política
    de la educación superior. Las razones principales no necesariamente son las mismas para cada
    grupo de interés. La cuestión de la calidad es importante para aumentar la competitividad
    económica; para mejorar los indicadores cualitativos de la ciudadanía; para crear más amplias
    condiciones de empleabilidad; para dar fe pública del correcto ejercicio de los servicios educa92
    tivos etc. En todos los casos, hay un fenómeno que confiere actualidad, urgencia y gran necesidad
    al tema de la calidad. Se trata del fenómeno del crecimiento explosivo de las matrículas
    e instituciones, que en algunos países alcanzan el nivel de masificación.
    Este fenómeno de la expansión se constituye en un campo de tensiones que tiene en su centro
    una disputa por el significado de la calidad. Argumentos elitistas sostienen que la calidad en
    educación sólo es posible para pocos. Por otro lado, si pensamos la educación como una estrategia
    de fortalecimiento de todas las potencialidades nacionales, como un bien público a cuyo
    beneficio todos tienen derecho, como proceso de disminución de desigualdades y elevación
    de la justicia social, entonces, coincidimos en que la educación para más gente, si es posible
    para todos, significa incremento y no pérdida de calidad. Si tomamos en cuenta los criterios
    de equidad y justicia social asociados al concepto de educación como bien público, tenemos
    que concluir que no es de calidad un sistema educativo que margina partes, y muchas veces la
    mayoría, de la población nacional.
    Fueron las cuestiones estructurales externas las que más presionaron a la educación superior
    a poner la calidad en el centro de su agenda. Desde la sociedad, desde los gobiernos, y
    especialmente desde el mercado, se han producido fuertes presiones para realizar importantes
    cambios en el significado mismo de la educación superior, en sus funciones y atribuciones en
    el mundo de la economía global. Estos cambios impulsan también una revisión de los conceptos
    de calidad. Los actuales movimientos de re-conceptuación de la calidad en el mundo
    académico están poniendo de manifiesto la contradicción entre, por un lado, los esfuerzos que
    intentan implantar en la educación superior el lenguaje, lógicas, estrategias y prácticas exitosas
    en la industria, y, por otro, la lucha por la preservación del ethos académico y de sus valores
    más identificados con la autonomía, los intereses públicos y las especificidades de la ciencia en
    la labor de investigación y formación.
    Aunque de modo esquemático, se puede decir que están en pugna dos tipos de paradigmas
    de calidad. Unos la conciben según criterios que pretenden ser objetivos y universales, valorando
    más el rigor científico y los aspectos cuantitativos y medibles, identificados con términos y
    esquemas económicos, como índices de desarrollo, rentabilidad, cálculos de costo-beneficio,
    eficiencia, rendimientos económicos de las inversiones, tasas de crecimiento cuantitativo con
    relación a matrículas, tiempos de formación, proporción profesores-estudiantes, indicadores
    de la producción científica, expansión de los sistemas, medición de desempeño, rendimientos
    de estudiantes, capacidad de captación de recursos en variadas fuentes, empleabilidad etc.
    Otros, sin negar muchos de estos importantes aspectos, consideran también relevantes las
    realidades políticas y sociales de las instituciones y los sistemas educativos, las dimensiones
    cualitativas, como actitudes éticas y valores cívicos, insertando la educación superior en las
    estrategias nacionales y regionales de consolidación de la democracia, desarrollo sostenible de
    la ciudadanía y de la economía nacional, respetando las identidades culturales y los ideales de
    cohesión de los pueblos.
    Con la primacía del concepto restrictivo de desarrollo económico en lugar del concepto de
    desarrollo humano, y con las amenazas crecientes de trasformar la educación en un producto
    negociable, tanto el planeamiento como las lógicas mercantiles y empresariales han adquirido
    gran importancia en la agenda de los países ricos. Esto ha ocurrido en detrimento de los
    temas de pertinencia, responsabilidad social y equidad de la educación superior los cuales fueron
    altamente valorados en la Conferencia Mundial de la Educación Superior (CMES) de la
    93
    UNESCO de 1998. En los países pobres y en vías de desarrollo de nuestra región, estos temas
    aún se mantienen en la agenda política y universitaria, pero enfrentando enormes resistencias
    por parte de las fuerzas de esta llamada “modernización”; fuerzas, en general, identificadas con
    la globalización y con la instrumentación económica de la educación superior. La educación
    superior ha ganado gran centralidad e importancia, en razón de que el conocimiento se ha
    trasformado, dentro de la hegemonía neoliberal, en una fuerza productiva cada vez más comprometida
    con los intereses mercantiles.
    La CMES de 1998 ha ofrecido una contribución de enorme relevancia al vincular la calidad
    a la pertinencia y a la equidad. En general, en los distintos textos producidos bajo los
    auspicios de UNESCO, la palabra pertinencia se refiere al papel y el lugar de la educación
    superior en la sociedad, como lugar de investigación, enseñanza, aprendizaje, sus compromisos
    con el mundo laboral, etc.
    Según García-Guadilla:
    La pertinencia está vinculada a una de las principales características que tiene
    el nuevo contexto de producir conocimientos, esto es, el énfasis en tomar en
    cuenta el entorno en el cual están insertas las instituciones de investigación y,
    por lo tanto, la necesidad de un estrecho acercamiento entre los que producen
    y entre los que se apropian del conocimiento. Por un lado, los que se apropian,
    o sea los usuarios del conocimiento, son no solamente los estudiantes, o usuarios
    internos, sino las comunidades en la que están insertas las instituciones, y
    también, de manera muy importante, los otros niveles del sistema educativo.
    (García-Guadilla, 1997: 64/65)
    Además, Hebe Vessuri dice:
    No menos importante es la participación de la ES en la búsqueda de soluciones
    a los problemas humanos urgentes, como la población, el medio ambiente, la
    paz y el entendimiento internacional, la democracia y los derechos humanos.
    (Vessuri, 1998: 417).
    La pertinencia se consigue efectivamente en la participación de la institución educativa,
    a través de sus actores, en la vida social, económica y cultural de la sociedad en la cual ella se
    inserta, en especial con la gente de su entorno, sin jamás perder la perspectiva de universalidad.
    Los sentidos de esta participación son bidireccionales e incluyen, en su movimiento, tanto a
    los productores como a los usuarios del conocimiento. De esa manera, el conocimiento tiene
    un valor público; es pedagógico y contribuye para el desarrollo social. La alianza entre calidad
    y pertinencia rechaza una eventual vinculación a ideas mercantiles y a lógicas empresariales,
    correspondiendo a una concepción de educación como bien público al servicio de la construcción
    de sociedades democráticas y justas en pro de la afirmación de la identidad nacional.
    Vale la pena recordar una vez más que la UNESCO, en la CMES de 1998, dejó claro
    que el concepto de calidad tiene como referente el conjunto de dimensiones que constituyen
    el fenómeno educativo: enseñanza y programas académicos, investigación y becas, personal,
    estudiantes, edificios, instalaciones, equipamientos y servicios a la comunidad y al mundo universitario,
    etc. Plantea, además, que la calidad requiere también que la educación superior esté
    caracterizada por su dimensión internacional. Para lograr y mantener la calidad, son importantes
    la selección esmerada del personal y su perfeccionamiento constante, la promoción de
    94
    planes de estudios adecuados, programas que faciliten la movilidad de profesores y estudiantes
    y el uso de las nuevas tecnologías, sin perder de vista la referencia a lo social y al bien común.
    Coincidiendo con esta visión de la UNESCO, buscamos profundizar los conceptos afirmando
    que, desde la raíz, la educación es un bien público y un derecho de todos. Por lo tanto,
    debe estar organizada como un sistema conformado por todos los niveles formales e informales,
    y debe incluir el conjunto de la ciencia y tecnología. El sistema educativo se articula en
    diferentes conexiones donde actúan en carácter de reciprocidad diversos actores: las distintas
    instituciones educativas, de investigación de todos los niveles e instancias del gobierno y de la
    sociedad. No puede haber una educación superior de calidad sin una fuerte articulación con
    los subsistemas escolares previos y sin una estrecha conexión con las estructuras de ciencia y
    tecnología.
    Estas premisas – educación como bien público y sistema - rechazan la visión de la educación
    como mercancía y dependiente del mercado. Por ello, son importantes los procesos sociales
    que promueven las IES cuya actividad responda con pertinencia y relevancia a la misión que
    la sociedad les reclama. Para los países subdesarrollados, es fundamental generar conocimientos
    en una visión de preservación y fortalecimiento de la soberanía nacional. La educación superior
    no puede dejar de lado su papel en el robustecimiento de la identidad nacional. Entonces,
    si la educación superior es un bien público y su calidad debe estar asociada a la pertinencia, a
    la equidad y a los objetivos nacionales y regionales, sin perder su perspectiva universal, ella no
    puede ser un “bien público global”. Esta redefinición, dentro de un plan global, desvincula la
    educación de sus raíces históricas y de los medios concretos donde se insertan las instituciones
    y donde se producen los procesos formativos y los conocimientos. De esta manera, ello contradeciría
    el sentido público de la educación en cuanto proceso primordial e insustituible para
    el desarrollo individual y social, la realización de los objetivos comunes de consolidación de las
    identidades culturales y la elevación de las condiciones de vida de los pueblos, en especial de
    países subdesarrollados.
    Aceptar la educación como bien público “global”, sin consideración de las realidades y
    compromisos nacionales, en especial de las sociedades de los países no-industrializados, es
    abrir todas las puertas y ventanas para la consolidación de un sistema global de educación
    superior que solo interesa a los países desarrollados. Ello tendría dos consecuencias para
    nuestros países: la apertura para la invasión física y virtual de instituciones transnacionales,
    casi siempre de calidad dudosa y sin compromiso con los objetivos y demandas de la
    sociedad donde esas IES van a inserirse prioritariamente como instituciones con fines de
    lucro; y la presión para crearse un modelo global y uniforme de educación superior, con
    criterios homogéneos y mecanismos globales de evaluación y acreditación. Esta es una
    amenaza real, habida cuenta de los avances en los acuerdos de los organismos multilaterales,
    en especial de la OMC, para definir oficialmente y globalmente la educación como un
    servicio negociable. Este escenario bastante posible debe ser un argumento más para que
    los países latinoamericanos y caribeños realicen efectivos esfuerzos de cooperación y entablen
    acuerdos comunes que fortalezcan los sistemas nacionales de educación superior y sus
    respectivos mecanismos nacionales de evaluación y acreditación. La turbadora imagen de
    transformar la educación, en general, y la superior, en particular, en commodity, ojalá sirva
    para reforzar la convicción de que los sistemas educativos, en particular sus instituciones,
    tienen un papel fundamental en la construcción de naciones activas, como unidades polí95
    ticas y culturales, parte de la gran comunidad humana.
    El concepto de calidad, además de considerar las características históricas culturales propias
    de las IES y su entorno, reconoce la presencia de referentes internacionales a partir de una
    valoración crítica de los mismos. Pero no todos los criterios internacionales y transnacionales
    de calidad, ni tampoco todas las estrategias de los sistemas educativos de los países ricos, son
    necesariamente adecuados o importantes para las naciones pobres y en desarrollo. Las “buenas
    prácticas” de los países industrialmente adelantados, donde hay una importante demanda y
    capacidad tecnológica de las empresas, no siempre se corresponden con las necesidades de
    los países económicamente más retrasados. Esta afirmación no tiene el sentido de un rechazo
    a la internacionalización. Al contrario, insiste en la necesidad de que los sistemas nacionales
    de educación superior practiquen efectivas políticas de inserción internacional, no solamente
    para no quedarse pasivos y vulnerables frente a las indeseables influencias externas, sino como
    estrategia de cooperación de los países a partir de la afirmación de las identidades políticas y
    culturales de cada nación. En nuestro caso, de las naciones latinoamericanas y caribeñas.
    Las políticas educacionales nacionales constituyen una condición necesaria para favorecer
    la calidad, mediante las estrategias y acciones consecuentes. Estas políticas requieren de una
    precisa participación del Estado que asegure los recursos necesarios para la educación; es necesario
    lograr un mayor nivel de compromiso al existente de manera general, como condición
    básica para cumplir el principio de que la educación es un derecho de todos. Los jóvenes tradicionalmente
    marginados enfrentan enormes dificultades de llegar a los estudios superiores y
    competir con aquéllos que poseen un capital cultural y económico que les facilitan la entrada
    en las más importantes instituciones públicas. Para combatir los perversos efectos de iniquidad
    que se han generado históricamente en muchos de nuestros países, también es necesario introducir
    medidas de apoyo que favorezcan la formación de los sectores estudiantiles que padecen
    mayores desventajas.
    En todos sus niveles y durante toda la vida, la educación es un derecho humano. Por ello,
    debe ser tratada a partir de una visión integradora y continua. Ello tiene como consecuencia
    ineludible que la educación, siendo un derecho de todos, debe tener calidad en todos sus niveles.
    La democratización de la educación superior no se cumple solo con una amplia cobertura.
    Asevera Martin (IESALC, 2007) que el acceso a la educación superior no debe ser considerado
    solamente como el “momento de entrada” del estudiante a la IES, sino como un proceso que se
    inicia en los niveles primarios y medios de educación, se extiende con la llegada a la institución
    docente y se enlaza con la permanencia en el programa de estudios. Por tanto, las políticas públicas
    deben tomar en consideración que, en relación a los estudiantes de educación superior,
    no se trata solamente de acceder, sino de mantenerse estudiando, graduarse y lograr empleos
    adecuados y coherentes con su formación; esto va a permitir a las personas ser ciudadanos más
    responsables, tener las oportunidades para disfrutar de una vida plena y poder ejercer la totalidad
    de sus derechos sociales.
    Sin embargo, el acceso por mérito no resulta suficiente para garantizar la equidad, es decir,
    la igualdad de oportunidades para “entrar, permanecer y graduarse”, teniendo en cuenta el
    fuerte condicionamiento que produce la segmentación escolar generada en las escuelas primaria
    y secundaria. En especial, son necesarias acciones que garanticen el acceso y la permanencia
    dentro de las aulas universitarias de los estudiantes procedentes de los sectores sociales de menores
    ingresos, como los indígenas, negros, mestizos, las personas con necesidades especiales y
    96
    de aquellos que residen en zonas apartadas.
    En efecto, una de las más importantes dimensiones de la responsabilidad de una educación
    superior de calidad es con relación a los niveles anteriores, sobre todo a las políticas y acciones
    para mejorar la formación de los estudiantes y maestros. La calidad de las instituciones
    docentes, en los niveles primarios y medios, es muy heterogénea. Sus efectos negativos más
    importantes se producen en los segmentos de población más desfavorecidos. Ello tiene como
    consecuencia que las brechas de la equidad van aumentando en la medida en que el nivel educativo
    es más alto.
    Todos estos conceptos deben estar insertos en una concepción de educación como sistema
    público, integrado por todos los niveles educativos. Los sentidos de pertinencia remiten la
    educación superior a lo social, a las culturas y a lo económico, es decir, al desarrollo humano
    integral y sostenible que permita a todos los hombres y mujeres una vida digna y justa. Para
    realizar todo eso con calidad y relevancia social, es necesario que los Estados mantengan políticas
    eficaces de mejora de los sistemas educativos básicos, en especial con medidas concretas que
    eleven el valor social de la profesión docente. En especial el subsistema de educación superior
    tiene responsabilidades socialmente determinadas con relación a los otros niveles educativos y
    principalmente con la formación de los profesores. Sin un fuerte sistema educacional en todos
    sus niveles, lo que exige profesionales capacitados, concientes de su papel y socialmente reconocidos,
    no se puede pensar en una ciudadanía verdadera y en una nación soberana.
    La educación superior no sólo tiene la misión de formar ciudadanos y profesionales
    con las cualidades necesarias para la construcción de sociedades democráticas
    y desarrolladas, dotadas de las capacidades técnicas que potencialmente
    pueden generar avances económicos, sino que también es una referencia básica
    para el fortalecimiento de la memoria y profundización de las culturas e identidades
    nacionales, que respeta la pluralidad de las expresiones y los proyectos de
    los distintos grupos sociales (Dias Sobrinho y Goergen, 2006: xxxviii).
    En ello consiste el núcleo central de la responsabilidad social de la educación superior.
    2. Responsabilidad social y desarrollo sostenible
    El desarrollo es un tema prominente de la sociedad contemporánea, pero es una paradoja
    que su concepto casi no sea puesto en discusión. La educación superior está estrechamente asociada
    a ideas y expectativas de desarrollo desde múltiples sentidos: económico, social, cultural,
    científico, etc. Por ello, el concepto de desarrollo debe pasar por la criba de la crítica universitaria.
    Desde luego, es papel irrecusable de la educación superior someter a juicios críticos los
    significados hegemónicos que hoy se atribuyen al desarrollo y, en consecuencia, a los papeles
    que le tocaría cumplir a la educación superior. Según la ideología ampliamente diseminada en
    estos tiempos, una educación superior de calidad es aquella que genera desarrollo. Sin embargo,
    es necesario cuestionar no solo el concepto de calidad sino también lo que se entiende por
    desarrollo.
    En general, en el momento actual de la sociedad de la economía global, el desarrollo está
    asociado al crecimiento económico y al progreso de las bases de producción de las riquezas materiales.
    En este sentido, cumplir con los requerimientos de calidad sería ajustarse al mercado
    97
    y realizar adecuadamente las funciones de la economía, en especial en lo relativo a la capacitación
    profesional y al fortalecimiento industrial. Pero, si concebimos la educación como bien
    público cuya misión principal es la realización de los objetivos comunes de cohesión y desarrollo
    de una nación y expansión de las libertades humanas, tenemos que ir mucho más allá de
    una visión economicista. Los temas de realización humana, ciudadanía y desarrollo conllevan
    muchas dificultades teóricas y enormes desafíos prácticos para cuya ecuación la educación superior
    debe ofrecer su contribución. En este aspecto, es inevitable la advertencia: la educación
    superior no puede contentarse con el sentido economicista y empresarial de desarrollo y de
    responsabilidad social.
    La responsabilidad social de la educación superior debe ser radicalmente distinta de la responsabilidad
    social de las empresas. Involucrada en un nuevo discurso cívico, la responsabilidad
    social practicada por las empresas, incluso las del sector educativo, en general es un subterfugio
    que busca aumentar los lucros. Se constituye en un marketing a partir del cual se puede generar
    “altos dividendos de imagen pública y social”, añadiendo valor a la marca de la empresa. Pero,
    como advierte Dupas, “esas prácticas privadas diluyen las referencias públicas y políticas en el
    intento de reducir las injusticias sociales”. Son prácticas incapaces de resolver los graves problemas
    de exclusión social y, además, la despolitizan (Dupas, 2005: 121 y 123).
    Si embargo, frente a la invasión de la lógica neoliberal, es necesario qua la educación superior
    se empeñe en repensarse críticamente a la luz de las nuevas teorías epistémicas y éticas,
    afirma Goergen (IESALC, 2007). No es suficiente ofrecer servicios a determinados sectores
    externos, no basta a la universidad extender puentes a la sociedad sin reflexionar sobre los
    significados de esas acciones, sino que es necesario repensar por entero su actuación con una
    perspectiva social. Más allá del concepto empresarial, la responsabilidad social exige que la universidad
    se reconstruya internamente teniendo en consideración la realidad sociocultural de la
    cual participa. De este modo, responsabilidad social significa producir conocimientos, formar
    profesionales y hacer cultura en y para la realidad en la cual una institución educativa se inserta
    activamente. Por ello, la universidad no debe solamente mirar para fuera; debe repensarse desde
    su interior. Tampoco se trata de una labor de reorganización burocrática y administrativa,
    sino que lo más importante es reflexionar sobre sus significados y su papel en la construcción
    del proceso civilizatório en estos nuevos contextos. En efecto, la responsabilidad social de la
    educación superior también se asocia a los conceptos de pertinencia y relevancia y, por ende,
    de calidad con valor público.
    La calidad de una educación comprometida con los valores y objetivos públicos jamás
    puede ser factor de más iniquidad y barbarie. Al contrario, la educación debe potenciar todas
    las posibilidades y oportunidades de expansión de la equidad social en pro de una civilización
    más y más elevada. Una educación superior pertinente y socialmente responsable debe contribuir
    para el conocimiento y la solución, en su ámbito y de acuerdo con sus posibilidades, de
    los problemas y necesidades de la sociedad. Uno de los más acuciantes problemas en América
    Latina y el Caribe es la falta de equidad, que viene asociada al analfabetismo y la baja escolaridad.
    Frente a este panorama, la responsabilidad social de la educación superior debe consistir
    en la promoción de políticas de mayor cobertura educativa. Los niños y jóvenes pertenecientes
    a grupos sociales históricamente marginados - negros, mestizos, indígenas, especialmente las
    mujeres y los pobres en general – no sólo tienen derecho a una oferta educativa de calidad,
    sino también necesitan programas especiales que les posibiliten adquirir títulos académicos y
    98
    conocimientos significativos. Facilitar el acceso equitativo a los bienes públicos, enfrentar la
    pobreza y las desigualdades de todo tipo es una responsabilidad de toda la sociedad, y, de manera
    especial, de las instituciones educativas. Este debe ser un compromiso público de las IES,
    inclusive las privadas. La educación asume cada vez más importancia con relación a garantizar
    la igualdad de oportunidades para todos:
    Como la educación es el instrumento por excelencia en la búsqueda de la igualdad,
    el bienestar y la justicia social, ella está en el centro de los planes que hoy se
    ejecutan para el logro de la transformación total de la propia sociedad y la erradicación
    de asimetrías notables entre distintos segmentos de la misma. (Borroto
    López, 2004: 48).
    La calidad de la educación superior está directamente relacionada con su capacidad de
    contribuir al desarrollo de los individuos y de las sociedades. La formación integral de los individuos
    se correlaciona con el desarrollo humano social, el cual requiere un amplio incremento
    de la escolaridad de la población, en términos de cobertura y calidad, una fuerte revivificación
    de las políticas de aumento de la equidad y de disminución de la pobreza, y estrategias de
    aprovechamiento de los recursos naturales y de aplicación de los conocimientos para el desenvolvimiento
    sostenible. Esto requiere recursos materiales y humanos, es decir, financiamiento,
    voluntad política y capacidades intelectuales y éticas de los Estados, de la sociedad y de las
    instituciones.
    Pero es importante subrayar que no se trata de ajustar los conocimientos y sus usos al fortalecimiento
    del modelo económico de acumulación privada, en especial al mercado de trabajo.
    La universidad es una institución cuyo referente es la sociedad y no el mercado. Ella debe
    abrirse al medio social, pero esto no significa limitar su tarea central a la inserción profesional
    y a dar respuestas pasivas a las estructuras económicas. Más allá de funcional y calibrada al
    mercado, la educación superior tiene un papel civilizador justificado por valores comunes en
    los miembros de la comunidad académica y científica. Las respuestas de la educación superior
    a las demandas de la sociedad han de basarse en la capacidad reflexiva, rigurosa y crítica de la
    comunidad universitaria cuando define sus finalidades y asume sus compromisos. Para esto es
    imprescindible la autonomía, sin la cual la universidad no puede repensar sus compromisos. Es
    ineludible la libertad académica para poder definir sus prioridades y tomar sus decisiones según
    los valores públicos que fundamentan la ciencia y el bienestar social.
    La autonomía es pues imprescindible para que la universidad pueda pensarse y tome decisiones
    sobre los valores que sostiene, la producción y apropiación de los conocimientos. En
    efecto, en el ejercicio de sus responsabilidades sociales y a través de sus actividades pedagógicas
    y científicas, las IES deben contribuir para la transformación medular del paradigma epistémico
    y ético-moral subyacente a las formas de pensar y actuar de gobiernos, instituciones y personas.
    Como parte de su responsabilidad social, la educación superior debe poner en el centro
    de su agenda de reflexiones y preocupaciones, los temas urgentes y graves que acometen a la
    humanidad, como son las cuestiones ambientales, los problemas interculturales, los enfoques
    transdisciplinarios, la paz, el desarrollo sostenible, etc. Esto impone la necesidad de orientar los
    conocimientos técnico-científicos, la democratización epistémica y toda la capacidad crítica en
    la perspectiva de los ideales humanitarios de libertad, justicia social, paz y desarrollo humano.
    Desde la perspectiva de la responsabilidad social y de los compromisos éticos, no se trata
    meramente de alcanzar el desarrollo a cualquier costo, pero sí de buscar un modelo de desa99
    rrollo sostenible. Son muchas las evidencias de que el actual modelo hegemónico de desarrollo
    impulsado por la sociedad de economía global no logra solucionar ni los problemas esenciales
    de la humanidad, como el acceso a la comida, habitación, educación y salud, ni tampoco garantizar
    la preservación del medio ambiente. Al contrario, muchas son las evidencias de que
    este modelo viene agravando enormemente los desequilibrios ambientales y sociales. A pesar
    de la humanidad disponer de recursos suficientes, tanto en términos de conocimientos como
    financieros, para eliminar la pobreza y asegurar la integridad del medio ambiente, esto está muy
    lejos de ser alcanzado. La ideología del desarrollo con foco exclusivo en lo económico amenaza
    colapsar social y ecológicamente la civilización humana. Los síntomas de agotamiento de un
    estilo de desarrollo ecológicamente predador y socialmente injusto, afirma Goergen (IESALC,
    2007), ya son bastante conocidos; importa ahora descubrir, reconocer y corregir sus causas,
    y eso representa un cambio radical de la visión de mundo, de la relación del hombre con la
    naturaleza y con la vida en general. En otras palabras, en un modelo de desarrollo sostenible, el
    desarrollo económico debe armonizarse con el desarrollo humano, social y ambiental.
    Los avances logrados en algunos sectores de la vida humana, en general pueden ser relativizados
    a la luz de la pregunta antropológica-filosófica respecto al real significado del desarrollo
    para el ser humano. La cuestión es muy amplia y compleja, pero, en un primer acercamiento,
    la noción de desarrollo puede ser delineada como universal, integral y sostenible. Universal
    porque debe alcanzar todos los seres humanos, de todos los países y regiones; integral porque
    debe involucrar el ser humano como un todo, es decir, en su dimensión material y espiritual;
    sostenible porque no puede ser limitado a un breve periodo de tiempo y sí debe ser asegurado
    para todas las futuras generaciones.
    La principal preocupación de nuestro tiempo parece consistir en la cuestión de cómo lograr
    un modelo de desarrollo que incluya a todos, que desarrolle al hombre integralmente y que
    sea sostenible. Muchas cumbres, muchos organismos multilaterales, muchos acuerdos están
    abordando esta cuestión, pero sin resultados concretos. A ejemplo de otros casos similares, los
    documentos de la UNESCO producidos en las Conferencias de Estocolmo (1972), de Rio de
    Janeiro (1992) y de Johannesburgo (2002) ponen énfasis en la gravedad del momento histórico
    y fijan buenos propósitos en términos de políticas generales de Estado, pero es muy pequeña
    la preocupación con acciones efectivas de educación, cambio de conciencia de los individuos y
    apoyo a las investigaciones que pudieran favorecer el desarrollo sostenible.
    La actual globalización trae algunos importantes avances en especial en el área de la
    información, pero por cierto acrecienta graves problemas a la mayoría de la humanidad.
    Crecen la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la violencia, la depredación de la naturaleza
    y surgen nuevas formas de exclusión asociadas a la desigualdad, precarización
    del trabajo, expansión de la violencia urbana y de nuevas epidemias. Además, un nuevo
    tipo de exclusión, de gravísimas consecuencias, está creciendo desastrosamente para los
    contextos humanos más pobres: la exclusión digital, relacionada con la falta de acceso al
    nuevo patrón tecnológico. Esta exclusión caracteriza un nuevo tipo de esclavitud. Muchos
    individuos, grupos sociales e, incluso, sociedades enteras no tienen acceso a los medios de
    comunicación e información. Por ello, están excluidos de los grandes circuitos internacionales
    que dominan no solamente la economía, sino también la propia cultura. En rigor,
    están excluidos del mundo del trabajo, de la ciudadanía y, así, de cualquier posibilidad de
    vida digna (Dias Sobrinho, 2005: p. 239).
    100
    Los cambios producidos en todos los sectores de la vida por la economía global, especialmente
    con relación a los modos de producción, recepción y aplicación de los conocimientos,
    están impulsando una disminución de la importancia de la pertinencia y de los valores públicos,
    no solamente en la educación superior sino también en los ámbitos políticos y, sobre todo,
    en sectores empresariales, muy escasamente comprometidos con la generación endógena de
    ciencia y tecnología.
    Los poderosos grupos globales de intereses imponen sus voluntades y prácticas por encima
    de los límites nacionales, su legislación o su autoridad. El desarrollo científico-tecnológico
    hegemónico muchas veces establece prioridades que no corresponden a los intereses y necesidades
    de las sociedades subdesarrolladas o en vías de desarrollo. Como la ciencia debe siempre
    responder a los cometidos de justicia social y legitimidad humana, ella no puede justificarse solamente
    por criterios de utilidad e instrumentalidad. Comprender el mundo y no meramente
    manipularlo significa reubicar la persona, el sujeto, en el centro del proceso del conocimiento,
    de la relación con la naturaleza y de los hombres entre sí. Es necesario que la epistemología
    crítica formule las difíciles preguntas respeto a la relación entre la ciencia y el sentido del hombre,
    del mundo, de la libertad, de la justicia y de la paz, y asimismo es imprescindible, de otro
    lado, no olvidar las cuestiones sencillas y directamente relacionadas con la contribución de la
    ciencia para el bien-estar y la felicitad de las personas concretas que viven, sufren y sueñan en
    su ambiente vital (Goergen, IESALC, 2007).
    En un escenario cada vez más dominado por instituciones privadas y bajo la fuerte presión
    de la economía, uno de los principales cometidos de la educación superior es la capacitación
    profesional acorde con el mercado de trabajo. La pregunta es: ¿qué significa para la universidad
    la formación profesional, en especial teniendo en cuenta la alta demanda de los individuos y
    la escasa oferta de empleos? Aquí no hay espacio para discutir en profundidad esta cuestión,
    pero nos parece importante indicar algunas pistas para la reflexión: no pueden ser olvidados
    ni la realidad del desempleo estructural, ni tampoco los efectos esporádicos que generan en el
    desarrollo humano la instrumentación de los individuos en el mercado de trabajo. Asimismo,
    es necesario subrayar que, con respecto al tema de la profesionalización y de la inserción de los
    individuos en la vida productiva, lo más importante es formar para el aprendizaje a lo largo
    de la vida una visión de ciudadanía, es decir, de participación activa, crítica y constructiva en
    la sociedad.
    Cuando se evalúa la calidad de una institución o de un programa está en cuestión la calidad
    de la formación de los estudiantes. Cabe preguntar: ¿se trata de una formación de individuos
    adaptados e instrumentados a los intereses del sistema económico o se trata de una formación
    ciudadana de sujetos concientes, críticos y activos en la construcción de la sociedad humanamente
    desarrollada y justa? La formación profesional es una dimensión importante de la pertinencia
    social, pero no puede limitarse a ser instrumental al mercado. Mucho más que eso, la
    formación humana es formación integral y permanente de la persona en todas sus dimensiones
    profesionales, intelectuales, políticas y éticas, comprometida con las cuestiones centrales de los
    proyectos de desarrollo humano sostenible. Por lo tanto, los criterios de calidad, relativos a la
    formación profesional y ciudadana, deben ser construidos a partir del contexto de inserción
    de las instituciones, es decir, las realidades de los seres humanos concretos con sus tradiciones,
    culturas, necesidades, idiosincrasias e identidades.
    La capacidad de aprender a lo largo de la vida es uno de los requerimientos más importan
    101
    tes de la calidad educativa. Es importante decir que ella no tiene un mero valor instrumental,
    sino que, sobre todo, debe significar la apropiación de la capacidad de leer y comprender el
    mundo actual y aprender los significados de las transformaciones. La educación superior debe
    contribuir para la construcción de un profundo pensamiento de diálogo y comunicación cultural.
    Esto no se constriñe a sentidos prácticos en términos económicos y es una condición
    esencial para la paz y para el desarrollo sostenible. En el campo de la ciencia y de la tecnología
    se alcanzaron enormes avances, pero la distancia y desigualdad entre las culturas se impone
    como un grave obstáculo al desarrollo sostenible. Desde esta perspectiva, la educación superior
    debe realizar el esfuerzo crítico de lograr el ethos de la cultura del pueblo, es decir que, a la luz
    de los movimientos universales y de las idiosincrasias nacionales, ella no puede evadirse de hacer
    la crítica de la cultura, de las normas, de los valores y de las tradiciones que se expresan en
    la vida de la sociedad. En el encuentro creativo y simbiótico entre lo universal y lo local, en el
    campo de la ética se edifica la base para el desarrollo sostenible. La universidad es el trabajo de
    la razón universal que, entre tanto, encuentra su sustancia en la cultura nacional.
    Hay problemas fundamentales no necesariamente compartidos, al menos en el mismo grado,
    entre las distintas culturas, como las cuestiones de multiculturalidad, etnicidad, analfabetismo,
    violencia, corrupción y otras. Si estos problemas no son contemplados pueden hacer
    inviable cualquier proyecto de desarrollo sostenible. Cada sociedad tiene especificidades que
    no se repiten en otros contextos y que necesitan ser conocidas, y sus posibilidades de transformación
    desarrolladas en dirección de un colectivo más digno y justo. Este es el principio
    de la esperanza a servicio del cual debe estar la universidad. Lugar del ethos teórico y del ethos
    social, la universidad debe ser un espacio público de elaboración de un análisis crítico que
    supere el déficit crítico de la globalización. En el espacio de la cultura y de la comunicación
    hay cuestiones esenciales como la solidaridad, la sociedad de masas, los proyectos de emancipación,
    la preservación de la identidad y de la diversidad culturales, los idiomas, etc. Se trata
    del contrapunto al dominante economicismo, que impone la economía como la única razón
    de ser de la humanidad. Esto hace parte de la responsabilidad social y, por ende, de la calidad
    de la educación superior, según asevera Goergen (IESALC, 2007).
    La educación superior no puede ser instrumento de esa globalización que aumenta las desigualdades
    sociales, produce riquezas materiales e inmateriales para pocos y miseria humana
    para muchos. La educación superior no puede adoptar el concepto de calidad asociado a la
    globalización económica, que aumenta las desigualdades, no respeta las culturas y no se somete
    a principios éticos de justicia y sociabilidad.
    El gran desafío ético que se presenta a la educación superior es la construcción
    de una globalización que sea sobre todo la globalización de la justicia y de la
    dignidad. Para la educación superior, eso consiste en producir conocimientos y
    promocionar la formación con mucha atención a la pertinencia y al horizonte
    ético que da la dirección y los sentidos del futuro a construir, como individuos
    autónomos y nación soberana. Fortalecer la ciudadanía en el plan interno sigue
    siendo uno de los grandes desafíos de la educación superior. Ello no puede bloquear
    un otro necesario enfrentamiento: la educación superior no puede dejar
    de proveer también las condiciones cognitivas y éticas para el fortalecimiento
    nacional frente a las imposiciones de la economía globalizada(...) Pertinencia es
    compromiso con el conocimiento y la formación a servicio de un proyecto ético
    102
    político de la sociedad (Dias Sobrinho, 2005: p. 245).
    Si deseamos garantizar la igualdad entre los hombres, afirma Christof Wulf, es necesaria
    una globalización reflexiva, crítica y heterogénea, e incluir la diversidad cultural, el desafío del
    otro, y, asimismo, la reflexión antropológica de las diferencias históricas y culturales. (2006,
    p.37).
    3. Evaluación, acreditación y aseguramiento de la calidad en contextos
    latinoamericanos y caribeños
    Actualmente, casi todos los países han organizado o están organizando mecanismos de evaluación,
    que es la actividad especializada para establecer la calidad universitaria. La evaluación universitaria
    es una actividad reciente en América Latina, con distintos grados de avance y diferentes objetivos,
    la cual busca todavía consolidar sus modelos frente a muchas dificultades de carácter técnico
    y político. Por cierto, ella debe mucho a la evaluación del aprendizaje, que tiene más tradición en
    la historia de la educación, en razón de la importancia central que el aprendizaje tiene en el proceso
    educativo. En palabras de Stubrin (IESALC, 2007), el aprendizaje como adquisición de conciencia
    sobre el ser propio del estudiante y sobre el mundo, como reflexión emancipadora hasta para
    los más desvalidos y en especial para ellos, fue una corriente muy influyente en la idea de que las
    comunidades universitarias podían autoevaluarse y exponerse a la evaluación de miembros de otras
    comunidades similares, como fuente de conocimiento. La evaluación de los aprendizajes se vincula
    muchas veces a la evaluación de la enseñanza y de los docentes. La concienciación sobre nuestras
    prácticas es, en efecto, un salto cognitivo que ayuda a elegir con más racionalidad mejores rumbos.
    Sin embargo, los procesos evaluativos en educación superior, practicados bajo el protagonismo de
    los Estados, o por iniciativa de las IES y/o sectores de la comunidad académica, son más amplios y
    más complejos que la evaluación del aprendizaje, tanto en sus instrumentos, como en sus objetivos.
    Muchas veces la evaluación está asociada a la acreditación.
    Evaluación y acreditación son conceptos distintos, pero también presentan alta correlación.
    En algunos casos, evaluación contiene la acreditación, en otros se cree que acreditación es un
    fenómeno más amplio que abarca y traspasa la evaluación. El énfasis se pone en una o en otra
    palabra, de acuerdo con los conceptos y los objetivos atribuidos en cada caso.
    Evaluación es una palabra más comúnmente utilizada para referirse a procesos de análisis,
    estudio y discusión respecto al mérito y valor de sistemas, instituciones y programas, con objetivos
    de mejora. Dichos procesos pueden combinar acciones internas y externas, con amplia
    participación de la comunidad académica o solamente de expertos o comisiones de pares. La
    palabra evaluación está casi siempre asociada al mejoramiento de la calidad. Pero estos conceptos
    se encuentran en disputa, desde perspectivas teóricas y políticas, entre los valores educativos
    y los más cercanos del campo económico.
    Bajo la inspiración y el apoyo técnico-financiero de organismos multilaterales, se observa
    a partir de los años 1980-1990 un despliegue de evaluaciones estandarizadas, de mediciones
    de la calidad comúnmente externas y cuantitativas para, así, facilitar comparaciones a escala
    nacional e internacional, con amplia utilización de procedimientos estadísticos. Por otro lado,
    también se reconoce el esfuerzo de una importante corriente de académicos para asegurar procesos
    evaluativos que, sobre todo, respeten los valores universitarios del conocimiento como
    103
    elemento de realización humana, de la formación científica y socialmente relevante, de las
    aptitudes de respeto a la diversidad, cooperación, libertad y justicia, sin propósito de clasificación
    y rankings.
    El término acreditación se refiere a distintas prácticas y a muchos usos, como los mencionados
    por Stubrin (2004: 11; IESALC, 2007): acreditación de instituciones, programas,
    carreras, validación de titulaciones y planes de estudio, centrada en el Estado o en la sociedad,
    etc. El foco central de la acreditación es la garantía de calidad. En otras palabras, asegurar a la
    sociedad que una institución o un programa cumplen los requisitos mínimos de calidad previamente
    establecidos por organismos y agencias estatales o privados acreditados por el Estado,
    de ámbito nacional o internacional.
    La definición, de autoría de C. Adelman, que aparece en la Encyclopaedia of Higher Education,
    editada por Burton Clark y Guy Neave (pp.1313-1318), es la siguiente:
    La acreditación se refiere a un proceso de control y garantía de la calidad en la
    educación superior, por el que, como resultado de la inspección y/o de la evaluación,
    o por los dos, se reconoce que una institución o sus programas satisfacen
    los estándares mínimos aceptables.
    En realidad, de poco serviría detectar diferencias de calidad o planificar la obtención de
    ideales de calidad si no contáramos con una tecnología social capaz de atribuirla a cada situación
    particular. Primero, confirmando si es lo que dice ser; luego, mostrando su grado
    de completud y/o sostenibilidad. En el mundo económico, esto es más fácil. En la industria
    y después en los servicios, la calidad es la demostración de que cada producto o cada acción
    particular contiene los rasgos que promete el género al que pertenece. Estos mismos criterios y
    procedimientos muchas veces son trasladados a la educación, pero no solventan las dimensiones
    cualitativas y antropofilosóficas de fundo.
    En el mundo, miembros avezados de los medios académicos y de organismos estatales o
    de la sociedad se pronuncian acerca de si algún ejemplar de la especie que les toca observar
    y estudiar, siguiendo un método, es en efecto una universidad o alguna de sus partes: un departamento,
    una escuela, una facultad, un instituto de tal o cual disciplina o profesión, y si
    sus productos corresponden a las expectativas. Esa apreciación expuesta públicamente, con
    argumentos y evidencias, constituirá un conocimiento para interesados, próximos y remotos,
    con legitimidad intelectual y validez justificada dentro del orden de saber y conducta que estructura
    a esa comunidad. Esto es lo que Stubrin (IESALC, 2007) llama de calidad sustantiva,
    distinta de la calidad adjetiva. Para él, calidad adjetiva es una apreciación basada en diversos
    grados de conformidad que la realidad observada mantiene con definiciones de criterios establecidos
    y acordados de antemano, que los miembros avezados de una comunidad disciplinar
    o profesional pueden, empleando un método apropiado, pronunciar sobre una universidad o
    alguna de sus partes, considerando la presencia o ausencia de determinados rasgos y la interpretación
    sobre cómo operan en una interdependencia orgánica.
    En los países de América Latina, los mecanismos nacionales de garantía pública de calidad
    (sustantiva) utilizan un conjunto de términos técnico-jurídicos que designan los trámites,
    permisos y requisitos gracias a los cuales las instituciones universitarias operan con licitud y
    legalidad, al amparo de una garantía pública sobre el alcance de sus actividades: autorización,
    reconocimiento, certificación, habilitación, título, credencial, validez.
    Muchos ejemplos de modelos podrían ser presentados, como los de Brasil, Argentina, Chile,
    104
    México, Colombia, y muchos otros que ya tienen una cierta historia y una identidad propia,
    incluso los llevados a cabo en subregiones (Centroamérica, MERCOSUR Educativo, etc.), unos
    más consolidados, otros todavía buscando afirmarse. Es importante subrayar que los países de la
    región, con dificultades y resistencias, pero también con notables avances, siguen construyendo
    la cultura de evaluación y acreditación con objetivos de mejorar y ofrecer alguna garantía pública
    de la calidad de las instituciones y de los sistemas educativos.
    Los sistemas de educación superior de América Latina y el Caribe, una vez que adquieren
    cierta magnitud y complejidad, sobre todo desde el año 1990, instituyeron algún mecanismo
    de garantía pública de calidad. El más usual es el control estatal centralizado; su herramienta
    más frecuente es la autorización y reconocimiento de las titulaciones, así como la autentificación
    de los diplomas de cada uno de los graduados.
    Observa Stubrin (IESALC, 2007):
    1- Casi todos los países de nuestra región incursionaron en la evaluación y acreditación, iniciativa
    que tiene grados variables de avance;
    2- en la mayoría de los casos, la evaluación y acreditación complementa, pero no sustituye al
    mecanismo histórico de garantía pública de la calidad;
    3- los objetivos de quienes toman la decisión son heterogéneos: reforzar el control estatal
    como respuesta al impacto de la masificación del número de instituciones, programas,
    profesores y estudiantes; actualizar y mejorar la oferta universitaria, utilizando los informes
    producidos gracias al mecanismo de diagnóstico público para propiciar cambios académicos,
    atraer fondos u orientar inversiones; favorecer la circulación de los graduados del
    sistema nacional y movilizar sus docentes y estudiantes hacia otros países y regiones;
    4- Según su trayectoria y circunstancias, en cada país gravitan por lo menos uno y con frecuencia
    varios de los enfoques antes enunciados.
    Entre varios modelos de aseguramiento de la calidad se pueden mencionar: el Modelo
    Experimental de Acreditación de Carreras del MERCOSUR (MEXA), el Modelo de CINDA,
    el Modelo Total Quality Management (TQM) y el Modelo Europeo de Gestión de
    la Calidad (EFQM). En general, muchos son los aspectos que se proponen para evaluar
    instituciones y unidades académicas, muchos de ellos elaborados por organismos multilaterales,
    como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
    González y Espinoza (IESALC, 2007) apuntan a los más comunes: inserción en su medio
    y satisfacción de la comunidad del entorno con las labores que realiza la institución; integridad
    y coherencia con su misión y principios; existencia y calidad del plan estratégico;
    grado de cumplimiento del plan según los indicadores fijados y de los plazos estipulados
    para las funciones de docencia, investigación, extensión, prestación de servicios y gestión
    institucional; disponibilidad de infraestructura, equipamiento, financiamiento, cantidad
    y calidad del cuerpo académico y administrativo; cantidad y calidad de los estudiantes;
    bibliotecas y recursos informáticos; eficiencia en el uso de los recursos disponibles; disponibilidad
    y calidad en la prestación de servicios estudiantiles; organización y estructura;
    liderazgo, participación y gobierno, sistemas de información y de registro, procesos internos
    de evaluación, control de gestión y corrección de deficiencias.
    Todas las prácticas de evaluación y/o acreditación traen de modo implícito o explícito un
    concepto de calidad; por lo tanto, no son prácticas neutrales. González y Espinoza (IESALC,
    105
    2007) observan, a partir de una revisión de la literatura, que muchos autores señalan que el
    concepto de calidad o bien se ajusta a los intereses de los actores involucrados, o bien solo se
    puede manejar en función de ciertas dimensiones o ámbitos de acción asociados a determinados
    referentes valorativos. En efecto, para ellos, el concepto de calidad debe estar vinculado a
    un proyecto educativo que es dinámico y cambiante. En consecuencia, lo más fundamental es
    la dirección estratégica para la calidad, asociada a la visión y misión institucional. Entonces,
    teniendo como norte una perspectiva crítica y reflexiva sobre el quehacer cotidiano, el mejoramiento
    y el aseguramiento de la calidad en las IES, se pueden asociar a distintos parámetros,
    tales como: evaluación, superintendencia, información y certificación. Para estos autores, esta
    nueva conceptualización de la calidad de la educación superior, más dinámica y asociada a
    la gestión institucional, conlleva a la aplicación de modelos de evaluación de la calidad más
    sofisticados, pasando de los esquemas lineales a enfoques matriciales y más recientemente a
    referentes sistémicos, tales como el Modelo TQM o el EFQM.
    Entre los aspectos más relevantes que se proponen medir para evaluar las carreras y programas,
    González y Espinoza (IESALC, 2007) señalan: empleabilidad y satisfacción de los
    empleadores con los egresados; satisfacción de los egresados con su formación; coherencia
    entre lo que se ofrece a los estudiantes y lo que se les entrega; entrega de información sobre
    planes y programas a estudiantes; consistencia entre los principios educativos y la formación
    proporcionada; cumplimiento de las metas de matrícula establecidas, cumplimiento de planes
    y programas de estudio (Pensum y Syllabus) establecidos; puntualidad y cumplimiento de las
    clases establecidas; adecuación de la infraestructura para la carrera; disponibilidades y actualización
    de bibliotecas; acceso a redes informáticas; disponibilidad y calidad de laboratorios y talleres,
    instalaciones y recursos docentes; calidad del cuerpo docente; calidad del estudiantado;
    tasas de aprobación, repetición y deserción; duración real de la carrera y atraso de los alumnos;
    eficiencia en el uso de recursos disponibles; costos por estudiante; calidad y estructura del currículo;
    adecuación de los métodos docentes; adecuación de los procedimientos de evaluación
    del aprendizaje.
    Una de las formas en que se ha venido concretando la idea de medición de competencias
    de egreso para el desempeño profesional o técnico es por medio de los exámenes nacionales,
    en especial para las carreras o profesiones de riesgo social. El desarrollo de exámenes nacionales
    supone, en primer lugar, definir el perfil de egreso y luego establecer los instrumentos de
    medición, tales como: exámenes de conocimientos, entrevistas, resolución de problemas reales
    o simulados, resolución de casos, etc. En Brasil, los exámenes nacionales son evaluaciones dinámicas
    que buscan verificar la potencialidad de aprendizaje de los estudiantes y los cambios
    que ocurren a lo largo de los años de estudio.
    Además de los exámenes nacionales, están el reconocimiento de experiencias relevantes y
    la convalidación de estudios, temas que no son menores considerando la expansión de las vías
    alternativas para la formación, como los programas no-presenciales y también todo el proceso
    de internacionalización y de incremento en el intercambio de estudiantes.
    En la región, la evaluación puede prescindir de la acreditación, en algunos casos para orientarse
    a la información del público y a la mejora; en otros para solventar la regulación que los
    Ministerios siguen ejerciendo, conforme nuestra matriz institucional clásica. Pero también se
    dan casos en que evaluación y acreditación sustituyen las viejas técnicas de control estatal erigiéndose
    en su lugar y otros más en que, aunadas, evaluación y acreditación de instituciones o
    106
    carreras de riesgo se articulan con la autoridad ministerial apoyando su persistente potestad de
    reconocimiento y validación con juicios materiales de calidad.
    Los modelos de implementación de la evaluación de calidad en América Latina y el Caribe
    distan de ser acabados y requieren no solo continuos reajustes sino más aún un debate técnico
    y político, sustentado en un esfuerzo de conceptuación integral e integrador. La calidad como
    puente cultural entre países y comunidades disciplinares es una expectativa abierta y promisoria.
    Corresponde advertir que evaluación y acreditación son herramientas ambivalentes y
    ambiguas en el panorama presente de la internacionalización de la educación superior, ya que
    la oferta transnacional y, en particular, la con fines de lucro amenazan el carácter público de la
    educación superior.
    La globalización está impulsando mecanismos y propuestas políticas por los cuales la evaluación
    y acreditación podrían volverse globales y por lo tanto romper amarras con las naciones
    y Estados. En tal supuesto las aventuras comerciales gozarían de carta blanca respaldada por
    certificados de validez académica. No se trata de un temor fantasmal sino de una posibilidad
    real ante la cual las universidades y los Estados deben mantenerse activos y vigilantes. Incorporar
    la evaluación y la acreditación a los mecanismos nacionales de garantía pública de calidad
    nos parece fortalecer a los sistemas de educación superior de las naciones sin encerrarlos fronteras
    adentro.
    Por otro lado, son válidas y necesarias las tentativas llevadas a cabo en nuestros países para
    crear sistemas de evaluación y acreditación integrados regionalmente. La premisa central de
    tal estrategia es la recreación positiva de los intercambios, consustanciales al histórico cosmopolitismo
    de las comunidades académicas. El requisito básico es postular una apertura internacional
    sin hegemonías ni asimetrías que conceden ventaja adicional a las grandes potencias
    o a los bloques que integran. La condición inexcusable es que los criterios de calidad no sean
    copias acríticas de modelos externos, por más prestigiosos que fueren, sino verdaderos mapas
    construidos con sentido endógeno por la colaboración creativa y participativa de nuestras
    comunidades académicas y profesionales, que expongan lo que nuestras respectivas realidades,
    posibilidades y problemas tienen de distinto, de parecido y de común, y que nunca pierdan de
    vista el conocimiento avanzado como meta irrenunciable.
    En nuestra concepción, calidad está vinculada a pertinencia y a la responsabilidad en el
    desarrollo sostenible de la sociedad, y no puede agotarse en un entendimiento formal, abstracto,
    estático y desprovisto de las realidades que los hombres van construyendo en situaciones y
    condiciones concretas. No todos los conceptos, criterios y estándares de calidad formulados en
    y por los países desarrollados pueden servir a las instituciones pobres y en desarrollo. Muchas
    de las estrategias y objetivos que los Estados ricos atribuyen a la educación superior son seguramente
    distintas de las formuladas por naciones que aún no han alcanzado niveles altos de
    desarrollo económico, educativo y tecnológico; lo mismo sería el caso en lo que se refiere a una
    estabilidad plena de su vida democrática y una plena justicia social. Estas asimetrías explican
    las discrepancias existentes entre los países hegemónicos y el resto sobre los conceptos de calidad
    y su aseguramiento en la educación superior.
    La educación pública debe ser proporcionada de forma equitativa, continuada y permanente.
    Los conceptos, criterios, procesos y usos de calidad y pertinencia serán muy distintos y, en
    muchos casos, contradictorios, conforme la educación sea comprendida como mercancía o, al
    contrario, como proceso de construcción de conocimientos científica y socialmente relevantes,
    107
    y de formación de sujetos aptos para inserirse crítica, creativamente, y con valores públicos, en
    la construcción de sus sociedades.
    Hay retos universales, pero también los hay muy distintos según se planteen en países de
    economías y sociedades más consolidadas o en los que están en vías de desarrollo. Hay valores
    comunes a la educación superior en todo el mundo: búsqueda de la verdad, ética, respeto a la
    diversidad, rigor científico, autonomía y libertad de pensamiento, cultura de la paz, autocrítica,
    etc. Sin embargo, las realidades nacionales deben ser el punto de partida en la constitución
    de instituciones concientes de su responsabilidad social.
    Pertinencia es una dimensión esencial de la calidad. Entonces, no puede haber calidad in
    abstracto, apátrida, desraizada de las realidades concretas que le dan contenido y forma. La
    calidad necesita tener un valor social, público, de compromiso con las comunidades en que se
    insertan las instituciones educativas. En consecuencia, los procesos de evaluación y de acreditación
    en América Latina y el Caribe deben conceder indiscutible primacía a los indicadores
    de pertinencia y relevancia social, así como a las políticas y acciones que generan más igualdad
    y bienestar para todos.
    Si los conceptos de calidad determinan los estilos de evaluación y acreditación, estos también
    colaboran para producir las nociones de calidad. Sobre todo para las naciones latinoamericanas
    y caribeñas que todavía se encuentran en fases distintas de profundización de sus
    democracias, la calidad de la educación superior debe construir una real alianza entre la misión
    institucional en sus dimensiones científico-formativas y las realidades regionales, las necesidades
    de los pueblos, los proyectos y estrategias nacionales, sin jamás apartarse de su objetivo
    central: la construcción de la ciudadanía pública de sociedades democráticas, justas, sociales y
    ambientalmente sostenibles. La pertinencia está relacionada con realidades y necesidades concretas,
    situadas y datadas. La evaluación puede ser un instrumento de la calidad impulsando su
    dimensión esencial: pertinencia y relevancia social.
    Si no hay un modelo universalmente válido de educación superior, tampoco lo hay de
    producción y apropiación de conocimientos. Es improbable poder instaurar un concepto
    universal, único y objetivo de calidad, válido para todas las instituciones de todas las coordenadas
    geográficas. Los indicadores generales no pueden sobrepasar las determinaciones
    que cada IES se propone como proceso de construcción de su identidad. Donde hay sistemas
    diversificados e IES diferenciadas, con historias e identidades distintas, es necesario
    que exista la posibilidad de varias interpretaciones respecto a la calidad y al cumplimiento
    de estándares, de acuerdo con los compromisos esenciales que cada institución se atribuye
    a la luz de los requisitos internacionales, estrategias nacionales, necesidades de la comunidad
    y oportunidades propias.
    Tampoco la calidad puede ser identificada con sus instrumentos, como, por ejemplo, los
    exámenes nacionales, o con los resultados de los mismos. Es importante insistir en la idea
    de que la educación conlleva significados que van mucho más allá de la relación enseñanzaaprendizaje,
    especialmente si esa relación está referida meramente a contenidos de un programa
    académico. Medir resultados de estudiantes en los procesos de enseñanza-aprendizaje es
    importante, pero, aisladamente, no es suficiente para determinar la calidad de un programa o
    de una institución educativa. Más allá del aprendizaje de contenidos académicos mensurables,
    en una relación pedagógica están en juego la vivencia y el aprendizaje de valores, aptitudes,
    proyectos, expectativas, sueños. Los conocimientos no tienen solamente un valor económico,
    108
    aunque el mercado ha prevalecido en estas últimas décadas, pero también, y sobre todo, un
    valor social y cultural fundamental para el bienestar individual y colectivo.
    La formación es la función sustantiva de la educación. La formación también es un concepto
    pluridimensional y polisémico, pues conlleva perspectivas epistémicas, éticas, estéticas,
    económicas, político-sociales. La calidad educativa debe estar referida, en última instancia, a
    la formación en su sentido pleno y permanente: intelectual, moral, profesional, social, afectivo
    y estético. Buscar la calidad en términos de formación corresponde a intentar lograr el mayor
    desarrollo posible de los sujetos educativos - estudiantes y profesores – en las múltiples dimensiones
    de la vida humana. A una universidad orientada para el desarrollo de los valores públicos
    no le correspondería, por lo tanto, conceder primacía a la ideología del logro individual. La
    calidad en educación es social y pública: imprescindible y primordial a todos, es fuente y instrumento
    del bienestar común, no palanca o motor del individualismo posesivo. La calidad en
    la educación superior tiene que estar claramente referida a los compromisos de las instituciones
    con el sentido social de los conocimientos y de la formación, los valores éticos y morales del
    bienestar colectivo, la democratización del acceso y de la permanencia, la justicia social y el
    desarrollo sostenible.
    La formación, los conocimientos y las técnicas necesitan ser rigurosas, desde un punto
    de vista intrínseco, y pertinentes en la perspectiva de la sociedad en la cual y para quién son
    generadas. En otras palabras, necesitan tener una utilidad social, o mejor, un valor social. La
    promoción de una educación con calidad, pertinencia y relevancia social no es sólo un derecho
    de las personas, es también una necesidad social y un deber del Estado. La falta de una educación
    de calidad y con amplia capacidad de cobertura representa una violación de un derecho
    humano fundamental y un desperdicio de potencialidades intelectuales y morales que produce
    perjuicios económicos, cívicos y humanos irrecuperables. Los aprendizajes tienen que ser pertinentes
    a la construcción de sujetos socialmente responsables. Por ello, los sujetos educativos,
    que tienen la responsabilidad compartida de integrarse crítica y constructivamente en una
    sociedad, también deben ser protagonistas en la conceptuación de la calidad y en las prácticas
    de evaluación y acreditación.
    4. Conclusiones y sugerencias
    Hemos argumentado, a lo largo de este texto, que solo puede ser considerada de alta calidad
    una educación superior que esté realmente comprometida con los valores públicos de una
    sociedad específica. Esto significa que están equivocados aquellos conceptos de calidad que se
    sostienen solamente en criterios técnicos y presuntamente neutrales, que hacen abstracción de
    las realidades concretas, de las demandas, necesidades y voluntades de las personas y comunidades
    que constituyen la razón de ser de las instituciones educativas. Sin pertinencia y relevancia
    social no puede haber calidad en la educación comprendida como bien público.
    La calidad de la educación superior está directamente relacionada con su capacidad de
    contribuir al desarrollo integral de los individuos, con atención especial a los tradicionalmente
    marginados. El real desarrollo humano y social, que incluye todos los miembros de la sociedad,
    requiere un amplio incremento cuantitativo y cualitativo de la escolaridad de la población,
    como base fundamental de una fuerte revivificación de las políticas públicas de aumento de la
    equidad y de disminución de la pobreza. Uno de los elementos claves del desarrollo sosteni109
    ble, además de aprovechar adecuadamente los recursos naturales, consiste en generar y aplicar
    conocimientos con fuerte valor social. Para esto son necesarios muchos recursos materiales y
    humanos, es decir, financiamiento, voluntad política y capacidades intelectuales y éticas de los
    Estados, de la sociedad y sus instituciones y actores.
    La relación entre educación de calidad y construcción de la ciudadanía (de sujetos socialmente
    responsables) no puede ser comprendida fuera de la concepción de educación superior
    como bien público. Siendo la sociedad su principal referente, su contribución a la construcción
    de la democracia es una dimensión esencial. Esta dialéctica entre educación pública de calidad
    y construcción de la democracia y de la igualdad republicana implica el concepto de responsabilidad
    social de las instituciones educativas y de los deberes de los Estados democráticos. La
    educación tiene dimensiones universales, mundiales, pero es también radicalmente plantada
    en las realidades locales, nacionales y regionales. Debe ser útil al desarrollo económico, pero
    esto como instrumento de la humanización, no como horizonte último y razón determinante
    de la sociedad (Dias Sobrinho, IESALC, 2007).
    En América Latina y el Caribe se cuenta con importantes ejemplos de combinar, en un enfoque
    global, los distintos objetivos y metodologías de evaluación y acreditación. Pueden mencionarse
    ejemplos importantes de procesos complementarios y articulados de evaluación para
    la mejora de todas las dimensiones institucionales y de control o regulación, donde se cruzan
    distintas metodologías, de carácter estático y dinámico, puntual y transversal, cuantitativo y
    cualitativo, sumativo y formativo, interno y externo, con tentativas pedagógicas y/o operativas
    en ámbitos restrictos o amplios, de corto o largo plazo, de responsabilidad de expertos formalmente
    designados o con amplia participación de la comunidad académica y científica, etc. Lo
    más importante es que dichos procesos no necesariamente se oponen, al contrario, pueden
    combinar las funciones de mejora y de regulación.
    La creación de organismos y agencias de evaluación y acreditación en América Latina y el
    Caribe, a partir de los años de 1990, han contribuido paulatinamente para impulsar proyectos
    y acciones generales de autoconocimiento institucional y de regulación de los sistemas de educación
    superior. A pesar de muchas dificultades y problemas técnicos, políticos y financieros,
    y de la enorme diversidad en cuanto a tipos y tamaños de organización y a niveles de calidad
    de las instituciones, los procesos de evaluación y acreditación en América Latina y el Caribe
    ya pueden demostrar importantes avances, tanto en el campo teórico como en las prácticas
    que corresponden al área. Algunos aspectos positivos pueden ser subrayados, a pesar de la
    heterogeneidad de los sistemas y de las instituciones en la región: consolidación paulatina de
    una cultura de evaluación, organización de sistemas de datos e informaciones homologables
    sobre instituciones y sistemas de educación superior, preocupación por la calidad, mejora en el
    diálogo entre comunidades universitarias y miembros de los sectores ministeriales, aumento de
    publicaciones, cursos y eventos académicos dedicados al tema, creciente interés de la sociedad.
    Muchas son las evidencias de que la evaluación y la acreditación se consolidan como cultura
    para el mejoramiento institucional, proceso de garantía de calidad frente a la sociedad, área de
    estudios y de actividad profesional, mecanismo de cooperación internacional.
    Pero, también son muy grandes y graves los problemas y retos que nos toca enfrentar. Uno
    de los más importantes desafíos consiste en la articulación de los procesos de evaluación basados
    en los conceptos de mejora, emancipación, autonomía y libertad académica, con las prácticas
    de acreditación orientadas al control, a la regulación, a la conformidad con normas exter110
    nas. Como tendencia general, se observa un desplazamiento de los procesos de autoevaluación
    y de las evaluaciones cualitativas focalizadas en la producción de significados hacia los procesos
    de evaluación externa y acreditación. Estos procesos externos tienen propósitos predominantemente
    de control y regulación, pero no siempre son eficaces para evitar la proliferación de instituciones
    de baja calidad y sin relevancia social. Es pertinente observar que en muchos países de
    América Latina se continúan desarrollando de forma imparable algunos prolíficos procesos de
    privatización de instituciones de baja calidad educativa y sin casi ningún compromiso social,
    pero con un insaciable deseo de lucrar. Por otro lado, las evaluaciones desarrolladas con fines de
    comprensión y mejora, que cuentan con la participación de la comunidad universitaria en su
    concepción y ejecución, tienen más potencialidad formativa, pues crean mayores compromisos
    de las personas con la realización de la misión institucional.
    Los países de América Latina y el Caribe, en general, carecen de ofertas educativas suficientes
    y de buena calidad. Esto abre interesantes oportunidades de ganancia para las empresas
    internacionales con fines de lucro. Estos actores globales tienen interés en que los mecanismos
    de evaluación y acreditación sigan los lineamientos generales determinados por los organismos
    multilaterales y transnacionales, sin sumisión al orden jurídico y a las políticas educativas de
    cada nación. Los organismos privados o entidades de la sociedad civil de diversa naturaleza,
    en general más identificados con los modelos de las grandes potencias, podrían de esta manera
    encargarse legalmente de desarrollar los procesos de evaluación y, sobre todo, de acreditación.
    Con esto se anula la pertinencia.
    La internacionalización que se somete a los intereses económicos de los grandes actores
    de la globalización económica utiliza su potestad para crear las bases de un mercado libre que
    favorece el flujo de oferta y demanda de la educación superior transnacional. Su principal objetivo
    es, casi siempre, la rentabilidad, con mínimas regulaciones y de escala global. A su vez,
    la internacionalización cooperativa vincula a las autoridades y universitarios de distintas instituciones,
    diferentes sistemas, o espacios subregionales, en esfuerzos comunes para alcanzar la
    calidad, concertando discursos y prácticas que pueden ser traducidos y adaptados a la realidad
    concreta de cada nación, respetando la diversidad cultural.
    La internacionalización cooperativa que crea redes de intercambio en la educación superior
    debe tener como requisito básico la igualdad de las naciones. La cooperación internacional
    debe ser realizada sobre la garantía de no haber hegemonías y asimetrías que favorezcan
    las naciones y bloques de mayor potestad. La condición inexcusable, dice Stubrin (IESALC,
    2007), es que los criterios de calidad no sean copias acríticas de modelos externos, por más
    prestigiosos que fueren, sino verdaderos mapas construidos con sentido endógeno por la colaboración
    creativa y participativa de nuestras comunidades académicas y profesionales, que
    expongan lo que nuestras respectivas realidades, posibilidades y problemas tienen de distinto,
    de parecido y de común y que no pierdan nunca de vista el conocimiento avanzado como
    meta irrenunciable. En América Latina y el Caribe, región que cuenta con realidades académicas,
    culturales, económicas y demográficas muy heterogéneas, está pendiente de realizarse
    ese enorme potencial de internacionalización cooperativa en favor del desarrollo regional y de
    cada país. La intensificación de los esfuerzos debe contar con la participación de las naciones
    en búsqueda de entendimientos comunes.
    Por cierto, ya hay ejemplos provechosos en la región, como MERCOSUR, CSUCA y
    otros, que se beneficiaron de tres valores claves: cooperación entre gobiernos, universidades y
    111
    comunidades disciplinares/profesionales; el diseño endógeno de ideales de calidad institucional,
    académica y profesional, teniendo en cuenta las realidades y tradiciones culturales de los
    países involucrados, sin perder de vista los referentes disciplinares universales; y la administración
    de los procesos por agencias nacionales creadas por legislación de cada país.
    Los intercambios intra e interregionales propician aprendizajes mutuos entre países, cada
    uno beneficiándose de la experiencia del otro. Pero, más allá de los intercambios bilaterales, es
    necesario crear, con urgencia, redes multilaterales que permitan los acuerdos cooperativos entre
    los países de la región. Esto requiere una instancia internacional que pueda trabajar no sólo
    para la armonización, sino también para impulsar el progreso de todos los sistemas educativos.
    Entre todos los organismos multilaterales, la UNESCO es aquella que tiene las mejores condiciones
    para ejercer ese papel de articulación de la internacionalización cooperativa, pues goza
    de amplia credibilidad en los medios académicos y científicos y tiene una respetable tradición
    en defensa de los valores humanísticos y democráticos que constituyen el núcleo esencial de la
    educación como bien público.
    Las redes multilaterales y los trabajos cooperativos que aproximan diferentes países latinoamericanos
    y caribeños son importantes para el fortalecimiento de la región frente a las
    determinaciones y criterios generados en los países centrales, y ante las leyes y lógicas marcadamente
    mercantiles. La cooperación entre los distintos organismos de evaluación y acreditación
    en la región es la mejor manera de impulsar la construcción de la cultura de la evaluación, de
    producir algunos ajustes de lenguaje y establecer criterios generales adecuados a las realidades
    nacionales y a los esfuerzos de integración regional y subregional.
    Un cometido clave de la cooperación internacional es el fortalecimiento de la educación
    superior pública, pertinente y de elevado valor científico y social. Entonces, académicos, científicos,
    sistemas nacionales, bloques subregionales y regionales tienen una lucha común: contra
    la comercialización de los servicios educativos que estén en desacuerdo con los criterios y
    políticas públicas nacionales, en especial los transnacionales, que, en general, no contribuyen
    para el fortalecimiento de la identidad de una nación, por no reconocer y expresar la diversidad
    lingüística y cultural, ni tampoco trabajar en favor del desarrollo y de la cohesión social del país
    donde las empresas lucrativas se instalan. Esa lucha tiene una postulación básica: que todos los
    países traten de ofrecer educación con buena calidad en todos los niveles para una población
    estudiantil en vertiginoso crecimiento.
    El fortalecimiento de instituciones y sistemas regionales de educación superior con calidad
    social requiere procesos de producción de convergencias generales sobre algunos puntos
    esenciales, todos ellos relativos a la comprensión y a la práctica efectiva de relevancia, pertinencia,
    responsabilidad social y compromisos públicos. Entre tanto, un aspecto importante
    de la construcción de convergencias amplias es el respeto a la identidad institucional, es decir,
    el reconocimiento de la autonomía como condición básica para definir la misión y elegir los
    medios apropiados al cumplimiento de los compromisos frente a la sociedad.
    En resumen, los procesos de evaluación y acreditación en América Latina y el Caribe no
    pueden dejar de tener en cuenta algunos valores fundamentales del cumplimiento y mejoramiento
    de la calidad, a partir de la premisa básica del bien público:
    • Pertinencia, responsabilidad social, equidad, relevancia social, ética, compromiso con la
    construcción de la nacionalidad;
    • autonomía, libertad de pensamiento, respeto a la identidad institucional, democracia (con112
    textos internos y externos), transparencia;
    • internacionalización, cooperación, integración y articulación de redes entre Estados y actores
    universitarios;
    • concepción y trato de la educación como un sistema que articula las diversas dimensiones,
    distintos niveles y redes;
    • respeto y confianza mutua entre agencias y actores universitarios;
    • los procesos de evaluación y acreditación deben ser participativos, democráticos y formativos,
    aunque sirvan también al control y regulación;
    • respeto al medio ambiente y a todas las formas del bien vivir en sociedad;
    • responsabilidad en la transformación de la sociedad, en especial en la formación técnica
    y ética de ciudadanos, y en la producción de conocimientos que contribuyan al fortalecimiento
    de la democracia, a la cultura de paz, erradicación del analfabetismo y superación
    de todas las formas de injusticia social;
    • respeto a la misión institucional: clave para evaluar la calidad (Dias Sobrinho, 2006).
    BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS
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    Münster/New York: Waxmann, 2006.

    Capítulo 4

    DESIGUALDAD, INCLUSIÓN Y EQUIDAD EN LA
    EDUCACIÓN SUPERIOR EN AMÉRICA LATINA
    Y EL CARIBE: TENDENCIAS Y ESCENARIO
    ALTERNATIVO EN EL HORIZONTE 2021
    Eduardo Aponte-Hernández
    Colaboradores*:
    Mauro Mendes Braga
    Luís Piscoya Hermoza
    Dora Celton
    Daniel Macadar
    * NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluidos en el CD-ROM Tendencias
    de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    115
    Introducción
    Al comenzar el siglo XXI la dinámica de la tendencia de la distribución del ingreso y la
    desigualdad que esta genera, se ha acentuado de tal manera que las personas con un ingreso de
    $2 o menos al día corresponden con la mitad de la distribución del ingreso a nivel mundial.
    Se estima que el 10% de las personas más ricas del mundo reciben más de la mitad (+ 50%)
    del ingreso total, mientras que el 50% recibe menos del 10% del ingreso por persona en el
    planeta.
    Al considerar la desigualdad y la exclusión como determinantes de la tendencia de las
    políticas de equidad e inclusión en la educación superior en la región de la ALyC, es necesario
    abordar la problemática con una mirada desde adentro (políticas de inclusión en las Instituciones
    de Educación Superior: IES) y de acuerdo con la dinámica y el contexto (desigualdad/
    discriminación), para poder identificar sus causas, factores determinantes e impacto de futuro
    en la región. Superar la desigualdad y exclusión como estrategia para llegar al camino hacia un
    desarrollo sustentable de las sociedades, es quizás el reto más apremiante e importante de estos
    tiempos para los países y las IES en el contexto de la globalización, la mundialización de la
    economía y el nuevo horizonte de construir sociedades del conocimiento para la convivencia
    de la humanidad y su bienestar. Superar la desigualdad con avances de inclusión, participación
    y mayor equidad supone términos de referencia que tienen que ver con las expectativas
    y metas de las sociedades en relación con lo que no es aceptable, pero es necesario hacer, a lo
    posible, deseable, impostergable, más aun, a un estado emancipatorio de bienestar alcanzable
    para la ciudadanía.
    El escenario tendencial incluye un conjunto de elementos y acontecimientos que establecen
    una trayectoria, y que tienen probabilidad de continuar si los procesos actuales siguen
    relativamente constantes en relación con un futuro probable. La tendencia representa las
    formas en las cuales las sociedades se han organizado y actuado para atender las necesidades
    de crecimiento y su desarrollo de acuerdo con valores compartidos, su desarrollo histórico, estructuración,
    relaciones de poder y las estrategias de acción para lograr atender las necesidades
    y aspiraciones de sus constituyentes.
    El saldo de las políticas y estrategias para el crecimiento y el desarrollo en la región durante
    los últimos años en términos de necesidades humanas y los desafíos del nuevo milenio, puede
    resumirse a lo siguiente:
    - El impacto de las políticas neoliberales en gran número de países ha sido el aumento de la
    desigualdad económica, política y social entre sectores de la sociedad; continuidad de la
    pobreza, exclusión y marginación de grupos sociales, étnicos y raciales. A pesar de los avances
    en los países en la región, se ha dado la continuidad o profundización de la desigualdad,
    pobreza y exclusión de grupos sociales, étnicos y raciales de la población.
    La condición de pobreza se establece como la falta de acceso (insuficiencia o exclusión) a la actividad económica o formas de satisfacer
    las necesidades humanas básicas de: agua no contaminada, comida, albergue, salud y seguridad que hacen posible el derecho a la vida.
    Al comenzar el siglo XXI, 50.000 personas morían diariamente por causas físicas o mentales relacionadas con la pobreza en el mundo.
    Durante el periodo de 1990 al 2005, 270 millones de personas (mayormente mujeres y niños) murieron por razones vinculadas a la
    pobreza, y alrededor de 800 millones se iban a dormir en la noche con hambre por falta de alimento (ONU, 2005).
    116
    - Poca efectividad o ausencia de políticas de inclusión/participación de sectores y grupos
    en la actividad económica de producción y distribución; acumulación y distribución de
    la riqueza; política de tributación inadecuada para superar la crisis fiscal del estado como
    punto de partida para reducir la deuda externa y hacer posible reformar las instituciones
    responsables de la provisión de servicios a la ciudadanía, y la inversión para construir un
    futuro con desarrollo sustentable para todos.
    - La mundialización de la economía y los procesos de globalización de interacción políticaeconómica
    entre países durante las últimas décadas ha llevado a las sociedades a visualizar
    su desarrollo y opciones de futuro en términos de capacidad competitiva que trae consigo
    nuevas prioridades, estrategias y alianzas que a su vez conllevan asignar mayor importancia
    de unos valores en relación con otros, como es la dicotomía de armonizar el interés público
    con lo individual o privado. Cambios que vienen a impactar y dar dirección a la transformación
    de las sociedades, sus valores, instituciones, la participación y modalidades de
    interacción de la ciudadanía.
    - En el ámbito internacional, el escenario tendencial de cambio dominante en los “países
    avanzados” tiende a fortalecer una lógica de organización societal en donde los aspectos
    estratégicos de desarrollo están orientados a fortalecer el papel protagónico del sector productivo
    y la dinámica del mercado en la sociedad. En este escenario, el crecimiento autosostenido
    de los países más pobres puede continuar limitado en relación con los países
    ricos, en la medida en que estos no puedan insertarse en los procesos de integración en los
    que la interdependencia que traen la integración económica y los procesos de globalización
    descansa en el entrelazamiento de la inversión de capital, la producción tecnologizada y las
    redes de comunicación. Además existe una estructuración regional en la que los países más
    pobres no podrán integrarse como zonas de producción o mercados debido a los bajos
    niveles de productividad y escolaridad de grupos de la población; y a una estructuración
    económica regional en la que la materia prima y los costos del trabajo pierden su valor relativo
    en relación con las estrategias competitivas basadas en investigación, conocimiento,
    innovación y valor añadido de las inversiones de capital de las empresas multinacionales.
    Este contexto ha venido a crear escenarios alternativos orientados hacia el desarrollo local
    endógeno en diferentes regiones del mundo a través de nuevas y diferentes modalidades
    de integración-regionalización y cooperación.
    - A pesar del crecimiento, el desarrollo económico y la acumulación de la riqueza en las últimas
    décadas, la pobreza, la desigualdad y la exclusión en la población en un gran número
    de países del mundo y en la región se experimenta en todas las instancias de la sociedad,
    en particular aquellas que tienen que ver con las necesidades humanas salud, vivienda y
    nutrición) y con las oportunidades de vida, como la educación, el trabajo, la representación
    y la participación en la actividad económica, política y cultural, entre otros.
    Durante décadas el análisis de la desigualdad tanto en los países avanzados como en los
    de la región se vinculaba al de la pobreza. Esto se explicaba por las creencias que venían de
    la cultura política de las sociedades donde los individuos y los grupos no podían superar
    su condición de asimetría, carencia de empleo, bajos ingresos y progreso limitado por
    razones de actitud, poca iniciativa, pereza, capacidad intelectual, bajo desempeño, entre
    otros, y no aprovechaban las oportunidades educativas y de vida; en contraposición con
    lo que sí podían hacer otras personas destacando su talento, iniciativa y capacidad de auto
    117
    suficiencia para liderar a otros y aprovechar oportunidades para beneficio particular o de
    acuerdo con los intereses de un grupo que legitimaba el “estado de cosas” en esa sociedad.
    Esta conceptualización es apoyada por los supuestos que parten de considerar a la economía
    como un “espacio paralelo” con una dinámica cultural particular proveniente de las
    fuerzas del mercado y su relación con los procesos sociales y culturales de la colectividad
    en cuanto a sus necesidades y aspiraciones de futuro (Holton, 1996). “Conocimientos” e
    ideas con los cuales se construye la realidad orientada por la normativa de interacción de
    la ciudadanía que han extendido la reproducción de las diferencias vinculadas con el bienestar
    entre grupos y entre las personas; a través de políticas y prácticas en las instituciones
    que justifican y sostienen los privilegios, la exclusión con respecto a las condiciones de
    vida, carencias, racismo, prejuicios y discriminación, frente a la diversidad de necesidades
    insatisfechas, como el derecho a la vida y a las oportunidades que tiene la población en el
    desarrollo de las sociedades.
    En la segunda mitad del siglo pasado, un gran número de países de la región experimentó
    altas tasas de crecimiento económico hasta la década de los 80, cuando hubo una desaceleración
    y estancamiento en muchos países de aquella. Para la década de los 90 la tendencia de crecimiento
    se reactivó para algunos países en una forma notable y extensa. El crecimiento se le
    atribuye a un incremento en la productividad y no como se esperaba debido a las altas tasas de
    acumulación de riqueza como lo postulaban las estrategias neoliberales las cuales impulsaban
    el estímulo a la inversión y el ahorro para promover el crecimiento de la economía. En todo
    caso, fue el peso de la productividad lo que generó el crecimiento del producto interno bruto
    y per capita en las economías de la región y que luego favoreció la inversión y el ahorro (la
    acumulación y reinversión de capital). Algunos de los factores determinantes del incremento
    de la productividad se asocian con los niveles educativos alcanzados, la participación laboral,
    el desarrollo de infraestructura y el uso de tecnologías. Aspectos que resultan en un patrón de
    crecimiento para las economías de la región, las políticas, las reformas y las instituciones para
    estimular la capacidad productiva, el crecimiento y desarrollo de los países que la integran
    (Loayza, Fajnzyber y Calderón, 2005).
    A pesar de los avances económicos, durante los últimos años, la desigualdad se ha convertido
    en uno de los temas centrales y de mayor prioridad en la discusión y metas en las
    estrategias del desarrollo (BID, BM, CEPAL, UNESCO, OECD, entre otros) por la reciente
    disponibilidad de datos y estudios (Bowles, 2006; Stiglitz, 2002; Hayami, 2000, y otros) que
    han vinculado la desigualdad con la baja productividad, los ingresos limitados y la poca oportunidad
    de participación de la ciudadanía en la actividad económica y política en los países
    la región, en particular al poco peso que se le adjudica a las tasas de crecimiento económico y
    distribución de la riqueza a mediano y largo plazo.
    La región de América Latina y el Caribe (ALyC) exhibe los índices más bajos de distribución
    del ingreso en comparación con otras partes del mundo y también impera uno de los más
    altos niveles de injusticia social, si consideramos la distribución de la renta como un elemento
    central de la justicia social. La continuidad de la pobreza por la concentración extrema de
    la riqueza en unos grupos unido a la baja participación laboral (desempleo y subempleo) en
    un gran número de países, representa uno de los retos no superados para la región. Frente al
    desafío de la desigualdad no basta crecer económicamente a un ritmo más elevado, es preciso
    crecer hacia un horizonte de mayor equidad social. La desigualdad es una de las más grandes
    118
    en el mundo que apunta a continuar y a profundizarse si no se alteran los enfoques actuales en
    muchas de las políticas de los gobiernos.
    Ante los desafíos que encara la región al comenzar el tercer milenio, el abordaje del análisis
    del estado de situación de los problemas del desarrollo ligado a los lineamientos de acción
    para superarlos, han mostrado limitaciones serias que han conducido a escenarios marcados
    por la continuidad y profundización de la desigualdad y la exclusión de estratos y grupos de
    la población en la mayoría de los países de la región. Durante los últimos quince años, las
    políticas para el desarrollo de la región han sido poco efectivas en adelantar significativamente
    la inclusión, la participación y la equidad en las sociedades. Un gran número de países se mantiene
    en la “trampa de la pobreza y del subdesarrollo”, en la cual la desigualdad de los ingresos
    tiene mucho peso sobre las posibilidades de crecimiento y desarrollo de los países. A pesar de
    haber experimentado periodos de crecimiento en las economías, la poca redistribución de la
    riqueza en relación con el crecimiento poblacional ha mantenido al margen a unos sectores de
    las sociedades en cuanto a los niveles de desarrollo alcanzados.
    Tomando en consideración la declaración de los Derechos Humanos (ONU,1999) y la de
    “Educación para todos a lo largo de la vida” (UNESCO,2000) y de acuerdo con conceptualizaciones
    previas y afines ( Fagerlind y Saha, 1983; Furtado,1977) del “desarrollo”, el proceso
    se entiende como de “cambio” y transformación hacia una dirección deseable que incluye
    muchas dimensiones, entre estas:
    - El aumento en la eficiencia y efectividad del sistema productivo y distributivo de la sociedad,
    - la satisfacción de las necesidades básicas de las personas y de las condiciones generales de
    convivencia de vida –económica, social, cultural- de la colectividad,
    - el logro de los objetivos y metas de los diferentes sectores y grupos de la colectividad y no
    de unos pocos ciudadanos que conviven y que están vinculados con el uso de los recursos
    disponibles con que cuentan los países.
    En razón de lo anterior, y para los propósitos del análisis del estado de situación de la
    inclusión y la equidad social en la región, el concepto de desarrollo de las personas y de la sostenibilidad
    de las sociedades en términos de equidad, puede expresarse como:
    “el envolvimiento y compromiso en la redistribución de recursos (diferencias,
    condiciones o costos) de acuerdo con una ética y visión filosófica de equidad
    compartida acerca de lo que es justo para los constituyentes de la colectividad”
    (MacMahon, 1982).
    “el proceso por el cual las personas aumentan la capacidad y el deseo para satisfacer
    sus necesidades que legitiman los deseos de otras, y el proceso colectivo
    creativo de aprendizaje a través del cual las sociedades aumentan las capacidades
    de satisfacer las necesidades y deseos de servir a todos sus miembros y mejoramiento
    de su ambiente por la constante búsqueda de satisfacer toda necesidad
    y deseo, aunque esta capacidad no es alcanzable plenamente, se trata de lograr
    sostenidamente”(Gharajeraghi y Ackoff, 1986).
    “el esfuerzo de las sociedades de satisfacer las necesidades de vida del presente
    sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones para satisfacer sus
    necesidades y desear el bienestar en todas sus formas de la existencia humana
    119
    en su conjunto” (Naciones Unidas, Comisión Brundtland, 1987; UNESCO/F.
    Mayor, 1999)
    “la diversidad cultural es necesaria para la viabilidad de la biodiversidad de la
    humanidad en cuanto al crecimiento económico para el desarrollo sustentable
    de las sociedades, como también para la existencia intelectual, moral, emocional
    y espiritual” ( UNESCO, 2001).
    “el desarrollo se trata de resultados obtenidos de políticas económicas, sociales y
    culturales de los gobiernos para reducir o eliminar la pobreza, las desigualdades
    y el desempleo en una economía creciente”. (D.Seers, 1971)
    “los modelos de desarrollo de los países ricos no pueden trasladarse a los países
    pobres por la inexistencia de condiciones similares para la implantación, y por
    las grandes diferencias existentes entre estos” (Arthur Lewis, A. 1955)
    Las políticas (económicas, sociales, culturales y ecológicas) gubernamentales, institucionales
    y las de los organismos internacionales dirigidas hacia un desarrollo endógeno sustentable
    (Aponte, Molina, 2006) con inclusión y equidad, no pueden estar centradas solamente en “el
    crecimiento” de las economías de la región. Deberán estar orientadas por los principios de
    reducir la desigualdad, aumentar la justicia social, sustentabilidad, suficiencia, participación,
    equidad, eficiencia y efectividad tanto en el corto como en largo plazo.
    1. Desigualdad, crecimiento y desarrollo
    Al comenzar el siglo XXI, para el año 2006, de alrededor de 548.723 millones de habitantes
    en la región, 194 millones vivían en la pobreza, de los cuales 71 millones se encontraban
    en condiciones de pobreza extrema. El saldo de la desigualdad representaba que el 39.8% de la
    población incluyendo indígenas marginados experimentaban pobreza extrema en muchos de
    los países que integran la región. Para esta fecha el 10% más rico de la población recibía entre
    el 40% y 47%, mientras que el 20% más pobre recibía entre el 2% y el 4% del ingreso total
    de los países de ALyC (CEPAL, 2006).
    Mientras algunos países han reducido la desigualdad entre los estratos, otros la han mantenido
    y acentuado. Las políticas macroeconómicas neoliberales dejaron un impacto y resultados
    variados en los países de la región con experiencias de crecimiento en algunos países y en
    otros no. Se ha experimentado un marcado desarrollo desigual y profundización de la crisis
    de gobernabilidad en un gran número de las sociedades; insuficiencia fiscal; problemas de
    cohesión social; gran incertidumbre e inestabilidad social. Durante la segunda mitad del siglo
    pasado, los enfoques de modernización y desarrollo en las políticas económicas para los países
    pobres, pronosticaban escenarios de transición con desigualdad hasta lograr el crecimiento, el
    ahorro y la reinversión (Kutnetz y otros 1976). Sin embargo, y contrariamente a los escenarios
    esperados, el impacto de estas políticas, de acuerdo con la evidencia que recoge la base de datos
    de la CEPAL de la situación de la región, apuntan a que la desigualdad en términos generales
    continúa y que el bajo ingreso familiar constituye un factor determinante y obstáculo vinculado
    con el lento y limitado crecimiento económico en los países de la región que coinciden con
    estudios previos del crecimiento en otras áreas del mundo.
    Estudios subsiguientes acerca del crecimiento (Clarke, 1992) y subdesarrollo en la región y
    120
    en otras partes del mundo (Benabou, 1996; Persson, Tabellini, 1994; Basu, 1997) vinculan a
    la desigualdad con el bajo crecimiento y con la persistencia de la pobreza y la inequidad a largo
    plazo en los países de la región (Easterly, 2002). Por el contrario, estudios recientes (Stiglitz,
    1996; 2002; CEPAL, 2005) asocian los avances en equidad con el alza en la productividad de
    la actividad económica, mayores tasas de crecimiento y niveles de desarrollo en los países en
    vías del desarrollo.
    Estos estudios además evidencian el impacto que tiene la desigualdad, según se observa,
    en la limitación del crecimiento económico e incide directamente (Becker, Murphy, 2000;
    Klikgsberg, 1999; Aponte y otros, 2006) sobre el desarrollo de las sociedades en varias dimensiones:
    1) La limitación de las oportunidades de participación en la actividad económica y social
    disminuyendo el ahorro, la inversión local, el pago de tributos como también la creación
    de condiciones de viabilidad de igualdad de empleo (mercado dual de trabajo) para el autoempleo,
    para iniciar pequeños negocios, empresas productivas y servicios que puedan
    tener ingresos que permitan poder contribuir (tributos) con el Estado para financiar su
    gestión con solvencia de recursos para desarrollar la infraestructura (BancoMundial,2006).
    Así como para promover el crecimiento y eludir la “crisis fiscal” coordinando las iniciativas
    orientadas al desarrollo endógeno local (Aponte, 2006; Bowles, 2007).
    2) La carencia de ingresos limita el consumo, la nutrición, salud y el bienestar general de las
    personas; la participación laboral, su productividad y el aprovechamiento de oportunidades
    educativas también produce un acceso limitado de la población a los niveles intermedio
    y superior, o a la poca pertinencia de los conocimientos adquiridos debido a la baja calidad
    de la educación recibida, y, así, el impacto que tiene en la participación ciudadana y todo
    el caudal humano que son determinantes en la productividad y capacidad competitiva de
    los países en la economía mundial (Stiglitz, 2002; Klikgsberg, 1999).
    3) La limitada acumulación de capital en algunos sectores de la actividad económica que
    impide la redistribución de la riqueza, reduce las posibilidades de reinversión, la adopción
    de nuevas modalidades de producción-innovación y provisión de servicios a la población
    basadas en nuevos conocimientos y tecnologías para hacer innovaciones domésticas y elevar
    la productividad y competitividad en la región (Basu, 1997; Arocena, 2002).
    4) La gran desigualdad entre los estratos sociales crea las condiciones y la dinámica para
    que se den bajos niveles de asociación e interacción entre los diferentes sectores sociales,
    aumentando el conflicto y debilitando la cohesión social por la poca confianza entre los
    ciudadanos y la distancia que se genera entre la ciudadanía y el gobierno (legitimidad),
    limitando las posibilidades de gestión y efectividad gubernamental. La desigualdad y la
    exclusión que la acompaña, crea las condiciones de incertidumbre, tensión política y escepticismo
    acerca del futuro de la sociedad con implicaciones de inestabilidad para la
    colectividad y los individuos i.e. capital social (Becker, Murphy, 2000).
    5) Finalmente, la tendencia continua de desigualdad en las sociedades de la región, genera
    como impacto la exclusión y la menor participación política e interacción de la ciudadanía
    en las instituciones existentes; trayendo como consecuencia: la pobreza, la acentuación de
    los conflictos laborales y sociales; el alto desempleo; la conducta delictiva, las tasas altas de
    mortalidad y la marginación.
    En el escenario tendencial la desigualdad en los países de la región tiene su origen y con121
    tinuidad en los procesos históricos de la formación social, los procesos de acumulación, la
    distribución de la riqueza, las políticas y estrategias de los gobiernos para el desarrollo de las
    sociedades. Factores externos como internos inciden en los procesos de desarrollo de los países
    con la aceleración de la globalización y la interacción entre los países y su participación en la
    economía mundial y en la comunidad internacional. Ante los retos de la globalización y la era
    del conocimiento, las sociedades atraviesan por cambios acelerados y profundas transformaciones.
    Las políticas económicas dirigidas a crear las condiciones para el crecimiento económico y
    así enfrentar la desigualdad y su impacto en las sociedades de la región van a ser determinantes
    en reducir la pobreza, promover la acumulación de capital-inversión local, fomentar el empleo,
    elevar el ingreso y la política fiscal para la redistribución de la riqueza, viabilizar y fortalecer el
    papel del Estado para poder orientar las sociedades hacia el desarrollo sustentable y mejorar las
    condiciones sociales y de bienestar general de la población en el largo plazo.
    2. Tendencias de la desigualdad en América Latina y el Caribe
    El escenario tendencial incluye un conjunto de indicadores de situación que sugieren la
    continuidad de la tendencia. En este escenario la desigualdad se establece en relación con principios
    de convivencia democrática en los procesos de interacción social y participación en la
    actividad económica, según lo consignado en los estatutos políticos de las sociedades. Criterios
    y normativas rigen los procesos de oportunidades de igualdad de participación orientados por
    la justicia, la búsqueda individual para decidir entre opciones de bienestar y las expectativas de
    logro de la colectividad del bien común con relación a un futuro mejor para los integrantes
    de la sociedad que sustenta el pacto que les da identidad, sentido de pertenencia y prospectiva
    en sus posibilidades de vida a largo plazo. Así se aspira a responder a las interrogantes de cuáles
    son los obstáculos, retos y desafíos del desarrollo ante las necesidades humanas; de qué y por
    qué hacer, para qué, quién, cuándo, cómo y dónde de acuerdo con unas expectativas de vida
    y de autorrealización con capacidad de funcionamiento que puedan ser logradas (Amartya-
    Sen, 1999). Las expectativas de crecimiento y desarrollo de las sociedades democráticas se
    caracterizan por la búsqueda de la reducción de la desigualdad, la exclusión y la injusticia
    (Rawls, 1971); Habermas, 1999) para alcanzar un desarrollo sustentable con inclusión y equidad
    (Daly, 1996; UNESCO, 1999).
    La igualdad política consignada en los derechos civiles, la participación en los procesos
    eleccionarios, de rendición de cuentas y acción política en organizaciones ciudadanas y de grupos
    no gubernamentales basados en la solidaridad y la colaboración para reclamar, denunciar
    injusticia, exclusión o rendición de cuentas (responsabilidad social) a otros sectores en relación
    con el bienestar común, expectativas de logro de satisfacción de necesidades y de niveles de
    desarrollo, están negativamente asociados con los niveles de desigualdad, pobreza y marginación.
    Superar la desigualdad no sólo exige ampliar las oportunidades, sino también mejorar la
    infraestructura, las condiciones generales de vida y la confianza de las personas en sí mismas
    para poder establecer relaciones de convivencia con los “otros” y con el gobierno. La búsqueda
    de ampliar la igualdad de oportunidades de acuerdo con el talento, las diferentes necesidades
    y circunstancias de las personas para responder a las necesidades de la colectividad, constituye
    la plataforma y estrategia inicial de inclusión y equidad para un desarrollo sustentable con
    orientación social y bienestar público con mayor participación, justicia social y una vida de122
    mocrática para todos en la región.
    Debido a la diversidad y las diferencias entre las personas, la igualdad en las sociedades democráticas
    se remite a los derechos y las oportunidades de vida de convivencia consignadas en
    los acuerdos derivados del pacto social consensuado entre los ciudadanos y en la interacción
    con otras sociedades en el ámbito regional e internacional. La búsqueda de la igualdad -de
    personas y grupos diferentes con una diversidad de necesidades y trasfondos- se expresa en términos
    de la desigualdad en relación con las opciones y posibilidades que tienen los miembros
    de la sociedad de acuerdo con la existencia, suficiencia y acceso a oportunidades y en igualdad
    de condición de participación en los procesos en las instituciones, las prácticas prevalecientes
    y los resultados esperados para satisfacer las necesidades humanas y de convivencia social.
    Reducir la desigualdad supone la adopción de una noción de igualdad, que incorpora condiciones
    económicas, sociales y culturales de no discriminación y exclusión dirigidas a incorporar
    criterios de diversidad de necesidades y de formas equivalentes para la ciudadanía y a satisfacerlas
    en relación con diferentes trasfondos culturales y circunstancias de vida de las personas y la
    colectividad-ciudadanía (asimetrías asociadas a la desigualdad) en relación con lo económico,
    lo social y lo cultural) para el desarrollo sustentable democrático de acuerdo con el uso de los
    recursos existentes, su distribución y proyectos consensuados para poder alcanzarlos.
    La igualdad de oportunidades se asocia con la idea de una sociedad democrática que aspira
    a ser justa con sus ciudadanos de acuerdo con sus expectativas (metas), necesidades, el potencial
    y la contribución que estos puedan hacer a la sociedad, su desarrollo y bienestar. Acceso a la
    educación es acceso a la cultura, a la oportunidad de trabajar, a la participación en los procesos
    de cambio y de toma de decisiones de la colectividad frente a los desafíos de los tiempos. En la
    educación, extender el acceso a través de las oportunidades existentes para incluir a un mayor
    número de personas sin alterar las condiciones de participación y de aprovechamiento de acuerdo
    con las características de las personas a las cuales se quiere incluir, supone que las personas al
    acceder a una oportunidad no experimentada, puedan hacerlo con sus fortalezas y superando
    sus limitaciones. De no ser así, como en la práctica a menudo se hace, se ofrecen oportunidades
    desiguales a los distintos grupos y personas con necesidades diferentes a las de las poblaciones
    para las cuales se diseñaron las políticas y las prácticas existentes. Las oportunidades educativas
    “inclusivas” significan la transformación de las instituciones y la experiencia educativa para
    que puedan dar una respuesta pertinente, de calidad y de condiciones equitativas en relación
    con las diferencias de las personas y de los grupos. Superar la desigualdad (UNESCO, 1994)
    supone aprovechar las oportunidades en igualdad de condiciones para la diversidad de las personas
    que las acceden, tomando en consideración sus diferencias, la existencia de opciones de
    acuerdo con sus intereses y en relación con el trasfondo de circunstancias, género, etnia, raza,
    lengua y cultura, entre otros.
    El impacto de la desigualdad en las sociedades se puede determinar a través de diferentes
    formas. En la actividad económica a través de su relación con el nivel educativo de la fuerza
    laboral, empleo y la productividad que se vinculan al crecimiento económico de la sociedad
    en un periodo de tiempo determinado (Becker, 1972; Persson, Tabellini, 1994). Tasas altas de
    desempleo, bajos niveles educativos y salarios bajos se conectan negativamente con crecimiento
    económico lento y limitado. Niveles altos de desigualdad en la población se asocian con
    baja productividad de los individuos, salud deficiente y dependencia de la asistencia social de
    gobierno, entre otros (Heckman, Krueger, 2003). En los individuos, los niveles de educación
    123
    alcanzados determinan mucho las oportunidades, opciones de trabajo y participación en la
    sociedad. En los países desarrollados los técnicos y profesionales egresados de las instituciones
    de educación superior llegan a tener ingresos tres veces más altos que los que no ostentan estos
    grados, y las tasas de retorno de la inversión en la educación superior son muchos más altas,
    razón por la cual contribuyen a reducir las desigualdades entre las personas en puestos de trabajo
    de este nivel (Paulsen, 2000; CEPAL, 2007) Las personas que tienen estudios en educación
    superior que cumplen con los requisitos de oportunidades de empleo, no determinan los
    salarios en los puestos de trabajo, los cuales dependen también de otros factores relacionados
    con la demanda por estos y las prácticas de los empleadores que reproducen las desigualdades
    en salario y oportunidades de participación en la actividad económica de los individuos y las
    posibilidades de futuro.
    Reconociendo los cambios y adelantos para superar la desigualdad como la que existe entre
    géneros, durante los últimos 15 años, la tendencia de desigualdad, pobreza y exclusión continúa y
    deja ver su lado más oscuro en las poblaciones indígenas, los descendientes de africanos y de algunos
    grupos de inmigrantes en muchos países de la región. Los ingresos de estos grupos son alrededor
    de la mitad de sus contrapartes “criollos o latinos blancos”, estas diferencias se dejan notar más en los
    años de escolaridad, en salud y en vivienda en relación con los grupos desfavorecidos.
    En términos económicos la desigualdad se reproduce a través de la interacción entre
    diferentes poblaciones que experimentan: condiciones de acceso desigual a la educación, en
    particular a la educación superior y su alta rentabilidad en los mercados de trabajo; ausencia de
    estos grupos en altos niveles de concentración de la tierra y otros activos productivos; acceso
    limitado a mercados financieros y profesiones técnico/profesional; una débil redistribución de
    la riqueza a través del estado (servicios de salud, educación, vivienda, entre otros) .El aumento
    en valor de la educación superior se atribuye a un nuevo valor del conocimiento y la tecnología
    en la nueva economía que demanda del trabajo nuevos conocimientos y competencias. Este
    nivel de educación se asocia con el capital intelectual de las empresas, mayor productividad y
    competitividad, y sigue estando más accesible para la población de mayores ingresos con mejores
    posibilidades de acceder a la educación superior en la región (Banco Mundial, 2007)
    La continuidad de la desigualdad significa que sectores de la población en la mayoría de
    los países de la región, todavía encaran oportunidades de vidas diferentes al nacer y adquiridas
    a lo largo de la vida, que inciden en el potencial de crecimiento y desarrollo de la ciudadanía,
    y en el conjunto de las sociedades. Aunque no se puede predecir el impacto de la desigualdad
    de oportunidades con relación a las opciones de los ciudadanos, el esfuerzo de cada individuo
    (la perseverancia-resilencia de cada cual) en términos agregados, la tendencia en los resultados
    demuestran un progreso limitado entre los niveles de ingreso de los grupos y los países en términos
    de pobreza y exclusión en la región.
    3. Indicadores de la tendencia a la desigualdad y a la pobreza
    Aunque los indicadores existentes (de diferentes fuentes y años) no reflejan todas las dimensiones
    de la realidad de la desigualdad en la región se consideran como punto de partida
    para un del estado de la situación de desigualdad y para determinar el impacto de la tendencia.
    De acuerdo con los indicadores que aparecen en el Cuadro 1, al comenzar el siglo un gran número
    de países refleja niveles altos de desigualdad de ingresos y notable pobreza extrema. Una
    124
    de las maneras de expresar la desigualdad que existe entre grupos de la población en los países
    y su comparación ha sido el coeficiente de Gini que puede utilizarse para estimar las diferencias
    del ingreso que existe en las sociedades y también refleja las desigualdades de distribución
    de otras variables económicas y sociales. En los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile,
    Paraguay y Uruguay) a pesar de los avances en ingreso per capita, los coeficientes de Gini y de
    pobreza siguen altos en la región. Uruguay es el país que refleja menor desigualdad entre los
    estratos sociales y nivel de pobreza, aunque demuestra mayor desempleo que otros países de la
    región. La zona andina refleja menos desigualdad (con excepción de los grupos indígenas) entre
    los grupos sociales, pero Bolivia continúa como el país con un nivel mayor pobreza (64%),
    grandes diferencias entre los estratos (0,59 con el coeficiente de Gini) y bajos niveles de renta
    personal (1.082 per capita anual).
    La mayor concentración de desigualad y pobreza se da en algunos países de la América
    Central: Honduras, Nicaragua; y del Caribe: Haití y República Dominicana de los cuales, el
    primero es el país con mayor desigualdad, pobreza y niveles bajos de ingreso por habitante.
    Países como México, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico y Trinidad-Tobago tienen los niveles
    más altos de ingreso y Jamaica uno de los niveles más bajos en desigualdad entre los estratos
    en los países del Gran Caribe.
    Cuadro 1
    4. Tendencia a la desigualdad y a la inclusión en la educación
    Para poder poner en perspectiva la naturaleza de la tendencia a la desigualdad en la región,
    es necesario auscultar el impacto de la desigualdad en ingresos en relación con las necesidades
    de educación y la manera en que estas son satisfechas por los sistemas educativos. Ante
    los retos del siglo XXI la UNESCO en 1996, lanza la iniciativa de la educación para todos a
    lo largo de la vida para promover la transformación de los sistemas educativos basados en la
    enseñanza hacia el aprendizaje permanente de la autogestión del conocimiento para iniciar la
    transición de las sociedades de la información a la sociedad del conocimiento (Delors, 1996).
    Al comenzar el milenio, un gran número de los países de la región de ALyC se han quedado
    rezagados en la transición hacia una época donde la educación y los recursos humanos constituyen
    ejes estratégicos esenciales para la competitividad y la ventaja comparativa de inserción
    en la economía mundial. Terminando la década de los 90 la Comisión Internacional sobre
    Educación, Equidad y Competitividad Económica en ALyC creada por la Corporación de
    Investigaciones para el Desarrollo (CINDE, 1995) tuvo el propósito de promover la calidad
    y desarrollo de la educación para mejorar la situación de desigualdad, pobreza, exclusión y la
    capacidad “competitiva” de la región.
    El primer informe de situación y tendencias en la educación bajo el signo “El futuro está
    en juego” (PREAL, 1998) destacaba deficiencias serias en los sistemas educativos relacionados
    con la desigualdad, exclusión, pertinencia y calidad de la educación que incidían directamente
    en la competitividad de los países de la región. Entre los hallazgos del estudio que divulga el
    informe, se puede señalar que la desigualdad educativa que se asociaba con: la poca calidad de
    la enseñanza vinculada a bajos niveles aprendizaje y aprovechamiento de los estudiantes; la
    falta de criterios y estándares compartidos en relación con el rendimiento de los estudiantes; la
    insuficiencia de inversión de recursos públicos en la educación primaria y secundaria en comparación
    a la prioridad y mayor proporción en el sector terciario; la falta de instancias para dar
    seguimiento y la rendición de cuentas de los resultados educativos. Estas tendencias de perti126
    nencia, baja calidad y efectividad en la educación (UNESCO, 1995) representan obstáculos
    que se le presentan a las sociedades para hacer la transición hacia el paradigma del aprendizaje
    permanente de una educación para todos a lo largo de la vida de los sistemas educativos de los
    países y para la construcción de sociedades del conocimiento (UNESCO, 2005).
    Aunque la inversión pública en los sistemas educativos no ha sido suficiente para reducir
    la desigualdad significativamente, se notaron avances en la mayoría de los países. Uno de estos
    fue la tendencia de aumento en la matrícula, pero que vino acompañada con tasas altas de repitencia
    y abandono de las escuelas y que incidió en las tasas bajas de egresados con diploma
    de las instituciones. Tendencia que ha persistido durante los últimos años y que resulta un
    gran obstáculo para lograr las metas de un 75% de escolaridad para el año 2010 como lo establecieron
    los gobiernos en la Cumbre de la Américas en Santiago de Chile en 1998. A pesar
    de esto, el crecimiento en la matrícula y el mayor número de egresados durante los últimos
    años, esta tendencia también ha contribuido a elevar la demanda por más educación superior
    (CINDA, 2005; CEPAL, 2007).
    Ante el escenario de mundialización de la economía para estos años, esta tendencia de la
    educación significaba que la fuerza laboral de la región tenía en promedio menos de seis años
    de escolaridad que las contrapartes de Asia y Medio Oriente. Para este periodo, sólo una tercera
    parte de la fuerza laboral de los países de la región había completado 12 años de estudio
    necesarios para garantizar salarios suficientes para satisfacer las condiciones de vida y avanzar al
    ritmo de la economía internacional. De acuerdo con la tendencia, la escolaridad promedio de
    la fuerza laboral aumentó en menos de 1% durante la década del 90 en comparación con tasas
    anuales por tres décadas de sobre 3% de los países asiáticos (PREAL, 2001).
    Al comenzar el siglo XX I, la tendencia de desigualdad en la educación en las sociedades de la
    región (CINDA, 2007) puede establecerse por medio de los siguientes descriptores de tendencia:
    1) El 10% más rico de la población tenía 8 años más de educación que el 30% más pobre;
    la brecha se ampliaba en la población rural y los grupos excluidos, en particular los grupos
    más pobres de las zonas rurales e indígenas tenían menos posibilidades de ir a escuelas,
    cualquier que fuera el nivel.
    2) A mayor educación de los Quintiles más ricos, más amplia era la brecha de ingresos en
    relación con los Quintiles más pobres con menor escolaridad.
    3) La disparidad en los logros de aprendizaje y aprovechamiento reflejaba las desigualdades
    en el acceso a oportunidades educativas de calidad. Los estudiantes pobres de zonas rurales
    reflejaban en las pruebas de rendimiento 20 puntos en lenguaje por debajo en comparación
    con los estudiantes de familias de mayores ingresos.
    4) Grupos étnicos y raciales aparecen desfavorecidos en los indicadores de repitencia, abandono
    de la escuela, bajo aprovechamiento y tasas de egreso-graduación en comparación
    con los grupos de mayor ingreso familiar, “blanco” y latino.
    5) La desigualdad en términos de género, reflejó una tendencia diferente en la que se notan
    avances para la mujer en todos los niveles educativos, incluyendo un sesgo hacia mayor
    participación en el sector terciario-universitario de educación superior, tendencia que no
    se evidencio en la participación de los grupos indígenas.
    6) La inversión de recursos públicos fue proporcionalmente desigual para la educación básica
    y secundaria en relación con a la educación superior. Debido a que el cupo de la educación
    127
    superior demostraba ser más accesible para los estudiantes de mediano y mayor ingreso
    familiar, la tendencia es la de deja por fuera de las IES aquellos grupos que no pudieron
    pagar los costos más altos de la educación superior privada.
    Aunque los indicadores existentes no pueden representar la realidad completa de la desigualdad,
    al comenzar el nuevo siglo algunos indicadores demuestran las tendencias de desigualdad
    en la educación en los países de la región (UNESCO, 2000-2005). Según demuestra
    el Cuadro 2, de acuerdo con los indicadores sociales de la CEPAL (2002-2006) se registraron
    avances en la escolaridad de adultos en la mayoría de las sociedades, con excepción de Haití
    que demuestra un rezago de 49.85% y Guatemala de 68.5% en relación con otros países de
    Centro América y el Caribe como México, Trinidad-Tobago, Barbados, Cuba y Argentina. Al
    considerar la desigualdad educativa entre los estratos de participación en el sector terciario,
    existe un abismo entre el Quintil más pobre y el más rico en los sistemas educativos en un
    gran número de países, entre los cuales se puede notar una gran desigualdad en todas las regiones
    de ALyC. De estos se pueden mencionar: Bolivia, Barbados, Chile, Nicaragua, Brasil,
    y Colombia. La tendencia es aun más dramática al correlacionar las tasas de participación del
    sector terciario en los Quintiles más ricos de cada país. Los indicadores revelan que los países
    con las tasas de mayor participación en el nivel superior, también reflejan mayores desigualdades
    entre los Quintiles en este sector. Países relativamente pobres como Bolivia y Nicaragua
    igualmente experimentan la tendencia de los países con la mayor matrícula como lo demuestran
    Barbados, Chile, Brasil, Colombia, y Argentina; tendencia que acompaña la desigualdad
    de ingreso entre los estratos en estos países y una condición favorable que tienen los grupos de
    ingresos más altos para acceder a instituciones de educación superior.

    GPE
    Escolaridad
    adultos
    Primariasecundaria

    5. Tendencia a la de desigualdad, inclusión, acceso y equidad en la
    educación superior
    Durante las últimas décadas el número de personas que acceden a la educación superior se ha
    incrementado en todos los países de la región. La ampliación del acceso a la educación superior
    supera el crecimiento de la población de la región lo cual evidencia un avance sin precedentes en la
    mayoría de los países. En los últimos cincuenta años el número de 75 instituciones de educación
    superior se incrementó a más de 5.000 (de las cuales 900 son universidades) en la actualidad, con
    una matrícula de 16 millones de estudiantes. La matrícula del sector privado ha aumentado más
    que la de las instituciones públicas elevando la tasa de participación en el sector terciario a 19%
    (todavía menos de la mitad de la de los países desarrollados). Esta expansión se caracteriza por una
    distribución desigual de las oportunidades de acceso y participación que se manifiesta en la participación
    de los estudiantes sesgada hacia los Quintiles de mayores ingresos en la mayoría de los países
    en la región. Por otro lado, no existe una relación lineal entre el nivel de desarrollo de los países y el
    nivel de expansión de la oferta de la educación superior (ingreso per capita y tasa de crecimiento de
    las IES) por lo cual el crecimiento se asocia con el crecimiento sostenido de los egresados de la educación
    secundaria, lo cual ha promovido una masificación de oferta orientada a satisfacer el incremento
    en demanda y mayor diversidad de educación superior, en particular por el sector privado. Finalmente, el
    aumento en la demanda responde al mayor valor que ha adquirido la educación superior en el mundo del
    trabajo técnico-profesional por la gran demanda de los empleadores por nuevos conocimientos y competencias
    relacionados con los requisitos de calificación y desempeño en el mundo del trabajo de la nueva
    economía que se caracteriza por la innovación, uso intensivo del conocimiento y de las tecnologías.
    La inclusión y modalidades de acceso a los sistemas de educación superior se orientan
    hacia el acceso universal en el que un gran número de países, la participación de la mujer es
    129
    más elevada que la de los hombres como también se da la tendencia en los países menos desarrollados.
    La distribución social de las oportunidades de acceso a la educación superior entre
    los diferentes estratos refleja que el Quintil más alto de ingresos envía al 50% de sus hijos
    a instituciones de educación superior en comparación con menos del 20% del Quintil más
    pobre de las familias. Lo cual sugiere que las familias le dan más importancia a la educación
    al hacer su presupuesto de gastos con el ingreso o crédito disponible con relación las finanzas
    de la familia.
    La expansión de la oferta se caracteriza por mayor participación del sector privado en relación
    con el público pero con menor cobertura. La matrícula del sector privado se ha elevado
    en alrededor del 30% y la del sector público en 5% para el año 2005 y la matrícula de estas
    se concentran en carreras de cuatro años o más de contenido académico profesional. El 60%
    de la matrícula por áreas de conocimiento, se concentra en la gestión empresarial, comercio y
    los servicios en donde se profundiza la tendencia en el sector privado por razones de costo de
    las instituciones, oferta nocturna a estudiantes que trabajan o de postgrado en los grupos de
    edad de 24 a 34 años.
    Al considerar la desigualdad, el papel de la educación superior en estos tiempos es el de
    contribuir con el desarrollo de la sociedad del conocimiento y de las competencias y los servicios
    que se necesitan de acuerdo con el contexto de cada época. La creación de conocimiento
    y su utilización en la producción de bienes y servicios; en la formación para el trabajo, la prestación
    de servicios, la participación ciudadana y en el liderazgo político han caracterizado el
    papel que juega la educación superior de nuestros tiempos.
    En el escenario tendencial de transición de la sociedad industrial y de la información,
    hacia sociedades de conocimiento, la educación superior se desenvuelve en una dinámica de
    cambio de baja cohesión social, insuficiencia de educación básica, media y postsecundaria
    y altos niveles de desigualdad, pobreza, exclusión y la participación de varios grupos de
    la población. Situación que limita las oportunidades de las personas de participar, aportar y
    progresar en la sociedad. A pesar del progreso alcanzado durante los últimos años, persisten
    deficiencias e insuficiencias de formación en la educación en todos los niveles de la educación,
    aun en los niveles más avanzados que evidencian una brecha “digital”, de capacidad cognitiva y
    de conocimiento y competencias entre los diferentes estratos en cada país y entre las sociedades
    de la región.
    La tendencia de dinámica de cambio y transformación está reestructurando las sociedades,
    en este escenario de cambio de recursos limitados y nuevas prioridades para atender el incremento
    de la demanda por una mayor y más diversificada educación superior. Las políticas de
    los gobiernos han promovido el crecimiento de las IES, en particular la de entidades privadas
    y de nuevos proveedores transnacionales a través de enfoques del mercado libre y la actividad
    comercial. La desregulación del comercio, la diferenciación de la oferta en ausencia de
    organismos de licencia y acreditación de las IES en algunos de los países ha profundizado las
    limitaciones para el acceso a oportunidades de estudio basadas en la inclusión y equidad a una
    educación superior de calidad para los diferentes grupos de la sociedad.
    La desigualdad en la educación superior de la región se manifiesta en términos de la
    existencia o insuficiencia de opciones y viabilidad de oportunidades de estudio para las
    personas que aspiran acceder a las IES. La ubicación de la oferta (diversidad de cobertura)
    y las opciones (diversidad de condiciones de participación) de acceso (diferenciación
    130
    y calidad) de las oportunidades educativas. Las condiciones de acceso dependen de la
    combinación de criterios de admisión basados en mérito (talento) y necesidad (viabilidad
    económica y personal de participación) en relación con los recursos asignados en las
    políticas de inclusión según los ingresos de los estudiantes y costos de los estudios. La
    relación mérito -necesidad depende de los recursos disponibles consignados a la oferta
    (cupo) en relación con el número de personas que desea estudiar en las IES (diversidad-diferenciación).
    El cupo (limitado por recursos) se decide por mérito unido a la necesidad
    del estudiante (demanda) y necesidades del país (políticas de inclusión y acceso de las
    instituciones). Las opciones son mayores en la medida que aumente la viabilidad y que
    responda a la necesidad de talento (mérito) en los diferentes grupos de la sociedad.
    La inclusión y equidad en la educación superior en la ALyC ha estado vinculada al desarrollo
    de la estructura de poder e intereses de los grupos dirigentes de las sociedades. Con el
    advenimiento de la democracia en el siglo pasado, las instituciones de educación superior se
    desarrollaron bajo la lógica de acceso por talento y mérito en el marco de las necesidades de la
    sociedad para darle cohesión, asegurar su continuidad, crecimiento y desarrollo. El derecho a
    la educación básica y media de acuerdo a los recursos disponibles se consignó en los estatutos
    de los países de la región en el siglo pasado. La educación superior se instituyó como privilegio
    a otorgarse por talento y mérito individual de acuerdo con normas y requisitos de las instituciones
    custodias del conocimiento político, técnico y cultural-intelectual.
    La modernización de las sociedades con la industrialización y la vida urbana que caracterizó
    la segunda mitad del siglo pasado, creó las condiciones para que las IES apoyen en la transformación
    social con la formación, capacitación y certificación de un gran número de profesionales
    para las crecientes necesidades de servicio público, económico y social. La ausencia
    o insuficiencia de conocimiento y de servicios para promover el desarrollo de la sociedad en
    términos de las necesidades humanas, indujo al Estado a subvencionar con fondos públicos
    las instituciones que auspiciaba el gobierno para crear los cuadros de técnicos-profesionales
    que necesitaban los países para su desarrollo. El sufragar con fondos públicos las IES, pedir la
    rendición de cuentas correspondientes por el uso que hacen de estos el gobierno y los usuarios
    de este servicio, unido a la encomienda que le hace el Estado a la educación superior de apoyar
    el desarrollo de la sociedad en su conjunto a través de su gestión de conocimiento y servicio,
    le adjudicó el estatuto de instituciones públicas o del Estado.
    A partir del siglo pasado el acceso de talento al estudio en las instituciones públicas de
    educación superior basada en méritos académicos adquiridos y certificados al egresar, convierten
    a la educación superior, en una instancia que otorga distinción y privilegio (títulos y
    certificaciones) en términos de egreso y entrada al mundo del trabajo, la participación política
    de acuerdo con las estructuras, el orden social, y las relaciones de poder prevalecientes en la
    sociedad meritocrática basada en recompensas económicas que crea la tendencia de ampliar las
    diferencias entre las personas y la desigualdad económica (Roemer, 2000).
    La legitimidad del papel de las instituciones de educación superior descansa en su desempeño
    en relación con la encomienda que le hace la sociedad de acuerdo con las necesidades y
    metas de futuro para la creación, custodia y difusión del conocimiento que establece el ámbito
    de las funciones de las IES apoyadas con recursos públicos que le dan la identidad y misión
    a las instituciones. Seleccionar, formar personas y crear conocimiento para el crecimiento y
    desarrollo de la sociedad desde una institución pública o privada, hace a las IES pertinentes y
    131
    responsables socialmente de su gestión en términos de las expectativas de bienestar social de
    los que conviven en la comunidad en que se ubican, como también a la sociedad, región y
    el ámbito internacional con el cual estas también interactúan (Vessuri, 1998). El papel que
    desempeñan las instituciones descansa en los supuestos de la necesidad de identificar talento,
    clasificar rendimiento académico y garantizar resultados a través de procesos de admisión,
    evaluación y certificación basados en la objetividad, imparcialidad y principios de equidad de
    oportunidades educativas para los que solicitan acceso y que cumplen con requisitos de entrada,
    progreso y egreso orientados por mérito y competencia por el cupo limitado de recursos
    exiguos en relación con la demanda social por educación superior. Los requisitos de acceso,
    progreso y resultados varían, pero se han desarrollado sobre la noción de estar basados en igualdad
    de oportunidades y condiciones de estudio para medir aprovechamiento y obtener los resultados
    esperados en términos de tasas de graduación y retornos de inversión en la educación.
    La aplicabilidad de criterios para seleccionar y acceder a oportunidades educativas supone la
    igualdad de todos los aspirantes a pesar de sus trasfondos, diferencias y necesidades.
    Este contexto determina la naturaleza de las IES en las que el talento y el mérito se consideran
    individuales y preceden a la necesidad de ingresar (acceso) a la educación superior y
    el egreso se convierte en privilegio con la certificación de graduación y ostentación de título.
    El talento y los méritos adquiridos, no son intransferibles y con la certificación para el trabajo
    se convierten en un bien particular vinculado a un servicio directo tanto en el sector privado
    como público para beneficio personal-privativo. El servicio (efecto derrame “spill over”) a
    la sociedad a través de su trabajo, participación, tributo sobre rentas y bienes a la sociedad
    constituye un bien público de gran valor social a corto y largo plazo. De ahí que en términos
    generales la educación se considera un bien público ya que su valor reside en los servicios que
    rinde en relación con la satisfacción de necesidades de los distintos sectores y grupos de la
    ciudadanía en función del bienestar y desarrollo de la sociedad; valor social de la educación
    superior se reconoce y certifica en términos de la contribución que hace en relación con las
    necesidades sociales a través de la subvención, certificación o reconocimiento del Estado, o
    entidades de rendición de cuentas que reconocen la pertinencia y responsabilidad social de las
    instituciones, los programas de estudio y servicio, como de los egresados que los preparan. Estos
    supuestos sustentan las necesidad de la sociedad por la continuidad de las instituciones de
    educación superior, su papel y contribución a la colectividad basadas en la inclusión por talento-
    mérito, para poder responder a la diversidad de necesidades de la sociedad, y que justifica la
    continuidad de la academia, al igual que el reclutamiento de talento con necesidad individual
    para poder acceder por talento y mérito a los estudios en la educación superior.
    Por el talento y la certificación académica (custodia del conocimiento, su creación,
    renovación, aplicación y utilidad), el egresado obtendrá bienestar y riqueza individual
    porque considera a su “saber y quehacer” un bien privativo (cuasi-público al servicio del
    sector privado y a lo público adquirido por talento, esfuerzo y mérito), en una sociedad
    que busca propiciar el bienestar y desarrollo de acuerdo con los recursos existentes y disponibles
    para satisfacer las necesidades de todos (bien común). La educación (pública o
    privada) como estrategia para el desarrollo de la colectividad, se considera como “bien
    público” por su pertinencia (responsabilidad social), y por el gran valor social que esta representa
    en términos de las diferentes maneras en que todas sus dimensiones contribuyen
    a la sociedad en su conjunto. Por lo anterior, lo que determina el acceso a la educación
    132
    superior son las necesidades de desarrollo (articulación de la oferta) de las instituciones en
    relación con las necesidades de educación de las personas que las constituyen. Cuánto y
    qué talento necesita una sociedad reclutar, formar y cualificar a través de la educación superior
    y en qué áreas, son determinantes en cómo asignar los recursos exiguos (cobertura y
    cupo) de que dispone el Estado ante las necesidades y prioridades que tiene la colectividad
    para su desarrollo y bienestar. La “fuga de talento” hacia el exterior representa una pérdida
    de inversión y de posibilidades de futuro para los países que necesiten de estos recursos
    humanos. Decisiones estas que no se pueden delegar al mercado y al interés particular o
    de grupos pues representan la estrategia del Estado (políticas, subsidios y reglamentación
    de la provisión de servicios) para asegurar la pertinencia social de las oportunidades de
    estudio, la calidad de los procesos y la competencia de sus egresados (García-Guadilla,
    2003).
    En el ámbito del trabajo mediado por el mercado, la educación de una persona no constituye
    un artículo de consumo ya que esta no es transferible. Aunque su utilidad puede ser de
    corto o largo plazo, esta no se puede cambiar, devolver o vender más allá de los servicios que se
    prestan. El sector privado de educación superior puede llegar a comercializarse al extremo de
    vender títulos académicos de baja calidad con los cuales los dueños experimentarán dificultad
    de desempeño o dificultad para ocupar puestos de trabajo por la falta de conocimientos y las
    competencias requeridas para el desempeño en el lugar de trabajo. La formación de la educación
    hay que experimentarla y no se puede adquirir como una prenda de vestir a la medida. Las
    instituciones pueden competir, quebrar o venderse, pero no pueden garantizar la ejecutoria o
    desempeño de los egresados la cual es circunstancial a la persona que la recibe a través de la
    experiencia formativa, que llega a tener y que utiliza. Hay diferentes tipos de conocimientos y
    competencias, y estos tienen una “autonomía relativa” (Nowotny, Gibbons, Scott, 2005) en
    relación con su contexto, creación, naturaleza, utilidad y vigencia. En el escenario tendencial
    del mercado global de los acuerdos de “libre comercio” entre países, la educación se ha llegado
    a considerar una industria de servicios y algunos de los conocimientos que tienen los egresados-
    profesionales en el sector productivo-comercial se valoran como un “bien privativo de
    propiedad” intelectual que puede mercadearse a nivel transfronterizo, i.e. movilidad de los
    “recursos humanos” consignado en los estatutos de “propiedad intelectual” y de renta de su uso
    (Aponte, 2004; Didou, 2005).
    Ante los nuevos requisitos de conocimiento de interacción de la ciudadanía y relaciones
    internacionales entre los países, en particular en la actividad económica y el mundo
    del trabajo, se han propulsado cambios estructurales en las necesidades sociales de la población
    acompañada de una mayor demanda por mayor y diversificada educación del
    nivel superior, profesional y técnico. Esta dinámica ha promovido la expansión, diversificación
    y diferenciación de la cobertura y la oferta de las IES a la cual acceden estudiantes
    de diferentes grupos sociales que la determinan las políticas de gobierno y los proveedores
    de los servicios. La localización, diversidad y diferenciación de las IES también reflejan
    diferentes niveles de calidad (Brunner, 2005). Estos procesos de cambio y transformación
    coinciden en momentos de crisis fiscal de los gobiernos, con recursos exiguos y nuevas
    prioridades de política pública para el desarrollo de las IES en una época en la cual la
    educación superior ha asumido un nuevo papel protagónico para hacer una mayor contribución
    con recursos humanos cualificados, creación de conocimiento y prestación de
    133
    servicios dirigidos al bienestar y desarrollo de las sociedades en la región.
    6. Las políticas de inclusión y acceso a la educación superior en América
    Latina y Caribe
    La opción de cada persona a tener acceso a la educación superior en las sociedades democráticas
    en condiciones de igualdad de oportunidades, se fundamenta en el reconocimiento de la diversidad
    en los derechos humanos (UNESCO, 1999; 2001). Sin embargo, la tendencia en el acceso, aprovechamiento
    y terminación de estudios en la educación superior refleja que este nivel educativo
    es el más rezagado en los sistemas públicos educativos. La noción de la diversidad como derecho
    humano individual y de grupos no ha sido reconocida en el ámbito de la educación superior como
    lo ha sido el talento en relación con la necesidad de las personas. El criterio de acceso por talento
    prevalece al de necesidad, y los méritos adquiridos por aptitud, capacidad y esfuerzo individual se
    visualizan como privilegio individual e intransferible. Durante las últimas décadas, además de los
    criterios de género y discapacidad, se han reconocido las necesidades circunstanciales de participación
    de algunos grupos sociales basados en la necesidad económica, religión, etnia, raza, idioma y
    cultura entre otros. Tendencia que ha caracterizado las políticas de inclusión y de acceso a las IES
    en la mayoría de los países de la región durante los últimos años.
    La inclusión y la equidad de acceso a oportunidades en la educación superior es un acontecimiento
    reciente en el ámbito internacional y su desarrollo ha estado marcado por el reconocimiento
    de las diferencias de género y en particular por las necesidades particulares de
    personas discapacidades con potencial para hacer estudios en el nivel superior. El impacto de
    estos cambios en la educación general se ha dejado notar y ha contribuido relativamente con el
    aumento en la participación de estos grupos, con la demanda por mayor educación en el sector
    terciario y con la masificación de la educación superior y su diferenciación, como también
    con la calidad, la cobertura y la efectividad de las IES. A pesar de los avances experimentados,
    la inclusión ha estado mayormente vinculada a criterios de mérito (aptitud), capacidad y necesidad
    y diversidad (condiciones y viabilidad de las oportunidades de estudios) de los grupos
    excluidos en menoscabo de las necesidades para el aprovechamiento, motivación, esfuerzo,
    experiencia y los intereses académicos de estos para optar y participar de acuerdo con las oportunidades
    educativas de interés, disponibles de calidad y viables.
    La inclusión como estrategia para reducir la desigualdad en la educación superior y la
    participación en la sociedad, está vinculada a condiciones de equidad de acceso, participación,
    aprovechamiento, progreso y terminación de los estudios. La facilitación de las oportunidades
    de estudio sin considerar las diferentes necesidades de los grupos excluidos y los niveles de rezago
    en capacidad cognitiva y de conocimiento, representa para estas personas, oportunidades
    desiguales para su avance, desarrollo integral y participación en la sociedad. El rezago por la
    desigualdad vinculada a la pobreza, el género, la raza, la etnia, el idioma y la cultura no se deja
    atrás por acceder a participar en una experiencia educativa. Al contrario. De acuerdo con las
    medidas de inclusión, los procesos de interacción cultural educativa dentro de las instituciones
    van a reducir o agudizar las desigualdades o diferencias, determinando las posibilidades de
    aprovechamiento, progreso, terminación y logros. La inclusión bajo condiciones de inequidad
    de oportunidad tiene las consecuencias de elevar la repitencia, el abandono de estudios y bajo
    134
    dominio de conocimientos y competencias que van a limitar el desempeño, posibilidad de
    empleo, remuneración apropiada y productividad de las personas en el mundo del trabajo y
    la contribución que podrían hacer a la sociedad.
    Las políticas de inclusión (existencia o insuficiencia) se han desarrollado alrededor de áreas
    geográficas, infraestructura existente, por criterios de mérito (talento individual, idioma oficial,
    disponibilidad de recursos) y cupo, legitimado por una “meritocracia” (procesos y normativa
    de selección, evaluación y egreso de las instituciones) en la educación superior. En términos
    generales los modelos de acceso a las IES se han basado en el reconocimiento del talento y
    de las diferencias de necesidades económicas (viabilidad de los estudios, particularmente la
    financiación de los estudios de los estudiantes de menores recursos económicos con méritos
    académicos para acceder a las IES).
    La tendencia de “igualar las oportunidades de estudio” en distintas áreas del mundo y en
    la región, se ha caracterizado por tratar de nivelar la cantidad de recursos para las personas, y
    adecuar la infraestructura existente para que los candidatos a estudio elegibles, puedan acceder
    (opciones) a las diferentes oportunidades educativas disponibles ( a mayor ingreso per cápita se
    eleva la probabilidad y opciones de acceder a las IES, el aumento de la matrícula y cobertura
    de la oferta en la educación y de participación en la actividad económica y la fuerza laboral).
    La trayectoria de estas prácticas sugiere que reasignar los recursos y modificar la infraestructura
    no ha sido suficiente para que los estudiantes puedan aprovechar (eficiencia-efectividad) las
    oportunidades en igualdad de condiciones (libros, maestros, laboratorios, bibliotecas, tecnología).
    Igualar las oportunidades de estudio, supone la distribución de los recursos educativos
    en aprendizaje y aprovechamiento (desarrollo cognitivo) para adquirir conocimiento, competencias
    y destrezas del nivel superior, (i.e. conocimiento sobre el conocimiento mismo). La
    desigualdad de oportunidades requiere flexibilizar y adecuar las oportunidades educativas de
    acuerdo con las necesidades de aprendizaje y conocimiento de las personas en relación con la
    “diferencia en circunstancias de estos” (salvo algunas que están fuera del control de aquellas
    y que no son alternativas de opción ) como el género y algunas discapacidades; las desigualdades
    adquiridas socialmente como la diferencia en “capital cultural” manteniendo la habilidad
    como constante, deberán de complementar y orientar las políticas de elevar los niveles de salud,
    nutrición y educativos a través de la distribución del ingreso y reasignación de los recursos
    disponibles de acuerdo con los requisitos de implantación de las políticas de inclusión y acceso
    a las IES; enfoques que han probado ser efectivos en los países nórdicos en donde la educación
    es primordialmente pública, y relativamente accesible para todos.
    6.1. Tendencias hacia la inclusión y equidad en la educación superior
    El acceso a la educación superior en la ALyC ha sido condicionado por la trayectoria previa
    de los estudiantes a lo largo de la carrera escolar. Las tasas de participación en los sistemas educativos
    se reducen entre el nivel primario y secundario, y se acentúan en la transición hacia la
    educación secundaria, al sector terciario y al universitario. Éste proceso fluctúa de país en país
    de acuerdo con las tasas de crecimiento de los sistemas que fluctúan entre 3% y el 7% anual,
    con la excepción de Brasil que ha crecido alrededor del 12%, en comparación con Europa y los
    Estados Unidos que experimentan desaceleración y estancamiento en algunas regiones en los
    últimos años (CEPAL, 2006; CINDA, 20007).
    135
    Como se demuestra en el Cuadro 3, al igual que las matrículas, las tasas de participación
    tienen lugar en contextos nacionales específicos donde se puede distinguir diferencias entre los
    sistemas, los niveles de expansión y de participación por grupos de edad. No puede establecerse
    como tendencia en la región una relación lineal entre el tamaño y los niveles de desarrollo de
    los países, medido por el ingreso per capita de la población o el nivel de crecimiento de la educación
    superior. Solamente algunos países demuestran la correlación entre nivel de desarrollo
    alcanzado y expansión del sistema como lo son la experiencia de Chile y Costa Rica, mientras
    que otros países como Argentina, Barbados, Panamá y Venezuela reflejan gran crecimiento
    con niveles relativos de desarrollo; otros reflejan rezago en las tasas de participación en relación
    con el nivel de ingreso per capita como refleja la experiencia de Brasil, Colombia, México, y
    Ecuador. Sin embargo, la experiencia de la mayor parte de los países, revela que la distribución
    de acceso a las oportunidades de estudio en los sistemas de educación superior en la región,
    están condicionadas por el incremento de la oferta académica que trae la masificación de
    la educación superior en relación con el trasfondo económico y social de los estudiantes de
    acuerdo con el Quintil de ingreso per capita del hogar de procedencia de los alumnos. La participación
    del Quintil más pobre oscila entre un tercio en los países de República Dominicana
    y Bolivia, y menos de un 15% en los países de Colombia, México y Uruguay (Banco Mundial,
    2006; CINDA, 2007).
    Como se estableció en la sección anterior, la tendencia al acceso e inclusión a las oportunidades
    de estudio está vinculada a criterios de selección por talento, viabilidad y necesidad
    en relación con la distribución del ingreso en la población, con un sesgo reciente en un gran
    número de países hacia una mayor participación de la mujer que los hombres. Las mujeres
    han accedido en forma creciente y mantenido elevados porcentajes de egreso sobrepasando los
    niveles alcanzados por los varones en diversas áreas de estudio. Los avances se pueden dividir
    en tres grupos de países: alto nivel de participación (+ 50%) de la mujer; equilibrio “relativo”
    y un grupo menor de países que reflejan una brecha de participación por género. A pesar de
    los avances , la tendencia refleja otras dimensiones en las cuales la mujer continúa participando
    más en unas áreas académicas y carreras profesionales de servicios culturalmente asociadas al
    género femenino como la educación básica y media, enfermería, nutrición y profesiones de la
    salud y servicio social, mientras que las áreas tecnológicas, las ciencias básicas y profesionales
    del primer nivel como ingeniería, medicina y derecho siguen siendo espacios profesionales asociados
    a los hombres. La tendencia de segregación de género en las disciplinas académicas en la
    educación superior que determina la naturaleza de la participación en la actividad económica,
    reproduce y mantiene la desigualdad en los salarios prevalecientes en el mercado laboral. A pesar
    del aumento de la participación laboral de la mujer durante las últimas décadas, la tendencia
    a la segregación en el tipo y calidad de trabajo al que acceden las mujeres continúa diferenciado,
    por la existencia de factores socio-económicos y culturales que sostienen la estructura
    desigual de género en el acceso y condiciones dentro del mercado de trabajo en la región. La
    inclusión de género a la educación superior, ampliando el acceso de la mujer y otros grupos de
    la sociedad a las instituciones de educación superior constituye un paso necesario para avanzar
    frente a la desigualdad, pero no suficiente para garantizar la equidad en el mercado de trabajo,
    remuneración y progreso en el empleo (Papadupolos, Radakovich, 2005).
    Por otro lado, el nivel de empleo y la distribución del ingreso son determinantes para
    acceder a la educación superior pública o privada, independientemente si es de costo bajo o
    136
    elevado, siendo la tasa de participación más alta en los países con mayor ingreso per capita
    y mayor cobertura del sector privado. Países como Brasil, Chile, Colombia, Panamá, Puerto
    Rico, Costa Rica en donde la matrícula del sector privado ha superado la del sector público,
    existe una correlación entre nivel de ingreso de grupos de la población y mayor oferta de
    oportunidades del sector privado. El ingreso elevado per capita de un gran número de países
    del Caribe inglés ha propiciado las condiciones para un crecimiento en los convenios entre las
    instituciones existentes ( Barbados, Jamaica, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes de los EE UU,
    entre otros) y las de Inglaterra, Estados Unidos y Canadá que incluyen programas de postgrado,
    medicina, veterinaria, administración de empresas, entre un gran número de programas
    elevando las tasas de participación en el sector terciario y la del nivel de educación superior
    (Howe, 2005; Brandon, 2003).
    En algunos países donde existen recursos para financiar el talento con la finalidad de viabilizar
    los estudios, los Quintiles de ingreso intermedio todavía pueden optar y acceder a
    instituciones de educación superior públicas o privadas. Estudiantes que no puedan entrar a
    instituciones públicas por cupo limitado podrán estudiar en instituciones privadas. Los estudiantes
    del Quintil superior tendrán mayores opciones, incluyendo la de estudiar en el exterior.
    Varios países de Centro América denotan tasas bajas de participación, mientras que en otros
    del Caribe, evidencian avances en participación de género, discapacidad y otros grupos de
    edad. Por los costos ascendentes de la educación superior y los ingresos bajos de la población
    en los países de la región, el aumento de la oferta subsidiada del sector público va a ser determinante
    en el sector terciario de la educación superior y en su contribución al crecimiento
    económico y desarrollo de las sociedades.



    Ante la desigualdad en la región en cuanto a inclusión y equidad de oportunidades en la educación
    superior la respuesta a la exclusión (inexistencia y necesidad) tiene varias dimensiones: la
    cobertura geográfica, de género y la incorporación de grupos étnicos lingüísticos-culturales. Las
    diferencias en la disponibilidad en las diversas áreas geográficas entre las zonas rurales y urbanas,
    y la insuficiencia de instituciones públicas y privadas en las capitales de países y grandes ciudades,
    en los poblados del interior, han restringido el acceso a las oportunidades educativas en los niveles
    educativos del nivel secundario y superior. El crecimiento, diversificación y diferenciación de las
    oportunidades educativas a través de mayor escolarización secundaria y la ampliación de la cobertura
    del sector terciario y universitario, han reducido la desigualdad de oportunidades de estudio
    en la región. Con las nuevas tecnologías, la educación virtual representa una nueva posibilidad de
    remover los obstáculos del aislamiento, la falta de infraestructura y la movilización de académicos y
    estudiantes entre las regiones, al interior de los países y la capacidad de la región para interactuar con
    el ámbito internacional. Aunque se han registrado avances en la regionalización de nuevas oportunidades
    educativas en algunos países, la migración de estudiantes a las grandes ciudades y al exterior
    nos lleva hacia la insuficiencia de cobertura, ausencia de instituciones públicas y calidad en un gran
    número de regiones. La inclusión y acceso a las instituciones de educación superior va a depender
    de la apertura y viabilidad de opciones que tengan las personas para acceder a la educación superior.
    La desigualdad de ingresos como obstáculo para poder optar entre alternativas de estudios en
    cuanto a disponibilidad geográfica de cobertura, diversidad y diferenciación de la oferta (pública o
    privada de educación de calidad) es determinante en las estrategias de inclusión y acceso de las IES.
    La opción a estudios en instituciones de baja calidad con o sin subsidio por talento o necesidad,
    no representa una verdadera oportunidad que resulte en egreso y probabilidad de ubicación en un
    138
    trabajo con remuneración razonable.
    6.2. Tendencias de inclusión y acceso en la educación superior. Políticas de inclusión
    Entre los años de 1975 y 2005 la matrícula de la educación se multiplicó en la región
    cuatro veces, llegando a la cifra de 16 millones de estudiantes con una alta presencia de la
    matrícula privada. La matrícula se agrupa en los estudios de carreras en el área de servicios,
    incluyendo las carreras de derecho, economía, y administración, seguida de profesiones de
    servicios sociales como educación, ciencias de la salud, las comunicaciones, entre otros.
    El acceso a las instituciones privadas es dirigido y custodiado por las instituciones que
    cumplen con los requisitos de generales de ingreso a la educación superior y de la institución,
    salvo en los casos de estudios que terminan con la postulación (CINDA, 2007). Las
    políticas de inclusión y equidad (lineamiento de acción para promover la participación y
    cerrar brechas de género, discapacidades, etnia, raza, idioma) de los países de la región, se
    han basado en el aumento de la demanda por consideraciones geográficas, necesidades de
    grupos por discapacidad, participación de género en las disciplinas, carreras y las profesiones.
    A pesar de la masificación de la oferta de la IES, la necesidad de ampliar la participación
    para responder a los reclamos de estos grupos ha sido relativa ya que el acceso
    a las instituciones, las carreras profesionales y el mundo del trabajo está precedido por el
    mérito (habilidades y capacidades) para poder acceder a estas instancias. De acuerdo con
    los indicadores de desarrollo humano, los pueblos indígenas han quedado a la zaga en
    comparación con los otros grupos y sectores socioeconómicos (Ramiro, 2004).
    Las políticas de inclusión y “acción afirmativa” en la educación superior internacional han
    influido en los gobiernos e instituciones de la región. Las políticas de inclusión de los países de
    la región para promover la participación de los grupos excluidos o sectores que experimentan
    dificultad para ingresar, progresar, terminar los estudios superiores se concentran en un grupo
    de países y en otros con gran presencia de grupos indígenas, étnico-raciales son de política
    pública institucional. Solo un grupo reducido de países tienen disposiciones constitucionales
    para integrar o incluir grupos o sectores de la población a la educación superior (Haití,
    Guyana, Paraguay y Venezuela) y que además garantizan el acceso e igualdad de género; por
    discapacidad y a grupos desfavorecidos (Moreno-Valdés, 2005). Otro grupo de países provee
    financiamiento para las instituciones y estudiantes para promover el acceso a las oportunidades
    de estudios basado en talento, mérito y progreso académico de los estudiantes. Las políticas
    para promover la participación incluyen fondos institucionales, becas, créditos y prestamos
    de estudio que varían por país, región e instituciones. Recursos que se complementan con
    iniciativas de las instituciones y la inversión y gastos que hace la familia o el estudiante para
    poder estudiar (transporte, alimentos, materiales, gastos personales como: ropa, salud, cuotas
    o gastos circunstanciales no incluidos o previstos en la vida del estudiante en y fuera de las
    instituciones).
    Las políticas de acceso a la educación superior en la región incluyen algunos recursos o
    combinación de otros como: becas, cupos, cuotas reservadas de admisión para la participación
    de grupos sociales, prerrequisitos de ingreso para promover permanencia y terminación de estudios,
    y el acceso a la educación virtual en los países y a nivel internacional. Con los avances
    de inclusión y equidad de género y otros grupos, los estudios y programas académicos acerca de
    139
    las necesidades de estos grupos en la academia y la vida en las instituciones, han contribuido
    en el desarrollo e implantación de las políticas de inclusión y estrategias para ampliar el acceso
    de estos grupos a la educación superior.
    Los grupos que han experimentado avances han sido los de género y los estudiantes con
    discapacidades. La mayoría de los países reflejan mayoría de género en las matrículas y alrededor
    de 20 países en la región han consagrado garantías de participación/inclusión de personas
    con discapacidades en el marco legal de los países y políticas de acceso de las instituciones.
    Políticas y prácticas institucionales que excluyen derechos, asignación de recursos tales como
    becas, presupuesto a programas de integración, apoyo y servicio a los profesores, estudiantes y
    personal de apoyo a la gestión institucional (IESALC, 2005; CINDA, 2007).
    Los movimientos a favor de la inclusión tienen influencias de los antecedentes en
    experiencias universitarias en Europa, los Estados Unidos y otros países del ámbito internacional
    para remover barreras, crear la infraestructura, programas y servicios de apoyo a
    estudiantes de estos grupos. Al igual que otros grupos que experimentan dificultades para
    acceder y permanecer en los estudios, no existen suficientes datos e información recientes
    que reflejen la situación y avance de algunos grupos, lo cual hace imperativo recurrir a
    las instituciones para determinar las necesidades de acceso y progreso de los estudiantes
    y en particular el talento con necesidades económicas para poder hacer estudios en las
    instituciones de educación superior. En el nivel de postgrado e investigación, el reto de la
    inclusión representa uno de los desafíos más importantes y urgentes en la región. El acceso
    y creación de conocimiento que se genera en estas instituciones es crucial para romper
    con los ciclos de exclusión a los niveles estratégicos pertinentes de conocimiento como
    son los de formación, investigación y producción de conocimiento acerca de los grupos
    excluidos y su aportación a las estrategias de inclusión, al desarrollo de la diversidad con
    equidad, lo que resulta impostergable e ineludible al considerar el alcance de las políticas
    de inclusión y las estrategias de acceso a las IES. Aunque el postgrado es uno de los niveles
    de la educación superior que demuestra crecimiento, los determinantes de tasas de egreso
    de los grupos excluidos por ingreso y preparación académica para ingresar a este nivel indican
    que continúan rezagados en comparación con los grupos con mayores posibilidades
    de acceder y terminar los estudios en este nivel.
    7. Tendencias de desigualdad y las dimensiones de inclusión y equidad
    en la educación superior
    7.1. Desigualdades sociales y urbanas
    El crecimiento de la IES en las diferentes regiones de los países, como también la
    creación de sedes regionales o comunidades locales por las IES ha permitido reducir la
    brecha entre la oferta académica en las grandes ciudades y capitales en relación con los
    del interior. Los programas virtuales y de nuevas modalidades han permitido acceder a
    los estudios desde diferentes áreas geográficas y en el ámbito internacional. Sin embargo,
    todavía persiste en algunos países que la oferta en los nuevos centros es reducida por lo
    cual todavía se evidencia la migración de estudiantes en búsqueda de oportunidades de
    140
    programas de calidad con docentes altamente cualificados y la infraestructura de laboratorios,
    bibliotecas y facilidades vinculadas a las carreras y a los profesiones de gran demanda
    que tienden a estar en las capitales y grandes ciudades.
    7.2. Desigualdades de género
    En el ámbito de la educación uno de los grandes avances durante las últimas dos décadas ha
    sido el aumento vertiginoso de la participación de la mujer en la educación superior en todos
    los niveles. De un porcentaje de participación de 35% en 1980 se registró un aumento a un
    53% para el 2003, de acuerdo con el informe de la UNESCO sobre la educación, la matrícula
    de la mujer alcanzó el 53%. Esta tendencia demuestra ser general en los países de la ALyC
    en función del ingreso familiar y per capita de las sociedades, reafirmándose que la diferencia
    en participación en la educación superior (desigualdad entre grupos) reside en los niveles de
    ingreso en los sectores sociales y no únicamente los aspectos culturales vinculados al género.
    En países como Chile, México, Costa Rica, Brasil, Argentina, Cuba, Venezuela, República
    Dominicana, Panamá y Uruguay la participación fluctuó entre 47,3 % y 61,2 % (Rama:
    IESALC, 2005). Tendencia que refleja una nueva dinámica en la familia, en el trabajo y en la
    relación entre géneros en la sociedad y su impacto en la IES y en las próximas generaciones. El
    avance de género en las instituciones se evidencia en un gran número de programas de estudio,
    carreras y profesiones. Sin embargo, la tendencia, de acuerdo con los estudios recientes, en
    gran número de países indica que todavía la matrícula de varones supera a la de mujeres en
    las áreas de ingeniería, tecnología, agronomía y medio ambiente y construcción, arquitectura
    y artes graficas. Por otro lado, la tendencia de participación laboral y ocupación se invierte,
    el varón de 13 años o más supera las posibilidades de ocupación y trabajo de la mujer; entre
    los desocupados con nivel educativo del nivel terciario-superior, la tasa de desempleo tiende
    a ser más elevada entre las mujeres. Las mujeres no solo acceden más que los varones a las
    oportunidades educativas, sino que exhiben alto rendimiento académico, desempeño, perseverancia
    e ingreso superando los niveles alcanzados por los varones en un gran número de áreas
    de estudio, carreras y profesiones (IESALC 2005).
    7.3. Desigualdades étnicas-raciales
    Los grupos de población étnicos (indígenas) demuestran los niveles más bajos de escolaridad,
    lo cual continua evidenciando un alto nivel de exclusión en los sistemas educativos de
    la región que finalmente se expresa en uno de los mayores obstáculos para llevar estudiantes a
    la educación superior. Los niveles de retención/abandono de las oportunidades educativas de
    miembros de estos grupos recaen en las zonas rurales. Las féminas y los grupos más pobres de
    esta población representan mayor exclusión y posibilidades de éxito debido a la baja calidad
    de la educación básica y media; ausencia e insuficiencia de políticas de inclusión y acceso a
    la educación superior. A pesar de los avances en la educación intercultural-bilingüe en los
    sistemas educativos que sirven a esta población en países de la región, la carencia de recursos y
    la relativa calidad de las instituciones públicas que le sirven, no son suficientes para superar el
    rezago, la exclusión y pobreza en estos grupos.
    141
    La desigualdad étnica se extiende a grupos raciales de ciudadanos que históricamente han
    venido experimentando la desigualdad y la exclusión en los sistemas educativos, de la participación
    laboral y empleo, como también en relación con los salarios alcanzados por otros grupos
    sociales. Las desigualdades sociales se dan en los países de la región con diferentes trasfondos
    históricos, pero con herencia de desigualdad racial y bajos ingresos para un grupo menor de
    personas que no se ha podido educar a pesar del avance de algunos países del Caribe, Centro
    América y del continente Suramericano (Rama:IESALC, 2005; Gentili, 2006).
    Además de las diferencias en las necesidades de vida, culturales y sociales de estos grupos,
    el denominador común entre estos es el rezago socio económico en relación con los niveles
    alcanzados de escolaridad. La inclusión, la pertinencia de la experiencia educativa, el abandono,
    la repetición o la calidad de los resultados obtenidos por estos grupos están relacionados
    con la desigualdad, el capital cultural, cognitivo, de conocimiento, competencias y aptitudes
    necesarios para proseguir, mantenerse y terminar estudios superiores como precondición a la
    ubicación en el trabajo y a un salario que puedan superar la condición previa de carencia para
    poder optar entre los diferentes posibilidades de oportunidades de vida en la sociedad (carreras,
    profesiones, etc.) que se experimentan en términos de su participación en la educación, la
    actividad económica y el ámbito político-social en las sociedades de la región.
    7.4. Desigualdad de suficiencia
    Las políticas de inclusión y acceso reflejan la tradición heredada sobre la identidad y la
    misión de la educación superior de ser un privilegio y no un derecho de los diferentes grupos
    de la sociedad que podrían optar por interés o viabilidad económica. Los criterios académicos
    de mérito, prevalecen sobre los de origen social, cultural, étnico, racial y de género. Acceder a
    la educación superior supone la preparación académica para ingresar, permanecer, desempeñar
    y egresar hacia el mundo del trabajo. Las políticas de inclusión y acceso se han centralizado
    por la remoción de barreras geográficas, de género, discapacidades, lingüísticas y de necesidad
    de estudio para los que estén preparados (seleccionados por talento y mérito) que provengan
    de estos grupos. Las diferencias de raza, etnia, privación socio económica por si solas no han
    sido factores vinculados a la inclusión, los accesos y equidad de la provisión de oportunidades
    educativas en el nivel superior.
    8. Impacto y consecuencias de la desigualdad, inclusión y equidad en la
    educación superior en el escenario tendencial
    Las políticas de inclusión y la estrategia de acceso de los gobiernos y las IES han
    tenido poca efectividad en términos de la totalidad de la población que podría optar
    por proseguir estudios pos secundario y universitario. La mayor parte de la población
    estudiantil que accede el nivel superior proviene de los Quintiles más altos de ingreso
    familiar. Los grupos de género y con discapacidades apuntan a ser los que más han avanzado
    con las políticas de inclusión y estrategias de acceso a la IES de los Quintiles IV y V
    del ingreso total de la población en la región. Los Quintiles de la población más pobres
    son los más rezagados en todas las categorías de desigualdad en cuanto a la posibilidad
    142
    de acceder a oportunidades de estudio a nivel superior. La condición de desigualdad
    económica y social es un determinante de gran peso en el acceso, permanencia, aprovechamiento
    (desempeño-rendimiento), ingreso y ubicación en el empleo en la educación
    superior y el trabajo relacionado con este nivel según se demuestra en el Cuadro 4.
    De acuerdo con los datos del Banco Mundial, para el año 2003 la participación en la educación
    de los grupos de edad tenía poca diferencia entre los estratos sociales (aunque se sabe
    que en los Quintiles 4 y 5 hay un número creciente de familias que envían a sus hijos a centros
    privados con mayores recursos y “calidad” educativa, sin embargo, los grupos de edad de 13-19
    y 20 -24 años se distancian de los estratos en año de escolaridad y participación en la educación
    superior. Gran parte de los avances de los estratos medios se deben al aumento de las ofertas de
    las IES privadas la cual aumentó durante los últimos años. La tendencia refleja que por cada 3
    estudiantes del Quintil 5 que acceden a la educación superior, 2 participan de los estratos medios
    y un estudiante proveniente del Quintil 1 de menores ingresos. La relación entre el estrato
    de mayor ingreso y el de menor ingreso es de alrededor de 30.0% (Rama: IESALC, 2006).
    Al considerar que la restructuración económica a nivel mundial lleva a los países a entrar en
    la economía del conocimiento, la revolución tecnológica con los procesos de interacción de la
    globalización a la transformación de las instituciones hacia sociedades del aprendizaje a lo largo de
    la vida y del conocimiento, se espera que de cada 5 nuevos empleos creados, 3 de estos requieren
    educación post-secundaria o de nivel universitario (UNESCO, 2005; OECD, 1995; Reich, 1992).
    La estructuración de K-12 y del nivel terciario prevalece sin proveer una transición a la educación
    superior más allá del talento y del mérito para ingresar al sector secundario.
    Según la tendencia de distribución del ingreso y de crecimiento poblacional en la región,
    en la medida que las instituciones públicas de alguna manera no puedan ampliar el cupo y
    las estrategias de acceso e ingreso de los estratos más bajos, la desigualdad entre los grupos de
    ingreso se ampliará al llegar al nivel universitario ya que las instituciones no han demostrado
    la capacidad para transformarse y poder atender a los estudiantes que en estos tiempos acceden
    a los estudios del nivel superior.
    Este legado tiende a mantener la desigualdad en lugar de reducirla. Según se demuestra en
    el Cuadro 3 presentado anteriormente, la mayoría de los países han experimentado un crecimiento
    acelerado de los proveedores privados. Los estudiantes que acceden a este sector provienen
    de los grupos de ingresos medios y altos (Quintiles 3-4) profundizando la desigualdad
    educativa nivel superior entre los grupos de menor ingreso y los de medianos y altos ingresos
    con mayores recursos.
    143
    8.1. Recapitulando, la inclusión y equidad en el escenario tendencial
    La inclusión y la equidad en el escenario tendencial tienen su origen en la ausencia, insuficiencia
    y desigualdad de opciones de participación en las oportunidades en la educación
    superior. A pesar de la masificación de la educación superior durante las últimas décadas,
    todavía hay grupos que experimentan bajos niveles de acceso por las razones de desigualdad
    social adquirida (participación en la actividad económica y niveles de ingreso) que propician
    la reproducción de la desigualdad socio económica, de marginación y exclusión en relación con
    el alcance y efectividad de las políticas económicas, sociales de inclusión y acceso.
    Como se ha argumentado anteriormente en este trabajo los sistemas educativos de los países
    de la región se han ido transformando hacia la universalización de la educación general de
    la población y la ampliación de la educación del nivel postsecundario y superior universitario.
    A pesar de que se ha buscado mejorar la articulación entre ambos niveles, todavía persiste una
    brecha entre los sectores de: transición, niveles de conocimiento y competencias que en gran
    medida se atribuyen, según demuestra la evidencia, a la desigualdad de oportunidades educativas
    previas de los sectores que buscan acceder a la educación superior, las carreras profesionales
    y las alternativas del sector técnico de nivel postsecundario, se ha observado la creación de
    instituciones especializadas para atender las necesidades de algunos grupos que ha llegado a
    proyectos estratégicos regionales como las universidades indígenas y otros proyectos dirigidos
    al desarrollo de localidades aisladas o marginadas con el apoyo de los organismos internacionales
    y los gobiernos locales.
    La inclusión como estrategia para atender la exclusión (desigualdad de acceso a oportunidades
    de estudio) tiene varios elementos: las políticas (voluntad y compromiso con la cobertura,
    distribución geográfica y alcance de acuerdo con los tiempos y los recursos disponibles i.e.
    el alcance de la justicia social); la pertinencia de las iniciativas de acuerdo con las necesidades
    de la sociedad, de las personas, grupos y sectores que se quieren incluir; y su viabilidad y financiamiento
    (recursos suficientes y adecuados); de las iniciativas de los gobiernos dirigidas a
    reducir la exclusión por la diversidad de necesidades de personas, grupos, localidades o regiones;
    la naturaleza de las políticas de “acceso” de las IES (identificación, reclutamiento, viabilidad,
    financiamiento, retención); su transformación y egreso de los estudiantes que culminan
    estudios avanzados y/o ubicación (resultados) en el mundo del trabajo. La pertinencia de las
    políticas de inclusión de los gobiernos determinan en gran medida las de acceso a las oportunidades
    en las instituciones y ubicación en el mundo del trabajo, por lo cual el enfoque de la
    pertinencia y efectividad de las IES deben estar orientadas por las necesidades de la población
    de infraestructura para el aprendizaje y de aprovechamiento en relación con los reclamos de
    inclusión de los diferentes sectores de la sociedad (Vessuri, 1998). No reconocer las diferencias
    de condiciones, circunstancias y necesidades de la diversidad de la población, supone que el
    talento o mérito por si solos (a pesar de las diferencias culturales, lingüísticas o desigualdades
    (adscritas o adquiridas) no son obstáculos entre las opciones existentes y ante la variedad de las
    modalidades de oportunidades educativas que ofrecen las instituciones. La diferenciación de la
    oferta de la educación superior en términos de “calidad” incide directamente sobre la efectividad
    de las políticas de acceso en las instituciones, las oportunidades de estudio, la efectividad
    de estas y los resultados. La pertinencia de las políticas al igual que la viabilidad de implantación
    determinan en gran medida los resultados de inclusión y justicia social en relación con las
    144
    expectativas de los que aspiran a participar, beneficiarse y contribuir a la colectividad a través
    de la educación superior.
    La formulación e implantación de políticas de inclusión y de acceso a las oportunidades
    de estudio en las IES como plataforma para reducir la exclusión-desigualdad (para poder responder
    a las nuevas demandas y desafíos de la nueva economía y de las sociedades en la era del
    conocimiento), deberá incluir la participación de los sectores para quienes se está legislando
    para así poder atender la diversidad de sus necesidades y expectativas en los estudios del nivel
    superior. La opción de continuar estudios del nivel superior y universitario, recae en la disponibilidad
    de educación básica y secundaria de calidad como prerrequisito de transición hacia
    la educación superior para todos los grupos que acceden a la educación pública o privada, por
    lo cual la meta de la UNESCO, 2001 de “educación para todos’, es una precondición para la
    opción de la educación superior y la meta de universalización en el horizonte 2021.
    8.2. Impacto del escenario tendencial en las sociedades de la región en el horizonte 2021
    En el ámbito internacional la tendencia a la inclusión para ampliar el acceso, ha evolucionado
    para elevar la participación, proveer los recursos necesarios para hacer viable el ingreso,
    integración, progreso, rendimiento y egreso en términos académicos, con relación a remoción
    de obstáculos de género, discapacidades, condición socio-económica, discriminación por raza,
    color, idioma, cultura, ideología, entre otros. La pertinencia “tácita” y de “auto-referencia” en la
    educación superior está en transición. El marco “común” y las diferencias contextuales son de
    gran peso y en los países desarrollados se mitigan los rasgos más notorios de la transformación
    actual de las instituciones, mientras en los países en vías del desarrollo, se agudizan (Vessuri,
    1998). La responsabilidad social y la pertinencia de la educación superior, abarca un amplio
    conjunto de acciones y procesos que tienen como objetivo responder desde su propia dinámica,
    al impulso de los cambios necesarios que deben emprenderse desde la articulación al nuevo
    contexto que está surgiendo, y hacerlo de manera prospectiva, eficaz y con un alto sentido ético
    al considerar los desafíos, retos y escenarios de la sociedad frente a las transformaciones de la
    época en que ocurren (Didriksson, Herrera, 2007).
    En la transición hacia sociedades del aprendizaje a lo largo de la vida y de creación de
    conocimiento, las IES atraviesan por un proceso de transformación de entidades basadas en
    la enseñanza y la investigación hacia instituciones del aprendizaje y de producción de conocimiento.
    En este proceso las instituciones van a tener que revisar sus funciones, cambiar
    sus estructuras, reconsiderar su identidad y redefinir la misión para poder reflejar la “nueva
    pertinencia y responsabilidad social”; ser eficientes y efectivas de acuerdo con las condiciones
    de transición (recursos exiguos y nuevas prioridades, tecnologías y modalidades de la gestión
    del conocimiento, diversidad de estudiantes, entre otros) que van a incidir sobre los procesos
    de cambio y transformación en cada institución en relación con su entorno. Por la naturaleza
    de las IES el proceso tiene que surgir de las instituciones con la participación y el consenso
    de los miembros que laboran, estudian y conviven en estas, con el apoyo de los gobiernos, las
    agencias acreditadoras y los organismos internacionales que promueven el desarrollo regional
    (Aponte, 1996-1997).
    La implantación de políticas de inclusión y equidad, como también las estrategias de acceso
    en las IES, conlleva cambios en la identidad y misión de las instituciones que son necesarios
    145
    para incorporar el “acceso” como elemento central de la nueva pertinencia y responsabilidad
    social. De igual manera, es necesario hacer cambios en la cultura y en los valores de las instituciones
    necesarios para incorporar el acceso como elemento central de la nueva pertinencia y
    responsabilidad social en relación con las expectativas de participación de los distintos sectores
    en el desarrollo de la sociedad. La importancia de los cambios se ubica en la visión de futuro y
    horizonte alterno que se imparte a los procesos de transformación en relación con el escenario
    tendencial centrado en una pertinencia de mercado, en donde los criterios que describen la
    “calidad” son la eficiencia, rendimiento y efectividad para la “competitividad”. Esto no ha sido
    vinculado socialmente (finalidad) con el acceso a las oportunidades educativas como eje central
    de la nueva pertinencia (participación) y responsabilidad social (inclusión y justicia social) en
    las políticas para el desarrollo de las sociedades en el nuevo contexto del aprendizaje y la creación
    de conocimiento (Didriksson, 2007).
    La nueva pertinencia social de la educación superior contiene la dimensión de inclusión y
    equidad que incide y amplia la noción de “calidad” que prevalece en las instituciones de educación
    superior. En una dinámica de cambio de época y transformación, se pueden unificar
    algunos de los elementos de ambas nociones en una conceptuación que recoja la “calidad”
    en las IES en función de la nueva pertinencia de acceso en el escenario tendencial en relación
    con la transición al escenario alternativo de transformación. De acuerdo con este contexto,
    podríamos establecer que: la calidad existe en una institución en la medida que sus recursos
    sean adecuados, su organización y procesos son apropiados (pertinentes) y están dirigidos hacia
    el logro exitoso de resultados (eficiencia-efectividad en relación con expectativas), y que los
    programas impactan significativamente transformando positivamente a las personas afiliadas a
    la institución y su entorno, y que estos procesos son creados, llevados a cabo o modificados por
    las personas de la institución y otras relacionadas con su pertinencia, entorno y responsabilidad
    social, conforme a la identidad, misión, integridad, y con una cultura de valores de inclusión
    y equidad compartidos (Aponte,1996,1997, 2002).
    Después de varias décadas de políticas de inclusión y estrategias para ampliar el acceso
    orientadas a eliminar barreras y obstáculos, la discusión alrededor del acceso gira en torno a los
    costos y viabilidad de las oportunidades de estudio en términos de mérito, cupo y recursos disponibles
    (financiamiento) basada en “la adaptación” de la diversidad en lugar de “la igualdad
    de las diferencias”. La cultura institucional educativa de “igualdad de diferencias” es contraria
    a la adaptación a la “diversidad” que relega la igualdad y que ha regido en un gran número de
    reformas educativas. La cultura de la diferencia que olvida la igualdad de condiciones, lleva a
    que en situación de desigualdad, se refuerce como diverso lo que es excluyente, adaptando y no
    transformando y creando, en múltiples ocasiones, mayores desigualdades, i.e. que las personas
    son seres de transformación en la pluralidad de la interacción humana y no de adaptación*
    (Freire, 1997; Flecha, 1999).
    Los antecedentes de la inclusión para ampliar el acceso han evolucionado a elevar la participación
    de los estudiantes, proveer los recursos necesarios para hacer viable la entrada, progreso,
    aprovechamiento y egreso, en términos académicos, de género, raciales, étnico culturales y
    lingüísticos, entre otros.
    En las políticas de inclusión y las estrategias de acceso para eliminar barreras y obstáculos, la
    discusión alrededor del acceso gira entorno a la participación del estudiante en la oportunidad
    educativa como también en las opciones de los grupos a participar en las carreras, profesiones,
    146
    instituciones de Investigación y post-grado, entre otros. La opción de acceso a programas de
    estudios, las instituciones y las condiciones para aprovechar, permanecer y egresar de estos
    programas se han convertido en los criterios más importantes para considerar las políticas de
    inclusión/acceso y su efectividad. Las condiciones de estudio con opción – viabilidad- egreso
    y ocupación comenzaron a sobresalir como los programas y estrategias exitosas para grupos no
    tradicionales, excluidos en desventajas con preparación para el nivel superior, apoyo académico
    de tutoría, mentoría académica y consejería grupal o personal orientada a superar las condiciones
    y situaciones que obstaculizan el progreso, permanencia, aprovechamiento y egreso de los
    estudiantes al mundo del trabajo.
    La exploración del escenario tendencial de desigualdad, inclusión y equidad incluye la
    consideración de un conjunto de elementos y acontecimientos que pueden hacerse realidad si
    los procesos de la situación actual siguen constantes, es decir que el escenario actual supone la
    continuación de la “tendencia” del presente. La continuidad de la tendencia y su impacto de
    futuro puede proyectarse en términos de los siguientes elementos:
    - La continuidad de crecimiento de la oferta de educación superior ( costos, viabilidad y
    condiciones de oportunidad) con las tasas de crecimiento de la economía en relación con la
    demanda por programas de estudios, carreras y profesiones; las necesidades de conocimiento
    y de servicio de los distintos niveles de ingreso de sectores y grupos de las sociedades;
    las tasas de crecimiento de las economías (PIB, empleo, otros), y la distribución del ingreso
    entre los grupos de la población de acuerdo con la pertinencia y efectividad de las políticas
    públicas orientadas a estos propósitos.
    - El impacto de las políticas de inclusión y las estrategias de acceso de los últimos años han
    tenido un efecto relativo en la participación de género y grupos con discapacidades (remoción
    de barreas, recursos y cambio cultural en las instituciones de educación superior). El
    avance se asocia también a la masificación de la educación superior en la región (crecimiento
    acelerado del sector privado en relación con el público para responder a un incremento
    de la demanda a niveles más altos de educación del nivel superior unido a modalidades de
    financiamiento) que han favorecido a los grupos de medianos ingresos. La masificación de
    la oferta también se vincula a la diferenciación de la calidad de la oferta en relación con
    el acceso a las instituciones públicas y privadas reconocidas y certificadas por entidades
    acreditadoras y del Estado. La masificación propicia la migración de talento, el mercado
    dual de trabajo en cuanto a remuneración, oportunidades de progreso en el trabajo y de
    proseguir estudios avanzados o de postgrado en el futuro.
    - Los resultados de la inclusión y la equidad en las IES enfrentan nuevas disyuntivas para
    ampliar el acceso y egresar mayor número de recursos humanos en relación con nuevas
    prioridades en la asignación de recursos fiscales públicos exiguos (por la crisis fiscal recurrente
    del estado bajo políticas económicas neoliberales) y con la expectativa de mejorar el
    sistema educativo para lograr mayor número de egresados preparados para ingresar, permanecer
    y terminar la educación superior y contribuir a la sociedad por medio del trabajo y
    los servicios que le rinden.
    - La inefectividad de la inclusión y la equidad en la educación superior trasciende los determinantes
    de la masificación de la oferta, en cuanto a la mayor participación de los estratos
    medios y la distribución geográfica en relación con la diferenciación de la oferta (calidad
    147
    de los programas de estudio). La desigualdad y la inclusión están vinculadas a la viabilidad
    de condiciones de igualdad de oportunidades para los grupos más desventajados por lo
    cual existe una insuficiencia de opciones y oportunidades para elevar la participación de
    los grupos de población tradicionalmente no representados en las IES, promover su permanencia,
    egreso y ubicación en el mundo del trabajo.
    - La falta de “pertinencia social” y “calidad” educativa -en términos de capacidad- para responder
    a las “necesidades de estudio” del gran número de estudiantes que trajo la masificación
    de la educación superior, se reflejo en las tasas altas de repitencia; tasas bajas de
    permanencia (retención) y egreso con titulación de un gran número de estudiantes que
    demandaron más y mayor nivel de estudios del nivel superior. Los cambios y estrategias de
    las IES para ampliar el acceso, retener y educar a estos estudiantes no han sido suficientes,
    y se pueden a atribuir: la falta de preparación previa educativa (capital cognitivo, cultural
    y social) en el hogar y la escuela de los estudiantes para ingresar y permanecer en los programas
    de estudio, y a la baja capacidad de las instituciones para transformarse y poder
    atender oleadas de estudiantes con necesidades y condiciones de desigualdades diferenciadas
    existiendo un contexto de estudio de “baja eficiencia y efectividad” en términos de
    rendimiento, permanencia y egreso en un gran número de instituciones en la región.
    8.3. Escenario alternativo de inclusión con equidad para un desarrollo sustentable
    democrático para la región de América Latina y el Caribe en el horizonte 2021. Visión
    prospectiva
    Frente a los escenarios tendenciales, los países de la región atraviesan por un periodo de
    cambios acelerados que hacen necesaria la revisión y actualización de los mapas conceptuales
    que nos llevan a una nueva cartografía de los procesos de anticipar, conceptuar y actuar en
    conjunto. Desde la visión de un escenario alternativo a la tendencia, se propone proyectar la
    transformación de la educación superior a una nueva etapa, no desde los límites de la reforma
    existente, sino desde la ruptura que trae un nuevo paradigma del aprendizaje y gestión del
    conocimiento a lo largo de la vida, con responsabilidad social para construir sociedades de
    conocimiento inclusivas y un desarrollo sustentable para todos los países en la región. En el
    escenario alternativo, se comienza con la transición desde la “demanda de mercado por más
    educación superior” propia del escenario tendencial hacia la capacidad de crear una “oferta
    enfocada en las necesidades de conocimiento” de todos los sectores de la sociedad. Se parte de
    la premisa de que el futuro es un proceso que se puede influenciar y construir desde el presente
    de tal manera que el futuro no sea inexorable.
    En el Horizonte 2021 la población de estudiantes de edad correspondiente a los estudios
    del nivel superior y grupos de edad adulta se incrementará notablemente. De acuerdo con
    las proyecciones demográficas para la región, se estima que la población en la región llegará
    alrededor de 600 millones de personas y el número de estudiantes en las IES a 20 millones
    (CEPAL, 2006). El gran desafió para la educación superior será cómo atender en forma adecuada
    el aumento en la demanda social por educación superior de acuerdo con las necesidades
    de conocimiento y servicios de la sociedad, garantizando la inclusión, equidad e igualdad de
    condiciones en las oportunidades de estudio y superando la tendencia de repitencia y abandono
    de los estudios, muchas veces, por condiciones socioeconómicas. De igual manera, deberá
    148
    presentar capitales culturales distintos con la flexibilidad para propiciar la transformación de
    las instituciones que hagan posible armonizar una oferta de oportunidades de estudios con
    orientación social, suficiente, eficiente y efectiva de alto nivel de “calidad”.
    Las políticas de inclusión y equidad en la educación superior deberán estar orientadas a
    promover la igualdad social de acceso a las oportunidades educativas, la permanencia, el progreso,
    el rendimiento y que culminen con el egreso y la ubicación en el mundo del trabajo de
    servicio a la sociedad y la participación ciudadanía. Quienes puedan optar y estén preparados
    para los estudios del nivel superior lo harán en instituciones con la capacidad de atender sus
    necesidades e intereses académico-profesionales, político-sociales, culturales y de desarrollo
    personal, de acuerdo con los recursos disponibles, mérito, habilidades diferentes e igualdad
    de las diferencias (conocimiento, competencias y destrezas), actitud, compromiso, esfuerzo y
    perseverancia.
    Las estrategias de acceso de las instituciones deberán de establecer los niveles de preparación
    de los estudiantes para el ingreso de acuerdo con las necesidades de estudio de estos (capacidad
    cognitiva, diferencias culturales e intereses), como también la condición socioeconómica
    y expectativa de transformación en la institución. La permanencia y progreso de los estudiantes
    dependerá de la pertinencia de la oportunidad educativa en términos del rendimiento, progreso,
    egreso y ubicación en el trabajo en relación con las expectativas de la contribución que
    estos van hacer a la sociedad.
    La construcción del escenario alternativo de inclusión y equidad que se propone, consiste
    en dos etapas y en dos tiempos. En el primer tiempo de corto plazo, la primera etapa representa
    la transición entre los límites de la reforma del escenario tendencial de acceso y viabilidad
    de “igualdad de oportunidades” hacia la opción con viabilidad de oportunidades de estudio
    con “igualdad de condiciones basadas” en las “diferencias de habilidades y la igualdad de las
    diferencias”.
    Por lo anterior, los principios básicos de inclusión y equidad en el escenario alternativo son:
    la participación, el aprovechamiento y egreso en dos etapas. En la primera etapa se introduce
    la opción de acceso y viabilidad con relación al aprovechamiento y egreso de los estudios.
    La etapa de inclusión de opción de estudios como transición se concentra en la ampliación
    del acceso a oportunidades de estudio de interés para los estudiantes y mejorar la capacidad/
    habilidad de estos para el éxito académico en el corto plazo. La expectativa de participación
    es cumplir con las expectativas de rendimiento/desempeño académico del nivel superior a
    través de mejorar la preparación de la educación para la transición a las IES, i.e. el puente de
    la educación secundaria hacia el nivel superior. Los estudiantes más preparados tendrán mejores
    opciones de oportunidades de estudio que los que demuestran lo contrario, en particular
    por el cupo limitado existente en las IES de “calidad”, o de subsidios existentes basados en
    talento y mérito. Este primer tiempo (futuro inmediato de cambio) es necesario para mejorar
    la preparación académica del estudiante previo (transición) al ingreso del nivel superior. Una
    política de inclusión y estrategias de acceso efectivo para esta etapa, deberá responder a las
    interrogantes de:
    - ¿A quién y cuántos se va a incluir y cuáles son las expectativas de participación?
    - ¿Cuáles son las barreras y obstáculos que hay que superar en la transición de estudiantes
    hacia las IES?
    - ¿Hasta dónde podrá llegar la opción de acceso a diferentes instituciones y programas de
    149
    estudio?
    - ¿Cuál va a ser la relación entre acceso, participación, aprovechamiento y egreso, y cómo y
    con qué recursos se van a implantar las estrategias?
    Esta etapa de ampliación de acceso está basada en ampliar la oportunidad de estudio de
    acuerdo con el interés individual de cada estudiante ( se centraliza en la opción a escoger de
    acuerdo a la disponibilidad de cupo) de estudios y de avalúo individual continuo para mejorar
    las condiciones particulares de cada estudiantes y de apoyo en las IES para la formación y progreso
    del estudiante de acuerdo con sus intereses, trasfondo socioeconómico, en relación con
    la misión y metas de la institución o programa de estudio que seleccione.
    La segunda etapa, contempla comenzar la transformación de las IES comenzando los procesos
    en el corto plazo como punto de partida (segundo tiempo) en el Horizonte 2021. En esta
    segunda etapa se concentra en la transformación de las instituciones de educación superior de
    acuerdo con la nueva pertinencia que trae el aprendizaje a lo largo de la vida y la construcción
    de sociedades del conocimiento democráticas y sustentables para poder atender las metas de
    un desarrollo para todos. Las políticas de inclusión, equidad y las estrategias de acceso deberán
    responder a las interrogantes de:
    - ¿Cuál va a ser la estrategia de implantación de la inclusión por talento (“habilidades diferentes”
    e “igualdad de las diferencias”) necesidad y viabilidad de estudios?
    - ¿Cuáles son las transformaciones que hay que hacer en la IES de acuerdo a la nueva pertinencia
    de inclusión y equidad para construir sociedades de conocimiento inclusivas para
    propiciar el desarrollo endógeno sustentable de la región?
    - ¿Cuáles son los factores determinantes de necesidad, viabilidad y financiamiento de estos
    proyectos en el Horizonte 2021?
    Recapitulando, las estrategias de acceso, deben comenzar en la educación secundaria con
    programas de transición con la preparación para el estudio en el nivel superior de acuerdo
    con criterios académicos y con las condiciones para el éxito de los estudios de la educación del
    nivel superior (conocimiento sobre el conocimiento mismo), i.e. la inclusión y equidad de
    condiciones de acuerdo con las necesidades y condiciones de estudio, tomando en cuenta las
    diferencias entre los grupos que acceden, y entre las opciones de estudio (diferenciación) de las
    IES en términos de la viabilidad y efectividad de las políticas y estrategias de las instituciones
    de inclusión y equidad.
    El acceso a los estudios y los recursos financieros para estos, deberá basarse en los niveles
    de ingreso de los estudiantes con relación la viabilidad de “compartir los costos” de la educación
    superior (“cost-sharing”) que incluyen:
    - Becas, exenciones y créditos contributivos por niveles de ingreso.
    - Préstamos, trabajo, estudio, incentivos por permanencia, progreso y rendimiento académico
    - Repago de becas y préstamos por servicio a la sociedad en áreas geográficas y a grupos sociales
    rezagados en las sociedades.
    - Otros.
    En el primer tiempo (2009-2015), la primera etapa busca identificar los estudiantes con las
    150
    habilidades necesarias para optar y acceder a las IES, buscando viabilizar la transición de condiciones
    en relación con la preparación general del estudiante desfavorecido para la transición
    hacia el nivel de la educación superior. En la segunda etapa del escenario alternativo (2015-
    2021) de inclusión y acceso, se concentra en la transformación de las instituciones para poder
    ofrecer una oferta académica (currículo, recursos y apoyo) de inclusión y equidad para llegar
    a la universalización de la educación superior de inclusión, equidad y acceso a oportunidades
    educativas en el nivel superior “para todos” los que tienen “habilidades diferentes” basadas en
    la “igualdad de las diferencias” , la actitud, motivación y la preparación adecuada (capacidad)
    y perseverancia en cualquier etapa de la vida.
    9. Lineamientos para la acción / recomendaciones
    Para construir el escenario alternativo e implantar la propuesta de transformación de las
    IES, y para que las políticas de inclusión y equidad tengan gran impacto económico y social en
    la sociedad, con el propósito de contribuir a establecer las estrategias de acceso en la educación
    superior, los gobiernos y los directivos de las instituciones deberían de coincidir en la voluntad
    de hacer y de comenzar lineamientos de acción dirigidos hacia:
    - La formulación e implantación de políticas económicas y sociales para reducir la desigualdad
    económica y social adquirida que se reproduce a través de las instituciones de los
    servicios que presta el gobierno a la ciudadanía, los grupos excluidos y marginados.
    - La transformación de la instituciones hacia la universalización de la educación superior de
    acuerdo con los recursos disponibles y las prioridades de inclusión, equidad y oportunidad
    de opción al acceso por talento y mérito basado en las “diferentes habilidades e igualdad de
    las diferencias”, viabilidad de estudio para ingresar, permanecer y continuar estudios en los
    diferentes niveles de la educación superior, a lo largo de la vida.
    - Aumentar los fondos públicos para incentivar y propiciar la transformación de la educación
    general de transición hacia la del nivel superior, y para subsidiar las instituciones de
    educación superior (públicas y privadas) de acuerdo a la nueva pertinencia de inclusión y
    equidad de oportunidades de estudio orientadas a superar las “desigualdades diferenciadas”
    que puedan transformar y egresar estudiantes provenientes de grupos excluidos y de menor
    posibilidades de acceder, permanecer y avanzar en sus estudios.
    - Complementar la viabilidad del subsidio del Estado con la aportación que hacen los estudiantes
    para sufragar los costos compartidos del acceso y estudio en la IES a través de
    diferentes modalidades de financiamiento como becas, préstamos, estudio y trabajo; cupones
    de cuotas de admisión y incentivos de permanencia (“vouchers”), crédito e incentivo
    contributivo, repago del subsidio con trabajo, servicios a regiones, localidades o grupos
    que promuevan la reducción de la desigualdad, la inclusión y acceso a la educación de la
    ciudadanía, y a la educación superior.
    - Incentivar la investigación, creación y divulgación de conocimiento para promover la inclusión
    y equidad de oportunidades en la educación superior; la transformación de las
    instituciones, los métodos, la organización, la cultura académica, los procesos de formación
    y la evaluación de la gestión educativa de los docentes, estudiantes y servicios de apoyo en
    las instituciones, para elevar la eficiencia y efectividad de éstas en cuanto a “diferencia de
    151
    habilidades e igualdad de diferencias” en términos de condiciones de estudio de los estudiantes.
    - Incrementar los recursos para fortalecer y ampliar el alcance de los observatorios para desarrollar
    los bancos de datos, mapas regionales y tendencias de la educación superior en la
    región para complementar los esfuerzos de los gobiernos, las IES y los organismos regionales
    e internacionales.
    - Desarrollar y fortalecer las iniciativas de colaboración y redes para abordar la situación de
    las asimetrías geográficas y regionales en cuanto a oportunidades de estudio para los grupos
    en desventaja socioeconómica de género, raza, etnia, género, idioma, religión, entre otros.
    Las políticas de inclusión deberán poner énfasis en la creación de condiciones de vida y académicas
    necesarias para promover el acceso, la permanencia y el egreso de las IES para todos los que
    puedan hacer estudios en el nivel superior a lo largo de la vida a través de las diferentes modalidades
    de la provisión del servicio. Las estrategias de “opción y viabilidad” deberán promover la eficiencia y
    efectividad de las instituciones orientadas por el esfuerzo, compromiso, perseverancia, rendimiento,
    progreso y egreso de los estudiantes necesitados con incentivos, subsidios y préstamos por niveles
    de ingreso para compartir los costos de estudio con el estudiante, los patrocinadores (familia, entidades
    financieras locales, internacionales, y otros) o en relación con la probabilidad de capacidad de
    repago que tengan los estudiantes egresados en el futuro.
    10. Consideraciones finales
    La sociedad del aprendizaje a lo largo de la vida y del conocimiento será como queramos.
    Es preciso que nos sensibilicemos a la responsabilidad que implica la continuidad del escenario
    tendencial de exclusión, desigualdad y marginación de sectores de la población en los países de
    la región. Somos responsables de lo que presenciamos, de lo que creemos, de lo que hacemos
    posible, como también de lo que no hacemos. En la era del conocimiento, todos tenemos que
    tener acceso al conocimiento, a sus procesos de creación y divulgación para poder ampliar la
    base democrática y la participación de todos del bienestar que alcancen nuestros países. Todos
    tenemos que participar en la construcción del futuro para que las sociedades de conocimiento
    sean inclusivas con equidad, y el desarrollo sustentable llegue a ser una realidad en los países
    de la región de Latinoamérica y del Caribe.
    152
    BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS
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    Capítulo 5

    ESCENARIOS DE DIVERSIFICACIÓN,
    DIFERENCIACIÓN Y SEGMENTACIÓN DE
    LA EDUCACIÓN SUPERIOR
    EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
    Jorge Landinelli
    Colaboradores*:
    Antonio MacDowell de Figueiredo
    Marcela Mollis
    Sabine Manigat
    Daniel Mato
    * NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluídos en el CD-ROM Tendencias
    de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    157
    Introducción
    Atendiendo a la finalidad de proyectar más allá de los horizontes de corto plazo el análisis
    de los problemas que afectan a la educación superior en América Latina y el Caribe, este documento
    intenta proponer algunos lineamientos básicos para el análisis de los procesos de diversificación,
    diferenciación y segmentación de sus espacios sistémicos, poniendo una atención
    especial en lo que concierne a los organismos universitarios. La interrogante principal sería:
    ¿sirven los formatos institucionales vigentes en la educación superior para respaldar el diseño
    y la implementación de políticas de desarrollo sustentable, ligadas al bienestar colectivo, a la
    construcción de la ciudadanía democrática y a la configuración de una nueva arquitectura de
    la interculturalidad? En esa perspectiva, la argumentación se orienta a explorar una respuesta
    aproximativa y parte del reconocimiento de las singularidades que, como consecuencia de
    evoluciones históricas privativas, es posible advertir en el examen comparativo de las distintas
    realidades nacionales. Sin embargo, procurando evadir la consideración explícita de una
    sumatoria de dinámicas autoreferenciadas y la valoración de sus circunstancias concretas, el
    objetivo es esbozar una percepción de conjunto acerca de fenómenos sustanciales que superan
    la delimitación de lo coyuntural y pueden ser situados en el campo de estudio de las tendencias
    generales de larga duración.
    1. La estratificación de la educación superior
    La fisonomía de la educación superior en América Latina y el Caribe es en el presente muy
    diferente a la que denotaba hace apenas unas pocas décadas. Toda la evidencia enseña que en
    sus itinerarios más recientes las viejas estructuras universitarias se han visto perturbadas por
    procesos sociales complejos e insospechados que han obligado a replanteamientos estratégicos
    fundamentales. Una consecuencia saliente de esa circunstancia ha sido la emergencia de
    políticas sectoriales que han generado una marcada disparidad de los formatos institucionales
    que coexisten dificultosamente en los distintos sistemas nacionales, los cuales han pasado a
    caracterizarse por la concurrencia de estilos organizativos inconexos y recursos de legitimación
    disímiles que expresan divergentes finalidades de especialización social y funcional.
    Ese intrincado terreno educativo implica la actividad de entidades públicas y privadas,
    laicas y confesionales, autónomas y dependientes, nacionales y provinciales o municipales, de
    elites y de masas, de investigación y de pura capacitación profesional, de alcances disciplinarios
    extendidos o acotados, de financiamiento de origen estatal o particular, sin fines de lucro y
    comerciales, de gobierno político emanado de las comunidades académicas o de gerenciamiento
    empresarial. Así se ha consolidado de modo progresivo un cuadro matizado y de notable
    dispersión al que se ha agregado en los últimos tiempos la potente gravitación del suministro
    educativo transnacional, geográficamente localizado o a distancia, a través de distintos programas
    conducentes a titulaciones avanzadas.
    Procurando sistematizar las características de ese universo se han ensayado distintas
    158
    clasificaciones cualitativas orientadas a establecer la taxonomía de los prototipos institucionales.
    Por ejemplo, atendiendo a la amplitud de sus cometidos y sectores de trabajo
    se han distinguido las universidades complejas, por lo general entidades públicas que
    abarcan las funciones de enseñanza de grado y postgrado, la investigación y la extensión,
    cubriendo una cantidad importante de áreas del conocimiento esenciales, de otras modalidades
    organizativas limitadas o incompletas que implementan carreras de grado solamente
    en algunas disciplinas o cultivan el conocimiento y actividades docentes en una sola área
    especializada (Brunner, 1995). De hecho, el panorama regional muestra que las instituciones
    de educación superior difieren en multiplicidad de aspectos, tales como, las finalidades
    y circunstancias de su creación, su organización y propósitos manifiestos, su tamaño y
    modalidad de financiación, su adaptación al entorno territorial y su especial conexión con
    las necesidades del medio.
    Como corolario de dicha variedad de situaciones frágilmente estructuradas, la idea de universidad
    antes comúnmente aceptada en términos coincidentes y dotada de una connotación
    valorativa manifiesta, ha pasado a ser en el uso corriente una referencia conceptual imprecisa,
    de acepciones inconstantes y frecuentemente confusas. En ese sentido, puede afirmarse sin
    margen de error que en el pasado cercano lo novedoso en la hechura de los sistemas de educación
    superior ha sido la adopción de formas rigurosas de estratificación, es decir, discontinuidades
    significativas en su configuración orgánica, en el modo como los emplazamientos universitarios
    son jerarquizados y ordenados en posiciones de mérito superpuestas, en los atributos
    diferenciales de sus opciones académicas, en la definición de sus misiones sociales ligadas a la
    distribución del conocimiento y a la percepción de la trascendencia de los beneficios generales
    y particulares vinculados a su apropiación.
    Los sistemas estratificados suman procesos centrífugos de diversificación organizativa (heterogeneidad
    de los tipos de entidades de educación superior admitidos por los preceptos jurídicos
    nacionales), de diferenciación de las misiones institucionales (variabilidad de las orientaciones
    fundamentales, atributos y cualidades prohijadas por los organismos de educación
    superior) y de segmentación social (especialización de los alcances sociales explícitos de los
    emprendimientos educativos). Dichos fenómenos no son variaciones evolutivas o alteraciones
    regulares derivadas de las misiones estratégicas, de las prácticas académicas, de los preceptos
    éticos, de las nociones discursivas y simbólicas que cimentaron la matriz universitaria tradicional,
    sino acontecimientos originales, susceptibles de ser desagregados analíticamente y que en
    grado variable pueden ser verificados en el grueso de los países latinoamericanos y caribeños,
    demarcando en cada uno de ellos inciertos deslizamientos hacia nuevos modelos orgánicos
    conformados por subsistemas de magnitudes contrastantes, débilmente integrados, a veces en
    pugna y en general carentes de disposición a la sinergia.
    2. La expansión y parcelación de los sistemas
    De acuerdo con la información agregada disponible, desde principios de los años cincuenta
    del siglo pasado al presente, el número de alumnos en la educación superior pasó de algo más
    de 270 mil a una suma ya superior a los 10 millones, lo cual representa el tránsito de una tasa
    bruta de escolarización del 2,1% a la actual, estimada en un guarismo levemente superior al
    20,5% en la franja de personas entre 18 y 24 años de edad. En el mismo lapso la cantidad de
    159
    instituciones universitarias legalmente reconocidas se incrementó desde menos de un centenar
    a cerca de un millar, sobre un total de unos cuatro mil quinientos centros educativos de carácter
    terciario. Entre las entidades señaladas como propiamente universitarias unas seiscientas
    son privadas, las que cuentan con un número de estudiantes aproximado a los dos millones,
    mientras que las casi 400 públicas comprenden a unos cuatro millones (López Segrera, 2006,
    Fernández Lamarra, 2007).
    Tal crecimiento en el ámbito regional se ha explicado básicamente por la interacción
    de tres factores sociales y demográficos centrales: el importante aumento de la población
    escolarizada en las etapas formativas previas que desembocan en los ciclos universitarios
    u otras formas de capacitación postsecundaria; la acelerada feminización de la matrícula
    asociada a relevantes cambios culturales y mutaciones del mundo del trabajo; la necesidad
    de expandir la escolaridad hacia niveles avanzados para lograr las calificaciones que
    en el presente requieren las ocupaciones más satisfactorias y mejor recompensadas en los
    mercados laborales.
    En respuesta a las determinaciones de ese contexto, las saturadas estructuras educativas
    debieron ajustarse a una realidad pautada por la presencia de amplios contingentes de
    jóvenes interesados en obtener la certificación de conocimientos y destrezas profesionales
    para mejorar sus oportunidades de empleo y expectativas de movilidad social ascendente.
    La extensión sin precedentes de los sectores demandantes de educación superior, al promover
    una desbordante presión sobre los formatos universitarios más arraigados, no solo
    provocó su repentino ensanchamiento sino que fundamentó la activación de una dinámica
    de diversificación de los sistemas plasmada en la alteración de los regímenes legales
    o dispositivos reglamentarios de estructuración de las instituciones y en la precipitada
    propagación del número de establecimientos habilitados, particularmente mediante el desarrollo
    de los emprendimientos de gestión privada, por lo general en áreas educativas de
    bajo costo operativo. Paralelamente, como secuela del mismo fenómeno, se han abierto
    otras posibilidades postsecundarias de corta duración o de nivel terciario no universitario
    (institutos tecnológicos, de negocios y administración, escuelas politécnicas, centros de
    formación docente, etc.), capaces de atender requerimientos de formación vocacional y
    profesional en lugares de capacitación apartados de la oferta de carreras consolidadas que
    habitualmente se han asentado en los centros universitarios convencionales.
    Los procesos de multiplicación de las instituciones han suscitado también una mutación
    cualitativa condensada en la marcada diferenciación de los sistemas, los cuales
    pasaron a estar integrados por organismos que no participan de objetivos comunes y son
    cada vez más heterogéneos en la declaración de sus finalidades, con la consecuencia de
    la perdida del sentido tradicionalmente compartido por las universidades y el establecimiento
    de una pluralidad de alternativas de desigual orientación estratégica y prestigio.
    Muy frecuentemente las fragmentadas y asimétricas finalidades institucionales de los establecimientos
    de educación superior han pasado a estar validadas y jerarquizadas por la
    apelación a una nueva racionalidad conectada a la escala de los circuitos sociales en los que
    ellos se insertan, a los intereses particularistas en los que cumple un papel determinante
    el peso diferencial del posible destino ocupacional de las carreras y del capital relacional
    disponible por parte de los estudiantes o sus familias. Lo anterior puede ser examinado
    tomando en consideración el contraste que plantea la promoción en muchas instituciones
    160
    de un concepto de calidad que busca una refuncionalización pragmática de la educación
    superior y sus paradigmas organizativos, donde los problemas centrales no serían ya los
    de talante universalista vinculados a la democratización del acceso al conocimiento, la
    búsqueda de la excelencia académica y la pertinencia social, sino los de la exclusiva valoración
    utilitarista de los procesos educativos y de las titulaciones como instrumento para
    la persecución del éxito individual.
    Ligada a esas desagregaciones conceptuales es posible centrar la atención en otra de
    las dimensiones que pueden ser delimitadas: la segmentación de los sistemas ocasionada
    por la especialización de los diferentes alcances sociales y culturales de los organismos
    educativos. La población estudiantil actual, que engloba individuos de extracción social
    considerablemente desemejante, no es comparable a la que antes configuraba el más exiguo,
    elitista y uniforme alumnado universitario, proveniente de una parte reducida de la
    sociedad y de un entorno cultural homogéneo. La sustancial ampliación de la matrícula
    hacia grupos anteriormente relegados, ha llevado a que en su composición quepan sectores
    entre los que se constata un número gravitante de personas con capital cultural desventajoso,
    dificultades en sus biografías académicas y expectativas de futuro relativamente
    más inciertas. La mayoría son estudiantes de tiempo parcial, que deben repartir su jornada
    entre las exigencias curriculares y las del trabajo, encontrando en las universidades de
    más dilatada trayectoria el predominio de modelos educativos diseñados en otro momento
    para captar jóvenes de muy alta dedicación o de tiempo completo, por lo cual no cursan
    sus estudios en los lapsos previstos y viven dificultades de asimilación que determinan
    permanentemente el riesgo del fracaso, del rendimiento irregular o la deserción. En línea
    con esa situación, un factor dinámico del que se nutre la expansión de los sistemas ha
    sido la confección de propuestas institucionales de muy disímil importancia, reputación
    y calidad, ubicadas en una gradación de categorías relativamente superiores o inferiores,
    elaborada en correspondencia con la consideración de los hábitos y posibilidades de consumo
    educativo imputados a los alumnos provenientes de distintos segmentos sociales y
    culturales.
    Las tensiones en la organización de los sistemas, inducidas por esos cambios radicales
    conectados al crecimiento cuantitativo, no están condicionadas exclusivamente por el surgimiento
    de nuevos agentes privados y la proliferación de sedes y subsedes de instituciones.
    También los procesos de estratificación sistémica pueden ser observados en la creación
    de nuevas instituciones públicas de finalidades sociales focalizadas y en las experiencias
    de desarticulación o fractura al interior de muchas de las más solventes estructuras de las
    universidades tradicionales. En esos casos, conglomerados de profesores y alumnos conviven
    con fenómenos agudos de discriminación asociados a la más compleja multifuncionalidad
    que han adoptado los centros de estudio, dando lugar a desiguales apreciaciones
    valorativas de las distintas actividades académicas, al manejo simbólico privilegiado del
    rango de los campos profesionales consagrados por la costumbre y al reparto de prestigios
    y beneficios materiales fundado en juicios de naturaleza estamental y corporativa. Todo
    ello se traduce reiteradamente en arreglos institucionales desequilibrados y en la propensión
    a la compartimentación de la vida universitaria en una plétora de instancias internas
    escindidas, con escasas afinidades, distanciadas e incomunicadas, sin puentes abiertos a
    la movilidad entre ellas, lo cual deriva en la ausencia de un horizonte común armónico y
    estable para el conjunto de sus actores.
    161
    El sentido de los sistemas universitarios: la incongruencia estructural en el caso de Brasil
    Un conjunto de instituciones constituye un sistema cuando ellas están dispuestas como
    una estructura orgánica y operan articuladamente funciones orgánicamente concebidas que
    permiten o inducen comportamientos colectivos y globales (o sea sistémicos). Es por lo
    tanto oportuno preguntarse si en Brasil existe un sistema universitario o se tiene apenas un
    conjunto de instituciones, instancias o procedimientos agrupados a partir de definiciones
    y tipificaciones normativas comunes. Más radicalmente, corresponde preguntarse si cada
    universidad se constituye internamente como un sistema, o sea si realiza sistémicamente las
    que son sus finalidades.
    Esas preguntas se formulan para dilucidar dos aspectos: el primero concierne a la correspondencia
    entre el concepto constitutivo de universidad y lo que ellas de hecho son;
    el segundo concierne a los procesos decisorios de las políticas institucionales que reflejan
    o pueden inducir a la observancia de esta correspondencia. Como se sabe, el concepto
    convencional de universidad la define como una institución pluridisciplinaria de educación
    superior cuyas funciones básicas son la realización de actividades de formación de actores
    sociales participativos, en el sentido de la transmisión y aplicación de valores y conocimientos
    establecidos; de innovación y especialización, que concierne al avance de la frontera del
    conocimiento y de la realización artística; y de la extensión, que trata de la aplicación del
    saber y de las habilidades disponibles en la universidad a actividades externas de naturaleza
    social y cultural o de tipo científico- técnico. En ese contexto real, las diferencias entre las
    predisposiciones institucionales inherentes al desempeño de esos papeles crean tensiones y
    contradicciones no siempre compatibles.
    La asociación entre las actividades de formación y de investigación sería una de las dimensiones
    de la concepción humboldltiana de universidad. Por lo regular, en la mayoría de
    las universidades tal propuesta no es satisfactoriamente cumplida, sea porque es poco significativa
    la intensidad de la actividad de investigación, pues la mayoría de los profesores no se
    dedican a ella, sea porque esa actividad se concentra en núcleos relativamente aislados de la
    actividad de formación. En su gran mayoría esas universidades son sobre todo instituciones
    de enseñanza. Ellas son entonces, parte del aparato socio-cultural de consolidación acrítica
    de los valores y relaciones socioculturales vigentes.
    Más recientemente, lo que se observa es que el criterio de relevancia y pertinencia está
    inspirado por un cierto pragmatismo, prevalece la tendencia a enfatizar una formación concentrada
    en la transmisión, también acrítica, de habilidades consideradas prácticas y útiles
    en relación a lo que sería supuestamente lo necesario para un desempeño profesional. En las
    universidades mejor capacitadas o que tienen mayor interacción con instituciones de otros
    continentes, tal tendencia se justifica como respuesta a lo que se entiende es un requisito
    para la participación de los egresados en los procesos de globalización, más exactamente en
    los mercados laborales globalizados. En ese sentido, los componentes “escolares” de la formación
    de nivel superior son intrínseca y esencialmente conservadores. De modo que, si esta
    formación es la principal realización de una universidad, ella no puede ser genéricamente
    caracterizada como centro de innovación intelectual y de creación de conocimiento.
    Fuente: Antonio MacDowell (2007)
    162
    3. La naturaleza de las transformaciones recientes
    Más allá de las virtudes reconocibles y en múltiples sentidos vigentes en la trayectoria de un
    amplio repertorio de influyentes experiencias, es recurrente la aseveración de que las universidades
    más sólidas y de mayor valimiento, especialmente las públicas ubicadas en el epicentro
    de los sistemas, han operado durante más de un cuarto de siglo sobredeterminadas por una
    crisis múltiple generadora de interrogantes acerca de su eficiencia y predicamento. Aún admitiendo
    que se trata de organizaciones poco permeables, fuertemente resistentes al cambio, ellas
    se encuentran acuciadas por la necesidad de reformas destinadas a proveerlas de mayor adecuación
    a las renovadas demandas de las sociedades, a las peculiaridades regionales y locales, a las
    exigencias de los medios específicos con los que ellas se conectan.
    En el contexto de una época pautada por transformaciones económicas, sociales y culturales
    radicalmente novedosas, muy alejada de la que antes enmarcó a las instituciones de
    educación superior, lo que ahora orienta las formas en que ellas son interpeladas es la dilucidación
    genérica de sus finalidades, más que el mejoramiento de uno u otro aspecto aislado de su
    funcionamiento. La resolución de los problemas referidos al desgaste de las formas de gobierno
    y gestión, a la consolidación de financiamientos suficientes, al deterioro de la productividad
    académica, a la dificultad para dar cuenta en los planes de estudio de las mutaciones en las estructuras
    de las profesiones, a la relevancia de los conocimientos científicos, a la resignificación
    de la incumbencia cultural y el compromiso con la modernidad, entre otros muchos temas,
    han pautado una larga controversia. En ese ambiente propenso a los cambios, desde distintas
    perspectivas teóricas y en función de una gama muy matizada de intereses, el discurrir de la
    vida universitaria ha sido puesto en entredicho y sometido a un riguroso escrutinio.
    En la última fase del siglo pasado el grueso los países latinoamericanos y caribeños conocieron
    la hechura de un abanico de decisiones políticas y acciones de reforma de la educación
    superior coincidentes con la actitud liberalizadora de los gobiernos y la voluntad de minimizar
    sus participaciones en los terrenos sociales y económicos. Los argumentos esgrimidos para la
    desaprobación de los modelos prevalecientes de organización estatal de la institucionalidad
    universitaria, enfatizaron su disfuncionalidad en relación a las propuestas políticas dirigidas
    a la reducción del andamiaje operativo del Estado y al ajuste del gasto público; su hipertrofia
    burocrática y corporativa endémica, renuente a cualquier clase de contralor externo; su alto
    costo, transferido hacia la totalidad de los contribuyentes como una carga innecesaria; su volumen
    exorbitante, consecuencia de una deficiente capacidad selectiva enlazada a la conceptualización
    providente de la educación superior como un derecho sustancial u ordinario de las
    personas.
    Con esa visión crítica enlazada a la cosmovisión neoliberal, sustancialmente respaldada por el
    poderoso influjo del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras agencias multilaterales
    de crédito, se activaron una serie de mecanismos y cursos de acción gubernamentales
    destinados a hilvanar resultados e impactos que permitieran aminorar las presiones sobre el erario
    estatal y ubicar al sector público en un lugar acotado de la esfera educativa, para abrirla a la operación
    empresarial privada, a la elección del usuario y al discernimiento del mercado. Por esa vía,
    en múltiples experiencias nacionales la educación superior apuntó a transformarse en un bien de
    suministro comercial orientado preferentemente a satisfacer metas de realización individual. Los
    estudiantes pudieron entonces ser percibidos como consumidores, libres de seleccionar lo más con163
    veniente de la oferta educacional para maximizar su potencial competitivo en la sociedad, mientras
    que los proveedores privados estuvieron en condiciones de aprovechar la posibilidad de atender un
    prometedor espacio de demanda en el cual materializar utilidades provenientes de la movilización
    de recursos adicionales por parte de los usuarios y sus familiares.
    Asumiendo esos criterios, que implicaban la participación sin precedentes de las fuerzas
    privadas de la economía en la educación, la caducidad de los resguardos benefactores en otros
    momentos asegurados por la intervención estatal y la preeminencia de nuevos agentes de control
    social, se preconizó como un principio del catálogo de políticas públicas de reforma educativa
    la confección de un repertorio de formas potentes de conexión de la enseñanza superior
    con la lógica del mercado: arancelamiento de entidades públicas, desregulación de los sistemas,
    diversificación competitiva de los tipos de instituciones, incentivos a las iniciativas privadas
    orientadas a la venta de servicios educativos, apertura a los proveedores transnacionales, adaptación
    de los criterios de calidad educativa a la estimación mercantil de costo-beneficio. En
    muchos países se trató de instalar con políticas y pautas organizativas de esa clase un nuevo
    patrón fundado en el deterioro progresivo de los recintos universitarios públicos y en el crecimiento
    sustitutivo de los subsistemas privados.
    De ese modo se debilitó la idea de que la educación superior es una inversión pública necesaria
    para posibilitar el papel fundamental del saber como motor del crecimiento y del perfeccionamiento
    de las condiciones de existencia de las sociedades. La trascendencia del hecho
    es relevante cuando la principal concentración organizada de la ciencia, la tecnología y la labor
    intelectual en la región está ubicada en unas cuantas decenas de instituciones complejas de
    gran escala, esencialmente de carácter estatal, que enfrentando severas dificultades financieras,
    cubren las distintas áreas del conocimiento, cuentan con la más prestigiosa acumulación de
    carreras científicas y tecnológicas, son responsables del grueso de los programas académicos de
    postgrado y aportan más del 70% de la investigación que se lleva acabo en estos países (García
    Guadilla, 2002).
    La muy extendida experiencia internacional enseña que la disponibilidad creativa de conocimiento
    orientado a la resolución de problemas, la formación de profesionales competentes
    y cuadros científicos y técnicos, tiene efectos positivos directos sobre la productividad, el
    bienestar social, el ingreso, el empleo y la competitividad económica de los países (UNESCO,
    2006). Las medidas que habitualmente se utilizan para cuantificar el desarrollo de las naciones
    han pasado a admitir que el medio de producción más esencial es la destreza que hombres y
    mujeres adquieren por la vía de la educación, la experiencia y la capacitación.
    Sin embargo, aunque las circunstancias han variado de un país a otro, en el fondo de las
    perturbaciones que enfrentan las universidades latinoamericanas y caribeñas radica una paradoja.
    En el plano discursivo las autoridades gubernamentales subrayaron con insistencia la
    significación del conocimiento como pieza clave para procurar el rendimiento económico y
    la prosperidad colectiva. Sin embargo, muy frecuentemente, la evolución de las instituciones
    no fue identificada con el interés general sino con fines particulares excluyentes, por lo cual la
    mayoría de las políticas dispuestas para la educación superior estuvieron durante largo tiempo
    determinadas por la voluntad de disminuir las obligaciones del erario estatal y permitir que ella
    pasara gradualmente a integrarse a la esfera de la iniciativa y la gestión privada.
    El impacto de esa secuencia de modificaciones liberalizadoras de la provisión de educación
    superior, fue uno de los tantos factores que en el pasado reciente deprimió el compromiso de
    los gobiernos de garantizar no solamente la seguridad jurídica de los ciudadanos, sino también
    164
    ámbitos de vida protegidos para afirmar el mejoramiento de sus condiciones de existencia en
    una sociedad de desarrollo compartido. De tal manera, en esa perspectiva dominante, promotora
    de un ideal de sociedad impregnado de valores mercantiles, la amplitud de la misión universitaria
    dejó de hacer referencia al sentido y la significación pública de sus acciones, es decir a
    la trascendencia de sus contribuciones con respecto a las necesidades generales de la reproducción
    y el progreso de la sociedad. La consecuencia visible ha sido que, en relación a esos fines
    conciliables con el bien común, se ha acentuado el deterioro del prestigio de las universidades
    de la región y se han acrecentado de modo alarmante las dificultades de los sistemas locales de
    conocimiento para dar respuesta a las demandas más acuciantes de las sociedades.
    Consecuencias de la agenda de modernización de la educación superior en los años
    noventa: una referencia al caso de la Argentina
    Las reformas impulsadas por las agencias multilaterales en América Latina y otras regiones
    del planeta parten de diagnósticos globales, universales y homogéneos. Se caracterizan por
    un tipo de discurso economicista, ahistórico, negador de la pluralidad cultural, orientado a
    la privatización de las universidades públicas y al reconocimiento pragmático del mercado
    como única fuente de “innovación y calidad”.
    • Se han perjudicado las tradiciones académicas, ha habido un impacto negativo en el
    fomento y desarrollo del campo cultural y científico, en las artes, las letras, las ciencias
    sociales y las ciencias básicas fundamentales;
    • se ha diversificado la oferta institucional universitaria, aunque la oferta disciplinar reproduce
    en forma homogénea la oferta de carreras cortas y con salida al sector de servicios
    (administración, marketing, informática y ciencias de la comunicación), paralelamente
    se ha disminuido la oferta de las carreras que pertenecen al campo cultural y/o científico;
    • se ha desalentado, ya sea por falta de financiamiento o por falta de oferta, los posgrados
    en las áreas científicas básicas y aplicadas y han proliferado los posgrados con orientación
    profesionalizante;
    • se ha desprestigiado la universidad pública como institución formadora de la “clase dirigente
    nacional”, orientando las elites hacia algunas universidades privadas nuevas y hacia
    los posgrados en el extranjero (en los Estados Unidos fundamentalmente);
    • se ha diversificado la oferta de la educación superior no universitaria con una fuerte
    orientación privatista desde el punto de vista de la expansión institucional del sector y de
    la matrícula privada, sin impactar de modo significativo la histórica orientación a la formación
    docente que cumplía la educación superior no universitaria de gestión pública;
    • se ha diversificado la oferta de la educación superior en el área técnico-profesional con
    el predominio de carreras no necesariamente vinculadas con el sector productivo, como
    aspiraba la legislación que impulsó dicha diversificación;
    • la feminización de la educación universitaria y no universitaria es una tendencia notable
    desde el punto de vista social y económico, ya que las mujeres superan a los hombres en
    el ingreso y en el egreso, con excepción de las ciencias aplicadas.
    Fuente: Marcela Mollis (2007)
    165
    4. La nueva división internacional del trabajo académico
    El contexto mundial incide directamente sobre las formas asumidas por los procesos de
    estratificación de la educación superior en el continente. En la actualidad los países de América
    Latina y el Caribe enfrentan uno de los desafíos más difíciles entre los que han marcado
    su trayectoria histórica, el de las formas hegemónicas de la globalización, entendida como
    un nuevo orden mundial nutrido por la integración dinámica de la productividad del capital
    transnacional con el crecimiento acelerado y avasallante de las tecnologías de la información
    y la comunicación. Eclipsando los rasgos de la era industrial, la fuerza expansiva de la globalización
    no solo supera las barreras económicas nacionales, procurando poner en sintonía a los
    mercados de todo el planeta, sino que también trasciende las fronteras jurisdiccionales para
    reestructurar las más amplias expresiones de la vida social y cultural en cada uno de los países.
    Pero sus impactos han sido disímiles entre la variedad de zonas geográficas y al interior de
    las sociedades, acentuando desequilibrios y desmejorando las ya agobiantes condiciones de
    existencia de inmensos contingentes de la población mundial, desdibujando las identidades
    locales, removiendo profundamente las culturas, las costumbres e ideologías, incrementando la
    capacidad de dominio de las economías más prósperas que concentran la riqueza y las ventajas
    de la innovación (Tünnermann, 2004).
    Al influjo de la veloz consolidación de ese estadio de desarrollo, las actividades educativas
    han pasado a ser implementadas en sociedades cada vez más interdependientes y Estados
    nacionales con su fuerza normativa gradualmente disminuida. Es un hecho incontestable que
    el fenómeno de la globalización ha instalado una fuerte presión hacia la internacionalización
    subordinada de las universidades latinoamericanas y caribeñas, en un clima de ascendente
    mercantilización de la producción y uso del conocimiento. Esto se expresa en las condiciones
    dispares y las diferencias de oportunidades que plantea la nueva división internacional del trabajo
    en materia de educación superior e investigación, pautada por un conjunto importante de
    problemas que influyen en la profundización de asimetrías y rezagos de la región en relación
    a los países industrializados:
    • La creciente ampliación de la brecha mundial en la generación, posesión y administración
    del conocimiento, materializada en el desnivel de los recursos aplicables a la investigación
    y el desarrollo, en los privilegios de protección de derechos de propiedad intelectual, de
    reserva de descubrimientos y de usufructo de patentes.
    • La supremacía de principios y mecanismos de mercado como referencia para definir, condicionar
    y discriminar las prioridades de la formación de capacidades científicas y técnicas
    en áreas escogidas que estén relacionadas con las ventajas comparativas atribuidas desde el
    mundo desarrollado a las naciones más débiles o pobres.
    • La concentración de una relevante potencialidad decisoria sobre la orientación de las políticas
    académicas y científicas en organismos especializados de los países más avanzados, en
    las entidades multilaterales de crédito, agencias de financiamiento y otros actores supranacionales.
    • La potente promoción transnacional de modelos de legitimidad científica, distribución
    de reconocimientos académicos y beneficios materiales para instituciones y personas, muy
    frecuentemente distantes de los imperativos éticos, socialmente responsables, que deberían
    166
    ubicar a la ciencia latinoamericana y caribeña como una cuestión de control ciudadano o
    de dominio público.
    • La expansión del suministro transfronterizo de educación superior, como mercancía homogénea
    y deslocalizada que ha sido agregada a los sectores prioritarios de los acuerdos
    multilaterales para la liberalización del comercio de servicios en el marco normativo de
    la Organización Mundial de Comercio o se ha incorporado paulatinamente como bien
    transable en muchos de los tratados intergubernamentales sobre libre comercio suscriptos
    desde la región con países desarrollados.
    • El desenvolvimiento de políticas desequilibradas de cooperación, promotoras de modelos
    académicos de educación superior e investigación confeccionados en los países centrales
    y débilmente adaptados a los requerimientos y necesidades particulares de las sociedades
    localizadas en áreas geográficas dependientes.
    • El fomento en las zonas industrializadas de prácticas conducentes a la captura de profesionales
    y científicos altamente calificados provenientes de los países pobres o en transición,
    las que han generado una corriente migratoria de inteligencia que implica para ellos el
    debilitamiento de los recursos humanos necesarios para el logro de la prosperidad y la
    perdida de las inversiones económicas que demandó su formación.
    En una época en la que el desarrollo se basa en el saber y sus aplicaciones, el efecto de esa
    situación ha sido la profundización de la dependencia de los avances científicos y tecnológicos
    producidos en los países industrializados y la fragilidad de los conocimientos ajustados a las
    circunstancias diferenciales del subdesarrollo. Considerando que el mundo depende cada vez
    más del conocimiento, cuya complejidad crece día a día, se ha llegado a entender de modo
    restrictivo que la responsabilidad de los países de América Latina y el Caribe debe limitarse a
    formar grupos competentes y dúctiles, cuyo mérito apenas radicaría en contar con idoneidad
    suficiente para mantenerse al tanto de las investigaciones de vanguardia que se llevan a cabo
    en gabinetes y laboratorios de los países desarrollados y probar su adaptación a los usos locales
    (BM, 2001).
    Paralelamente, a partir de un razonamiento análogo, se ha entendido que las mejores expectativas
    sobre el destino de las entidades de educación superior de la región pueden concretarse
    formalizando acuerdos de asociación y ayuda con las grandes instituciones ubicadas en las zonas
    más aventajadas del planeta, estableciendo pautas para la actuación en consorcios que habiliten
    instancias de asimilación de los conocimientos generados y acumulados en esos ámbitos académicos
    vigorosos (UNESCO, 2005). Si los organismos educativos son capaces de crear superficies
    de contacto eficaces con los centros mundiales del conocimiento y cumplir con las exigencias de
    adaptación a los imperativos de los procesos globales, acoplándose a sus premisas de funcionalidad y
    sujeción, lograrían estar en condiciones adecuadas de aspirar a conectarse con el circulo privilegiado
    de los modelos evolucionados de las más prestigiosas universidades de rango mundial.
    Una consecuencia preocupante y no deseable de esos relacionamientos desiguales entre
    estructuras orgánicas no equiparables, es la ampliación de la brecha cognitiva a nivel mundial,
    como consecuencia de la transmisión acrítica del conocimiento y de sus modalidades de
    producción, con el riesgo de su escasa pertinencia o descontextualización ante realidades diferentes
    como las que muestran los países de menor grado de desarrollo. No obstante, no puede
    ponerse en duda que en la época actual el porvenir de la educación superior está estrechamente
    167
    vinculado a su propensión para interactuar en el plano internacional, integrando a la enseñanza,
    la investigación y el servicio a la comunidad una dimensión internacional e intercultural
    que sirva al mejoramiento de la calidad académica.
    El descuido de enlaces de ese tipo significaría para las universidades la insolvencia de sus
    posibilidades de movilizar las capacidades necesarias para influir en el desarrollo accediendo a
    imprescindibles reservas de conocimiento. En ese sentido, puede afirmarse que la problemática
    multidimensional que plantea el proceso de globalización a la educación superior y la caducidad
    de los viejos amparos de las fronteras nacionales, obliga a concebir fórmulas originales
    conducentes a la elaboración de una plataforma positiva para asumir los retos y oportunidades
    de la internacionalización de los sistemas.
    De acuerdo con esa dirección trascendental, un punto clave es la construcción de los dispositivos
    estratégicos de un nuevo escenario regional de convergencias que permitan configurar
    respuestas amplias y eficaces a los desafíos del contexto mundial. Ello significa que los ámbitos
    de la educación superior universitaria latinoamericana y caribeña ya no deberían ser concebidos
    como una sumatoria de organismos sociales insularizados, referidos a espacios territoriales
    excluyentes y a realidades puramente nacionales, sino como componentes de una constelación
    de entidades estructuradas en redes horizontales con aptitud para tejer vínculos y desenvolver
    acciones concertadas que permitan mejorar los términos de intercambio en el ambiente global
    y encausar la vocación para conjugar las fortalezas de cada una de las instituciones en beneficio
    de objetivos colectivos de superación académica.
    Desafíos a la cooperación regional: el caso de las alternativas para el Caribe universitario
    El Caribe es un lugar intercultural con una riqueza no despreciable que puede ser utilizada
    en beneficio de una regionalización con características de complementariedad y enriquecimiento
    mutuo, hasta convertirse en un espacio privilegiado de nexos intercontinentales.
    De hecho, una regionalización efectiva en el caso del Caribe supone la superación de dos factores
    histórico-geográficos: la insularidad y la diversidad de idiomas. La región se encuentra
    hoy en una encrucijada que, de ser enfrentada con creatividad, puede efectivamente colocarla
    como un puente y un punto de encuentro intra e intercontinental. Para ello la cultura y la
    geografía pueden convertirse en dos pilares aptos para ser movilizados con audacia.
    Aprovechar el multilingüismo y el multiculturalismo que lo sustenta es sin duda el pilar
    más evidente por su potencial. El Caribe habla seis idiomas, tres de ellos mayores (idiomas
    oficiales de las Naciones Unidas). En el mundo global las comunicaciones ocupan un lugar
    clave en todos los ordenes, desde el mercado hasta la investigación fundamental, pasando
    por todo el campo de las disciplinas del desarrollo. Unos profesionales beneficiarios de este
    bagaje adquirirían una gran versatilidad, privilegio para los intercambios con el resto del
    mundo. Sin hablar de toda la riqueza cultural producto de una historia de encuentros y de
    mestizajes que ha puesto al Caribe en el corazón de las relaciones intraeuropeas durante más
    de tres siglos. Hoy esos lazos que balcanizaron al Caribe políticamente pueden convertirse en
    una ventaja apreciable para unir mundos, intereses, mercados, pero también culturas y proyectos.
    Sistematizar el estudio de los tres idiomas internacionales, introducir el estudio de las
    diversas historias en el currículo de todas las universidades del área, propiciar la realización de
    experiencias y de intercambios regionales para los estudiantes, dando paso a posibilidades de
    colaboración sobre temas de absoluta prioridad como el turismo decente o la defensa de ecologías
    frágiles, son tan solo algunas de las ventajas que se podrían concretar con este giro.
    168
    El segundo pilar se deriva de la articulación privilegiada del Caribe con los principales
    centros del mundo de hoy. Al legado de la historia se han sumado las nuevas oportunidades
    de un planeta globalizado y vuelto a estratificar en base a nuevas jerarquías. Las colaboraciones
    regionales y subregionales fortalecen las bilaterales, cuando no las reemplazan. En esta
    perspectiva el Caribe, incrustado en Latinoamérica pero ubicado en un cruce de mundos
    puede proveer a toda la región con elementos para un diálogo y unas relaciones renovadas
    con Norteamérica tanto como con Europa. Fortalecer la identidad caribeña a todas las influencias
    para que se torne un interlocutor constituido frente a otros, aprovechar los vínculos
    históricos para elaborar dicha identidad (la francofonía como el Commonwealth son espacios
    que deben ser movilizados al máximo para el fortalecimiento de este proyecto) son tareas
    ambiciosas pero ineludibles.
    Reconfigurar el Caribe universitario sobre esos dos pilares de confluencia es el reto que
    convoca al conjunto de las entidades regionales de cooperación, como son la Conferencia de
    Rectores y Presidentes de Universidades del Caribe (CORPUCA), la Agencia Universitaria
    de la Francofonía (AUF) y la Organización Internacional de la Francofonía (OIF).
    Fuente: Sabine Manigat (2007)
    5. La lógica de los cambios
    La construcción de un sector de producción y transferencia de conocimientos relacionado
    con el crecimiento económico, el desenvolvimiento social y la constitución endógena de la
    modernidad, se ubica en el centro de todos los debates sobre el desarrollo. No obstante, el fomento
    de mecanismos de mercado como referencia para definir las prioridades de la actividad
    académica y científica en los ámbitos nacionales, las condiciones dispares en el dominio del
    saber y las diferencias de oportunidades que fundamentan la actual división internacional del
    trabajo en el terreno de la educación superior y la investigación, son factores que coadyuvan
    en la definición de desigualdades dramáticas y un aislamiento de grandes zonas geográficas del
    mundo que amenaza con ahondarse de forma exponencial (BM , 2001; UNESCO, 2005)
    En el caso de América Latina y el Caribe vivimos en sociedades crecientemente duales,
    en las que se han amplificado los contrastes entre el escaso número de individuos capaces de
    funcionar adecuadamente en relación al cambio de época y una inmensa mayoría cada vez
    más excluida, desconectada y distante de los avances civilizatorios, sin posibilidades de influir
    en el destino común, con el consiguiente riesgo para el devenir de la convivencia colectiva y
    la democracia (PNUD, 2004). El 10% más rico de los habitantes de la región se apropia de
    casi la mitad de todos los ingresos que se generan, un 48.6%; mientras que el 10% más pobre
    accede solamente al 1.6% (BM, 2007)). El 35.6% de los habitantes de la región vive bajo la
    línea de la pobreza, con un ingreso de dos dólares diarios. Ello significa que, si bien la pobreza
    ha disminuido en un 3.3% en 2006 en comparación con el año anterior y por primera vez
    desde 1990 ella afecta a menos de 200 millones de personas, en esa condición viven aún 194
    millones, de los cuales 71 millones son indigentes (CEPAL, 2007).
    Parece estar fuera de discusión el hecho de que la estabilidad macroeconómica perseguida,
    las políticas favorables a la apertura de los mercados, la reducción del tamaño de los Estados y
    169
    las privatizaciones en los sectores públicos de la producción y los servicios, han sido medidas
    incapaces de resolver los problemas sociales más agudos de los países. Por el contrario, cuando
    las formaciones económicas más prósperas establecen el prototipo de la sociedad del conocimiento,
    todas las evidencias muestran una realidad regional afectada por agudos síntomas de
    retraso y vulnerabilidad de las posibilidades de discernir y adelantar respuestas a los desafíos
    de este tiempo. En ello incide el insuficiente avance de las políticas educativas de la región, la
    limitada expansión de los sistemas científicos nacionales, la debilidad del progreso técnico y
    los múltiples elementos que, encausados por el fenómeno de la globalización convergen en la
    subordinación de los países y la creciente ampliación de la brecha mundial que los distancia de
    la competencia basada en los usos del conocimiento.
    La educación superior puede ser uno de los instrumentos principales para intentar revertir
    esa situación, moldear nuevas ideas y opciones que faciliten el desarrollo, en una etapa histórica
    en la que el valor agregado de la utilización del conocimiento incorporado a la producción y el
    trabajo es el factor determinante de la creación de riquezas y del mejoramiento social. Parece
    innegable que la cuestión perentoria es desenvolver las capacidades de la educación superior
    para satisfacer necesidades cruciales de las sociedades, preparando a las nuevas generaciones de
    profesionales, intelectuales, científicos y técnicos que deben actuar en un mundo supeditado
    a cambios capitales, procesados de modo incesante y con una rapidez inédita en la historia.
    En ese sentido, la pertinencia de las funciones que cumplen las instituciones universitarias es
    elemento vital para colocar la potencialidad del conocimiento y de la educación avanzada en la
    perspectiva de los derechos de la ciudadanía, como un asunto de interés público para que las
    sociedades puedan racionalizar sus opciones de futuro y aspirar a los beneficios del desarrollo.
    En el transcurso de los próximos años, en consonancia con las circunstancias de cada realidad
    nacional, las estructuras de los sistemas universitarios deberán cambiar para responder,
    mediante la democratización y socialización del conocimiento, al reto de contribuir a la construcción
    de alternativas de desarrollo compartido que permitan el mejoramiento de las condiciones
    de existencia de las sociedades:
    • Considerando el saber desde el prisma del bienestar colectivo, de los derechos y necesidades
    de las personas;
    • procurando que las estrategias de crecimiento económico estén al servicio del progreso
    social, promoviendo la innovación y la creatividad;
    • reduciendo el déficit de profesionales y técnicos preparados para actuar en la dinámica de
    los nuevos paradigmas productivos;
    • creando competencias para la conexión orgánica del conocimiento académico con las
    dimensiones del mundo de la producción y el trabajo;
    • asumiendo la aptitud humanista y la responsabilidad intelectual en conexión con la valoración
    de la igualdad, la tolerancia, la justicia, el respeto a la diversidad cultural, étnica y
    religiosa.
    En relación a esos fines sustantivos, en América Latina y el Caribe no parece razonable
    pensar en marcos rígidos o modelos homogéneos de organización de los sistemas de
    educación superior, en la medida que ellos están invariablemente sujetos a la especificidad
    de los condicionantes sociales, tradiciones, preferencias políticas y realidades culturales de
    cada país. Pero más allá de ese hecho notorio, lo esencial es que el cumplimiento de las
    170
    funciones universitarias, entendidas en toda su amplitud y complejidad, otorgue garantías
    suficientes de calidad y pertinencia para proporcionar la ciencia, la tecnología y los
    bienes culturales que exigen los tejidos productivos y sociales para evitar encontrarse a la
    deriva en un mundo cambiante.
    Líneas de acción prioritaria para la elaboración de la equidad: el caso de la educación
    superior intercultural.
    El conjunto de modalidades de educación superior usualmente designadas como interculturales
    (indígenas, para indígenas o para afrodescendientes) incrementará su importancia
    cuantitativa en los próximos años. Cabe prever que logren mayor reconocimiento por parte
    de los gobiernos nacionales, que su oferta educativa se diversifique, que puedan observarse
    mejoras en su calidad, aunque diferenciales y seguramente no totalmente satisfactorias, y que
    acrecienten el desarrollo de redes de colaboración.
    La probabilidad de que las tendencias antes mencionadas efectivamente se desarrollen
    responde a la combinación de varios factores, los principales de ellos son: a) escaso
    desarrollo de estas modalidades educativas respecto de la importancia cuantitativa de
    los grupos de población de referencia, es decir necesidades insatisfechas acumuladas y
    crecientes, no solo debido a la desatención de que han sido objeto, sino también por
    la expansión de los egresados de programas de educación bilingüe, en algunos casos
    de carácter intercultural; b) creciente organización y visibilidad de las propuestas y
    acciones de organizaciones indígenas y afrodescendientes, que crecientemente incluyen
    demandas de educación superior, tanto orientadas a su inserción en el mercado laboral
    como a la formación de intelectuales de los movimientos sociales asociados a estas organizaciones;
    c) creciente valoración por la diversidad cultural y la interculturalidad tanto
    en el plano internacional como en la región, expresada tanto en constituciones, leyes y
    normativas del sector educación, como en instrumentos internacionales.
    Adicionalmente, cabe prever que los actores que impulsan estas modalidades de educación
    superior continuarán solicitando a los gobiernos que: a) generen estadísticas sobre
    acceso, permanencia y graduación de indígenas y afrodescendientes, b) que establezcan programas
    de becas para estudiantes, plazas para profesores indígenas, fondos para investigación.
    También es previsible que continúen convocando a las universidades convencionales a
    reconocer y fortalecer la diversidad cultural y la interculturalidad como ejes transversales de
    sus planes de estudio y modalidades de la vida universitaria. Es de prever que este accionar
    poco a poco encontrará actitudes crecientemente favorables de parte de organismos gubernamentales
    de la región, bilaterales e internacionales, fundaciones privadas e instituciones de
    educación superior de la región y extraregionales.
    El grado de desarrollo efectivo de todas las tendencias antes mencionadas dependerá en
    buena medida de los avances que se logren en construir modalidades adecuadas de colaboración
    entre las organizaciones sociales de estos pueblos, instituciones de educación superior,
    agencias gubernamentales, fundaciones privadas y diversos sectores sociales de las sociedades
    nacionales interesados proactivamente en el mejoramiento de la calidad de vida que estas
    reformas implican.
    Fuente: Daniel Mato (2007)
    171
    6. Compromisos de futuro
    Durante los próximos años las posibilidades de desarrollo de América Latina y el Caribe
    estarán ligadas a la capacidad de los diferentes países para encontrar soluciones a por lo menos
    cinco desafíos fundamentales que requieren del concurso de los sistemas de educación superior:
    • Elaboración de democracias políticas completas y estables;
    • expansión de la ciudadanía en el marco de procesos sociales equitativos y cohesivos;
    • desenvolvimiento de sistemas productivos sustentables, responsables ante el medio ambiente,
    innovadores y competitivos en el contexto mundial;
    • consolidación a escala regional y subregional de acuerdos de integración amplios, solidarios
    y eficientes;
    • constitución endógena de la modernidad como expresión racional y sistémica de la más
    amplia gama de los derechos humanos y la multiculturalidad.
    En concordancia con todas esas dimensiones de la transición hacia el progreso, enfrentando
    las incertidumbres que generan las nuevas realidades a escala mundial, la reforma de las instituciones
    universitarias debe ser una pieza relevante, asumiendo que la sociedad del conocimiento
    es la sociedad de la enseñanza y el aprendizaje, de la amplificación de las posibilidades de
    acceso a la educación superior y de la validación de los conocimientos a través de las funciones
    de investigación, descubrimiento e innovación.
    Sin embargo, el panorama diversificado, diferenciado y segmentado de la educación superior
    latinoamericana y caribeña muestra, junto a aquellas universidades complejas que disponen
    de un reconocimiento significativo, un extenso mosaico institucional incoherente, de calidad
    despareja, regionalmente desequilibrado y de escasa cobertura, cuya reproducción inercial llevaría
    al estancamiento y la vulnerabilidad, a la prolongación de la crisis y a la consolidación de
    un escenario conservador en el que se acrecentarían de modo alarmante las dificultades de los
    sistemas locales de enseñanza y conocimiento para atender los retos que plantea el desarrollo.
    Es posible afirmar que la diversidad es el escenario real de los procesos educativos y que el
    crecimiento de los sistemas, la ampliación de las propuestas institucionales y la flexibilización
    de los métodos de enseñanza, son factores clave de democratización. Se trata de responder eficientemente
    a la múltiple demanda de formación y procurar los beneficios de la generalización
    de la educación superior de calidad, acercándola a los requerimientos de las distintas realidades
    regionales y acrecentando la incorporación de los grupos sociales, étnicos y culturales desfavorecidos
    y amenazados por la exclusión.
    Se necesita una educación sensible a las características de los estilos, ritmos y capacidades de
    los alumnos, lo cual impulsa a una organización compleja sensible al potencial de las particularidades.
    Pero alcanzar efectivamente esos objetivos obliga a superar las características amorfas
    y disfuncionales del paradigma de estratificación que ha prevalecido en el continente, donde
    enclaves educativos de calidad se desenvuelven con frecuencia en entornos donde predomina la
    apatía intelectual, la improductividad académica y una muy baja capacidad de innovación.
    Con precisión se ha observado recientemente (UNESCO, 2005) que la enseñanza superior
    se distingue de la primaria y secundaria no solo por la edad y nivel de sus alumnos, sino
    172
    también por sus vínculos consustanciales con las actividades de investigación dirigidas a la producción
    de nuevos conocimientos. Sin la posibilidad de desempeñar esa función, restringiendo
    sus metas a la transmisión rutinaria de destrezas probadas, a la certificación de estudios o a la
    producción de titulaciones en serie, las instituciones de educación superior quedan reducidas
    a la condición de centros de enseñanza terciaria, que son una mera prolongación de la docencia
    primaria y secundaria. “La confusión semántica entre enseñanza superior y enseñanza terciaria
    puede tener graves consecuencias en muchos países en desarrollo que, debido a una forma de
    división del trabajo internacional, corren el riesgo de limitarse a promover una enseñanza de
    tipo terciario en la creencia de que están promoviendo una enseñanza de tipo superior”. De ese
    modo se produce un descaecimiento de la idea de universidad y se consolida aún más el adelanto
    de los países industrializados en materia de investigación y del número de investigadores.
    7. Ejes de la renovación estructural de los sistemas
    No hay dudas de que los sistemas de educación superior atraviesan un momento histórico
    de modificaciones estructurales que requieren reflexión, diálogo y controversia sobre sus
    alcances y limitaciones. Un escenario tendencial diferente, que permita la resignificación de
    las instituciones, especialmente las universitarias, demanda la definición de líneas alternativas
    de acción y reformas explícitas que otorguen sentido a los cambios, en concordancia con los
    contextos propios de cada experiencia nacional. Pero ellas no deben ser entendidas como un
    simple agregado de novedades, sino como un entramado complejo que permita conjugar lo
    permanente con lo original, que contraste lo tradicional con lo innovador y que constituya,
    más que un incontrolado y caprichoso ejercicio de la imaginación, un trabajoso y paciente
    accionar de la voluntad renovadora sobre las formas concretas de la realidad.
    Las estructuras educativas inmutables no son funcionales a los requerimientos presentes y
    futuros de las sociedades de la región. Abordar en términos progresivos una imagen prospectiva
    de la educación superior en América Latina y el Caribe, implica resolver una extendida agenda
    de tareas estratégicas que permitan el tránsito racional y consecuente hacia un escenario que
    favorezca la eficacia social de los sistemas. En ese sentido, es incuestionable que la inflexión
    necesaria debe reivindicar la idea de que:
    ... si se carece de instituciones de educación superior e investigación adecuadas
    que formen una masa crítica de personas calificadas, ningún país podrá garantizar
    un autentico desarrollo endógeno y sostenible, los países en desarrollo y los
    países pobres no podrán acortar la distancia que los separa de los países desarrollados
    industrializados (UNESCO, 1998).
    Esa imprescindible pero postergada transformación de la educación superior demanda una
    nueva generación de políticas sectoriales que respalde una plataforma positiva de objetivos
    sensibles y articule una agenda de prioridades generales para cimentar la imprescindible articulación
    de los sistemas:
    • Satisfacer el incremento sostenido de la demanda social de educación superior, sin que ello
    desvirtúe sus cualidades y niveles de exigencia , ampliando las políticas de equidad para el
    ingreso e instrumentando mecanismos de apoyo a los alumnos que ayuden a su permanen173
    cia y buen desempeño en los sistemas.
    • Implementar nuevos modelos pedagógicos de masas que posibiliten conjurar los llamativos
    índices de bajo rendimiento, rezago o fracaso estudiantil y, en consecuencia, atender a las
    necesidades de contar con el mayor número posible de personas competentes destinadas a
    mejorar el soporte cultural, técnico y científico de los países de la región.
    • Atender al fomento de las idoneidades profesionales necesarias para un desempeño de la
    función de enseñanza que propicie el mejor rendimiento en la elaboración de los aprendizajes,
    formando profesores con conocimiento de las modalidades didácticas presenciales
    o virtuales asequibles a los estudiantes, con capacidad para trabajar en espacios educativos
    complejos donde actúan personas de disímiles procedencias sociales y circunstancias culturales.
    • Aquilatar en la dinámica de los sistemas la diversidad que encierran las identidades nacionales
    y sus expresiones colectivas, promoviendo enlaces con la modernidad, entendida
    como creencia en la razón y en el reconocimiento de la pluralidad de las categorías culturales
    como soporte de los derechos humanos y de la construcción de la ciudadanía
    • Superar los agudos fenómenos de discriminación sociales y étnicos, comprendiendo la
    gama de culturas nacionales y regionales en un contexto de pluralismo, capaz de posibilitar
    la acogida de los pueblos indígenas, de los afrodescendientes y de las minorías lingüísticas
    en una educación superior de calidad.
    • Eliminar las conductas selectivas derivadas de códigos de exclusión o relegamiento fundados
    en distinciones de género, emprendiendo particularmente medidas orientadas a incrementar
    la participación de las mujeres en los niveles de conducción académica y gobierno
    de las instituciones.
    • Establecer una arquitectura institucional de los sistemas nacionales cuyo centro de gravedad
    sean las universidades complejas, aquellas que disponen de la más reconocida acumulación
    intelectual, cumplen funciones de enseñanza de grado y postgrado, investigación
    y servicio a la comunidad en las principales vertientes del conocimiento, reuniendo de esa
    manera atributos para la convergencia en el ambiente académico internacional.
    • Reafirmar los principios constitutivos de la autonomía universitaria y la libertad académica,
    vitalizando los procedimientos democráticos de gobierno y gestión, particularmente
    en aquellas instituciones universitarias que han pasado a ser organizaciones de gran escala,
    distinguidas tanto por el engrosamiento de sus actores académicos y burocráticos como
    por la complejidad creciente de los procesos de elaboración de políticas y de toma de decisiones.
    • Desactivar las mentalidades individualistas o corporativistas que subordinan las finalidades
    generales de los establecimientos educativos superiores a los intereses particulares de enclaves
    de grupos autoreferenciados, disminuyendo el compromiso académico con el servicio
    público y obstaculizando el desenvolvimiento consistente de las responsabilidades de las
    instituciones.
    • Lograr una gradual transformación de los paradigmas académicos prevalecientes en la gran
    mayoría de los organismos que componen los sistemas, incrementando la disponibilidad
    de recursos científicos y propendiendo a la afirmación de una concepción de la vida universitaria
    guiada por el principio de pertinencia, con metas de alto nivel académico ajustadas
    a las exigencias del rigor ético, donde la asimilación, producción e irradiación del conoci
    174
    miento constituyan el factor dinámico preferencial de sus ámbitos de trabajo y de sus nexos
    con la sociedad.
    • Atender a las características de una etapa histórica donde el saber avanza y se reemplaza
    continuamente, determinando que las disciplinas autosostenidas y las especialidades excluyentes
    pierdan sentido, lo cual impone a los sistemas la necesidad de modificar los formatos
    organizativos fundados en el linaje de las titulaciones profesionales clásicas, reforzando o
    impulsando la promoción e institucionalización de nuevos campos plurales de naturaleza
    interdisciplinaria, ordenados en áreas del conocimiento.
    • Abandonar la oferta educativa centrada en el modelo estamental tradicional de profesiones
    fragmentadas en destrezas singulares, claramente compartimentadas, sustentadas en saberes
    privativos y pericias intransferibles, procurando resignificar los atributos de las profesiones
    universitarias, alentar nuevas competencias y renovar los vínculos de los sistemas con el
    mundo del trabajo.
    • Instrumentar planes de estudio versátiles, encaminados a capacitar a los individuos para recorrer
    itinerarios sostenidos de actualización o renovación de competencias, mediante la ampliación
    de los programas de posgrado y educación continua que faciliten los aprendizajes permanentes.
    • Articular relaciones e interacciones flexibles entre las esferas diversificadas de la educación
    superior, buscando amortiguar las diferencias marcadas de su peso relativo, fomentando
    finalidades académicas asociadas entre los componentes de los sistemas nacionales, tanto
    en el nivel universitario como en lo que corresponde a la coordinación con los emplazamientos
    de educación terciaria no universitaria.
    • Desarrollar una visión integral del servicio a la comunidad, activando políticas de extensión
    sustentadas en criterios de interacción, reciprocidad e intercambio con la sociedad,
    identificando problemas, atendiendo demandas y desenvolviendo acciones que jerarquicen
    la atención a los temas de la pobreza, la intolerancia, la violencia, el deterioro de las condiciones
    ambientales y las distintas formas de padecimiento social.
    • Superar los problemas de inequidad geográfica vinculados a los procesos históricos de excesiva
    concentración institucional de la educación superior, buscando reducir el efecto
    de la estratificación territorial, corrigiendo aquellas políticas de descentralización que,
    mediante la poco exigente habilitación de nuevos organismos o subsedes de los ya existentes,
    ofrecen formaciones de baja calidad en emplazamientos con recursos insuficientes y
    calificación académica deficitaria.
    • Contribuir al desenvolvimiento eficaz de las estructuras educativas nacionales desde los tramos
    iniciales de la escolaridad básica, contribuyendo a perfeccionar la formación de los cuerpos
    docentes, la especialización en las ciencias de la educación y la investigación educativa.
    • Promover la inserción de los sistemas en la racionalidad de la revolución digital y aprovechar
    de modo coherente con las exigencias del currículo la oportunidad que ofrece el
    dominio y la utilización masiva de las nuevas tecnologías electrónicas de la información
    y la comunicación, para facilitar las condiciones de aprendizaje y configurar alternativas
    complementarias a los formatos presenciales clásicos.
    • Establecer la opción de planes y programas de estudios con nuevos perfiles de las carreras,
    cuya aplicación sustentada en una aproximación comprensiva al fenómeno de la ampliación
    social del acceso, incorpore mayores componentes virtuales de aprendizaje electrónico
    175
    que influyan en el uso eficaz del tiempo disponible por parte de los alumnos trabajadores.
    • Asegurar un marco normativo adecuado para la movilización de financiamientos que posibiliten
    garantizar un funcionamiento acorde con las necesidades crecientes de los sistemas, especialmente
    de sus componentes institucionales públicos, apuntando a resolver la contradicción
    endémica entre las cada vez mayores responsabilidades sociales de la educación superior y el
    repliegue de la inversión de recursos presupuestales y subsidios estatales en su desarrollo
    • Revalorizar la dimensión internacional y regional de la actividad universitaria, jerarquizando
    el papel de la cooperación y de los programas de colaboración académica, interinstitucionales
    o intergubernamentales, renovando los enfoques conceptuales y los instrumentos
    operativos orientados al relacionamiento multilateral y a la proyección exterior de
    las comunidades académicas, mediante programas de articulación, convenios y consorcios
    sustentados solidariamente en principios de complementariedad y beneficio mutuo.
    • Promover la movilidad transfronteriza del personal académico y de los estudiantes, asegurando
    un entorno de medios y estímulos laborales que permitan retener el capital humano
    de los países, facilitando el retorno o la conexión permanente con los países de origen de
    quienes han sido formados en el extranjero, a través del respaldo material a modelos residenciales
    compartidos que permitan su circulación internacional.
    • Dinamizar el avance hacia un espacio latinoamericano y caribeño del conocimiento, mediante
    la confluencia de las redes académicas existentes o de posible creación en el continente
    y el desarrollo de programas horizontales de fortalecimiento científico y tecnológico,
    capaces de auspiciar la interacción en proyectos de trabajo comunes y la mejor utilización
    de los recursos disponibles, favoreciendo así los procesos de integración económica, política,
    cultural y educativa.
    • Impedir el debilitamiento de las capacidades académicas endógenas, cautelando el impacto
    de la globalización en los sistemas, promoviendo en los países nuevos enfoques e instrumentos
    legislativos competentes para el control de la expansión transnacional del comercio
    de educación superior y la regulación de su penetración indiscriminada, favorecida por la
    acrecentada movilidad del capital y la tecnología.
    8. La concertación de políticas de regulación pública y control ciudadano
    de la calidad educativa
    En cualquier especulación sobre un futuro escenario progresivo de la educación superior es
    importante identificar la presencia de ciertas tendencias estructurales, enraizadas en los cambios
    civilizatorios acaecidos en el siglo pasado, que se mantendrán en las próximas décadas
    como variables dinámicas de los sistemas:
    • La educación superior masiva se traducirá en mayores opciones al interior de los sistemas.
    Atendiendo a que, más allá de su importante crecimiento, todavía es muy exigua la
    cobertura social de las instituciones de la región, es previsible que en los próximos años
    sea mayor la heterogeneización de las hechuras organizacionales destinadas a satisfacer el
    crecimiento sostenido de la demanda agregada de educación superior, procurando nuevas
    formaciones de grado, carreras cortas y programas a distancia conciliables con el trabajo,
    176
    modalidades de educación continua, mayor oferta de especializaciones y titulaciones de
    posgrado.
    • La virtualización de los medios educativos tenderá a crecer aceleradamente. Admitiendo que
    ante el dominio de los nuevos instrumentos tecnológicos los ámbitos universitarios perderán
    definitivamente su centralidad como proveedores privilegiados o monopólicos de información,
    es posible pronosticar que su papel pasará a ser cada vez más esencial en la formación de personas
    dotadas de las habilidades para seleccionarla, ordenarla, jerarquizarla, transformarla en
    conocimiento y usarla de modo eficiente en todo el repertorio de competencias y pericias
    distintivas de los ejercicios profesionales más variados y cambiantes que seguramente requerirán
    las sociedades para ocupar puestos de importancia en los sectores públicos o privados.
    Para contemplar esas dinámicas, los sistemas de educación superior en América Latina y el
    Caribe muestran hoy una constelación de entidades atravesada por procesos de diversificación,
    diferenciación y segmentación por lo general carentes de la coherencia y solidaridad social que exige
    la expansión y democratización del acceso al conocimiento. Superar esa situación en un escenario
    de desarrollo alternativo no implica necesariamente postular un modelo organizacional y académico
    uniforme, de finalidades indiferenciadas para los sectores públicos o privados que integran los mismos
    espacios sistémicos con las particularidades inherentes a sus respectivas misiones.
    Buscando coadyuvar a la resolución de los problemas que pautarán el futuro inmediato de
    la educación superior en América Latina y el Caribe, parece imprescindible movilizar la fuerza
    democrática de la regulación pública y el contralor ciudadano para la implantación de orden,
    coherencia y eficiencia en los sistemas. No se trata de postular un retorno inviable a los modos
    tradicionales de concebir a las instituciones universitarias o de intentar reconstruir el imaginario
    social que les aportó legitimidad en otras condiciones históricas.
    El problema vigente es actualizar los enfoques conceptuales en correspondencia con el
    imperativo de transformar las circunstancias objetivas prevalecientes en la realidad, para implementar
    normas y condiciones dirigidas a animar la convergencia de experiencias y propósitos
    de cada uno de los emplazamientos educativos, estableciendo criterios armónicos de calidad
    y pertinencia sustentados en la conceptualización de la educación superior como un bien público
    esencial para disponer de un saber democrático, lograr un aprovechamiento competitivo
    del conocimiento, alcanzar las metas del desarrollo integral de las sociedades y contribuir a la
    plena construcción de la ciudadanía.
    En concordancia con esos propósitos amplios, justificados en la estimación de que la educación
    superior debe ser factor catalizador del progreso de los países, el mejoramiento constante
    de los mecanismos de evaluación y acreditación fundados en medios y recursos públicos dotados
    de amplia legitimidad, puede ser un instrumento clave para el diseño e implementación
    de políticas concertadas y proactivas, orientadas al logro de un cúmulo de beneficios ligados a
    las responsabilidades de los sistemas:
    • Consolidar o desarrollar políticas de evaluación que constituyan un acto de reflexión libre,
    objetivo y participativo, para ofrecer a las sociedades rigurosos cuadros valorativos sobre la
    condición real de las actividades universitarias y fundamentar las estrategias de cambio que
    las comunidades académicas vislumbren como necesarias;
    • mejorar sistemáticamente la calidad de la educación superior, entendida en un sentido
    amplio como eficiencia de los procesos educativos, pertinencia social de las actividades aca177
    démicas y búsqueda de la excelencia en el cumplimiento de las misiones institucionales;
    • promover procedimientos y procesos que permitan a las instituciones la administración
    confiable de sus desempeños, con la finalidad de asegurar el cumplimiento de los fines y
    objetivos que las fundamentan;
    • otorgar garantías públicas sobre la validez de las titulaciones, mediante la armonización de
    exigencias y el perfeccionamiento de los diseños curriculares correspondientes a las distintas
    carreras y especialidades académicas;
    • establecer pautas para la comparabilidad de la oferta educativa y el estímulo a la movilidad
    académica, en contextos nacionales e internacionales, donde la educación superior ha expandido
    su cobertura y diversificado sus formatos de prestación;
    • desfavorecer mediante la regulación pública los emprendimientos de naturaleza puramente
    comercial, carentes de las capacidades necesarias para supervisar y asegurar la calidad de
    sus prestaciones educativas.
    La resignificación de las universidades, institutos profesionales y centros de capacitación
    técnica, como servicios públicos de fuerte compromiso social depende de sus capacidades para
    procesar nuevos enfoques y reformas sustanciales que faciliten una imprescindible asistencia al
    desarrollo sostenible y equitativo. Esta preocupación, aunque intermitentemente fue recogida
    en impulsos retóricos de una multiplicidad de actores políticos, no formó parte de las prioridades
    prácticas de la mayoría de las agendas gubernamentales dominantes en los años noventa.
    No obstante, la amplia problemática que ella promueve para el devenir de las sociedades no
    puede ser resuelta exclusivamente desde la intransferible responsabilidad de las instituciones de
    educación superior y desde el amparo legítimo de sus estatutos autonómicos.
    Particularmente para las universidades, la verificación de soluciones duraderas capaces de
    sostener y explorar un escenario de futuro renovado, implica la construcción de más eficaces
    ambientes de diálogo de los cuerpos dirigentes y las comunidades académicas con los gobiernos,
    los sistemas políticos y las expresiones orgánicas de la sociedad civil, para disponer de
    una masa crítica de nuevas opiniones e ideas que hagan posibles las acciones concertadas y los
    consensos duraderos en torno al imprescindible esfuerzo de conjugar inteligencia, igualdad y
    ciudadanía.
    En última instancia son los Estados los responsables de promover, validar y defender los
    marcos jurídicos de referencia para el desenvolvimiento de la educación superior, asegurando
    entornos reguladores eficientes. En dicha perspectiva, es clara la importancia que puede asignarse
    a la reorganización de las políticas públicas como soporte de una esfera de mediación
    que sirva a un nuevo escenario de funcionamiento equilibrado de los sistemas, aunque los
    resultados concretos de las políticas educativas están muy distantes de ser la expresión racional
    y decisoria de las voluntades gubernamentales.
    No hay que creer que el objetivo de las imprescindibles políticas públicas pueda ser resolver
    los problemas desde la esfera estatal. Ellas pueden aportar medios y recursos legítimos,
    proponiendo una nueva representación de los problemas, pero los dilemas de los sistemas de
    educación superior solamente podrán ser resueltos con el concurso insustituible de los actores
    que ocupan los recintos institucionales, mediante la autocomprensión de la magnitud de
    sus responsabilidades sociales, la producción e implementación de estrategias renovadoras, la
    gestión constructiva de sus conflictos y la participación en los propósitos elaborados en las
    configuraciones autónomas de los espacios académicos y científicos.
    178
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    Yarzabal, L. (1999). Consenso para el cambio en la educación superior, IESALC / UNESCO, Caracas.

    Capítulo 6

    INTEGRACIÓN REGIONAL E
    INTERNACIONALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN
    SUPERIOR EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
    Xiomara Zarur Miranda
    Colaboradores*:
    Galo Burbano López
    Sylvie Didou Aupetit
    Rafael Guarga
    Lorna Parkins
    Gabriela Siufi
    * NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluidos en el CD-ROM Tendencias
    de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve

    181
    1. Principales elementos del contexto relacionados con las dinámicas de
    la internacionalización de la educación superior
    Si bien un equipo de trabajo analiza en profundidad el contexto en que se desenvuelve la
    educación superior, para este capítulo se toman algunos elementos que son referentes necesarios
    para la comprensión de los fenómenos de la internacionalización de la educación superior
    y dan sentido a los esfuerzos que se realizan por la convergencia, no sólo entre los países, sino
    también de sus sistemas educativos.
    En los últimos años, en forma creciente vienen ganando relevancia en la agenda de la educación
    superior los temas relacionados con la importancia del conocimiento, la calidad y la
    pertinencia, la responsabilidad social universitaria, la ética del conocimiento y la necesidad de
    nuevos paradigmas para comprender y asumir la complejidad de las problemáticas globales y
    locales en un contexto plagado de incertidumbres.
    Los retos de la globalización, los desarrollos de las tecnologías de la comunicación y la información,
    los avances sin precedentes en los campos de la ciencia y la tecnología, entre otros
    que, sumados a la realidad latinoamericana de creciente injusticia social, pobreza y desigualdad
    de oportunidades que replica también la educación superior, reclaman a las universidades otra
    forma de concebir y de utilizar la producción de conocimiento científico, así como repensar de
    manera urgente la formación de universitarios para asumir y superar sus realidades sociales.
    No obstante, en América Latina y el Caribe este enfoque tiene poco de nuevo y la educación
    superior siempre ha sido vista como actor estratégico para el desarrollo de los países de
    la región y como factor de movilidad social, aunque se debe reconocer que ahora se afrontan
    nuevas realidades y connotaciones diferentes de los procesos.
    Sólo para referenciar, se enuncian algunas variables que marcan nuevos retos a la educación
    superior:
    • Fuerte crecimiento de la demanda de educación, especialmente de la educación superior
    debido principalmente a la llamada economía del conocimiento. Tomando cifras de la
    OCDE (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo) se estima que hay
    casi 100 millones de estudiantes, de los cuales, más de 7 millones cursan estudios en un
    país distinto al de origen, y que en el 2003 el sector empleó 50 millones de personas y en
    él se invirtieron 41 mil millones de dólares.
    • Además de la ampliación de cobertura a través de los sistemas tradicionales de educación,
    las innovaciones tecnológicas de los últimos años en los campos de la informática y la comunicación
    que ha permitido el auge de la educación virtual que elimina muchas de las
    barreras físicas entre el educador y el estudiante.
    • También, algunos países han establecido o están estableciendo diferentes tipos de institucionalidad,
    tales como acuerdos de franquicia de programas de educación superior, redes
    de instituciones y de programas y diversidad de convenios. También, empresas de carácter
    nacional o multinacional ofrecen de manera directa educación no formal e inclusive educación
    formal titulada dando origen a sistemas con presencia de universidades estatales,
    universidades privadas nacionales y universidades privadas extranjeras.
    • Adicionalmente, se ha visto cómo instituciones públicas, que por tradición funcionan con re182
    cursos del Estado, buscan alternativas de financiación ante la reducción de los aportes públicos.
    A partir del establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995,
    los expertos destacan entre los avances logrados en materia comercial, los siguientes: la expansión
    del comercio internacional, la ampliación de un mayor número de sectores y temas
    en relación con este comercio multilateral y la adopción de reglas que crean condiciones más
    estables para las transacciones comerciales.
    No obstante, el comercio de productos agrícolas y otros productos primarios, que es la
    nota predominante en la región, no logra el mismo desarrollo y continúan presentes muchas
    restricciones y distorsiones.
    El comercio entre los países de América Latina y el Caribe favorece la diversificación de las
    exportaciones y el funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas. También son claras
    las modificaciones de las normas y la voluntad política hacia la integración entre las naciones
    del continente, como también, el surgimiento de organismos que la promueven, en especial, la
    conformación de bloques subregionales, como el MERCOSUR, la CAN, y otras iniciativas.
    Sin embargo, ante los retos de lograr una inserción internacional competitiva, puede afirmarse
    que tales procesos de integración han resultado relativamente insuficientes para los fines
    que se persiguen.
    En materia de comercio internacional, durante la primera mitad de los años noventa el
    comercio entre los países latinoamericanos se liberalizó a partir de los acuerdos alcanzados en
    el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). En la segunda mitad de la
    década de los 90, van ganando importancia los acuerdos comerciales con terceros países, como:
    Canadá, Estados Unidos, Japón, la Unión Europea, China y otros países asiáticos; en materia
    educativa, Australia emerge como un aliado importante para varios países de la región. Todos
    estos acuerdos muestran el claro interés y orientación de la política comercial de América Latina
    y el Caribe, lo que representa un gran desafío para los procesos de integración en la medida
    que no se evidencia en la práctica, el carácter de socios principales entre países de la región.
    Al respecto señala la CEPAL:
    En disciplinas no comerciales pero relacionadas con el comercio (servicios, inversiones,
    compras gubernamentales, propiedad intelectual), la cobertura de los
    acuerdos intrarregionales es definitivamente deficitaria en comparación con los
    acuerdos extrarregionales.
    …Se ha producido una asimetría muy marcada entre los acuerdos bilaterales
    y plurilaterales dentro de la región y los suscritos con países externos a ella,
    especialmente con algunos del hemisferio norte. Los acuerdos extrarregionales
    suponen compromisos más exigentes, mecanismos más vinculantes y una mayor
    certidumbre jurídica que los suscritos a nivel subregional que, por lo tanto,
    aparecen como menos exigentes en lo que respecta a las disciplinas y normas
    comerciales y no comerciales.
    La integración regional es necesaria, conveniente y urgente. A las razones que históricamente
    se vienen argumentando para promoverla y que datan de hace muchas décadas, se agregan
    otras exigencias derivadas de la globalización, que han demostrado la necesidad de alianzas
    CEPAL. Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe 2005-2006 . Santiago de Chile, 2006, pág. 16
    183
    internacionales estratégicas para el desarrollo. Esta integración es posible y conveniente como
    una estrategia para superar las reconocidas diferencias en el tamaño y desarrollo tanto económico
    como social de los países de la región. Para avanzar hacia esta integración, es importante
    promover la convergencia en torno a los temas prioritarios de los países latinoamericanos en
    la perspectiva de mejorar el crecimiento y la competitividad, dando prioridad a la cooperación
    regional en un marco de solidaridad.
    La internacionalización de la educación es una realidad ante la cual las universidades han buscado
    diferentes estrategias y que ahora afrontan los retos derivados de los Tratados de Libre Comercio
    en el marco de los Acuerdos suscritos en la OMC que regula los intercambios comerciales entre las
    naciones, el comercio de bienes industriales, agrícolas, los derechos de propiedad intelectual. En las
    negociaciones del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios, la educación quedó incluida en los
    12 servicios negociables, lo que implica considerar la educación como bien de mercado, en tanto se
    le considera un gran negocio millonario, visión que se contrapone a la concepción de la educación
    como bien público y que sigue presente en el ideario de la mayoría de los actores relevantes. Esta
    nueva concepción, además de la tensión entre las concepciones de la educación como “mercancía” o
    como “bien público”, trae consigo el nuevo dilema de “negociación” o “cooperación” en las relaciones
    entre las instituciones educativas y entre los países.
    1.1 La educación en la lista del Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS) y
    regulado por la Organización Mundial de Comercio (OMC)
    La inclusión de los servicios en las negociaciones del comercio internacional, como se mencionó
    y que dio lugar al Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS) también referenciado
    como GATS por su sigla en inglés, incluyó como es conocido, la educación en este
    listado bajo el argumento que los gobiernos permiten a particulares su prestación, por lo que
    es aceptado su tratamiento como servicio comercial.
    En el AGCS los gobiernos se comprometieron a liberalizar progresivamente el comercio
    de servicios y 32 países han adquirido algún compromiso relacionado con educación postsecundaria,
    dos de ellos son latinoamericanos; los países que han presentado demandas sobre
    educación superior son: Suiza, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Japón.
    Con el fin de dimensionar las motivaciones del interés comercial por la educación, especialmente
    la educación superior, Guarga presenta las siguientes cifras:
    Los 12 servicios incluidos son: 1.- los prestados a las empresas (incluye: servicios profesionales, de informática y conexos, de investigación y
    desarrollo, inmobiliarios, de arrendamiento o alquiler sin operarios, y una larga lista de otros servicios); 2.- de comunicaciones (incluye
    servicios postales, correos, telecomunicaciones, audiovisuales y otros); 3.- de construcción y servicios de Ingeniería conexos (trabajos
    generales de construcción para la edificación, trabajos generales de construcción para Ingeniería civil, armado de construcciones prefabricadas
    y trabajos de instalación, trabajos de terminación de edificios, otros); 4.- de distribución (comprende: servicios de comisionistas,
    servicios comerciales al por mayor, servicios comerciales al por menor, servicios de franquicia, otros); 5.- de enseñanza (comprende los servicios
    de enseñanza primaria, servicios de enseñanza secundaria, servicios de enseñanza superior, servicios de enseñanza de adultos, otros
    servicios de enseñanza); 6.- servicios relacionados con el medio ambiente (son los servicios de alcantarillado, servicios de eliminación de
    desperdicios, servicios de saneamiento y servicios similares, otros); 7.- servicios financieros (todos los servicios de seguros y relacionados
    con los seguros, servicios bancarios y otros servicios financieros, otros); 8.- servicios sociales y de salud (servicios de hospital, otros servicios
    de salud humana, servicios sociales, otros); 9.- servicios de turismo y servicios relacionados con los viajes (hoteles y restaurantes,
    servicios de agencias de viajes y organización de viajes en grupo, servicios de guías de turismo, otros); 10.- servicios de esparcimiento,
    culturales y deportivos (servicios de espectáculos, servicios de agencias de noticias, servicios de bibliotecas, archivos, museos y otros
    servicios culturales, servicios deportivos y otros servicios de esparcimiento, otros); 11.- servicios de transporte (Servicios de transporte
    marítimo, transporte por vías navegables interiores, servicios de transporte aéreo, transporte por el espacio, transporte por ferrocarril,
    transporte por carretera, transporte por tuberías, servicios auxiliares en relación con todos los medios de transporte, otros servicios de
    transporte); 12.- otros servicios.
    184
    Puede hacerse una estimación primaria del mercado global del subsector de la educación
    considerando que hoy se tienen unos 100 millones de estudiantes de grado
    en el mundo y que para el 2020 se tendrán 125 millones. De ellos, hoy cursan en el
    ámbito privado el 31.5% (Member States Unesco Questionnaire) con porcentajes
    más altos en los países en desarrollo y más bajos en los países de Europa occidental.
    Tomando un costo anual mínimo por estudiante de 1000 US$ (en Europa occidental
    el costo es de 11,270 US$/est. año) se tendría hoy un mercado de no menos de
    31,500 millones de dólares americanos, en el ámbito privado y en el mundo.
    Los diferentes “modos” de prestación del servicio educativo presentan dinámicas de acelerado
    crecimiento, especialmente el suministro transfronterizo, gracias a los desarrollos de
    la informática y las tecnologías de información y comunicaciones. Los hasta hace pocos años
    llamados “nuevos proveedores” hoy tienen más presencia y es cada vez más numerosa y variada
    la oferta y el tipo de cursos. Igualmente, la adquisición de instituciones ya establecidas en los
    países, ratifican el interés de los capitales por invertir en el “negocio de la educación superior”,
    principalmente ante la expectativa de una creciente demanda en educación superior en la medida
    que se continúe dando mayor valor a la formación, por el papel que juega el conocimiento
    en los procesos productivos y en la competitividad, entre otros factores.
    Las negociaciones en el marco del AGCS siguen su curso y existe una fuerte presión de
    los países desarrollados por un pronto acuerdo. Sin embargo, frente al juego de intereses que
    son característicos en estos tipos de acuerdos, en las negociaciones bilaterales o multilaterales
    se tiene latente el riesgo de hacer concesiones en algunos sectores para obtener acceso en otros
    considerados de mayor interés y es claro el poco valor estratégico que los países de la región
    otorgan a la educación superior, a pesar de las declaraciones de su importancia.
    Es necesario resaltar que el sector no ha permanecido impasible ante esta visión de la educación
    superior y son numerosos los pronunciamientos, declaraciones, comunicados y muchas
    otras formas de expresión que han utilizado diferentes actores para divulgar su posición y sus
    argumentos sobre el tema, sin embargo, estas tesis no han tenido mayor acogida por parte de
    los negociadores y los gobiernos de la región.
    Sin pretender una relación exhaustiva de estas posiciones, se presentan algunos ejemplos
    aportados por Guarga y Siufi en sus respectivos trabajos y coinciden ambos autores en tomar
    como punto de partida la Conferencia Mundial de Educación Superior (CMES), convocada
    por la UNESCO y realizada en París en 1998. Algunos de estos son:
    - Los documentos resultantes de las deliberaciones en el marco de la CMES, tanto la “Declaración
    Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción” y en el
    “Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior”.
    - Declaración conjunta (septiembre del 2001) de la Association of Universities and Colleges
    of Canada (AUCC), en representación de 92 Universidades y Escuelas Universitarias,
    públicas y privadas, sin ánimo de lucro, de Canadá; la American Council on Education
    (ACE), en representación de 1.800 Universidades y Escuelas Universitarias acreditadas
    en Estados Unidos; la European University Association (EUA), en representación de 30
    Consejos Nacionales de Rectores y 537 Universidades individuales del continente europeo;
    el Council for Higher Education Accreditation (CHEA), en representación de 3.000
    Guarga, R. La educación superior y los acuerdos de la OMC. Parlatino, 24/10/06, Montevideo. pág. 2
    185
    Universidades y Escuelas Universitarias acreditadas, otorgantes de título, y 60 reconocidos
    acreditadores de instituciones y programas de Estados Unidos.
    - La “Carta de Porto Alegre” , acordada en el marco de la III Reunión Cumbre de Rectores
    de Universidades públicas ibero-americanas realizada en Porto Alegre en abril del 2002.
    - La Declaración de Bogotá del CXI Consejo Nacional de Rectores de la Asociación Colombiana
    de Universidades (ASCUN) en el 2004.
    - Los Ministros de Educación del MERCOSUR enfatizaron la definición de la educación,
    como un bien social y de responsabilidad pública, cuya internacionalización y cooperación
    internacional debe basarse en valores académicos y culturales.
    Este es entonces el escenario en el cual se debe trabajar la convergencia de la educación
    superior en la región para contribuir con los procesos de integración de América Latina y el
    Caribe como bloque, propósito en el cual se mantiene el interés de los distintos actores latinoamericanos
    y caribeños a pesar de las tensiones siempre presentes entre los países. Sobre el
    punto, escribió Gabriela Siufi:
    América Latina ingresa al siglo XXI en un punto de inflexión, donde la incertidumbre
    prima sobre la certidumbre, en un escenario donde el sistema mundial
    genera fuerzas contradictorias, tensiones, fricciones, dinámicas masificantes y
    fracturas de diferentes variables y dimensiones.
    Como región contamos con la proliferación de gobiernos democráticos con un
    buen entendimiento, que comparten la creencia de una imprescindible aproximación
    y un fortalecimiento entre las naciones latinoamericanas, pero aún no
    hemos podido comprobar acabadamente la aplicación de esta idea en políticas
    públicas coincidentes, orientadas solidariamente. Sabemos que algo se ha desarmado,
    que hemos dejado atrás modelos de otras décadas, pero aun no hay
    certeza de qué estamos construyendo, ni hacia donde.
    La educación superior de la región, a pesar de varios esfuerzos iniciados a lo largo de la
    historia de nuestros países, no ha alcanzado los desarrollos en convergencia obtenidos por otras
    regiones; no obstante, las experiencias de Centroamérica y de los países del MERCOSUR se
    constituyen en semillas a partir de las cuales se puede construir la integración de la educación
    superior del continente para aprovechar las fortalezas y superar la multiplicidad de debilidades,
    aún a pesar de la heterogeneidad de la educación superior de los países, de las problemáticas
    de cada uno de ellos. Sin duda que los procesos de internacionalización se constituyen en una
    valiosa estrategia para la integración y, tal vez, un motor para constituir un espacio regional
    de educación superior, de allí la importancia de las políticas públicas e institucionales para su
    promoción y aprovechamiento y el interés de organismos internacionales.
    Es por ello el auge creciente de los convenios para intercambio académico, para desarrollar
    programas conjuntos y/o de doble titulación, se organizan misiones al exterior en búsqueda
    de acuerdos de cooperación, alianzas con universidades extranjeras y con todo ello y otras acciones
    no incluidas en esta breve relación, se fortalece la internacionalización de la educación
    superior. Sin embargo, como en toda magna tarea, quedan temas por resolver como la con-
    Firmada como motivo de la III Cumbre Iberoamericana de Rectores de Universidades Públicas
    XXVI Reunión de Ministros de Educación de los Países del MERCOSUR, Bolivia y Chile Junio 2004, Buenos Aires, República Argetina
    Siufi, G. (2007).Cooperación internacional e internacionalización de la educación superior.
    Didou Aupetit, S, (2007).
    186
    fianza recíproca necesaria para estos acuerdos, las barreras burocráticas para la convalidación de
    títulos y el otorgamiento de visas, entre otros temas.
    2. Algunos referentes conceptuales para el abordaje del tema
    El término cooperación internacional ha sido entendido de diversas formas a través de la
    historia pero puede decirse que es la modalidad de relación entre países que persiguen un beneficio
    mutuo para alcanzar un desarrollo óptimo de sus ciudadanos, y a través de la cooperación
    se buscaba superar las dificultades que individualmente tiene cada nación para obtener estos
    beneficios. Este término, que en sus comienzos tuvo un carácter asistencial, sufrió transformaciones
    en las últimas décadas, y hoy se propone más como un acto de corresponsabilidad o
    de “asociados”.
    La cooperación internacional para el desarrollo cultiva los beneficios de la cooperación
    para resolver problemas específicos, fomentar el bienestar y fortalecer las capacidades nacionales.
    Es un instrumento que pretende establecer relaciones más justas entre los pueblos y situar a
    las personas en el centro de todos los esfuerzos, para que cada ser humano pueda desplegar todas
    sus potencialidades. Esta actividad trabaja sobre el acceso a la educación, a las condiciones
    de salud, la satisfacción de necesidades básicas y el incremento de la participación ciudadana;
    propicia un cambio de mentalidad y de actitud en nuestras sociedades dando paso al paradigma
    de cooperación solidaria. Por tanto, la divulgación, la educación para el desarrollo y la
    sensibilización son quehaceres centrales de la cooperación para el desarrollo, y es un escenario
    en el que las universidades han empezado a participar activamente en los últimos años, en
    colaboración con gobiernos locales, ONG e instituciones de la sociedad civil .
    Los anteriores planteamientos sobre cooperación, como puede verse, se contraponen a la
    globalización, que se define como el fenómeno que se extiende a expensas de la diversidad y
    autonomía de los estados nacionales, de la identidad de las culturas, y sobre todo de las necesidades
    humanas; con efectos económicos, sociales, geográficos y políticos; que innegablemente
    afectan a la educación. La globalización, al igual que la mundialización, conlleva la idea de un
    proceso de conformación de un único mundo a escala planetaria, donde la eficacia individual y
    la competencia del mercado son los motores del progreso y del desarrollo, dejando en el camino
    a los no competitivos. Ambos conceptos se guían por la búsqueda de intereses de beneficio
    financiero o político propios sin ninguna autocrítica sobre las actuales pautas económicas y de
    distribución de la riqueza en nuestras sociedades, reforzando las situaciones de desigualdad que
    excluyen y dejan sin oportunidades a la mayoría de las personas.
    La cooperación internacional universitaria como ámbito específico de la cooperación
    internacional, se refiere al conjunto de actividades realizadas entre instituciones universitarias
    que, a través de múltiples modalidades, implica una asociación y colaboración en temas de política
    y gestión institucional; la formación, la investigación, la extensión y la vinculación para
    el mutuo fortalecimiento y la proyección institucional; la mejora de la calidad de la docencia;
    el aumento y la transferencia del conocimiento científico tecnológico; y la contribución a la
    cooperación para el desarrollo .
    Aunque, se debe tener en cuenta que luego de la denominada Declaración de París sobre la eficacia de la Ayuda al Desarrollo (2005) parecería
    que la nueva tendencia mundial apunta a colocar nuevamente a los Estados como receptores principales de la ayuda internacional,
    disminuyendo la participación de otros actores.
    Sebastián, J. (2004). Cooperación e Internacionalización de las Universidades. Editorial Biblos.
    187
    La cooperación internacional universitaria permite una mayor interacción entre las instituciones
    y sus comunidades académicas, se aprovechan mejor las capacidades con que cuenta
    cada una logrando potenciar las fortalezas individuales, se establecen nuevas formas de integración
    y de articulación, al tiempo que se promueve el trabajo en redes.
    La internacionalización se concibe como una de las formas en que la educación superior
    reacciona a las posibilidades y desafíos de la globalización. Es tanto un objetivo como un proceso,
    que permite que las instituciones de educación superior logren una mayor presencia y
    visibilidad internacional que le permita aprovechar los beneficios que están presentes en el exterior10.
    Implica también, como señala Jane Knight: “el proceso de integración de la dimensión
    internacional, intercultural y global en las metas, funciones (enseñanza/aprendizaje, investigación
    y servicio) y en la entrega de educación superior”11.
    Beneitone resalta que la internacionalización de la educación superior comprende los procesos
    de movilidad tanto de investigadores, profesores, administrativos y estudiantes, que es
    por lo general el punto de partida para emprender el camino de la internacionalización, por
    tanto, la actividad que predomina en los procesos en la región. Incluye también la conformación
    de redes de relaciones y programas interpersonales, interdepartamentales, interfacultades,
    institucionales, tanto bilaterales como multilaterales, que contribuyen con los procesos de internacionalización.
    Adicionalmente, también comprende la internacionalización del currículo
    como una de las tareas más complejas de estos procesos, dadas las implicaciones institucionales
    que tiene. Advierte por tanto, que la Internacionalización:
    -Es una combinación de procesos cuyo efecto resulta en la mejora de la dimensión internacional
    de la experiencia educativa universitaria.
    -Es un proceso integrador y no un mero grupo de actividades aisladas.
    -Es un proceso conciente y que requiere de políticas claras para su desarrollo exitoso.12
    Y finalmente, la internacionalización solidaria puede entenderse como el conjunto de
    acciones cooperativas con instituciones de otros países para el mutuo beneficio; para ampliar
    las posibilidades de incrementar el conocimiento y el desarrollo en otras culturas; posibilidades
    de acuerdos para el establecimiento de programas conjuntos de intercambio y movilidad que
    incrementen el sentimiento de pertenencia a la región y enriquezcan la formación de los estudiantes,
    docentes e investigadores en el marco de la integración latinoamericana y caribeña.
    Lo anterior implica que la dimensión internacional que pretende incorporar la universidad
    a sus tareas misionales debe integrarse a los propósitos de desarrollo estratégico de las instituciones
    y de la sociedad latinoamericana y caribeña. De lo contrario, ingresar al mundo del
    intercambio internacional sin estar alineados con los propósitos institucionales y con las necesidades
    de la sociedad en una perspectiva de largo plazo, significa destinar recursos y esfuerzos
    personales que tendrán muy bajo impacto y la dimensión internacional será considerada como
    una tarea adicional y marginal, además de una carga financiera.
    Así, la internacionalización solidaria se convierte en una actividad horizontal que puede
    10 Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines (ANUIES). Cooperación, movilidad estudiantil e intercambio académico [en
    línea]. XIV Reunión Ordinaria. Universidad de Colima. 3 y 4 de diciembre de 1999. Disponible en: http://www.anuies.mx/principal/
    servicios/ publicaciones/documentos_estrategicos/coop/62.html
    11 Knight, J.; De Witt, H. (2005). Disponible en: http://www.unesco.org/iau/internationalization/i_definitions.html. En inglés la definición
    original y traducción libre al español.
    12 Beneitone, P. 2008. La internacionalización del currículum, una estrategia para la competitividad de la universidad.
    188
    influir en las políticas públicas y en las institucionales, en la formación docente, en la oferta
    educativa de pregrado, postgrado y la educación continua, en las actividades de proyección social,
    vinculación con la sociedad o extensión; y muy especialmente en el papel que desempeñan
    las universidades en la cooperación para el desarrollo.
    Con relación a los anteriores planteamientos, es necesario advertir que el acento de la
    internacionalización en nuestras universidades se orienta hacia la búsqueda de alianzas con
    universidades de los países desarrollados, especialmente en Estados Unidos, Unión Europea,
    Australia. También la movilidad de estudiantes y profesores muestra una marcada preferencia
    por estas universidades. Lo anterior no tiene que dejarse de lado y focalizarse exclusivamente
    a las relaciones con los países vecinos. Es tal vez la necesidad de lograr el justo equilibrio que
    permita traer al continente los desarrollos logrados por los países desarrollados, al tiempo que
    se establecen lazos de cooperación con los países latinoamericanos y caribeños.
    3. La situación de la cooperación internacional y la internacionalización en
    la educación superior de América Latina y el Caribe
    Las relaciones de los científicos y profesores de una universidad de la región con sus pares
    internacionales han sido históricamente importantes y siempre han tenido un fuerte impacto
    en el desarrollo de la actividad científica y académica. Sin embargo, la dimensión internacional
    en la educación superior adquiere ahora mayor relevancia con respecto al papel que se le daba
    en décadas anteriores, entre otras razones, por los cambios del mercado de trabajo que exigen
    habilidades y conocimientos diferentes como también un entendimiento más profundo de las
    lenguas, culturas y métodos comerciales de otras regiones del mundo.
    La cooperación hasta la década de los 60 y 70 entre los países se basaba en acuerdos de colaboración
    para el intercambio cultural. Posteriormente, los esquemas de ayuda internacional y
    “cooperación para el desarrollo” enfatizaron en algunas áreas de la ciencia y la tecnología, aunque
    las universidades no desempeñaron un papel muy activo en la definición del contenido de
    las acciones ni en su ejecución. El auge de la internacionalización de la educación superior empieza
    a ser visible hasta el final de los años 80 y en los 90 adquiere dinámicas casi vertiginosas.
    La internacionalización como objetivo permite que las universidades alcancen una mayor
    visibilidad internacional y aprovechen los beneficios que derivan de esta presencia mundial.
    Las transformaciones en las dinámicas económicas, sociales, culturales y políticas del contexto
    mundial y, por supuesto también de América Latina y el Caribe, como es natural y ya se
    ha expresado en este documento, tienen efectos en la educación superior de nuestros países.
    La cooperación internacional universitaria se viene enfocando hacia el fortalecimiento de la
    calidad y como una estrategia de apoyo para la creciente internacionalización de las actividades
    académicas, sin dejar de lado la preocupación por la pertinencia de las instituciones que, por
    lo general, se asocia de manera indisoluble con la concepción de calidad en América Latina y
    el Caribe. Así, la cooperación internacional, que tradicionalmente se le miró como una fuente
    de financiamiento externo pasa a ser considerada como un instrumento para la internacionalización
    de la educación superior y un sector objeto de políticas públicas e institucionales, sin
    que se tengan claramente definidas las prioridades regionales.
    La tendencia es entender, cada vez más, a la cooperación internacional y la internaciona189
    lización de la educación superior como un medio para el desarrollo institucional y como un
    modo de complementación de las capacidades de las universidades que permita la realización
    de actividades conjuntas y una integración con fines de mutuo beneficio. Y en tal sentido, el
    siguiente texto de Beneitone resume tal planteamiento:
    La internacionalización es la respuesta transformadora del mundo académico
    ante la globalización. La universidad observa críticamente la globalización, se
    apropia de sus aspectos positivos, recodificando los valores y tendencias que
    apartan el sistema mundial del desarrollo humano efectivo para todos. Trasciende
    el mercantilismo educativo y social, la competitividad dura, las relaciones
    internacionales, a favor de la construcción de la Sociedad del Conocimiento
    apoyada por una cooperación solidaria, horizontal, propiciando pertinencia, calidad,
    equidad y accesibilidad.13
    3.1 Los espacios de integración gubernamental y su importancia para la cooperación
    internacional
    Cada país se mueve en el contexto internacional con capacidades diferenciadas para aprovechar
    las oportunidades que ofrece la globalización y es clara la tendencia a hacerlo a través de
    bloques de naciones identificadas por intereses comunes; adicionalmente, cada país también
    tiene una relativa habilidad para insertarse en estos bloques de cooperación.
    Respecto de la cooperación internacional en materia de educación superior, la constitución
    del Espacio ALCUE (América Latina y el Caribe-Unión Europea,)14, creado en noviembre del
    2000 con la presencia de 48 Ministros de Educación que firmaron la Declaración de París, con
    el objetivo de llegar a constituir el mayor espacio universitario del mundo: el Espacio Común
    de Enseñanza Superior ALCUE. Si bien hasta el presente, la inclusión de los objetivos de este
    Espacio en las políticas públicas no se han sentido en la mayoría de los países de la región,
    tal vez exceptuando a los que integran el Comité de Seguimiento15, se debe reconocer su característica
    estratégica como tarima para la construcción de políticas de cooperación entre los
    bloques.
    Es necesario destacar que con motivo de este Espacio, se plasmaron dos proyectos que
    tuvieron alto impacto en términos de trabajo cooperativo de académicos y gestores de la educación
    superior, que arribaron a puntos de encuentro para el entendimiento y armonización
    de los sistemas. Los mismos fueron el Proyecto Alfa Tuning América Latina16 y el Proyecto
    6x417.
    Por otra parte, las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno deben
    13 Op. cit.
    14 Disponible en: http://www.alcue.net/uealc/portal/main/Home.do?lng=es
    15 Para llevar a cabo las estrategias señaladas en la Declaración de París se creó un Comité de Seguimiento integrado por Francia y España,
    por la Unión Europea, México y Brasil por América Latina y San Cristóbal y Nieves por el Caribe. En el año 2005, en la II Reunión de
    Ministros de Educación de ALCUE (México), se sumaron a este Comité: Colombia y Nicaragua, por América Latina, Polonia y Portugal
    por Europa y Jamaica por el Caribe.
    16 El Proyecto Alfa Tuning América Latina convocó a 19 países latinoamericanos, representados por académicos de 190 universidades en 12
    áreas del conocimiento. El propósito fue “afinar las estructuras educativas de América Latina”, principalmente en lo que refiere a la provisión
    de los títulos y de los conocimientos, habilidades y niveles de comprensión de los egresados, identificar e intercambiar información
    sobre competencias, mejorar la colaboración entre instituciones de educación superior para el mejoramiento de la calidad, efectividad
    y transparencia.
    17 En el Proyecto 6x4 participaron 52 universidades de 10 países europeos y latinoamericanos. Trabajó sobre seis profesiones en cuatro ejes
    con la finalidad de proponer condiciones operativas que propicien una mayor compatibilidad y convergencia de los sistemas de educación
    superior en América Latina y el Caribe y su comparación y acercamiento con los de la Unión Europea.
    190
    ser reconocidas como acontecimientos que promueven la integración y la cooperación, por el
    papel central que han jugado en la formulación de lineamientos de políticas y programas específicos
    para los países miembros, con un importante rol de organismos como la OEI. La pasada
    Cumbre realizada en Montevideo 2006, dio cuenta de la voluntad política de los gobiernos de
    avanzar hacia una cooperación iberoamericana más eficaz y profunda respecto de la educación
    superior, pero también de las dificultades para concretar en un corto tiempo estas iniciativas.
    En esta oportunidad, se acordó avanzar en la estructuración progresiva del Espacio Iberoamericano
    de Conocimiento (EIC) como ámbito para promover la cooperación solidaria,
    la mejora continua y el aseguramiento de la calidad y pertinencia de la educación superior, la
    investigación y la innovación como fundamento para el desarrollo sostenible y la conservación
    de la biodiversidad
    en la región. Potenciar los esfuerzos y acciones que nuestros gobiernos y
    redes de IES están desarrollando para la construcción de espacios multilaterales.
    Como primera medida, para la puesta en marcha del EIC, se impulsa un Programa Cumbre de
    Cooperación en materia de movilidad académica de estudiantes, que se sustente en criterios
    básicos
    de pertinencia, calidad y multilateralidad. La intención de los países latinoamericanos era que este
    programa se concentrará en estudiantes de grado, pero al parecer se destinará a los de posgrado.
    Respecto de la geopolítica y de la integración en América Latina, debemos destacar que
    todos los países, de un modo u otro, están insertos en Bloques subregionales que tienen entre
    sus objetivos la construcción de alternativas conjuntas respecto de los planos económicos, políticos,
    productivos, financieros, administrativos, ambientales y sociales.
    Entre los principales bloques subregionales podemos citar el TLCAN/NAFTA Canadá, Estados
    Unidos y México), el Mercado Común Centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador,
    Nicaragua, Costa Rica), la Comunidad Andina (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia), el Mercado
    Común del Sur (MERCOSUR), la Comunidad del Caribe (CARICOM), la Alternativa Bolivariana
    para América Latina y el Caribe -ALBA- (Nicaragua, Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela),
    la Unión de Naciones Sudamericanas, la Comunidad Iberoamericana de Naciones.
    Muchos Estados forman parte de más de un bloque y esto a veces trae conflictos ya que deben
    optar entre la pertenencia a uno u otro, pero sobre todo esta situación de multiplicidad de
    espacios produce un desgaste de energías que quita fuerzas al proyecto global de una completa
    integración latinoamericana.
    Además, algunos espacios como el MERCOSUR y el Convenio Andrés Bello (CAB), incluyen
    el aspecto educativo como componente esencial. Ambos procesos han impulsado la
    renovación de las agendas nacionales, la promoción de programas a escala regional y la reformulación
    de las prioridades en materia de integración educativa. Respecto del desarrollo de
    la movilidad y la acreditación para la cooperación internacional universitaria, el MEXA18 y el
    MARCA19 pueden citarse como experiencias significativas en el MERCOSUR Educativo.
    Todos estos espacios de integración regional cobran relevancia si se tiene en cuenta
    que en las negociaciones en el marco de la OMC, “el único caso en que está permitido
    apartarse del trato de nación más favorecida en el marco del AGCS es
    18 El objetivo del Mecanismo Experimental de Acreditación de carreras de Grado del MERCOSUR (MEXA) fue la validación de títulos de grado
    universitarios entre estos países, la cual tiene carácter únicamente académico, no confiriendo per se derecho de ejercicio profesional. La
    acreditación MERCOSUR fue voluntaria y sólo se aplicó a carreras que contaban con reconocimiento oficial en el país y que tenían
    egresados. A la fecha están acreditadas por el MEXA un total de 60 carreras en los seis países participantes: 19 de Agronomía, 29 de
    Ingeniería y 12 de Medicina.
    19 Con base en lo desarrollado respecto de la acreditación, se decidió comenzar por el Programa de Movilidad Académica Regional para los cursos
    acreditados por el Mecanismo Experimental de Acreditación de Carreras de Grado en el MERCOSUR (MARCA). El objetivo es fortalecer
    las carreras acreditadas, fomentar la cooperación interinstitucional, y cumplir con el objetivo central de integración regional.
    191
    el de los países que sean miembros de acuerdos comerciales regionales.” 20
    Si bien la labor realizada en cada uno de estos bloques deja enseñanzas y beneficios para
    los países miembros, aun subsisten dificultades para consolidar el proceso de integración en la
    mayoría de los mismos. En consecuencia, puede afirmarse que los desafíos pendientes para una
    verdadera cooperación entre los países pasa por:
    • la afiliación de una auténtica práctica de aprender a pensar en bloque, bregando para el
    beneficio cooperativo y solidario,
    • el impulso de mecanismos que atiendan la relación asimétrica entre los socios pequeños
    y los grandes. La diferencias respecto de la dimensión de los países y de sus sistemas de
    educación superior en América Latina y el Caribe debe ser un factor a tener en cuenta,
    • la resolución de diferentes tipos de trabas burocráticas (otorgamiento de visas, eliminación
    de tasas aduaneras, actualización de estatutos laborales otorgamiento de matrículas profesionales,
    reconocimiento de estudios, etc.),
    • y fundamentalmente el surgimiento de un auténtico sentimiento de ciudadanía latinoamericana
    y caribeña.
    3.2 Las agendas de cooperación internacional universitaria
    Existen marcos de acuerdo que han fijado planes de acción y propuestas de cooperación
    para los próximos años en América Latina:
    La Declaración Mundial Sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción
    y el Marco de Acción Prioritaria para el cambio y el desarrollo de la Educación Superior
    aprobado por casi la totalidad de los países del mundo. Y las actividades iniciadas por UNESCO,
    y especialmente en la región por IESALC, como resultado de esta Conferencia.
    El Espacio Común de Educación Superior ALCUE/UEALC, avalado por Cumbres de
    Jefes de Estado y Reuniones de Ministros de Educación, que con un horizonte a 2015 se plantea
    como estrategias de desarrollo: el conocimiento mutuo y la comparabilidad eficaz para el
    reconocimiento de estudios, títulos y competencias; la movilidad de estudiantes y profesores,
    el trabajo en redes de cooperación e intercambio entre instituciones para el avance científico,
    tecnológico y cultural; la garantía de calidad; la visibilidad del proceso de construcción del
    espacio y la definición de fuentes de financiamiento claras para el desarrollo de programas.
    Con una orientación similar la XVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno
    ha reafirmado el compromiso de “avanzar en la creación de un Espacio Iberoamericano
    del Conocimiento (EIC) conducente a la transformación de la educación superior y articulado
    en torno a la investigación, el desarrollo y la innovación.” Asimismo, en la última Conferencia
    Iberoamericana de Educación, realizada en Julio 2007 en Chile, se firmó la Declaración
    de Valparaíso, en la que los ministros reiteraran la importancia de continuar avanzando en la
    estructuración del EIC, dando seguimiento a la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB),
    la OEI y el Consejo Universitario Iberoamericano (CUIB), a lo establecido por la hoja de ruta
    diseñada por los altos responsables de educación superior de los países iberoamericanos, con
    especial atención a la materialización de un programa de movilidad académica y reformulación
    del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED).
    20 Secretaría de la OMC.(1999). Introducción al Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS).
    192
    Por otra parte y respecto del establecimiento de políticas estatales, los Programas de Cooperación
    Cultural y Educativa, constituyen acuerdos marco entre dos países que abarcan
    todas las áreas de la educación y la cultura, generados a partir de propuestas presentadas por
    los gobiernos, con el objeto de formalizar y fortalecer las acciones de cooperación bilateral21.
    En este entorno también se establece el reconocimiento de títulos y diplomas que hasta el nivel
    medio es prácticamente automático entre los países latinoamericanos.
    Por último, la multiplicidad de convenios interinstitucionales firmados en el marco de la
    autonomía de cada universidad latinoamericana, definen acciones y programas de cooperación
    que abarcan desde la participación en proyectos conjuntos, el intercambio de estudiantes, docentes
    e investigadores y el acuerdo de reconocimiento de materias o créditos.
    Como se desprende de lo descrito, una parte importante de las manifestaciones y propósitos
    fijados por los diferentes actores, se orientan en la misma dirección, en el sentido de
    vigorizar la cooperación internacional universitaria, así como en las modalidades en que debe
    ser realizado este acrecentamiento.
    No obstante, los diversos estudios sobre cooperación internacional e internacionalización
    de la educación superior en los países latinoamericanos, indican que las actividades, proyectos
    y programas no están insertos de forma acabada en políticas regulares y prácticas de implementación.
    Han existido mayores avances en términos declarativos que la realización de acciones
    concretas. A esta situación se agregan las serias dificultades para evaluar los resultados de los
    programas de cooperación en funcionamiento, debido a la falta de informes y estudios de
    impacto sobre estos procesos.
    3.3. Movilidad
    3.3.1. Reconocimiento de estudios y convalidación de títulos para la movilidad en
    América Latina y el Caribe (ALyC)
    Uno de los principales instrumentos que contribuye a promover la movilidad de las personas
    entre los países de ALyC y que ayudaría a una cooperación horizontal entre las naciones
    del continente es el reconocimiento de títulos y estudios. Este aspecto es vital para la internacionalización
    de la educación superior regional y una medida que contribuiría a la concreción
    del Espacio Latinoamericano de Educación Superior; además, podría también a hacer más
    atractivas las instituciones de la región entre los nacionales de cada país para un intercambio
    primero latinoamericano con relación a otras opciones que no pueden quedar del todo excluidas,
    pero que resultan finalmente más costosas que un intercambio entre los países de la
    región.
    21 Esos programas se realizan en el marco de los Convenios y Cooperación Educativa y se aprueban en el contexto de las reuniones de
    Comisión Mixta entre países que se celebran periódicamente. Las propuestas de programas educativos incluyen: el intercambio de docentes,
    alumnos e investigadores; el acceso a documentos y estructuras de los sistemas educativos de los países; las becas para estudiantes,
    docentes e investigadores para la realización de estudios de grado y postgrado en el otro país, difusión cultural, intercambios artísticos,
    ferias y festivales; entre muchos otros.
    193
    La convalidación de grados y títulos en América Latina
    En América Latina y el Caribe, el tema de la convalidación de diplomas ganó paulatinamente
    relevancia en los discursos políticos y académicos, conectado con los de movilidad,
    diversificación institucional y acreditación de la calidad. Su creciente visibilidad se debió tanto
    a las estrategias de organismos latinoamericanos e iberoamericanos de integración educativa
    como a los programas de internacionalización de la educación superior impulsados por las
    asociaciones y redes universitarias, nacionales o regionales y las acciones de las mismas universidades.
    Muchos organismos latinoamericanos o iberoamericanos de integración educativa insertaron el
    mejoramiento de los procesos de transferencia y convalidación de créditos y grados en sus prioridades
    de acción. Por ejemplo, la Declaración Final de la Segunda Reunión de Ministros de Educación
    del Espacio Común Unión Europea- América Latina y el Caribe, celebrada en la Ciudad de México
    los días 14 y 15 de abril de 2005, incluyó entre las estrategias de construcción de este espacio para
    2015, propuestas concernientes a la definición de títulos conjuntos, al uso de las acreditaciones para
    agilizar los procesos de reconocimiento y a la capitalización de experiencias referidas a la definición
    concertada de créditos comunes22. Por su parte, redes institucionales como la Red de Macrouniversidades
    de América Latina o la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo diseñaron
    programas de intercambio estudiantil que contemplaban el reconocimiento de periodos de estudio
    cursados afuera. Finalmente, asociaciones como el Consejo Nacional de Rectores en Colombia23
    opinaron que la falta de claridad en materia de reconocimiento de títulos y grados debía ser superada
    si se pretendía consolidar la circulación de estudiantes.
    Por ende, gran parte de la reflexión regional sobre la convalidación de créditos y de grados está
    vinculada con análisis de la movilidad estudiantil y de la circulación de competencias: según las
    fuentes, entre 130 y 146.000 estudiantes de América Latina y el Caribe están matriculados fuera24
    mientras la migración profesional asciende a 1.606.674 personas (Dumont y Lemaître, 2005). Es
    de suponer que ambos universos crecerán a mediano plazo, a raíz de las estrategias de atractividad
    de la mano de obra altamente calificada, impulsadas por países desarrollados que sufren un déficit
    de capacidades humanas en áreas estratégicas para su desarrollo, así como del creciente diferencial
    de sueldos y de condiciones de trabajo ofrecidos en la región y en los países desarrollados.
    Otro elemento que explica que esas cuestiones estén ganando relevancia es la instalación
    de proveedores transnacionales en la región, ocasionando situaciones inéditas en ámbitos que
    22 “7.4. Impulsar la comparabilidad de la educación superior, prioritariamente en las áreas temáticas donde ya existe un trabajo previo relacionado
    con titulaciones 7.5. Fomentar el establecimiento y el adecuado desarrollo de programas coordinados de movilidad de estudiantes,
    investigadores y profesores y personal técnico y de gestión, a través de becas y ayudas que impulsen esa movilidad en condiciones de
    equidad y de igualdad de oportunidades, y en el marco de acciones conjuntas que transciendan las relaciones bilaterales y que contemplen,
    en su caso, el reconocimiento de los estudios 7.6. Promover el establecimiento y la adecuada gestión de programas que fomenten
    la creación de mecanismos y redes de cooperación e intercambio entre instituciones de educación superior y sus cuerpos académicos, en
    particular el desarrollo de estudios y títulos conjuntos 7.7. Promover el uso compartido de las tecnologías de información y comunicación
    en los programas y acciones del Espacio Común 7.8. Impulsar la creación de mecanismos de evaluación y garantía de la calidad de la
    educación superior en los países donde no existan, basados en criterios comparables y en códigos de buenas prácticas 7.9. Promover el
    conocimiento mutuo de los sistemas nacionales de evaluación y acreditación de programas educativos e impulsar su reconocimiento entre
    los distintos países.” (UEALC, Declaración de México, abril 2005).
    23 Ver en Colombia, por ejemplo, el documento del Consejo Nacional de Rectores, Hacia una internacionalización de la universidad con
    sentido propio, publicado el 22 de octubre de 2003, pp 24 y ss.
    24 Los datos publicados recurrentemente por la UNESCO y la OCDE (en particular en las reportes anuales Education at a glance y en los
    anuarios estadísticos de la UNESCO) acerca de los estudiantes en situación de movilidad corroboran incrementos continuos en su número,
    en los últimos 15 años, incluso en América Latina y El Caribe. Así, la OCDE registra 146 000 estudiantes de la región inscritos
    en una institución ubicada en su zona y la UNESCO alrededor de 130 000 como móviles en el mundo. Disponible en: (http://stats.uis.
    unesco.org/unesco/TableViewer/tableView.aspx.) en 2003-2004” (Didou, 2007).
    194
    cubren desde la habilitación de las instituciones hasta la revalidación de los diplomas y títulos
    (Didou y Jokivirta, 2007; UNESCO, 200425). Si bien lo anterior no implica que esos tópicos
    tengan la misma centralidad en América Latina y el Caribe y en las instancias centrales de la
    UNESCO, la problemática está mencionada, cada vez con mayor frecuencia, en artículos y en
    libros que vierten sobre la internacionalización de la educación superior (Acosta de Valencia,
    2004; Pugliese y Siufi, 2005), la expansión de una oferta de títulos conjuntos y la integración
    de espacios educativos comunes, intra-regionales (en América Central, por ejemplo) o extraregionales
    (como ALCUE).
    En ese contexto, uno de los objetos que causa mayor preocupación en América Latina es el
    aseguramiento de la calidad de la formación, certificada vía un diploma y sujeta a convalidación.
    Esa inquietud es cuanto más profunda en la medida que no existe en la región ninguna
    red especializada, del tipo NARIC/ENIC o MERIC, que sirva para cimentar una confianza
    mutua con base en una información fidedigna sobre los contenidos de los planes y programas
    y el perfil de las calificaciones. Esto explica que, en la región, se suela considerar que las
    instancias más adecuadas para asegurar la credibilidad pública de los títulos son las agencias,
    nacionales o regionales, de acreditación.
    El Acuerdo Regional de Convalidación de Estudios, Títulos y Diplomas de
    Educación Superior en América Latina y el Caribe promovido por UNESCO
    La UNESCO, desde hace varias décadas, promovió los Convenios regionales de convalidación
    de Estudios, Títulos y Diplomas de educación superior. En América Latina y el Caribe,
    el Acuerdo fue firmado por 18 países el 19 de julio de 1974, en la Ciudad de México. De este
    número de países, 13 pertenecen a la región y otros cinco son de otras zonas geográficas.
    Los países de ALyC que lo suscribieron son: Panamá, México, Chile, Venezuela, Colombia,
    Cuba, El Salvador, Ecuador, Brasil, Surinam, Nicaragua, Perú y Bolivia. Además, entre los países
    firmantes se encuentran: Países Bajos, Santa Sede, Slovenia, República de Macedonia, Serbia y
    Montenegro. Argentina nunca adhirió este Convenio, en tanto que Brasil y Chile lo firmaron pero
    posteriormente lo denunciaron y se reduce así el número de países participantes a 11. Por tanto, este
    instrumento que podría aportar en forma importante para la integración y la internacionalización
    de la educación superior de la región, no alcanza amplia cobertura en los 33 países.
    Los propósitos de este Acuerdo son:
    • Permitir la mejor utilización de los medios de formación de la región,
    • asegurar la mayor movilidad de profesores, estudiantes, investigadores y profesionales dentro
    de la región
    • allanar las dificultades que encuentran al regreso en sus países de origen las personas que
    han recibido una formación en el exterior
    • favorecer la mayor y más eficaz utilización de los recursos humanos de la región con el fin
    de asegurar el pleno empleo y evitar la fuga de talentos atraídos por países altamente desa-
    25 El debate se centra en la cuestión de la garantía de la calidad y en la necesidad de proporcionar una protección al consumidor frente a
    proveedores o “fábricas de diplomas” poco fiables. El valor de los títulos o diplomas otorgados y su aceptación por el mercado de trabajo
    suscitan inquietudes adicionales en los estudiantes, los empleadores, el público en general y la propia comunidad docente. El principal
    problema de política sigue estribando en saber cómo pueden los proveedores con fines de lucro y los proveedores transfronterizos tradicionales
    de educación superior contribuir al programa de desarrollo de un país en desarrollo y no debilitarlo. (UNESCO, 2004:9).
    195
    rrollados. 26
    De esta manera, la UNESCO adelantó una iniciativa precursora de los actuales espacios
    universitarios y ofreció una importante plataforma para la movilidad de profesionales
    y de estudiantes. Suponía una armonización gradual de los sistemas educativos en la región
    al tiempo que se superaba el trámite de convenios bilaterales o de grupos pequeños
    de países para resolver la compleja situación de la convalidación de títulos y el reconocimiento
    de estudios parciales.
    No obstante, este Acuerdo no especificó los requisitos para la convalidación y tampoco
    discriminó entre el reconocimiento con fines académicos del licenciamiento para el ejercicio
    profesional, lo que al final se ha convertido en una traba para su aplicación. Sobre este último
    asunto, fue más preciso el Convenio Andrés Bello de integración educativa, científica, tecnológica
    y cultural, del cual forman parte: Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España,
    México, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, en una modificación adelantada en noviembre
    de1990, estableció en su artículo 5, que:
    Los Estados miembros reconocerán los diplomas, grados y títulos que acrediten
    estudios académicos y profesionales expedidos por instituciones de educación
    superior de cada uno de ellos, a los solos efectos de ingreso a estudios de postgrado
    (especialización, magíster y doctorado). Estos últimos no implican derecho al
    ejercicio profesional en el país donde se realicen.27.
    Para analizar la situación, la UNESCO ha promovido varias reuniones. En 1992, en una
    reunión conjunta, los cinco comités regionales y el Comité Intergubernamental para la convalidación
    de diplomas analizaron la pertinencia de aprobar un convenio universal sobre el
    reconocimiento de estudios y diplomas de educación superior. Ante la falta de consenso, se
    concluyó la continuación de los Acuerdos Regionales y se produjo un instrumento normativo
    de carácter menos vinculante: la Recomendación internacional sobre la Convalidación de los
    Estudios, Títulos y Diplomas de Enseñanza Superior, aprobada durante la 27° reunión de la
    Conferencia General de la UNESCO (noviembre de 1993) (UNESCO, 2004:25).
    Posteriormente, durante la 10ª Reunión Ordinaria del Comité Intergubernamental realizada
    en París, del 29 al 30 de septiembre de 1998, los países contratantes presentaron balances
    de las aplicaciones regionales del Convenio. En esa ocasión, el informe de América Latina y El
    Caribe presentó las barreras que se resumen a continuación:
    • La falta de información sobre los estándares y los procedimientos vigentes para reconocer
    los estudios y los títulos, derivados de las modificaciones de las legislaciones sobre acreditación
    de las carreras, en la década de los 90.
    • La diversidad de las normativas relativas a convalidación y la falta de criterios comunes para
    efectos académicos y para la autorización del ejercicio profesional.
    • La carencia de datos comparables, confiables y actualizados sobre dispositivos de convalidación.
    • La ausencia de tablas de equivalencias para sustentar una equiparación de títulos y créditos,
    basada en normas y criterios.
    26 Disponible en: (http:// portal.unesco.org/es/...&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html)
    27 Disponible en: http://www.convenioandresbello.org
    196
    • La creciente diversificación de las instituciones en la región, la cual dificultaba considerablemente
    la comparabilidad y legibilidad de los títulos.
    • La falta de mecanismos confiables de acreditación en algunos países.
    Como problemas de funcionamiento de la estructura a cargo de la implementación del
    Acuerdo, subrayaron:
    • La escasa participación de las instituciones de educación superior en el Comité.
    • La inexistencia de mecanismos de coordinación entre el Comité, las IES y las autoridades
    gubernamentales.
    Por su parte, algunos de los delegados de los países28 consideraron como obstáculos relevantes:
    • La insuficiente divulgación del Acuerdo, de su normatividad y condiciones de cumplimiento.
    • La escasez de recursos económicos, técnicos y administrativos para operarlo.
    • La no reciprocidad en el reconocimiento de títulos entre países de la región y países industrializados
    y más precisamente, el trato desigual otorgado a los profesionales así como la
    tendencia a reconocer el valor académico del título más que su valor profesional.
    • El bajo volumen de información mutua sobre ejercicio profesional, colegiación profesional,
    acreditación y sistemas educativos.
    Ante ese panorama, el Comité Intergubernamental formuló una serie de acciones tendientes
    a mejorar la operación del Acuerdo Regional:
    • Intensificar el intercambio de información: propuso generalizar el cuestionario elaborado
    por México para recolectar datos estandarizados, crear una red de centros nacionales de
    reconocimiento, de acreditación y de evaluación, para compartir y diseminar experiencias,
    diseñar páginas web de los centros nacionales de reconocimiento y del Comité con el fin de
    comunicar indicadores actualizados, recopilar información sobre los estándares aplicados
    en cada país para regular el otorgamiento de grados académicos y las prácticas profesionales
    en la educación a distancia. Sugirió asimismo encargar al IESALC la coordinación de
    una base regional de datos sobre aspectos legales e información estadística relacionada con
    los procesos de reconocimiento para efectos académicos y profesionales.
    • Generalizar los sistemas de evaluación y de acreditación: indicó que era necesario fortalecerlos
    e incorporar sus insumos en los procesos de reconocimiento. Responsabilizó
    al IESALC de la producción de estudios comparativos sobre experiencias de evaluación
    y de acreditación para identificar similitudes y diferencias así como un estudio
    de factibilidad acerca de la preparación de tablas de equivalencias. Sugirió realizar por
    medio del Secretariado un estudio comparativo sobre estándares existentes y prácticas
    relacionadas con el reconocimiento para efectos académicos. Responsabilizó finalmente
    a las delegaciones que acudieron a la Reunión convocada por la UNESCO en 1998
    de la difusión de los acuerdos.
    • Estandarizar la terminología: con base en la edición de un glosario por parte del Secretariado,
    para su distribución a las instancias encargadas del reconocimiento, pretendió
    28 Además de un informe de la Secretaría, los siguientes países presentaron informes: Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú, Surinam,
    Venezuela, Argentina, Costa Rica. Participaron además observadores de Chile, Jamaica, Las Bahamas, República Dominicana y representantes
    de asociaciones universitarias: Organización Universitaria Interamericana y Asociación de Universidades Grupo Montevideo,
    más IESALC . Disponible en: (http://www.iesalc.unesco.org.ve/sid/Listapart(1).pdf )
    197
    fomentar el uso de un léxico de amplia aceptación.
    • Producir un estudio comparativo sobre diferencias de régimen y de tratamiento en cuanto
    a habilitación oficial de instituciones, planes y programas de estudio, grados, certificados
    y diplomas, bajo la coordinación del Secretariado y con la colaboración de los organismos
    nacionales responsables.
    • Adoptar medidas que permitan hacer transparentes las estructuras curriculares y los contenidos:
    invitó a promover la adopción por el Comité del Suplemento al diploma, presentado
    por la UNESCO en 1994 y auspiciar su aplicación por las IES de la región.
    • Incrementar las acciones conjuntas con las Cátedras UNESCO y la Red UNITWIN para
    llevar a cabo iniciativas en materia de educación superior.
    • Fomentar que los países que no hayan suscrito la Convención de la Haya29 lo hagan para
    agilizar sus procedimientos legales en materia de reconocimiento de estudios.
    Casi diez años después de estas recomendaciones, la situación es la siguiente:
    - En relación a la generación y acopio de información comparada sobre la acreditación y
    los sistemas de convalidación, el IESALC coordinó la producción de reportes nacionales
    y, en su caso, regionales sobre la acreditación por una parte30 y los requisitos de homologación
    de títulos, por la otra31. En cambio, el diseño y alimentación de una base de datos
    estadísticos cuya responsabilidad le había sido asignada es una tarea por cumplir. También
    quedan pendiente: la integración de un estudio comparativo sobre diferencias de régimen
    y de tratamiento en materia de habilitación oficial, encomendado al Secretariado, así como
    una difusión más constante de los acuerdos concertados en la UNESCO, por parte de los
    comités regionales.
    - Con respecto de la normalización de los vocablos utilizados, el IESALC confeccionó un
    glosario de términos de educación superior, consultable en línea (http://www.iesalc.unesco.
    org.ve/general/glosario.asp). Avanzó así en la producción de definiciones estandarizadas
    de conceptos como convalidación32, pero ese trabajo no ha modificado los hábitos nacionalmente
    anclados, en cuanto a designación de procesos. El IESALC está, desde finales del
    2006, impulsando la confección de otro glosario dentro del proyecto Mapa de la Educación
    Superior (http://www.iesalc.unesco.org.ve/noticias/Mapa_ALC.htm). No obstante dichos
    esfuerzos para la “mutualización” de una terminología, no se han asentado denominaciones
    29 Los países de América Latina y el Caribe que han firmado la Convención de la Haya, del 5 de octubre de 1961, son Antigua y Barbados,
    Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, El Salvador, México, Panamá, San Cristóbal y Nieves, Surinam y Venezuela (Didou, 2007).
    30 Los autores de los estudios sobre acreditación de la educación superior en América Latina son los siguientes. Para Argentina, Norberto
    Fernández Lamarra; Bolivia, Ramón Daza Rivero; Brasil, María Susana Arroza Soares; Chile, María José Lemaitre; Colombia, Alberto
    Roa Varelo; Cuba, Ministerio de Educación Superior; Ecuador, Jaime Rojas Pazmiño; México, Hugo Aréchiga; Paraguay, Haydée Jiménez
    de Peña; Perú, Hugo. L Nava; República Dominicana, Roberto Reyna Tejada; Uruguay, Rodolfo Lémez y Venezuela, César Villaroel.
    Varios seminarios regionales sobre el tema estuvieron organizados por el IESALC en Argentina, Colombia, Guatemala, Perú, República
    Dominicana. Disponible en: (http://www.iesalc.unesco.org.ve/)
    31 Los autores de los estudios sobre reconocimiento de títulos y grados, a escala nacional o internacional son: en Argentina, Juan Carlos
    Pugliese; en Bolivia, Ramón Daza y Álvaro Padilla, en Brasil, Christiane Martins Romeo; en Chile, María José Lemaître; en Colombia,
    Jorge Hernán Cárdenas et al; en Cuba, Ángel Romero Fernández et al.; en Guatemala, Juan Alberto Martínez; en Guyana, Una Paul; en
    Honduras, Lea Azucena Cruz; en México, Salvador Malo; en Nicaragua, Elmer Cisneros; en Panamá, Vielka de Escobar; en Paraguay,
    Carmen Quintana de Horak; en Perú, Ministerio de Educación; República Dominicana, Manuel Herrasme; en Uruguay Carlos Romero
    y en Venezuela, César Villaroel. Disponible en: (http://www.iesalc.unesco.org.ve/)
    32 La definición propuesta por ese glosario del término “Convalidación” es la siguiente: “Proceso mediante el cual una institución universitaria,
    aplicando sus propias reglamentaciones, los convenios internacionales y las disposiciones nacionales, acepta como válidas las
    asignaturas o créditos cursados y aprobados por el estudiante en otra institución de este mismo nivel, con base en la correspondencia
    entre la calidad de créditos y el contenido de las asignaturas a convalidar”. Fuente: Bello, Rafael E. y Almonte, Gladys. (comps).(2001).
    Glosario sobre Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Subsecretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. República
    Dominicana.”. Disponible en: http://www.iesalc.unesco.org.ve/general/glosario.asp
    198
    de uso común al respecto.
    - En cuanto a aseguramiento de calidad, los dispositivos de acreditación se han multiplicado
    en la región pero, como lo han subrayado los estudios temáticos, no siempre sirven de referentes
    para agilizar y racionalizar los procesos de convalidación de diplomas extranjeros,
    siendo más bien sus intereses focalizados en el aseguramiento de la calidad de los diplomas
    provistos por sus instituciones en su país. Contribuyen poco a reducir el alto grado de
    heterogeneidad entre los dispositivos de convalidación, los cuales, en ALyC siguen siendo
    muy diferentes unos de otros en cuanto a organismos responsables, a exigencias, a toma de
    decisiones y a plazos de respuesta, constituyéndose su diversidad en un factor que desalienta
    la movilidad y provoca desconcierto e incertidumbre entre los estudiantes.
    - Por su parte, el uso de documentos tipo Suplemento al Diploma no se ha concretado en
    relación al Convenio. Documentos de esa índole han sido elaborados en proyectos pilotos
    o en iniciativas sub e interregionales sobre armonización de sistemas de educación superior
    y concertación de criterios para la convalidación de créditos y de grados, en carreras específicas.
    Entre esos, se destacan los proyectos 6 x 4 (Fortes, 2007)33 y Tuning –América Latina
    (Cetina, 2007; González et al., 2004). Más allá de esas iniciativas circunscritas, temporalmente
    y a escala regional, las calificaciones adquiridas y los contenidos de los diplomas
    siguen siendo poco legibles y escasamente transparentes.
    - Finalmente, las modalidades de trabajo conjunto entre las Cátedras UNESCO, las redes
    UNITWIN y las instancias a cargo tampoco están establecidas con claridad, en torno al
    interés mutuo de las contrapartes involucradas.
    Algunas semanas después de la reunión de septiembre de 1998, la UNESCO reiteró la
    importancia de los Convenios, en la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el
    Siglo XXI: visión y acción”, promulgada por la Conferencia Mundial el 9 de octubre de 1998,
    en París, Francia. En su artículo 15 se acordó, “Poner en común los conocimientos teóricos y
    prácticos entre los países y continentes”; en el inciso C, se consignó:
    Habría que ratificar y aplicar los instrumentos normativos regionales e internacionales
    relativos al reconocimiento de los estudios, incluidos los que atañen a la
    homologación de conocimientos, competencias y aptitudes de los diplomados, a
    fin de permitir a los estudiantes cambiar de curso con más facilidad y de aumentar
    la movilidad dentro de los sistemas nacionales y entre ellos.
    Conforme con dicho inciso, en el artículo 11 de su apartado III referente a Acciones que
    deberán emprenderse en el plano internacional, la UNESCO incluye entre ellas la promoción
    de la movilidad estudiantil, mediante un apoyo a los comités encargados de la aplicación de
    los Convenios regionales34.
    33 El análisis integral de los perfiles de egreso, por un lado, identifica los aprendizajes específicos que dan identidad a la profesión-carrera y,
    por otro, identifica los aprendizajes genéricos o transversales en la familia de profesiones y, en algunos casos, a otra familia de profesiones.
    Los niveles en la descripción de la profesión pueden ser (…) [generales], con fines de reconocimiento de los estudios complementarios o
    parciales en otras instituciones de educación superior. (Fortes, 2007:93).
    34 Artículo 11. La UNESCO y otras organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales que actúan en el campo de la educación
    superior, los Estados mediante sus programas de cooperación bilateral y multilateral, la comunidad universitaria y todos los interlocutores
    interesados de la sociedad deberán promover la movilidad universitaria internacional como medio de hacer progresar el saber y de
    compartirlo, a fin de instaurar y fomentar la solidaridad, principal elemento de la futura sociedad mundial del saber, inclusive mediante
    un fuerte apoyo al plan de trabajo conjunto (1999-2005) de los seis comités intergubernamentales encargados de la aplicación de los
    convenios regionales sobre la convalidación de estudios, diplomas y títulos de enseñanza superior, y por medio de una acción cooperativa
    en gran escala, con particular acento en la cooperación Sur-Sur, las necesidades de los países menos adelantados y de los pequeños
    Estados, que o carecen de establecimientos de educación superior o tienen muy pocos. (UNESCO, 1998. Disponible en: http.//www.
    unesco.org/education/educprog/wche/declaration_spa.htm)
    199
    Posteriormente, la UNESCO continuó con el análisis de la aplicación de estos Acuerdos y
    entre los recientemente realizados se mencionan:
    - First Global Forum, París Francia, 17-18 octubre de 2002
    - CMES+5, París, 23-25 junio de 2003
    - Second Global Forum, París, 26-28 junio 2004
    - 33 Conferencia General de la UNESCO, París, 2005
    En América Latina y el Caribe, el IESALC organizó reuniones, para preparar la propuesta
    de modificaciones al texto de 1974 del Acuerdo Regional. En las sesiones realizadas en Bogotá,
    Colombia, en noviembre 2005, coordinó la producción de un “Borrador de propuestas y
    recomendaciones formuladas al tenor de la Reunión Convenio Regional de Convalidación de
    Estudios, Títulos y Diplomas de Educación Superior en América Latina y El Caribe realizada
    en Bogotá, noviembre de 2005”. En las consideraciones generales, el documento sugiere reformas
    al texto de 1974, con el doble propósito de enmendarlo y de adaptarlo a las circunstancias
    actuales. Las principales recomendaciones fueron:
    − Una redefinición más estricta del ámbito de competencias del Acuerdo, en torno a su aplicación
    exclusiva a la prosecución de estudios académicos. La propuesta pretende resolver
    una situación en la cual, en numerosos países de la región, la convalidación del título sirve
    a la vez de certificación para el ejercicio profesional.
    − El establecimiento de “términos que permitiesen efectivamente su comparabilidad”, dado que el
    texto de 1974 no los precisaba “excepto por la vía de declaraciones genéricas relativas a planes de
    estudio, capacidades desarrolladas fuera de la universidad o instituciones de educación superior. El
    convenio carecía además de mecanismos y criterios para establecer o al menos declarar las equivalencias.”
    (IESALC, 2005:1).
    Los aspectos específicos de la propuesta se resumen en los siguientes puntos:
    − Diferenciar el reconocimiento académico y la autorización para el ejercicio profesional,
    “haciendo énfasis en el reconocimiento académico y dejando el desarrollo del tema del
    ejercicio profesional para un acuerdo diferente, sin dejar de reconocer los avances que se
    han experimentado en esta materia” (IESALC, 2005:2).
    − Especificar los efectos del reconocimiento académico, en “la movilidad estudiantil, la continuidad
    de estudios, la formación de postgrado, y con la movilidad académica para ejercer
    la docencia en el nivel terciario, de acuerdo a las normativas locales, así como para promover
    la investigación científica y tecnológica y el acceso a áreas de saber no desarrolladas
    localmente” (IESALC, 2005:3).
    − Otorgar una atención prioritaria “al reconocimiento mutuo de las competencias y logros
    educativos alcanzados y de las certificaciones de estudios parciales” (IESALC, 2005:4),
    incorporando las nociones de estándares de desempeño y perfil de competencias, “estableciendo
    procesos de convergencia a nivel de los países miembros estableciendo las competencias
    mínimas necesarias que serían deseables y esperables de los profesionistas y graduados,
    señalando los estándares de desempeño sobre los cuales deberían ser certificados y
    acreditados por las respectivas agencias formadoras” (IESALC, 2005:5).
    − Acrecentar la legibilidad y transparencia de los títulos y certificaciones, “mediante un sistema
    que permita que los títulos oficiales se acompañen de aquellos elementos de información
    que garanticen la transparencia acerca del nivel, contexto y contenido de las enseñan200
    zas y las competencias certificadas por cada título. En relación con la comparabilidad de los
    estudios parciales, en el nuevo proyecto, se plantea la definición, diseño y establecimiento
    de un sistema de asignación de créditos, aplicable por todos los Estados contratantes sin
    abandonar los sistemas nacionales” (IESALC, 2005:5).
    − Consolidar la participación de las agencias de acreditación en el aseguramiento de calidad,
    con el fin de contribuir a la instauración de una “fe pública” en el reconocimiento, vía el
    CRALC (IESALC, 2005:6).
    − Ante la creciente complejidad de la coordinación de la educación superior en la región,
    propone la instalación de:
    (a) un observatorio de la educación superior de la región.
    (b) una instancia de coordinación de las agencias de acreditación y aseguramiento de calidad
    de los países miembros.
    (c) la promoción de los términos del convenio y las iniciativas que surjan de las reuniones
    periódicas de los países miembros (IESALC, 2005:7).
    Dicha propuesta fue examinada durante la 12° Reunión Ordinaria del Comité Intergubernamental,
    celebrada en El Salvador, en abril de 2006, en la cual participaron, además de integrantes
    de la UNESCO en París y del IESALC, representantes de los siguientes países: Argentina,
    Bolivia, Colombia, Ecuador, Honduras, El Salvador, México, Panamá, Perú y Paraguay.
    Los cambios acordados al texto de 1974 por los participantes de la reunión se tradujeron en
    propuestas de modificación a 26 apartados de los 21 artículos y considerandos introductorios,
    en la inserción de 7 nuevos y en la anulación de 1 (relativo al ejercicio profesional), quedando
    igual la redacción de los restantes 16.
    Entre los cambios propuestos por el Convenio, los más significativos están organizados en
    torno a los siguientes ejes:
    • Propone la adopción de mecanismos de conversión pertinentes para la equiparación de
    estudios, específicamente del Sistema de Créditos Académicos de América Latina (SICA)
    y del Complemento al Título (CAT), elaborados en el marco del Programa 6x4 – art. 2,
    ii35. Las ventajas y usos de ambos mecanismos están precisados en el primer compromiso
    de realización inmediata, incluido como nuevo en la versión revisada del Convenio.
    • Compromete a promover una convergencia con base en la definición de perfiles profesionales
    y de competencias acreditadas (art. 6)
    • Implica la consolidación de programas de movilidad y el desarrollo de programas académicos
    integrados de postgrado e investigación.
    • Involucra centralmente los organismos de acreditación en la certificación de conocimientos,
    competencias y experiencias, “en la legibilidad y transparencia de las certificaciones, diplomas,
    títulos y grados académicos otorgados por las universidades e instituciones de educación superior
    de los países miembros del Convenio para facilitar su Reconocimiento”, en la definición de
    35 Las tareas que se llevaron a cabo en los grupos de trabajo tuvieron la finalidad de proporcionar la información, el análisis y las recomendaciones
    sobre los aspectos y elementos necesarios para desarrollar un Sistema de Créditos Académicos para América Latina en armonía
    con el ECTS europeo. En el primer año, a partir del análisis y comparación del sistema de créditos o mecanismos para cuantificar los
    estudios que se utilizan en las instituciones participantes y en sus países se definió un sistema de créditos común para las instituciones
    participantes que sirvió de base a la propuesta del SICA. Adicionalmente se elaboró la propuesta de un documento complementario al
    título, CAT, que se está experimentando en las instituciones participantes del proyecto. (Malo, 2006:5).

    200

    “sistemas y mecanismos de evaluación y acreditación de sistemas y de programas que puedan
    ser reconocidos por todos los Estados contratantes” (apt ii.c, Art.2.) y en el aseguramiento de
    calidad. Los incorpora a los mecanismos y órganos de aplicación del Convenio (art.8).
    • Precisa quiénes son los usuarios del Convenio (estudiantes, graduados, docentes e investigadores
    en vez de estudiantes y profesionales), con la subsiguiente restricción del ámbito
    de aplicación del convenio al “ejercicio de labores académicas de enseñanza o de investigación
    en la educación superior” y a la continuación de estudios (art. 1, Definiciones).
    • Duplica el número de reuniones del Comité Regional - una vez al año (art.11).
    • Restringe los límites territoriales de aplicación del Convenio a los países de América Latina
    y El Caribe, abriendo su firma y ratificación a esa zona (art.14).
    • Redefine las nociones de educación media superior, educación superior y estudios parciales
    y especifica las de graduados, titulados y movilidad estudiantil.
    • Introduce nuevos principios de funcionamiento del Convenio (transparencia, calidad y
    confianza mutua) y le añade una dimensión ética (no discriminación por motivos de
    nacionalidad, género, raza, religión, condición social, orientación sexual, ideología o capacidad
    especial).
    Actualmente, esa propuesta está siendo examinada por los países de la región.
    Reconocimiento de estudios, convalidación de títulos y libre tránsito de
    personas en los procesos de integración económica subregional en América
    Latina y el Caribe
    Históricamente, para reconocer mutuamente los títulos y los grados con fines de ejercicio
    profesional o de prosecución de estudios, los países de América Latina firmaron, además de los
    convenios multilaterales antes citados, acuerdos bilaterales. Esos se referían específicamente la
    convalidación o se insertaban en acuerdos de cooperación cultural o educativa más generales.
    Lo corrobora, por ejemplo, el caso de Colombia: de 48 acuerdos de ese tipo, sólo 12 son específicos
    (en: http://www.mincomercio.gov.co/econtent/home.asp).
    A partir de los 90, conforme con una dinámica de apertura económica y de integración
    subregional, los acuerdos comerciales contuvieron también disposiciones sobre libre tránsito
    de los recursos humanos altamente calificados, comercio transfronterizo de servicios educativos
    y prestación de servicios profesionales. Para alentarlos, advirtieron que la convalidación de
    competencias y de diplomas universitarios para fines de ejercicio profesional no debía servir de
    pretexto para limitar las oportunidades de ejercicio profesional afuera. Un repaso a los acuerdos
    notificados por países de América Latina a la OMC corrobora que, en los últimos 12 años,
    los siguientes acuerdos atendieron esa situación.
    Los principales acuerdos sobre la materia notificados a la OMC, se relacionan a continuación36:
    - Acuerdo México –Costa Rica, 1ero de enero 1995: Capítulo IX, “Principios generales
    sobre el comercio de servicios, artículo 9-13 : reconocimiento de títulos y otorgamiento de
    licencias profesionales.
    - Acuerdo México-Nicaragua, 1ero de Julio 1998: Tercera parte Comercio de Servicios,
    36 Disponible en: http://www.wto.org
    202
    Capítulo X, Principios generales sobre el Comercio de Servicios, anexo al artÍculo 10-12,
    servicios profesionales.
    - Acuerdo México-Guatemala, 15 de marzo 2001, México-Honduras, 1ero de Junio
    2001, Honduras y El Salvador, 15 de marzo 2001: Capítulo X, Comercio transfronterizo
    de servicios, artículo 10-12, otorgamiento de permisos, autorizaciones y licencias y
    anexo sobre servicios profesionales.
    - México-Japón, 1ero de abril 2005: Capítulo 8, Comercio transfronterizo de servicios,
    artículo 104, otorgamiento de Licencias y certificación.
    - Chile- Canadá, 5 de Julio 1997: Tercera parte, Inversión, servicios y asuntos relacionados,
    Capítulo H, Comercio transfronterizo de servicios, articulo H10, otorgamiento de licencias
    y certificados.
    - Chile- Estados Unidos, 1ero de enero 2004: Capítulo 11, comercio transfronterizo de
    servicios, artículo 11.9, reconocimiento mutuo.
    - Chile- República de Corea, 1ero de abril 2004: Parte III. Inversiones, servicios y asuntos
    relacionados, Capítulo 11, otorgamiento de licencias y certificados.
    - Costa Rica-Canadá, 5 de Julio 2007: Parte III, servicios e inversiones, artículo VIII.3.
    Servicios.
    Esos acuerdos económicos contemplan como mecanismos y condiciones de reconocimiento
    y de suministro de información, sea canales tradicionales, sea la elaboración de normas o
    criterios comunes con relación a diferentes aspectos. En el caso del Acuerdo México-Chile,
    suelen englobar las siguientes dimensiones:
    a) educación: acreditación de escuelas o de programas académicos; b) exámenes:
    exámenes de calificación para la obtención de licencias, inclusive métodos alternativos
    de evaluación, tales como exámenes orales y entrevistas; c) experiencia:
    duración y naturaleza de la experiencia requerida para obtener una licencia; d)
    conducta y ética: normas de conducta profesional y la naturaleza de las medidas
    disciplinarias en caso de que los prestadores de servicios profesionales las contravengan;
    e) desarrollo profesional y renovación de la certificación: educación
    continua y los requisitos correspondientes para conservar el certificado profesional;
    f ) ámbito de acción: extensión y límites de las actividades autorizadas; g)
    conocimiento local: requisitos sobre el conocimiento de aspectos tales como las
    leyes y reglamentaciones, el idioma, la geografía o el clima locales; y h) protección
    al consumidor: requisitos alternativos al de residencia, tales como fianza,
    seguro sobre responsabilidad profesional y fondos de reembolso al cliente para
    asegurar la protección a los consumidores.37
    Para dar seguimiento y cumplimiento a sus obligaciones, las partes vinculadas por cada
    Acuerdo constituyen un Comité ad hoc, “integrado por las siguientes autoridades e instituciones
    gubernamentales y no gubernamentales: a) para el caso de El Salvador: la Dirección
    Nacional de Educación Superior del Ministerio de Educación; b) para el caso de Guatemala:
    la Universidad de San Carlos de Guatemala y la Asamblea de Presidentes de los Colegios Profesionales;
    c) para el caso de Honduras: la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y la
    Federación de Colegios Profesionales Universitarios de Honduras; y d) para el caso de México:
    37 Disponible en: (http://www.wto.org)w
    203
    la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública” o bien convocan a
    dependencias gubernamentales competentes o a colegios y asociaciones profesionales (Acuerdos
    México-Costa Rica y México-Nicaragua).
    Entre las iniciativas subregionales de integración comercial en América Latina con
    incidencias en los mecanismos de convalidación de títulos de educación superior, destaca
    el Mercado Común de Sur (en aplicación desde el 29 de noviembre 1991). MERCOSUR
    (Fernández Lamarra, 2004; Stubrin, 2007) agrupa a Argentina, Brasil, Paraguay y
    Uruguay más Chile, Bolivia, Perú y Venezuela como asociados. Resalta también el North
    American Free Trade Agreement (NAFTA) entre México, Estados Unidos y Canadá que
    entró en vigor el 1° de enero de 1994 (Barrow, Didou y Mallea, 2003). Por su parte, el
    Consejo Presidencial Andino –entre Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela– en
    su XIII Reunión realizada en Carabobo (Venezuela), en 2001, encomendó a “la Comisión
    de la Comunidad Andina que adopte, en una reunión ampliada con los Ministros
    de Educación, antes del 31 de diciembre del 2001, una Decisión para la armonización y
    simplificación de procedimientos de convalidación de títulos y diplomas profesionales, así
    como de estudios superiores.” 38
    Tanto NAFTA como MERCOSUR prohíben toda forma de discriminación por razones
    de residencia y nacionalidad entre los socios. No obstante, han sido diferentes sus
    estrategias para paliar la falta de información en relación a los contenidos certificados
    por un grado, para aminorar la consecuente suspicacia que acarrea y para controlar tendencias
    proteccionistas particularmente pronunciadas en los países más desarrollados de
    la región y en las asociaciones profesionales con tradiciones consolidadas de colegiación
    y regulación39.
    El artículo 10-12 “Otorgamiento de licencias y certificados” del capítulo X “Comercio
    transfronterizo de Servicios” de NAFTA elimina todo requisito de nacionalidad o residencia
    permanente y en su anexo correspondiente, establece “procedimientos para el reconocimiento
    de la educación, experiencia y otras normas y requisitos que rigen a los prestadores de los
    servicios profesionales”. Recomienda la constitución de comités tri-nacionales para facilitar el
    reconocimiento la elaboración de normas y criterios. A la fecha, una reciprocidad de condiciones
    no ha sido lograda, salvo en algunas profesiones, y su logro es dudoso, principalmente
    entre México y Estados Unidos, debido a las asimetrías en los procesos de acreditación y de
    certificación profesional.
    Las siguientes son las disposiciones sobre reconocimiento en el TLCAN:
    Quinta Parte. Capítulo XII. Artículo 1210 - Otorgamiento de Licencias y
    Certificados.- Cuando una Parte revalide, de manera unilateral o por acuerdo
    con otro país, la experiencia, las licencias o los certificados obtenidos en el territorio
    de otra Parte o de cualquier país que no sea Parte:
    a. nada de lo dispuesto en el Artículo 1203 (trato de NMF) se interpretará en el
    38 Disponible en: (http://www.comunidadandina.org/documentos/actas/valencia.htm)
    39 El Estado, en su afán hiperregulatorio restringe el ejercicio profesional de extranjeros egresados de otros países y encuentra en los colegios
    profesionales un fuerte aliado promotor de políticas protectivas y restrictivas a la competencia externa. Incluso los títulos de extranjeros
    graduados en un país (ej. México y Argentina) absurdamente no habilitan al ejercicio profesional en el territorio donde se han formado
    (Del Bello y Mundet , s.f.; 4-5).
    204
    sentido de exigir a esa Parte que revalide la educación, la experiencia, las licencias
    o los certificados obtenidos en el territorio de otra Parte; y
    b. la Parte proporcionará a cualquier otra Parte, oportunidad adecuada para demostrar
    que la educación, la experiencia, las licencias o los certificados obtenidos
    en territorio de esa otra Parte también deberán revalidarse, o para negociar o
    celebrar un arreglo o acuerdo que tenga efectos equivalentes.
    El Anexo 1210.5 se aplica a las medidas adoptadas o mantenidas por una Parte relacionadas
    con el otorgamiento de licencias o certificados a prestadores de servicios profesionales.40
    En MERCOSUR, la Reunión de Ministros de Educación inició actividades en 1991 y el
    Sector Educativo hizo lo propio en 199241. En 1998, la XIV Reunión de Ministros aprobó un
    Memorando de Entendimiento en el cual consideró el diseño del Mecanismo Experimental de
    Acreditación de Carreras (MEXA)42.
    MEXA es un procedimiento que acredita carreras en Medicina, Ingeniería y Agronomía
    mediante el establecimiento de comités de pares regionales y la aplicación de los parámetros
    comunes de calidad definidos por las Comisiones consultivas de expertos, en las instituciones
    de educación superior de los países miembros de MERCOSUR que así lo soliciten.
    El Capítulo IV del Memorando de Entendimiento sobre la implementación de MEXA,
    prevé que, si bien la acreditación de una carrera de grado no faculta automáticamente a sus
    egresados a ejercer profesionalmente en otro país de la zona, sí obliga a los estados partes a
    reconocer el título como de grado universitario. Más allá de sus repercusiones sobre los procesos
    de acreditación nacional en determinados países (por ejemplo, Argentina), de su extensión
    desde su puesta en operación desde 2003 a 24 carreras de agronomía, 25 de Ingeniería
    y 19 de Medicina (Landinelli, 2007:6) y de la incorporación de otras 4 carreras al proceso de
    acreditación (arquitectura, enfermería, odontología y veterinaria), es de remarcar que no todas
    las expectativas iniciales fueron cumplidas: si bien la validación del mecanismo posibilitó
    la puesta en marcha de un programa de movilidad, entre los estudiantes pertenecientes a las
    carreras acreditadas en la región, de alcances numéricos todavía reducidos, su contribución al
    mejoramiento de los procesos de convalidación de títulos es objeto de congratulaciones pero
    también de dudas:
    La libre movilidad de profesionales entre los países del área de integración fue un
    motivo fundamental en la gestación del MEXA-MERCOSUR. Los directivos
    de asociaciones profesionales de nivel nacional y sus redes o confederaciones
    regionales supusieron que la acreditación por parte del grupo internacional iba
    a facilitar el reconocimiento de los títulos por parte de los países participantes.
    Sin embargo, los diplomas académicos reconocidos por los gobiernos implican
    la habilitación para el ejercicio de las profesiones respectivas. La obtención del
    reconocimiento estatal en otro país es un trámite administrativo y académico
    arduo e inseguro. (Stubrin, 2007:47).
    40 Disponible en: http://www.ftaa-alca/sitemap_s.asp
    41 Disponible en: (http://www.me.gov.ar/spu/guia_tematica/ENCIU/enciu_mercosur.html)
    42 En ese marco, los ministros de educación de los países del MERCOSUR, junto con los de Bolivia y Chile, firmaron en 1998 el «Memorando
    de Entendimiento sobre la implementación de un mecanismo experimental de acreditación de carreras para el reconocimiento
    de títulos de grado universitario en el Mercosur», que estableció el diseño de un Mecanismo Experimental para el desarrollo de las actividades
    relacionadas con la Evaluación y la Acreditación Universitaria (MEXA). (Villanueva, 2004. Disponible en: http://www.rieoei.
    org/rie35a05.htm).
    205
    De allí que: “La pequeña escala de los logros alcanzados y el tiempo invertido evidencian
    que la construcción, mediante la lógica académica, de una confianza recíproca es mucho más
    trabajosa de lo que se suponía” (ibid.).
    Finalmente, cabe recalcar que un acuerdo económico internacional tuvo incidencias en la
    trascendencia de la problemática de la convalidación en la región. Cuando la Organización
    Mundial de Comercio (OMC) incluyó la educación superior entre sus servicios después de
    la Ronda de Doha (Qatar, 2001) de negociaciones sobre el Acuerdo General sobre Comercio
    de Servicios (AGCS), recomendó a sus miembros adoptar procedimientos de armonización u
    otros, firmar convenios o tomar decisiones en forma autónoma para resolver las trabas detectadas
    en cuanto a reconocimiento mutuo de títulos y grados43:
    Disposiciones sobre Reconocimiento OMC/GATS: PARTE II. Artículo VII
    – Reconocimiento: Los Miembros podrán reconocer la educación o experiencias
    obtenidas, los requisitos cumplidos o las licencias o certificados otorgados
    en un determinado país. Ese reconocimiento, que podrá efectuarse mediante
    armonización o de otro modo, podrá basarse en un acuerdo o convenio con el
    país en cuestión o podrá ser otorgado de forma autónoma.44
    Tanto la multiplicación de acuerdos bilaterales clásicos de convalidación de estudios
    como la inclusión de disposiciones sobre el reconocimiento de credenciales educativas en
    acuerdos de integración económica firmados por países de la región o la posición de la
    OMC indican que el asunto, sobre todo con fines de ejercicio profesional, es sensible en
    América Latina y El Caribe: lo es por la heterogeneidad intrínseca entre los sistemas (Pachiana
    y Villanueva, 2005); lo es asimismo por sus impactos en la circulación de recursos
    humanos (profesionales y estudiantiles) y en los procesos de integración subregional, y por
    sus resonancias en ámbitos como la protección del consumidor de servicios profesionales
    y los derechos de los estudiantes.
    3.3.2. Redes y asociaciones de educación superior
    Existen muchos estudios sobre redes académicas y científicas que muestran sus orígenes,
    significado, importancia, diversidad, temática, alcance, etc., la mayoría se limita a una suerte
    de inventario de las redes y asociaciones que funcionan en la región y hay poco trabajo analítico
    de las mismas y de su impacto en la integración de la educación superior de la región, asunto
    que no se resuelve en este trabajo.
    43 Suministro transfronterizo: son consideradas barreras específicas las siguientes: falta de oportunidad de acreditación como institución
    con capacidad de otorgar títulos; requerimiento de recurrir a un socio local; barreras de tipo legal; restricciones a la importación de
    material educativo.
    Consumo en el extranjero: son consideradas barreras específicas las siguientes: requerimientos de visa; reconocimiento de títulos extranjeros;
    cuotas para estudiantes extranjeros; restricciones al empleo durante el período de estudios; reconocimiento de calificaciones en el
    país de estudio.
    Presencia comercial en el país consumidor: son consideradas barreras específicas las siguientes: prohibición a la provisión de servicios
    por parte de entidades extranjeras; no acceso a una licencia para otorgar un título reconocido; restricciones al reclutamiento de profesores
    extranjeros; subsidios altos a instituciones locales.
    Presencia de personas físicas: son consideradas barreras específicas las siguientes: requerimientos de inmigración o de residencia; reconocimiento
    de calificaciones; regulaciones de empleo. (Hermo, 2004:4)
    44 Disponible en: http://www.ftaa-alca/sitemap_s.asp
    206
    Sociedades en redes, conocimientos y nuevas tecnologías
    La UNESCO presentó en el año 2005 un informe mundial titulado “Hacia las Sociedades
    del Conocimiento”, en el cual se muestra un panorama prospectivo de los cambios que estamos
    presenciando a nivel global. En este informe se formula que: “la tercera revolución industrial ha ido
    acompañada de un cambio de régimen de los conocimientos. A este respecto, se ha hecho referencia
    al advenimiento de un doble paradigma: el de lo inmaterial y el de las redes.”45
    La explicación fundamental de las redes en el Informe parte de la afirmación:
    Es cierto que en toda organización social hay una trama de redes dentro de las
    cuales los individuos mantienen relaciones privilegiadas, ya sean de tipo familiar,
    étnico, económico, profesional, social, religioso o político. No obstante, en el
    contexto de la revolución de la información, se han creado nuevas formas de
    organización que no se ajustan a la lógica de la centralización de los espacios y
    polos de decisión convencionales. El incremento de las relaciones horizontales
    que trascienden a menudo las fronteras sociales y nacionales, ha suplantado la
    verticalidad de las jerarquías tradicionales. Esto no significa que la generalización
    de las redes permita ingresar y participar en ellas de igual manera y por
    doquier, tanto en los países del Norte como en los del Sur. Al contrario, se ha
    comprobado que las grandes redes forman nudos localizables, indisociables de
    la nueva realidad urbana de las grandes ciudades mundiales –Tokio, Londres
    o Nueva York- que interactúan entre sí mediante inversiones internacionales,
    tránsitos transfronterizos o intercambios financieros.46
    Esta observación habrá que tenerla siempre en cuenta en América Latina por los altos niveles
    de desigualdad y exclusión social y el incipiente desarrollo científico y tecnológico.
    Por otra parte, la creación de redes en las condiciones de desarrollo actual, permite acabar
    con el aislamiento de todo un conjunto de conocimientos –por ejemplo, los de carácter étnico,
    lingüístico, científico, técnico, artístico, literario-. Este fenómeno global tiene amplias
    perspectivas de crecimiento en América Latina y el Caribe a través de la formulación de nuevas
    políticas que reconocen la diversidad y el carácter pluriétnico de nuestras comunidades. En las
    universidades es indispensable el trabajo en red para el desarrollo de la investigación, la docencia
    o el servicio a la sociedad.
    Esta concepción de sociedades del conocimiento parte de la noción de sociedad de la información
    basada en los progresos tecnológicos, reconoce la diversidad cultural y lingüística,
    se refiere a sociedades en plural y comprende dimensiones económicas, sociales, éticas y políticas.
    Las sociedades del conocimiento son sociedades en redes que propician una mejor
    toma de conciencia de los problemas mundiales, gracias al aprovechamiento compartido
    de la investigación científica entre los países del Norte y del Sur. La creación de redes en
    los centros de conocimiento y el aprovechamiento común de la información pertinente
    por la comunidad académica y científica, han abierto nuevas perspectivas al ámbito pú-
    45 Informe Mundial de la UNESCO: Hacia las Sociedades del Conocimiento. París, Ediciones UNESCO, 2005, pág. 49.
    46 Ibid., pág.50.
    207
    blico del conocimiento.
    Actualmente, la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, y la
    aparición de la red pública Internet han creado condiciones para la ampliación del espacio público
    del conocimiento, que desde el siglo de las luces, ha sido considerado como un ideal de la
    humanidad y un elemento fundamental de la UNESCO y su constitución. Las universidades
    con alto sentido de responsabilidad social en su actividad docente e investigativa lo consideran
    como parte esencial de su quehacer. En América Latina se ha mantenido vigente el principio
    de la defensa del carácter público de la educación y del conocimiento, gracias a la posición de
    las universidades y de algunos gobiernos. En una visión de América Latina y el Caribe a largo
    plazo, esta perspectiva es fundamental.
    Sobre el impacto de las nuevas tecnologías en los conocimientos en redes, la UNESCO indica
    que la extensión de la evolución tecnológica ha afectado a los medios de creación, transmisión
    y tratamiento de los conocimientos, entre los cuales se encuentran las universidades, y ha
    dado lugar a la hipótesis de que nos hallamos en vísperas de una nueva era del conocimiento.
    Por otra parte, en el informe se señalan procesos que están afectando la organización y el
    desarrollo de la actividad académica, y que en nuestra región han alcanzado un crecimiento
    relativo. Entre los más destacados pueden mencionarse la proliferación de objetos virtuales,
    las transformaciones de los espacios de aprendizaje anteriormente atribuidos exclusivamente a
    las instituciones educativas llegando incluso a los espacios virtuales. Con todos estos cambios
    “…se están creando sistemas muy potentes de gestión de los conocimientos, tanto en los organismos
    científicos o gubernamentales, como en las grandes o pequeñas empresas.”47
    Esta perspectiva latinoamericana y caribeña se enriquece con las experiencias de la UNESCO,
    que ofrece la posibilidad de participar en las nuevas estructuras internacionales que empiezan
    a surgir, entre las cuales se cita el desarrollo de las cátedras UNESCO y las redes del programa
    UNITWIN, que propician la transmisión, difusión y valoración de los conocimientos.
    Además de lo anterior, la estructuración en redes puede resultar factible económicamente
    por el relativo bajo costo de invertir en organizaciones ya existentes, que pueden beneficiarse de
    la cooperación nacional e internacional con la necesaria salvaguarda de la calidad de la educación
    superior, sin tener que esperar a reunir las sumas considerables que exigen las inversiones
    y las condiciones dirigidas a la creación de instituciones nuevas.
    Las redes universitarias y los procesos de integración en América Latina
    Las redes universitarias han estado relacionadas con los procesos de integración de América
    Latina y el Caribe, no solamente en los de orden económico, también y de manera especial, en
    los de orden cultural y educativo.
    El movimiento de Córdoba, que tuvo como escenario los países de la región, desató un
    clima político y cultural hacia la integración universitaria. Desde la segunda década del siglo
    XX hasta mediados de la misma centuria, se produjeron considerables procesos orientados a la
    transformación científica, educativa y cultural por lo que, en la mayoría de los países, la universidad
    fuera considerada como el lugar para la integración y el cambio.
    Al comenzar la segunda mitad del siglo XX, los cambios en el régimen político de los Estados
    de nuestra región, caracterizados por el establecimiento de gobiernos militares o con cierto
    47 Ibid., pág.52.
    208
    sentido hacia el autoritarismo, pretendieron reducir el ámbito de la autonomía universitaria, y
    en algunos casos, aumentar la intervención estatal. En estas condiciones, surgen y se desarrollan
    redes universitarias cuya misión y objetivos centran su mira en la integración de la región,
    como es el caso de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), o del Consejo
    Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) para la subregión centroamericana. Un
    ejemplo más reciente es la Asociación de Universidades del Grupo de Montevideo (AUGM),
    concebido como una red para propiciar la cooperación universitaria en la perspectiva de la
    integración económica de los países del MERCOSUR.
    Otro referente importante es el europeo. Inicialmente, en el marco de la Comunidad
    Económica Europea y posteriormente de la Unión Europea extendido hoy a la casi totalidad
    de los países de dicho continente, se impulsa el mayor proceso de convergencia universitaria
    del mundo, concebido hacia la construcción del Espacio Europeo de Educación
    Superior, cuya red universitaria institucional más reconocida es la Asociación Europea
    de Universidades. De manera simultánea, se impulsan los programas Erasmus, Sócrates,
    European Credits Transfer System, entre otros, para impulsar la movilidad y facilitar la
    integración.
    Los procesos de integración en América Latina, planteados desde la primera mitad del
    siglo XX, han estado acompañados de algunos desarrollos universitarios. No obstante algunas
    particularidades, las redes regionales de instituciones responden a una serie de motivaciones
    generales con sentido regional, subregional o nacional: el intercambio de información, la promoción
    de la movilidad de estudiantes y profesores, el mejoramiento de la calidad, la internacionalización
    de los currículos, la socialización de la investigación y la formación continuada
    pueden mencionarse.
    Como está ocurriendo a nivel internacional, en América Latina y el Caribe la cooperación
    exterior deja de ser una tarea marginal de la vida académica, restringido en la mayoría de casos
    a redes científicas entre investigadores o a una movilidad limitada de estudiantes y profesores y
    se está convirtiendo en una dimensión básica de la estrategia global de la universidad y de los
    procesos de reforma curricular y administrativa. Se están multiplicando los campos de colaboración
    interuniversitaria, las redes académicas y existe una creciente valoración de las relaciones
    internacionales de la universidad.
    Los estudiantes de nuestros países ya no se preparan sólo para los respectivos mercados
    nacionales, sino para los mercados regionales y globales. La cooperación entre las universidades
    favorece la renovación de la formación adquirida y posibilita el reconocimiento de las titulaciones
    en espacios geográficos más amplios.48
    Una de las experiencias más significativas de la región de diseño de currículo internacional
    es la Red de Macrouniversidades Públicas de América Latina y el Caribe49. En la Declaración
    suscrita al término de la primera reunión realizada en la UNAM:
    48 Universidad 2000. Informe Bricall, CRUE, Madrid, 2000, pág. 243.
    49 Integrada por: Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), Universidad Nacional de la Plata (Argentina), Universidad Mayor de San
    Andrés (Bolivia), Universidad de Río de Janeiro (Brasil), Universidad de Sao Paulo (Brasil), Universidad Nacional de Colombia (Colombia),
    Universidad Nacional de Costa Rica (Costa Rica), Universidad de Costa Rica (Costa Rica), Universidad de la Habana (Cuba), Universidad
    Central de Ecuador (Ecuador), Universidad de El Salvador (El Salvador), Universidad de San Carlos de Guatemala (Guatemala),
    Universidad Autónoma de Honduras (Honduras), Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México), Universidad Autónoma de
    Sinaloa (México), Universidad de Guadalajara (México), Universidad Nacional Autónoma de México (México), Universidad Nacional
    Autónoma de Nicaragua (Nicaragua), Universidad de Panamá (Panamá), Universidad Nacional de Asunción (Paraguay), Universidad
    Nacional Mayor de San Marcos (Perú), Universidad de Puerto Rico (Puerto Rico), Universidad Autónoma de Santo Domingo (República
    Dominicana), Universidad de la República (Uruguay), Universidad Central de Venezuela (Venezuela), Universidad de los Andes
    (Venezuela), Universidad del Zulia (Venezuela).
    209
    … se considera como pertinente, viable y muy necesaria la Red, en la perspectiva
    de poner en marcha programas cooperativos y solidarios relacionados con la
    movilidad de estudiantes y académicos, de investigación en las fronteras del
    conocimiento relacionadas con la solución de los más importantes problemas
    de las mayorías del continente, con el postgrado, con el financiamiento público y
    con la preservación y el desarrollo del patrimonio histórico de estas importantes
    instituciones, siempre y cuando las macrouniversidades cuentan con el mayor
    potencial regional para realizarlos.50
    Se destaca de la anterior justificación de la Red de Macrouniversidades la integración al
    servicio de las necesidades de los países de la región, lo que se constituye en un valor agregado
    de mayor importancia y coherente con su vocación pública.
    Entre los objetivos de la Red consignados en sus estatutos, se mencionan los siguientes en
    la medida que hacen alusión directa a los procesos de integración y de cooperación:
    II. Establecer un mecanismo de diálogo e intercambio, así como de cooperación
    y acción conjunta sobre temas y experiencias de interés común para las
    universidades de la Región, con el objetivo de crear un ambiente de responsabilidades
    compartidas, renovando la idea de que la integración latinoamericana
    desde la educación, es el mejor punto de partida para alcanzar el umbral de una
    nueva identidad latinoamericana;
    III. Servir de medio de integración del conjunto de las universidades públicas
    de cada país;
    IV. Incrementar el trabajo en redes académicas para propiciar proyectos conjuntos
    en la Región; así como definir y organizar programas de formación
    universitaria y de investigación;
    V. Establecer sistemas y mecanismos que permitan compartir la utilización de
    la infraestructura científico, tecnológica, de información y comunicación de
    las Instituciones Integrantes;
    VI. Fortalecer la solidaridad regional y el mutuo apoyo, propiciando la obtención
    de recursos financieros;
    VII. Facilitar la movilidad de estudiantes y académicos, a través de programas
    de intercambio en todos los niveles educativos;
    VIII. Propiciar la armonización de sistemas de información en materia académica
    y de gestión universitaria;
    IX. Contribuir al desarrollo y armonización de sistemas de evaluación y acreditación
    de calidad;
    X. Fomentar la capacitación de personal, para propiciar nuevos modelos de
    gestión y administración universitaria;
    XI. Realizar reuniones que alienten el desarrollo de programas de colaboración
    de interés para las Instituciones Integrantes;
    XII. Promover la participación de las Instituciones Integrantes en reuniones y
    foros internacionales, multilaterales, gubernamentales y no gubernamentales
    para garantizar la vigencia del servicio educativo como responsabilidad de los
    50 Disponible en: http://redmacro.unam.mx/antecedentes.html
    210
    Estados nacionales y de la sociedad en su conjunto.51
    Se tiene información sobre el Programa de movilidad de postgrado que va en su cuarta
    convocatoria en la cual se seleccionaron cerca de 100 estudiantes beneficiarios. Para la operación
    de este programa se cuenta con los términos de referencia para su operación52.
    Otros tres programas se desarrollan en la Red, además del de movilidad de estudiantes de Postgrado;
    éstos son: Observatorio de Macrouniversidades, Programa Multimedia de Preservación del
    Legado Histórico, Cultural y Natural de las Macrouniversidades y el Programa de Movilidad y
    Cooperación Regional en Investigación Científica, Humanística y Desarrollo Tecnológico53.
    La Red de Macrouniversidades se constituye entonces en una experiencia significativa de trabajo
    mancomunado que merece, como toda buena práctica, un análisis juicioso para permitir su réplica
    con otros grupos de instituciones y esta es una tarea pendiente de la Red, como también lo es propiciar
    que su impacto se extienda sobre los sistemas nacionales de educación superior.
    Existen también en los países de la región, redes integradas por las personas responsables de la
    internacionalización en las instituciones de educación superior. Estas redes tienen distintos orígenes,
    organización, estructura, tamaño, como también dinámicas diferencias y niveles de consolidación.
    En el caso de Colombia, la Red Colombiana para la Internacionalización de la educación
    superior (RCI) se comenzó a gestar en 1994, pero fue hasta 1996 cuando se dan los
    primeros pasos para su conformación y a la primera reunión convocada para finales de ese
    mismo año asisten 80 representantes de instituciones de educación superior, públicas y privadas;
    está organizada en nodos regionales que corresponden a la división del país en regiones
    geográficas54. Cada nodo regional tiene una coordinación para facilitar la comunicación y la
    organización de las tareas. Estos Coordinadores conforman el Comité Coordinador Nacional
    que se reúne periódicamente para armonizar el trabajo entre los diferentes nodos, analizar
    avances, compartir experiencias, entre otras.
    Chile cuenta con la Comisión de Cooperación Internacional del Consejo de Rectores de la
    Universidades Chilenas:
    red conformada por los 25 Encargados de Cooperación y Relaciones Internacionales,
    que desde su creación ha buscado ser un espacio de encuentro, debate,
    análisis y formación con el fin de promover y estimular la internacionalización
    en las Universidades miembros, y que constituye hoy la única Red Universitaria
    existente en estas materias en las IES del país, realizando acciones en tres ejes
    prioritarios: formación en gestión de la cooperación, divulgación de información
    y promoción y promoción del sistema universitario al exterior, junto a la
    exportación de sus servicios educativos.55
    En Argentina se conformó la red Responsables de las Relaciones Internacionales de las
    Universidades Públicas en el marco del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), Red que
    51 Disponible en: http://redmacro.unam.mx/estatutos.html
    52 Para ampliar esta información, consultar el documento Programa de movilidad universitaria de la red de Macrouniversidades Públicas de
    América Latina y el Caribe. Criterios de operación. Disponible en: www.unesco.org.ve/.../Programa%20de%20Movilidad%20Univ.%20
    de%20la%20Red%20de%20Macrouniversidades.pdf
    53 Teneud, L. Programa de Cooperación y Movilidad Regional en Investigación Científica, Humanística y Tecnológica. Área Temática IX: Neurociencias.
    Informe.
    54 Las seis regiones son: Norte (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Guajira, Magdalena); Oriente (Norte de Santander y Santander); Occidente
    (Antioquia y Chocó); Centro Occidente (Caldas, Caquetá, Huila, Quindío, Risaralda, Tolima); Sur Occidente (Cauca, Nariño,
    Valle del Cauca); Centro (Boyacá, Casanare, Cundinamarca, Meta) y Bogotá D.C.
    55 Ramírez, C. (2004). La internacionalización de la educación superior en Chile. Santiago.
    211
    fue constituida en 1999 con el objetivo de “conformar un foro de promoción de la internacionalización
    de las Universidades y de promover un trabajo sinérgico entre las Universidades”56
    La Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Superior -ANUIES- que
    agremia a las principales instituciones de educación superior de México, con el fin de “promover
    su mejoramiento integral en los campos de la docencia, la investigación y la extensión de
    la cultura y los servicios.”57 La ANUIES cuenta con un Directorio Ejecutivo en el cual existe
    una Dirección General de Cooperación a la que se encuentra adscrita la Dirección de Cooperación
    Internacional que tiene por objeto: “apoyar a las instituciones afiliadas en la creación
    y fortalecimiento de las relaciones de cooperación con contrapartes de otros países mediante
    el establecimiento de programas y acuerdos que promuevan el intercambio de estudiantes,
    docentes e investigadores”.58
    El Fórum de Assessorias das Universidades Brasileiras para Assuntos Internacionais en Brasil,
    fue creado en 1988 y reúne a los gestores y responsables de las universidades brasileras
    para:
    promover la integración y la capacitación de los gestores del área (de la internacionalización)
    por medio de seminarios, talleres y reuniones regionales y nacionales
    para divulgar la diversidad y las potencialidades de las IES brasileras ante
    las agencias de fomento, representaciones diplomáticas, organismos y programas
    internacionales.59
    En Paraguay la red sobre internacionalización es de reciente creación.
    Existe en estas redes nacionales un potencial para apoyar los procesos de internacionalización
    y la cooperación interuniversitaria y en tal sentido se vienen adelantando esfuerzos para
    conformar una suerte de red de redes que permita ampliar la interacción entre las oficinas de
    apoyo que han venido organizando las universidades de la región y con tal propósito se realizó
    un primer encuentro en Argentina60. Sin embargo, esta red necesitará articular esfuerzos
    con otras organizaciones ya existentes como la Unión de Universidades de América Latina
    (UDUAL), Red de Universidades Regionales Latinoamericanas (Red UREL), la Asociación de
    Universidades de América Latina y el Caribe para la Integración (AUALCPI), la Red Latinoamericana
    de Cooperación Universitaria (RLCU) para evitar la proliferación de instituciones
    con las mismas finalidades o muy similares.
    Los procesos de convergencia y las redes universitarias
    En años recientes comienza a ganar importancia lo que Sylvie Didou considera como experiencias
    de convergencia de la educación superior en América Latina,61 que han permitido la
    conformación o la participación de redes universitarias alrededor de ellas.
    Un primer ejemplo es el sistema de postgrados regionales en América Central promovido
    en la Confederación Universitaria Centroamericana bajo la dirección del CSUCA;
    un segundo ejemplo es el del Mecanismo Experimental de Acreditación del MERCOSUR
    56 Theiler, J. Internacionalización de la educación superior en la República Argentina.
    57 Disponible en: http://www.anuies.mx/la_anuies/que_es/laanuies.php
    58 Disponible en: http://www.anuies.mx/c_internacional/index.php?clave=bienvenida.php
    59 Disponible en: http://www.belta.org.br/faubai/faubai/index.html Traducción libre
    60 La reunión se llevó a cabo en Argentina y contó además con la participación de Brasil, Chile, Colombia.
    61 Didou Aupetit, S. y otros (2007).Experiencias de Convergencia de la Educación Superior en América Latina. México,Cinvestav-Unesco.
    212
    más Bolivia y Chile (MEXA), concebido como herramienta de cooperación horizontal
    para el desarrollo y la integración internacional alrededor del tema de la evaluación de
    la calidad de los programas académicos; un tercer caso es el Proyecto Tuning –América
    Latina, que si bien está inspirado en la experiencia europea, su desarrollo es latinoamericano,
    proyecto definido como: “un espacio de reflexión de actores comprometidos con la
    educación superior, que a través de la búsqueda de consensos, contribuye para avanzar en
    el desarrollo de titulaciones fácilmente comparables y comprensibles, de forma articulada
    en América Latina”62 con cobertura en 19 países y más de 190 universidades latinoamericanas
    en su primera fase, para trabajar 4 líneas: competencias, créditos académicos,
    enfoques de enseñanza, aprendizaje, evaluación y calidad; los resultados de este proyecto
    se encuentran publicados63 y allí puede encontrarse una semilla que serviría para la futura
    convergencia de la universidad latinoamericana y caribeña; una cuarta experiencia es la
    del Proyecto 6x4 UEALC, desarrollado en seis profesiones con cuatro ejes de análisis y
    que contó con la participación de representantes de 52 universidades de América Latina y
    4 asociaciones universitarias, con avances en temas como las competencias profesionales,
    la construcción de una propuesta para la transferencia de créditos en América Latina y en
    investigación e innovación, el proyecto culminó en octubre del 2006 y aún no se publican
    sus resultados.
    Nuevas posibilidades: redes de disciplinas y redes de docentes
    Entre las nuevas posibilidades ofrecidas por la creación de redes en la educación superior,
    se deben destacar las redes de disciplinas y las redes de docentes. Estas redes permitirían aprovechar
    las fortalezas de una institución, de un departamento o grupo de investigación para
    beneficio de un número mayor de instituciones permitiendo la enseñanza de las disciplinas
    especializadas en forma deslocalizada, incluso itinerante, concentrándose en una o varias semanas
    lectivas, lo que permitiría ofrecer conocimientos nuevos o de muy alto nivel a grupos de
    estudiantes interesados, que de no ser así, no tendrían acceso a ellos.
    El trabajo en redes es una necesidad de la docencia contemporánea. Los profesores
    responsables de la fundamental tarea universitaria deben ser parte de las redes de conocimiento
    relacionadas con el campo de su actividad. La nueva perspectiva es la de considerar
    como escenarios en los cuales se pueden ampliar los efectos de estos procesos de organización
    y desarrollo del trabajo académico, con el apoyo de los Estados o de las instituciones
    de educación superior.
    El Informe muestra que los docentes de las instituciones con escasos medios financieros
    pueden verse acaparados por las tareas apremiantes de la docencia y limitar sus actividades de
    investigación y disminuir su calidad, con lo que disminuye también la atracción que pueden
    ejercer en los estudiantes y su adecuación a las necesidades de la sociedad.
    Un aspecto a tener en cuenta en los países de América Latina frente al problema de la fuga
    de cerebros es la contribución de las redes a reducir el riesgo de “la fuga de cerebros” que es preocupación
    permanente en los países pobres por la gran atracción de las personas con alto nivel
    de formación hacia los países de mayor desarrollo; incluso, dentro de un país también se tiene
    flujo de talento humano desde regiones menos desarrolladas hacia las capitales y ciudades más
    62 Op. cit.
    63 Disponible en: http://www.unideusto.org/tuning/tuningal/
    213
    grandes o hacia instituciones de mayor prestigio. En el informe comentado, se propone como
    hipótesis que “(la fuga de cerebros)… podría contrarrestarse en parte e incluso ser sustituida en
    el futuro por una circulación de cerebros, beneficiosa para todos” porque además “contribuye
    al mantenimiento de la diversidad cultural por las posibilidades que ofrece de impregnarse de
    la cultura de los países que visitan regularmente”.
    Esta perspectiva deberá ser tenida en cuenta por nuestros gobiernos y por los directivos de
    nuestras instituciones cuando se trate de encontrar fórmulas para atenuar o reducir los efectos
    nocivos de la fuga de cerebros.
    La integración de la educación superior en el Caribe anglófono
    En el Caribe se tienen claros ejemplos de integración que merecen recogerse por las lecciones
    que aportan. Con esta finalidad, se recoge el modelo de la University of the West Indies
    (UWI)64 por ser un proyecto multilateral y muy comprometido con la región; la segunda
    experiencia es la de la Asociación de Universidades e Institutos de Investigación del Caribe
    (UNICA) por el perfil regional que orienta su tarea misional.
    University of the West Indies (UWI)
    La UWI es una institución autónoma regional y sirve de apoyo a 16 países y territorios en el
    Caribe que tienen el inglés como lengua materna: Anguila, Antigua y Barbuda, Las Bahamas,
    Barbados, Belice, las Islas Vírgenes Británicas, la de las Islas Caimán, Dominica, Granada,
    Jamaica, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Trinidad
    y Tobago, y las Islas Turcas y Caicos. Todos estos países son miembros de la Comunidad
    de Naciones del Caribe (CARICOM). El objetivo de la universidad es ayudar a “desbloquear el
    potencial de crecimiento económico y cultural” en las Indias Occidentales, que hagan posible
    la mejora de la autonomía regional.
    La universidad consta de tres grandes campus: Mona en Jamaica, San Agustín en Trinidad
    y Tobago, y Cave Hill en Barbados, junto con un campus satélite en Mount Hope, Trinidad y
    Tobago y un Centro de Gestión de Hotelería y Turismo en Nassau, Bahamas. Establecida en
    1948, la Universidad fue fundada originalmente como el Colegio Universitario de las Indias
    Occidentales (UCWI) en Mona en Jamaica, con una especial relación con la Universidad de
    Londres. Se logró la condición de independiente de la Universidad en 1962. El Campus de San
    Agustín, en Trinidad, el antiguo Colegio Imperial de Agricultura Tropical (ICTA), se inició
    en 1960 y el Campus Cave Hill en Barbados fue fundado en 1963. Además, los Centros de la
    Universidad, dirigidos por un Tutor residente, se encuentran en cada uno de los otros 13 países
    contribuyentes. La Universidad de Guyana fue creada e incorporada en abril de 1963.
    Existen facultades comunes a todos los campus, como las Humanidades y Educación y
    Ciencias Sociales. Cave Hill y Mona tienen la Facultad de Ciencias Aplicadas y Puras, mientras
    que San Agustín, Trinidad y Tobago son sedes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y
    la Escuela de Agricultura, Barbados tiene la Facultad de Derecho, a fin de que los estudiantes
    de pregrado en Mona y San Agustín, que completa el primer año de sus respectivas universidades
    deben pasar a Cave Hill. Mona en Jamaica y San Agustín en Trinidad y Tobago tienen
    64 Para el trabajo se mantiene el nombre en su lengua original, sin traducir al español
    214
    Facultad de Medicina. San Agustín tiene también la Facultad de Ingeniería.
    La UWI está comprometida con el desarrollo de la región “mediante la capacitación de sus
    recursos humanos, la realización de la investigación, la prestación de servicios de asesoramiento
    a los gobiernos, así como para el sector privado y la creación de vínculos con otras instituciones
    en toda la región y el resto del mundo”.65
    Los siguientes factores serán de especial importancia para la UWI en la próxima década:
    • La dinámica de la economía y la sociedad basada en el conocimiento
    • Las múltiples repercusiones de la globalización, con especial referencia al Acuerdo General
    sobre el Comercio de Servicios (AGCS)
    • El compromiso de la política pública de los países que contribuyen a la expansión de la
    participación en la educación terciaria
    • La continua revolución de la información, la informática y las tecnologías de las telecomunicaciones.
    A nivel regional, los retos en el entorno incluyen la capacidad de producir líderes en todos
    los ámbitos de actividad de una población estudiantil cada vez más diversa en términos de
    capacidades, la preparación previa, las aptitudes y el interés, la vinculación y la retención de
    estudiantes y profesores de alta calidad de cara a la competencia global por el talento en todos
    los niveles, el crecimiento en el número de instituciones de nivel terciario financiadas por el
    sector público nacional, incluidas las nuevas universidades, que compiten en forma directa
    con la UWI por el personal docente y la financiación, la necesidad de construir y ampliar la
    capacidad para la investigación y la innovación en ausencia de estructurados mecanismos nacionales
    y regionales para la financiación de las investigaciones pertinentes y el mantenimiento
    y mejora de las normas de la enseñanza y la investigación de un cuerpo estudiantil más diverso
    en términos de preparación académica previa, los intereses y las aptitudes.
    Por otro lado, abundan las oportunidades, tales como: la creación de nuevos conocimientos,
    la creciente demanda de trabajadores altamente cualificados, el reconocimiento de la importancia
    del aprendizaje permanente y la formación profesional continua para alimentar la
    demanda de educación superior, el desarrollo de la investigación y Capacidad de innovación
    para aumentar el impacto de la universidad en la región, que permitan una utilización óptima
    de las tecnologías y las oportunidades de alianzas estratégicas con otras universidades, redes de
    conocimiento y el sector empresarial en el nicho de los campos de investigación y desarrollo
    que puede mejorar la institución y la reputación internacional de acceso a los recursos.
    El Plan Estratégico 2007-2012 de la UWI enumera entre sus áreas de fortaleza interna, los
    siguientes factores:
    - El hecho de su condición especial como una institución regional con apoyo de 15 países
    miembros en los cuales tiene presencia;
    - contar con una reputación como institución de alto nivel; su excepcional concentración,
    única en la región, de personal altamente cualificado, experto en una amplia gama de disciplinas;
    - su posesión de una inigualable fuente de conocimientos especializados sobre cuestiones
    65 Traducido de: http://www.uwi.edu/aboutuwi/overview.aspx
    215
    relacionadas con el Caribe;
    - su reconocido liderazgo en el ámbito de la educación superior en la región;
    - los notables logros de sus graduados en posiciones de liderazgo en muchos ámbitos regional
    e internacional que representa los símbolos de excelencia institucional;
    - el conjunto significativo de la producción intelectual de su personal académico a través de
    los años, es un muy respetado organismo para el asesoramiento de los gobiernos de CARICOM
    y su papel como fuente de la investigación y los servicios de expertos para muchas
    empresas exitosas en la región;
    - la insuperable belleza de sus campus.
    Sin embargo, con el fin de mejorar la pertinencia y eficacia de la institución ésta debe ocuparse
    de las deficiencias existentes, tales como:
    - La inestabilidad de la financiación y la marcada dependencia del apoyo de los gobiernos
    centrales;
    - el deterioro de las características regionales de la universidad como resultado de la abrumadora
    mayoría de estudiantes del país anfitrión en los campus respectivos;
    - la necesidad de una participación más activa de los interesados externos;
    - la necesidad de mejorar la difusión de información sobre los resultados de la investigación,
    en el seno de la institución;
    - el rápido crecimiento de la matrícula en los últimos años sin un aumento de los recursos;
    la necesidad de una mayor modernización de los sistemas de gestión;
    - la necesidad de un cambio de la cultura institucional para fomentar el comportamiento y
    los resultados plenamente coherentes con los compromisos de la institución y las aspiraciones
    La Asociación de Universidades e Institutos de Investigación del Caribe (UNICA)66
    La Asociación de Universidades e Institutos de Investigación del Caribe (UNICA) nació
    en 1967 para fomentar la cooperación entre los centros de estudios superiores en el Caribe.
    UNICA facilita contactos académicos y la realización de proyectos colaborativos; además, es
    iniciador de proyectos que reúnen instituciones y académicos de la región caribeña, apoya la
    regionalización de la educación superior en el Caribe, sin desconocer las fuerzas que residen
    en la historia cultural local, con lo cual se potencia positivamente la diversidad de la región.
    UNICA es entonces multinacional, multilingüística, multicultural.
    El nacimiento de UNICA coincidió con los intentos de los dirigentes políticos en el Caribe
    Inglés para rescatar el concepto de la cooperación regional a partir de la Federación de las antiguas
    colonias británicas. UNICA aportó una definición del Caribe que incluye, independientemente
    de las diferencias lingüísticas y culturales, a todos los países bañados por el mar Caribe.
    Así pues, además de los países de habla inglesa, que abarca las instituciones de educación
    66 Sus asociados son: Universidad de Puerto Rico, University of the Virgin Islands, Universite d’Etat d’Haiti, Universite des Antilles et de
    La Guyane, Universite Quisqueya (Haiti), Universidad Tecnológica del Caribe (RD), Universidad Nacional Pedro Henríquez Urena,
    Universidad Simón Bolívar (Venezuela), Instituto Tecnológico de Santo Domingo, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Universidad
    Iberoamericana (RD), University of the Netherland Antilles, Universidad del Sagrado Corazón (Puerto Rico), University Of West
    Florida & Sbdc Network, University of the West Indies, Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra (RD), Universidad Tecnológica
    de Santiago (RD), University Of Technology (Jamaica), Universite Notre Dame D’Haiti, University Of Guyana, Universite Caraibe
    (Haiti), Institute of International Relations (Trinidad), Institute Of Social & Economic Research, U.W.I., Institute Of Caribbean
    Studies, U.P.R., Instituto de Estudios Caribeños (Colombia), Observatorio del Caribe Colombiano
    216
    superior en países como Puerto Rico, la República Dominicana, Haití, Curazao, Martinica y
    Guadalupe, Guyana, Venezuela y Colombia. Hoy en día se ha extendido a las instituciones,
    en Aruba, Surinam, Saint Marten, el Caribe, Centro de Investigaciones de la Medgar Evers
    College, en Nueva York y de lugares tan lejanos como el Caribe, Centro de Estudios de la
    Universidad Metropolitana de Londres, en Londres.
    Antes de la creación de UNICA, la colaboración y la cooperación entre las instituciones de
    educación superior en la región se daban a partir de redes de personas. Por ejemplo, a través de
    la Universidad de Puerto Rico del Instituto de Estudios del Caribe, dirigentes académicos de
    esta Universidad tenían conexiones con dirigentes de la intelectualidad que tenían el francés,
    inglés y holandés como lengua materna y que estaban vinculados a los centros de enseñanza
    superior en el resto de la región. Además, los profesores de lenguas extranjeras utilizan sus
    vínculos con sus homólogos de otras instituciones regionales para promover los programas de
    intercambio de estudiantes de manera que sus respectivas instituciones puedan beneficiarse de
    sus contactos en el Caribe y otras instituciones de América del Norte.
    El objetivo de UNICA ha sido el de fomentar la cooperación y la colaboración entre instituciones
    de educación superior para ayudar a promover el desarrollo económico, social y
    cultural de la región. A través de los años una serie de proyectos que se han emprendido, como
    la fundación de la Asociación de Universidades del Caribe, Investigación y Bibliotecas Institucionales
    (ACURIL); una vibrante asociación regional, que ahora funciona de manera independiente
    de la UNICA, y el Caribe del Programa de Intercambio Estudiantil para facilitar el
    intercambio de estudiantes entre las instituciones miembros.
    También se han establecido vínculos con redes como la Organización Universitaria Interamericana
    (OUI), la Agence Universitaire de la Francophonie (AUF), el Consejo Universitario Iberoamericano
    (CUIB), y esta última red facilitará vínculos con la Asociación Europea de Universidades
    (EUA). Estas redes comparten los mismos objetivos: la creación de fuertes lazos de cooperación
    en los ámbitos educativo, cultural y humano; fomento de los intercambios interregional entre los
    actores educativos, el fortalecimiento de la cooperación en la educación como un objetivo clave,
    con énfasis en la colaboración entre las instituciones de educación superior con total respeto a su
    autonomía, en particular a través de intercambios universitarios y el desarrollo de la educación a
    distancia.
    Los acuerdos bilaterales entre las instituciones miembros se han reunido con diversos grados
    de éxito. UNICA alienta a la UWI para el desarrollo de estrategias orientadas a aumentar la
    colaboración con otras universidades, desarrollar asociaciones de carácter estratégico, brindar
    atención especial a los países vecinos de habla francés, español, portugués y holandés y reclutar
    más estudiantes internacionales en programas de estudios de postgrado e investigación
    En el último plan estratégico, 2007-2012, se recoge la necesidad de elevar las asociaciones internacionales
    como un mecanismo que se utilizará estratégicamente para el logro de los objetivos
    institucionales. Como la UWI trata de fomentar la capacidad y el reconocimiento internacional en
    determinados ámbitos de la investigación y la innovación, va a duplicar esfuerzos en la búsqueda de
    socios estratégicos dentro de la red universitaria a nivel mundial y entre las empresas privadas que
    tienen competencias y experiencia, así como instalaciones de vanguardia. Estas medidas pueden
    facilitar la transferencia de conocimientos, la innovación y el acceso a la financiación de la investigación.
    A través de la supervisión y la coejecución de los programas internacionales de colabora217
    ción con otras universidades será desarrollada para la expansión de la oferta académica en los
    niveles de formación avanzada y acelerar así la investigación en las áreas del conocimiento
    priorizadas.
    La universidad también reconoce que las alianzas con otras universidades de todo el mundo le
    permitirá lograr mayor reconocimiento, atraer más estudiantes internacionales a sus programas y
    ayudar a construir el prestigio internacional de la universidad como un socio competente y respetado.
    Tal estima es una consideración que influye en la clasificación mundial de universidades.
    Experiencia en el Caribe francófono
    En un Seminario-Taller realizado en octubre de 2007 L´harmonisation des cursus, l´offre de
    diplômes communs, l´élaboration d´un système reféréntiel de crédits comparables en Haïtí et dans la
    Grande Caraïbe en el marco del Proyecto para la Armonización de Cursos UEH/AUF/CORPUCA.
    Este proyecto fue presentado por las universidades de Haití junto con otros dos temas:
    “Problemas de la evaluación universitaria” y “La gobernabilidad universitaria propiamente
    dicha” para solicitar apoyo financiero a la Agence Universitaire de la Francophonie (AUF),
    solicitud que tuvo toda la aceptación.
    Este proyecto se inscribe dentro de los ejes prioritarios de CORPUCA, con el apoyo financiero
    de la AUF, y está justificado su desarrollo por la ausencia de:
    - Un sistema de comparación de los diplomas
    - Bases de comparación entre los diferentes modelos de enseñanza superior
    - Documentos que definan las modalidades para el paso de los estudiantes de un ciclo y un
    curso a otro
    - Mecanismos e instancias de acreditación de los diplomas
    - Un marco reglamentario nacional y regional
    Los objetivos específicos propuestos fueron:
    - Promover una gran reflexión sobre la problemática de la adecuación curricular de los cursos
    y diplomas ofrecidos.
    - Validar formatos estándares para la presentación de la oferta de cursos de formación de
    nivel superior dentro del país.
    - Asegurar la integración regional e internacional de la formación y los diplomas dentro de
    las especificaciones nacionales.
    - Mejorar la visibilidad de la oferta de formación de las universidades de Haití y del Gran
    Caribe instalando progresivamente las bases de un sistema de homologación como el L-MD
    (Licenciatura-Maestría-Doctorado).
    Para lograr estos objetivos, el Seminario-Taller abordó los siguientes temas:
    - Coherencia de los contenidos de formación con las “ocupaciones”.
    - Problemática de las equivalencias universitarias en los niveles de cursos, programas y diplomas
    y la puesta en marcha de un sistema de acreditación de las formaciones.
    - Movilidad académica y científica respecto a la armonización de cursos en Haití y el Caribe.
    218
    - L-M-D y sus implicaciones para un país como Haití.
    Como puede verse tanto en los objetivos como en los temas, la universidad haitiana está
    pensando seriamente en llevar adelante procesos de integración y articulación, tanto en una
    perspectiva nacional como internacional.
    Sería interesante conocer los resultados del proyecto. Hasta la fecha no ha sido posible.
    A modo de conclusión sobre la integración de la educación superior a través de
    las redes en América Latina y el Caribe
    Son cuantiosos los esfuerzos que se hacen desde hace varias décadas en la región por establecer
    lazos de cooperación entre las instituciones de los diferentes países, sin embargo, no se
    logran resultados importantes en la integración de los sistemas de educación superior de ALyC.
    Sobre esta consideración, escribió Uribe recientemente:
    Sorprende que a pesar de las reiteradas declaraciones políticas de los países de la región,
    la importancia creciente de las diferentes redes interuniversitarias, las iniciativas
    transcontinentales de cooperación en educación y las acciones concertadas de los
    organismos intergubernamentales regionales, no haya surgido una potente fuerza
    cohesionadora que le de vigor al renovado interés latinoamericano de lograr una integración
    que trascienda las dinámicas excluyentes e inequitativas de la amenazadora
    mercantilización de la educación superior o las políticas y acciones a veces paternalistas,
    provenientes de la cooperación académica europea. 67
    Lo anterior lleva a varias preguntas ¿Está preparada América Latina y el Caribe para esta
    convergencia? ¿Realmente la desea? ¿Qué es lo que no se ha hecho aún para aclimatar la idea de
    un efectivo “Espacio Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior”? ¿Cuál o cuáles
    son los organismos que pueden realmente contribuir en convocar con un máximo de confianza
    y un mínimo de protagonismos que son siempre frecuentes en estos procesos? ¿Podremos trabajar
    como “red” o “red de redes” en marcos flexibles y de cooperación solidaria, sin pensar
    en estatutos y burocracias que siempre surgen en estas iniciativas?
    Son temas que se enuncian más para provocar una reflexión que con la pretensión de dar
    respuestas en este documento.
    3.3.3. Internacionalización del currículo
    Tal vez por ser uno de los campos de más reciente preocupación en la región, es donde
    menos avances se han documentado. Para ser considerado como un currículo internacional
    debe cumplir con requisitos internacionales de calidad, la utilización de créditos académicos
    que sirvan como indicador del trabajo académico de los estudiantes, y también, permitir la
    comparabilidad y compatibilidad internacional de las titulaciones.
    La internacionalización del currículo comienza desde los procesos de captación de estudiantes
    extranjeros que no se reducen a la sola publicidad de la institución o del programa en
    países distintos a la sede de la institución y en este sentido, pocas universidades de la región
    67 Uribe R, J. (2007) . Integración, cooperación internacional, redes y asociaciones. Documento sin publicar.
    219
    tienen una estrategia consolidada para “reclutar” estudiantes de pregrado o grado en otros
    países, si bien la situación para el postgrado puede ser diferente. Un asunto interesante es la
    forma cómo se realiza esta promoción por parte de las universidades de ALyC; en la mayoría
    de los casos lo hacen individualmente, a diferencia de la estrategia seguida por universidades de
    países desarrollados que integran un consorcio para promover sus instituciones en el exterior,
    e incluso, para abrir oficinas de promoción en otros países.
    La internacionalización del currículo necesita la incorporación de referentes internacionales,
    como también ofrecer y realizar cursos en otros idiomas o pasantías de estudiantes en países
    de lengua diferente a la del país con el fin de contribuir con el dominio de idiomas. Si bien la
    mayoría de los países de la región tienen el español como lengua materna, en el continente se
    tienen posibilidades de otras lenguas como portugués, inglés, francés y holandés.
    Las prácticas en el extranjero son dimensiones que deben desarrollarse más para facilitar el
    contacto con otras culturas. Otras estrategias como los cursos conjuntos que ofrecen grupos de
    universidades son opciones para la internacionalización.
    Una forma más compleja son los programas de doble titulación y los de titulación conjunta
    en los cuales varias universidades se ponen de acuerdo en un currículo y sobre algunas maneras
    de desarrollarlo: algunas veces este currículo se imparte simultáneamente en varias universidades;
    en otros casos cada universidad ofrece una parte, un curso o algunas asignaturas; y una
    tercera manera es cuando las universidades acuerdan que un estudiante comienza su formación
    en una universidad posteriormente continúa su carrera en otra.
    Todas estas opciones están presentes en la región, sin embargo, la dinámica más fuerte se
    presenta con universidades de países diferentes a los latinoamericanos y caribeños.
    En materia de internacionalización del currículo, se nota mayor claridad en su reconocimiento
    en las comunidades académicas de las áreas del conocimiento y de las profesiones que
    en las instancias gubernamentales. Y en tal sentido, la experiencia del proyecto Alfa Tuning
    -América Latina del cual se hizo mención anteriormente, lo pone en evidencia al lograr un debate
    académico amplio y abierto para identificar los referentes comunes en la formación. Este
    proyecto podría a su vez, aportar en forma significativa a un proceso de internacionalización
    del currículo en las universidades de la región.
    El proyecto es un trabajo entre universidades para aportar a una mejor comprensión de
    los sistemas de educación superior de manera que se faciliten los procesos de reconocimiento
    tanto intrarregional como interregional. Como se mencionó, si bien estuvo inspirado en la
    experiencia europea, su desarrollo fue completamente trabajo latinoamericano. Busca afinar
    las estructuras educativas de América Latina a través del debate académico con el propósito
    identificar los elementos comunes existentes en la región e intercambiar información y mejorar
    la colaboración entre las instituciones de educación superior para el desarrollo de la calidad,
    efectividad y transparencia, impulsado y coordinado por universidades públicas y privadas de
    19 países68. Durante el desarrollo de la primera fase, no se centró en los sistemas educativos
    sino en las estructuras y el contenido de los estudios, que son responsabilidades directas de las
    instituciones de educación superior.
    Se trabajó en 12 áreas de formación: Administración de Empresas, Arquitectura, Derecho,
    Educación, Enfermería, Física, Geología, Historia, Ingeniería Civil, Matemáticas, Medicina,
    Química. La reflexión de los grupos integrados por los profesores de cada una de las áreas,
    68 Países participantes: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México,
    Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela.
    220
    giró principalmente alrededor de las competencias genéricas y específicas para cada titulación
    y, en una segunda línea, sobre los enfoques de enseñanza, aprendizaje y evaluación. La tercera
    línea, la de créditos académicos, se trabajó en el grupo conformado por los representantes de
    los Centros Nacionales Tuning que eran funcionarios de los Ministerios de Educación y/o de
    los Consejos de Rectores o de las asociaciones de los países participantes.
    Vale la pena señalar que para la identificación de las competencias, tanto genéricas como
    específicas, se adelantaron procesos de consulta a empleadores, egresados, estudiantes y profesores,
    lo que permitió una amplia participación al recopilarse más de 42.000 encuestas respondidas.
    Para el presente trabajo no se presentan los principales resultados, los cuales pueden consultarse
    ampliamente en la página Web del Proyecto69; sólo se hace énfasis en un punto que
    cobró vital importancia durante el desarrollo del mismo y es que los resultados alcanzados
    no tienen carácter prescriptivo ni vinculante para las universidades; deben ser tomados como
    referentes comunes y no como la fórmula única para la definición del perfil profesional.
    Un comentario final sobre el tema es que pareciera que las universidades con mayor experiencia
    en las relaciones internacionales son más permeables a la incorporación de parámetros
    internacionales en su currículum. Sobre el asunto, señala Beneitone:
    “Las universidades privadas presentan mayores experiencias en la doble titulación
    y la inclusión del idioma extranjero en el dictado de las asignaturas. Las universidades
    públicas tienen mayor desarrollo en las experiencias de compatibilización
    curricular (inclusión de parámetros internacionales en las titulaciones)”.70
    Es importante poner de presente que la internacionalización del currículo no es asunto
    fácil en la universidad latinoamericana y caribeña; la internacionalización es vista como “privatización”
    y “mercantilización” de la educación superior; pero cuando ésta llega al currículo,
    es cuando aparecen las mayores resistencias para hacerla posible. Es necesario entonces iniciar
    la tarea de involucrar a profesores, investigadores, estudiantes, directivos y administrativos, en
    discusiones a fondo acerca de la internacionalización para una mejor comprensión de su papel
    en el desarrollo de las instituciones, en el mejoramiento de la calidad, entre otros.
    Sólo de esta manera podrá verdaderamente integrar la dimensión internacional, global e
    intercultural, como lo plantea J. Knight en la formación, la investigación y la extensión en las
    instituciones de educación superior.
    3.4. Fuga de cerebros en América Latina. ¿Consecuencia ineludible de la
    internacionalización?
    La movilidad es mirada como un factor que explica en parte la migración internacional de
    científicos y este es uno de los aspectos más importantes que afectan las relaciones entre los
    países desarrollados y los países en desarrollo. Sin considerar las cualificaciones de los migrantes,
    se estima que aproximadamente 200 millones de personas viven y trabajan fuera de su país
    natal, lo que representa aproximadamente el 3% de la población mundial.
    Las migraciones vienen ganando importancia en la agenda internacional por los efectos
    69 Disponible en: http://tuning.unideusto.org/tuningal/index.php?option=com_docman&Itemid=191&task=view_category&catid=22&o
    rder=dmdate_published&ascdesc=DESC
    70 Beneitone, P. Universidad de La Sabana, Bogotá, 2008.
    221
    de las remesas que envían los emigrantes hacia sus países de origen, generalmente naciones en
    desarrollo; cifra que se calcula del orden de $225.000 millones de dólares en 200571, lo cual
    tiene una profunda repercusión en el mundo en desarrollo y representan la segunda fuente más
    importante de financiación externa en estos países. Sin duda que estos ingresos contribuyen
    a la reducción de la pobreza en esas naciones, pero la salida masiva de ciudadanos altamente
    calificados representa un complejo dilema para muchos países pobres.
    Estudios realizados por el Banco Mundial señalan que el ingreso de las familias con miembros
    que han emigrado al extranjero es superior al de familias sin emigrantes y de esta manera,
    las remesas reducen la pobreza y aumentan el gasto en educación, salud y la inversión en estas
    familias. En México, mientras mayor sea la proporción de hogares con emigrantes en una
    región, más favorable es el efecto que tiene el aumento de las remesas en la pobreza rural y en
    Guatemala, las remesas reducen el nivel, la profundidad y la gravedad de la pobreza. El mayor
    impacto se observó en la gravedad de la pobreza, ya que las remesas representan más de la mitad
    de los ingresos del 10% más pobre de las familias.
    Se observa que la mayoría de los emigrantes hacia Europa provienen principalmente de
    África y Oriente Medio, mientras que las principales corrientes migratorias hacia Estados Unidos
    parten de México, América Central y el Caribe. Lo anterior podría indicar que para los
    potenciales emigrantes es importante estar cerca del país de destino, en especial para los pobres
    y sin calificaciones, ya que es más barato emigrar a un país cercano que a uno ubicado a mayor
    distancia. Además, la conformación de redes de emigrantes en el país de destino incentiva la
    migración, ya que reduce aún más el costo de emigrar y provee los contactos necesarios para
    encontrar empleo.
    Este trabajo se focaliza en la migración de personas con alta formación y si bien no corresponde
    a migraciones masivas sino de naturaleza selectiva, tiene una importancia cualitativa en
    la medida que hace referencia a la capacidad endógena del talento nacional y regional para la
    generación y aplicación del conocimiento en la sociedad actual.
    Una de las principales dificultades para abordar este tema tan importante, consistió en la
    escasa información que dé cuenta de estudios sistemáticos en los diferentes países sobre los
    flujos de personas con alto nivel de formación y del impacto que esto tiene sobre el potencial
    del país para aprovechar los desarrollos científicos y tecnológicos en los procesos sociales y en
    la capacidad de innovación y de incorporar valor en sus procesos productivos.
    En el desarrollo del documento se hará referencia indistintamente a “fuga de cerebros”,
    “migración de talentos”, “diáspora de científicos” o “nomadismo científico”, términos más
    comunes en la literatura al respecto, aunque se reconoce que la terminología más conocida es
    “fuga de cerebros” en una traducción del inglés “brain drain”.
    La emigración de trabajadores cualificados afecta a la mayoría de los países del mundo,
    incluida la Unión Europea y beneficia principalmente a Estados Unidos. Aproximadamente
    400.000 científicos nacidos en Europa residen en EEUU y un 70% los europeos que realizan
    cada año su doctorado en Estados Unidos, opta por quedarse en territorio estadounidense.
    La situación de los países pobres es aún más crítica y seguramente los números son más altos.
    Se estima que alrededor de un millón de personas con altos niveles de formación que viven
    y trabajan en países desarrollados provienen de los 50 países más pobres, “lo que representa
    un éxodo intelectual entre el 15%, teniendo en cuenta que en esos países más pobres unos 6,6
    millones de personas tienen formación superior; sin embargo, hay países donde la proporción
    71 Cifras del Banco Mundial en Perspectivas de la economía mundial 2006.
    222
    puede alcanzar hasta un 50% de sus profesionales con formación universitaria”72
    Sólo para presentar una pequeña muestra, los países asiáticos pierden por causa de la emigración
    entre un 5% y el 15% de su talento humano; Irán tiene un 25% de sus graduados en
    el extranjero. El 70% de los peruanos que terminan su doctorado en Estados Unidos intenta
    quedarse en este país.
    3.5. Las migraciones en América Latina y el Caribe
    Son amplias las dificultades para presentar estadísticas sobre migraciones en ALyC, pues
    la recopilación de datos comparables entre países es difícil por las disparidades en las prácticas
    de recolección. Por ejemplo: la captura de datos se realiza en fechas diferentes, no se incluyen
    algunas categorías de migraciones, la definición de la migración no es homogénea, entre otras.
    Así mismo, es necesario mencionar las migraciones ilegales como factor que también contribuye
    a la deficiente información estadística existente.
    Los datos del Banco Mundial registran un éxodo masivo de profesionales desde algunos de
    los países de bajo ingreso en el mundo. Ocho de cada diez haitianos y jamaicanos con título
    universitario viven fuera de su país; en Sierra Leona y Ghana, la relación es de cinco entre diez.
    Muchos países de América Central y África al sur del Sahara, además de algunas naciones islas
    en el Caribe y el Pacífico, registran índices de emigración profesional superiores a 50%.
    En el siguiente cuadro se presenta el índice de emigración de personas capacitadas en
    varios países:

    Fuente: Banco Mundial-OCDE
    El censo de 1999 en los Estados Unidos muestra que 1.559.000 personas (12,5%) de los profesionales
    universitarios de este país son extranjeros y casi el 10% (212.400) son originarios de ALyC.
    Los doctores representan el 25,7% de la población profesional extranjera residente en este mismo
    país: 14,8% disponen de un master; 8% un grado profesional y el 10,5% tiene un título universitario.
    Estados Unidos cuenta con casi un millón de investigadores de tiempo completo mientras que
    todos los países de América Latina y el Caribe totalizan menos de 150.000 investigadores.
    72 Pampillón, R.
    223
    La masiva fuga de cerebros de países latinoamericanos y caribeños presenta desafíos complejos
    que es necesario comprender de manera adecuada y completa para poder presentar
    propuestas que apunten a evitar la diáspora de talento humano.
    La otra cara de la moneda de la “fuga de cerebros” que padecen nuestros países es la “ganancia
    de cerebros” para los países receptores. Sin embargo, la fuga de cerebros no siempre viene
    de la mano con una “ganancia de cerebros” en los países de destino pues, con frecuencia, los
    emigrantes capacitados en Estados Unidos no encuentran empleos ajustados a su nivel de educación.
    Esta situación la explican los estudiosos del tema tanto por diferenciales en la calidad
    de la educación como hacia un “desperdicio de cerebros” por las dificultades que padecen los
    emigrantes para obtener las licencias necesarias para el ejercicio de algunas profesiones.
    Sin embargo, no todos los cerebros emigrantes se “desperdician”. Una revisión a los aportes
    que hacen los emigrantes capacitados y los estudiantes extranjeros en Estados Unidos estima
    que un aumento de 10% en la cantidad de estudiantes extranjeros con título universitario eleva
    en 4,7% las solicitudes de patentes en Estados Unidos, en 5,3% las donaciones para patentes
    universitarias y en 6,7% las donaciones para patentes no universitarias.
    Para la explicación del fenómeno de las migraciones desde los países más pobres hacia
    los más desarrollados, son varios los factores que es necesario analizar. Entre ellos, sin lugar a
    dudas que los factores económicos tienen un peso significativo dentro de las motivaciones de
    Cuadro 2
    Comparativo del PIB per capita entre países de América Latina y el Caribe con respecto a países
    desarrollados

    La masiva fuga de cerebros de países latinoamericanos y caribeños presenta desafíos complejos
    que es necesario comprender de manera adecuada y completa para poder presentar
    propuestas que apunten a evitar la diáspora de talento humano.
    La otra cara de la moneda de la “fuga de cerebros” que padecen nuestros países es la “ganancia
    de cerebros” para los países receptores. Sin embargo, la fuga de cerebros no siempre viene
    de la mano con una “ganancia de cerebros” en los países de destino pues, con frecuencia, los
    emigrantes capacitados en Estados Unidos no encuentran empleos ajustados a su nivel de educación.
    Esta situación la explican los estudiosos del tema tanto por diferenciales en la calidad
    de la educación como hacia un “desperdicio de cerebros” por las dificultades que padecen los
    emigrantes para obtener las licencias necesarias para el ejercicio de algunas profesiones.
    Sin embargo, no todos los cerebros emigrantes se “desperdician”. Una revisión a los aportes
    que hacen los emigrantes capacitados y los estudiantes extranjeros en Estados Unidos estima
    que un aumento de 10% en la cantidad de estudiantes extranjeros con título universitario eleva
    en 4,7% las solicitudes de patentes en Estados Unidos, en 5,3% las donaciones para patentes
    universitarias y en 6,7% las donaciones para patentes no universitarias.
    Para la explicación del fenómeno de las migraciones desde los países más pobres hacia
    los más desarrollados, son varios los factores que es necesario analizar. Entre ellos, sin lugar a
    dudas que los factores económicos tienen un peso significativo dentro de las motivaciones de           los emigrantes.
    En el siguiente cuadro se recoge la evolución del ingreso nacional per capita comparados
    entre países de la región y frente a países desarrollados. Los resultados son obvios; mientras en
    ALyC el promedio en el año 2000 fue de US$7.030; en Europa llegó a US$20.393 y en otros
    países de la OCDE fue de US$22.931.
    Otros factores que considera la literatura sobre el tema que están directamente relacionados
    con el flujo de talento humano de alto nivel hacia los países más ricos, tienen que ver con los
    débiles sistemas de ciencia y tecnología con que cuentan la mayoría de los países de la región
    y con ello, se limitan las posibilidades de aplicar sus capacidades en los países de origen por
    la baja demanda de científicos en los respectivos mercados laborales. El gasto nacional en
    investigación y desarrollo de la región es de apenas el 1% como promedio, mientras que el
    de Estados Unidos es del orden del 70-80%, en la Unión Europea de más del 28% y Japón
    aproximadamente del 15%.
    Otros indicadores de ciencia, tecnología e innovación (CTeI) muestran que el peso de ALyC representa
    apenas un 1.4% de la producción científica mundial y el 0.2% de las patentes solicitadas.
    Los ciclos políticos también determinan los flujos migratorios. Los períodos de gran perturbación
    política en los países se caracterizan por ser momentos expulsores de poblaciones
    académico-científicas y profesionales en general.
    Durante los primeros años del siglo XX, las migraciones de talento desde los países en desarrollo
    hacia los países desarrollados estaban asociadas a procesos de formación profesional que
    pretendían resolver los problemas locales por medio de la transferencia de conocimientos y tecnología
    y en esta fase jugó un papel muy importante la cooperación científica internacional.
    En síntesis, las siguientes son algunas de las principales causas de la migración profesional
    que afecta a la región: la ausencia de definición de políticas científicas en la mayor parte de los
    países de la región y que se traducen en débiles sistemas de ciencia, tecnología e innovación;
    la casi inexistente política regional de formación doctoral; el desarrollo incipiente del sector
    industrial con poca innovación y desvinculado del sistema científico-tecnológico por tanto,
    con limitada capacidad para absorber los productos científicos locales; la indefinición de las
    prioridades nacionales o regionales para la formación de recursos humanos; la lenta actualización
    de las políticas de cooperación científica internacional; la falta de incentivos económicos
    para el desarrollo de las actividades científicas y las grandes agitaciones políticas y sociales que
    conmovieron los países de la región.
    La migración de talento humano en los países de la región genera un impacto que puede ser
    considerado desde la perspectiva del desarrollo sostenible. Se reconoce que el trabajo productivo
    de los talentos está en relación directa, por un lado, con las capacidades de innovación y
    la productividad de los diferentes sectores de la economía trayendo así mayor crecimiento económico
    y bienestar de la sociedad. De otra parte, también influyen de modo positivo sobre la
    calidad de los servicios sociales que recibe dicha sociedad, lo que se traduce en un mejor vivir.
    Para mostrar el impacto de la fuga de cerebros, se toma el siguiente cuadro de Solimano
    que resume los efectos que esta migración tiene tanto sobre el país de origen como en el país
    receptor:
    225
    Cuadro 3
    Efectos económicos de la migración calificada
    Como consecuencia de la fuga de talentos, los países de América Latina y el Caribe disponen
    de 146.000 investigadores que representan apenas el 3,5% del total de científicos del
    planeta, valor inferior al promedio mundial. En comparación con otros países, América Latina
    y el Caribe tienen, 3 veces menos investigadores que Japón, 6 veces menos que los EEUU, un
    cuarto del personal de investigación y desarrollo de Europa, 4 veces menos que China. Solamente
    EEUU y Canadá disponen del 25% de los investigadores del mundo.
    Un estudio del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) muestra que las migraciones
    de personal altamente calificado representan para la región una pérdida de conocimiento
    muy significativa; dicho estudio muestra que entre los años 1961 y 1983, emigraron
    700.000 profesionales y personas de alta calificación de los países de América Latina y el Caribe
    hacia Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Esta cifra es más de cuatro veces el número
    total de científicos que desarrollan actividades a tiempo completo en los países de ALyC. Si
    en los años siguientes se mantuvo esta tendencia, según Lema“… puede estimarse que más de
    1.200.000 personas altamente calificadas de la región emigraron hacia esos tres países entre
    1961 y 2002. Estimando que el costo mínimo de una formación universitaria en la región es
    de 25.000 dólares, las migraciones profesionales de los últimos 41 años costaron a los países de
    América Latina y el Caribe más de 30.000 millones de dólares”.73
    Pero más allá de los asuntos monetarios, es incalculable la pérdida para los países de la re-
    73 Lema, F. La construcción de la sociedad del conocimiento en América Latina. La diáspora del conocimiento.
    226
    gión frente a los países desarrollados que son los beneficiados de la inversión social y personal
    de los casi 25 años que ha costado de la formación de cada uno de los talentos emigrados. Con
    ello, además, se afecta la capacidad de generación y utilización productiva del conocimiento.
    En un esfuerzo para prevenir las migraciones de recursos humanos altamente calificados, se
    adoptaron diferentes estrategias en los países de la región. En algunos se llegó a la formulación
    de políticas reguladoras cuyas principales estrategias fueron la fijación de cupos para becas y las
    sanciones para quienes no retornaban. Los resultados no fueron los esperados en términos de
    evitar la migración de talentos, quienes siguieron la ruta hacia los grandes centros de atracción
    científica en el mundo. Muy pocos países fortalecieron las líneas de políticas hacia la organización
    y consolidación de sistemas de innovación con estímulos muy importantes para los
    científicos nacionales y de esta manera lograr su permanencia en el respectivo país.
    Por otra parte, también se rescata la preocupación por recuperar los profesionales con altas
    calificaciones en los países de origen, políticas generalmente consideradas muy costosas y de
    difícil sostenibilidad y más recientemente se hacen esfuerzos importantes para conectar a los
    científicos nacionales en el exterior con los que se encuentran en el país.
    Los científicos y académicos que emigran, constituyen un bien estratégico para
    los países de origen y forman parte de su masa crítica. Es necesario recuperar el
    caudal del éxodo científico, revinculándolo a las comunidades locales, mediante
    el diseño de políticas y estrategias que los hagan sentirse parte de un proyecto
    institucional, nacional o regional, que cree condiciones para la innovación y la
    participación, redimensionando su rol social.74
    Sobre este asunto, se presenta una síntesis muy completa de la experiencia y del recorrido
    emprendido por varios países de la región para establecer y fortalecer la vinculación de sus
    talentos nacionales en el exterior con los científicos que aún permanecen:
    Las estrategias de revinculación de los emigrantes científicos a proyectos en sus
    países de origen surgen recientemente en el área no gubernamental, a partir de
    procesos autoorganizativos de las diásporas científicas y son favorecidos por un
    incremento en la facilidad de circulación internacional de las ideas, las personas
    y la necesidad de aumentar los aspectos multidisciplinarios en los programas
    científicos.
    Los primeros contactos organizados entre las comunidades científicas expatriadas
    se iniciaron a partir de una experiencia realizada en India, con el apoyo de la
    UNCTAD, a un programa de científicos visitantes, financiado desde 1977. En
    la misma década surge el programa TOKTEN (Transfer of Knowledge Through
    Expatriate Nationals) del PNUD (Programa de NNUU para el Desarrollo) cuya
    finalidad es facilitar el desplazamiento de expertos a países donde la lengua y la
    cultura facilita su inmediata operatividad. Por razones diversas, entre otras la
    falta de desarrollo endógeno, capaz de generar polos de atracción tecnológicos
    en los países menos desarrollados que captaran esos recursos y la falta de conocimiento
    del programa del PNUD por parte de las comunidades de científicos
    expatriados, estas experiencias fueron poco difundidas y su efecto fue poco significativo
    para el desarrollo de la mayor parte los sistemas científicos nacionales
    74 Beneitone, P. Op. Cit.
    227
    (TOKTEN, 1994).
    Aunque hubo experiencias previas, puntuales y transitorias, es recién en la década
    de los 80, que las comunidades de científicos expatriados comienzan a organizarse
    y a establecer contactos con sus contrapartidas nacionales por medio de
    la creación de asociaciones sin finalidad lucrativa.
    El retorno de la legalidad constitucional en Argentina (1983) provocó en las comunidades
    científicas de este país residentes en Francia y en EEUU, la organización
    de reuniones que cristalizaron en asociaciones. El gobierno argentino expresó
    también su interés por estas manifestaciones, organizando en el CONICET,
    una Base de Datos de Científicos Argentinos residentes en el exterior del país.
    La misma comunidad científica argentina, asociada a grupos parlamentarios nacionales,
    organizó una reunión en Buenos Aires, en 1985, donde se analizaron
    los efectos de la dispersión de científicos y se estudiaron algunos mecanismos de
    revinculación. Posteriormente el gobierno argentino creó el PROCITEX, programa
    centrado en una política de revinculación, pero especialmente de repatriación
    de científicos argentinos.
    En 1999 fue creado por iniciativa del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la
    Universidad de Buenos Aires y el Programa Red Inter Regional de Científicos de
    América Latina y del Caribe de UNESCO: el programa cre@r, una estructura
    destinada a generar bases de datos de emigrantes profesionales argentinos en el
    exterior y de necesidades urbanas en cooperación técnica. En 2000 un programa
    de características similares es creado en la Secretaria de Ciencia y Tecnología e
    Innovación Productiva de la República Argentina, RAICES, cuyos métodos de
    trabajo son similares a los de cre@r pero destinados al ámbito nacional.
    La emigración científica uruguaya organizó en 1985 en París, una estructura
    asociativa, AFUDEST, que colaboró ampliamente con las autoridades universitarias,
    gubernamentales y la comunidad científica de Uruguay, para el desarrollo
    de actividades de revinculación y de desarrollo endógeno del sistema de ciencia
    y tecnología (CyT). La experiencia de AFUDEST, transmitida a otros científicos
    de América Latina, permitió el surgimiento de otras agrupaciones en Francia
    (Association Latinoaméricaine de Scientifiques, ALAS) en la década del 90. Es
    bajo propuesta de ALAS que se crea en UNESCO en 1991, el Proyecto Base de
    datos de Científicos de América Latina y del Caribe, con el apoyo de los embajadores
    de la región y posteriormente, en 1994, el Programa Red Inter Regional de
    Científicos de América Latina y del Caribe. Este programa desarrolla actividades
    de investigación científica en diferentes países de la región, de difusión y de formación
    en ciencia y tecnología.
    En 1991, Colombia establece oficialmente la Red Caldas de Científicos e Ingenieros
    Colombianos residentes en el extranjero y organiza actividades de intercambio
    y formación con la diáspora colombiana. En 1996 por iniciativa de
    la Delegación de Venezuela en UNESCO se crea el Programa TALVEN, con el
    objetivo inicial de revincular los científicos venezolanos con su país de origen.
    En 2002 por iniciativa del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia y el
    apoyo de la Unión Europea, el Banco Mundial, la Organización de Coopera228
    ción y Desarrollo Económico (OCDE), el Programa de Naciones Unidas para
    el Desarrollo (PNUD), la Comisión Suiza para la cooperación científica con los
    países en desarrollo, los ministerios del Empleo y la Solidaridad, de la Juventud,
    la Educación Nacional y la Investigación, la Academia de Ciencias, el Consejo
    Económico y Social, el Alto Comisariado para la Cooperación Internacional, la
    Asociación de Universidades Francófonas de la República Francesa y el Institut
    de Recherches pour le Développement (IRD), fue convocado un comité internacional
    de expertos con el objeto de estudiar los mecanismos de valorización de las
    comunidades de investigadores e ingenieros de los países en desarrollo residentes
    en los países desarrollados. Uno de los objetivos centrales de este trabajo fue
    reunir y analizar las informaciones disponibles sobre las “diásporas” científicas
    y técnicas y estudiar las formas bajo las cuales las políticas públicas podrían
    favorecer las acciones de cooperación de estas organizaciones con los países en
    desarrollo. El interés mostrado por las instituciones participantes en la búsqueda
    de nuevas formas de participación de los científicos y técnicos emigrados en la
    cooperación con sus países de origen, señala la apertura de una nueva etapa en
    el reconocimiento del problema planteado en la construcción de la sociedad del
    conocimiento por las migraciones especializadas.75
    Los gobiernos de los países pobres deben procurar retener a sus profesionales cualificados
    ofreciéndoles mejores posibilidades de empleo y de carrera y deben también incentivar la vuelta
    de los emigrantes a fin de que contribuyan al crecimiento económico y a la mejora de los
    conocimientos en estos países. En este sentido, los gobiernos deben aprovechar el fenómeno de
    la globalización que hace que los científicos y expertos más capacitados adquieran una mayor
    movilidad virtual y necesiten, por tanto, menor movilidad física. Hoy día no es imprescindible
    que los profesionales se marchen a otro país para conseguir un trabajo mejor remunerado. Con
    el teletrabajo, se puede trabajar para Estados Unidos o para un país de la Unión Europea desde
    casa y una condición indispensable es contar con infraestructura de telecomunicaciones para
    poder trabajar a distancia, en lo cual es necesario que los gobiernos definan políticas claras al
    respecto.
    A la vez, el fenómeno de la “deslocalización” hace que muchas multinacionales se instalen
    en los países en desarrollo, lo que crea más oportunidades para los cerebros locales. Los gobiernos
    de esos países deben saber que favorecer la inversión extranjera es otra forma de atraer
    a los cerebros que se han ido y retener a los cerebros que todavía están. Las migraciones de los
    científicos de América Latina y el Caribe hacia países desarrollados pueden tener graves consecuencias
    en la medida que el trabajo de esos profesionales cualificados es un requisito para la
    modernización de las estructuras de producción, como también para mejorar la calidad de los
    servicios sociales que recibe la población, especialmente en salud y educación.
    4. Papel del IESALC en la integración de la educación superior de
    América Latina y el Caribe
    Para una mejor comprensión de la tarea del IESALC en la región, es pertinente hacer una
    75 Op. cit.
    229
    revisión respecto de las acciones que ha venido desarrollando la UNESCO, muchas de ellas
    como seguimiento de las Reuniones Mundiales realizadas (Conferencia Mundial de Educación
    Superior -CMES- en el año 1998 y Paris+5 en el 2003) y como preparatorias para la próxima
    Cumbre (París+10)76.
    Cabe recordar, que la CMES, en el capítulo final del documento denominado Marco de acción
    prioritaria para el cambio y el desarrollo de la Educación Superior, encomienda a la UNESCO
    cumplir un rol protagónico de coordinación del trabajo entre los Estados, las instituciones
    y agencias que formaron parte de este proceso; y monitorear los avances alcanzados y las metas
    pendientes de cumplimiento respecto de la Declaración y del Marco de Acción Prioritaria.
    En los siguientes programas, se aprecia la fuerte presencia y el interés por el ACGS:
    • UNESCO/NGO Collective Consultation on Higher Education, es un Comité Consultivo que
    se estableció en 1998, en el que participan 60 organizaciones que representan diversas áreas
    de la comunidad relacionadas con la educación superior.
    • Forum sobre la enseñanza superior, la investigación y el conocimiento, es una tribuna abierta
    para el intercambio intelectual.
    • La Global University Network for Innovation (GUNI), creada en 1999 en París por UNESCO,
    la Universidad de Naciones Unidas y la Universidad Politécnica de Cataluña, en el
    marco del Programa de Cátedras UNITWIN/UNESCO77, dentro de las actividades desarrolladas
    se puede mencionar el Observatorio Universidad y Compromiso Social
    • Forum Global sobre Garantía de Calidad Internacional, Acreditación y Reconocimiento de
    Estudios, promueve una plataforma de encuentro para los diferentes marcos internacionales
    sobre estas temáticas, y fue lanzado como una reacción a las crecientes demandas de la
    comunidad internacional que solicitaban por parte de la UNESCO un papel más activo
    respecto del impacto de la globalización en la educación superior, en particular en la prospectiva
    de la liberalización del comercio de servicios educativos a través del GATS78
    En el plano de la cooperación internacional, merece una mención destacada por su relevancia
    clave en la educación superior del Siglo XXI, el tema de la acreditación y la evaluación
    de la calidad universitaria; y en consecuencia el surgimiento de agencias nacionales, redes de
    acreditación internacional como la Red Iberoamericana para la acreditación de la Calidad de la
    Educación Superior (RIACES) y el Sistema Centroamericano de Evaluación y Acreditación de
    la Educación Superior (SICEVAES), y foros diversos que cooperan e interactúan para acordar
    dimensiones y criterios que permiten definir una educación de calidad.
    En este sentido la UNESCO, en el marco del Forum Global sobre Garantía de Calidad
    Internacional, Acreditación y Reconocimiento de Estudios ha instaurado un Plan de Acción,
    y en conjunto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
    elaboró el documento “Directrices en materia de calidad de la educación superior a través de las
    76 La descripción de los avances de las acciones y programas pueden ser consultados en el sitio www.unesco.org
    77 Las Redes UNITWIN (University Twinning and Networking) y las Cátedras UNESCO fueron concebidas como una manera de ayudar
    a desarrollar programas en capacitación e investigación a través de la construcción de redes universitarias y fortaleciendo la cooperación
    a través de la transferencia del conocimiento mas allá de las fronteras. Desde que fue creado en 1992, el programa ha tenido gran interés
    entre los estados miembros. En la actualidad existen en el Programa 618 cátedras UNESCO y 67 Redes UNITWIN involucrando 740
    instituciones en 125 países. Estas cátedras y redes cubren 70 disciplinas y pueden ser consultadas en la página Web de UNESCO.
    78 En las conclusiones de la reunión “París + 5” las recomendaciones que se enunciaron para este Foro se referían a la revisión y puesta al
    día de las conferencias regionales de reconocimientos de estudios y a la relación de estos avances a nivel nacional respecto del comercio
    educativo.
    230
    fronteras” (París, 2006), cuyos principales objetivos son: asegurar la transparencia de calificaciones
    para aumentar su validez internacional; apoyar el desarrollo de los procedimientos eficaces
    de reconocimiento; y apoyar la cooperación internacional entre las agencias nacionales de la
    acreditación. Las Directrices procuran brindar, a los diversos actores interesados en la educación
    superior, algunas recomendaciones, parámetros y orientaciones.
    Asimismo y en relación con el fomento de la calidad, UNESCO viene realizando un destacado
    papel en el refuerzo, revisión y actualización de los convenios regionales sobre reconocimientos
    de estudios79. Se entiende que la puesta en práctica de estos convenios podría proporcionar
    un marco internacional para las calificaciones, provocando un acercamiento capaz
    de superar los obstáculos de la movilidad mas allá de las fronteras y promover un “comercio
    no lucrativo” de la internacionalización y en beneficio de los estudiantes.
    En síntesis, la plataforma de los programas y proyectos impulsados por UNESCO en esta última
    década y que seguramente formarán parte del temario de la II Conferencia Mundial de Educación,
    abarcan: la calidad de la educación superior; la consolidación de acuerdos regionales de reconocimiento
    de titulaciones y competencias; el fortalecimiento de redes y el estímulo a la promoción de la cooperación
    internacional; y la definición de políticas para promover el conocimiento, la ciencia y la tecnología al más
    alto nivel.
    El IESALC es también una excelente plataforma para aglutinar otros organismos multilaterales
    que pueden tener un papel importante en la integración de la educación superior de
    América Latina y el Caribe.
    - En el plano intergubernamental internacional: Banco Mundial, OMC (OMC), Organisation
    for Economic Cooperation and Development (OCDE), Programa de Naciones
    Unidas para el Desarrollo (PNUD).
    - Intergubernamental interregional: Comisión Europea
    - Intergubernamental regional: Organización de Estados Americanos (OEA), IESALC,
    Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
    - Agencias Gubernamentales bilaterales: Agencia Española de Cooperación Internacional
    (AECI), Japan International Cooperation Agency (JICA), Canadian International Development
    Agency (CIDA), entre varias otras,
    - Nivel interregional se mencionan especialmente la Organización de Estados Iberoamericanos
    (OEI) y el Convenio Andrés Bello (CAB).
    Si estas organizaciones, se unen para apoyar la construcción del escenario apuesta de la educación
    superior en ALyC, sin duda permitirán la sinergia ausente en el momento actual donde
    cada una actúa según sus políticas, e incluso sus intereses, con lo cual se duplican esfuerzos, los
    escasos recursos se aplican en acciones, proyectos y programas a menor escala y muchas veces
    contradictorios con otras iniciativas ya en desarrollo.
    4.1. El reconocimiento de las redes universitarias institucionales de América Latina y
    el Caribe en las actividades del IESALC
    79 Siguiendo estos lineamientos en los últimos años se han llevado a cabo una serie de reuniones entre países adheridos a bloques comunes o
    participantes de ciertos convenios regionales que han estimulado la actualización de convenios y la firma de nuevos Acuerdos que apuntan
    al reconocimiento de estudio, títulos y diplomas entre los países. La mayoría de las convenciones, entre ellos los latinoamericanos, la
    Convención de los Países Árabes y la Convención de Arusha” de los países africanos, datan de las décadas de los 70 y 80 y no han sido
    exitosos en su aplicación, con excepción de la Convención Europea que es más reciente (Lisboa, 1997).
    231
    El IESALC ha venido cooperando con el desarrollo de las redes universitarias institucionales
    de América Latina y el Caribe a través del impulso y apoyo a ciertas iniciativas de carácter
    nacional, subregional o local que forman parte de sus programas o proyectos.
    En el Segundo Encuentro Regional de Redes Universitarias y Consejos de Rectores de
    América Latina y el Caribe, se consideraron las redes como escenarios de cooperación internacional
    y de articulación de capacidades específicas para la promoción e implantación de
    procesos de integración de la educación superior en América Latina y el Caribe.
    Allí se expresó: que en esa perspectiva de resignificación de la cooperación internacional, sustentada
    en la confianza y el beneficio mutuo, es relevante la configuración de una plataforma activa
    y participativa que pueda asegurar la consolidación y expansión de políticas explícitas que otorguen
    prioridad a las lógicas de asociación y complementariedad entre los organismos de educación
    superior. Para ello son claves las tendencias a la constitución de redes regionales y subregionales
    originadas en acuerdos interinstitucionales o intergubernamentales, facilitadoras de un nuevo escenario
    sistémico que coadyuve propositivamente al desenvolvimiento de los procesos de integración
    económica, política, social, educativa y cultural que demanda el desarrollo de los países del continente.
    Para precisar el alcance de las redes universitarias, se presenta algunos apartes de la entrevista
    realizada a la directora del IESALC, Ana Lúcia Gazzola, que se presentó en el boletín
    informativo del IESALC en agosto de 200780.
    En cuanto al papel que puede o debe jugar el IESALC en la construcción y avance de asociaciones
    y consorcios entre instituciones educativas, afirma que:
    para todas las personas que trabajamos en el ámbito académico, educativo y
    universitario ha quedado claro que la mejor manera de actuar es a través de la
    creación de redes. Cada uno de nuestros sistemas educativos e instituciones tiene
    fortalezas y debilidades. Hay que juntar las fortalezas para que podamos superar
    juntos las debilidades; hay que trabajar de manera cooperativa y solidaria en
    asociaciones y consorcios buscando entre todos construir aquello que de manera
    aislada ninguno podría hacerlo.
    La misión fundamental IESALC es transformarse en una red de redes; constituirse
    en un foro político asociativo en el que todas las redes y los consejos de
    rectores tengan un espacio para conformar una agenda común que nos permita
    identificar nuestras posibilidades y trabajar en esa dirección. La legitimidad que
    posee IESALC se basa justamente en el fortalecimiento de este bloque regional a
    partir del cual se podría dialogar y trabar con otros bloques.
    En cuanto al papel que juegan las redes y organizaciones de universidades en la actualidad
    y a futuro, considera que:
    la universidad puede entenderse como una cooperación solidaria, ya que la producción
    y transmisión del conocimiento, la relación de profesores y alumnos, los
    vínculos entre colegas y grupos de investigación, en fin, toda la acción académica
    se lleva a cabo sobre una base asociativa. En otras palabras, las universidades
    tienen una vocación natural para organizarse en redes, eso es parte de nuestro
    80 Cordera Campos, R. (2007, agosto 7). Una Educación Superior, igual para todos: [Entrevista con Ana Lúcia Gazzola, Directora del
    UNESCO-IESALC] Noticias de Educación Superior en América Latina y el Caribe Correo del Sur, La Jornada Morelos. México.
    232
    ethos universitario y de la manera como las universidades se han comportado y
    han actuado a lo largo de su historia milenaria.
    Las redes y organizaciones de universidades de América Latina y el Caribe tienen
    un papel fundamental en el fortalecimiento de nuestras instituciones. A través de
    éstas será posible conformar una agenda común, crear espacios de cooperación
    académica e institucional y expandir en nuestros países la educación superior de
    calidad de manera incluyente y equitativa. En resumen, las redes y organizaciones
    de universidades constituyen el mejor instrumento para realizar los cambios
    necesarios con vistas a la construcción de un mejor futuro.
    El IESALC demuestra ser conciente de su papel en la integración y actúa en consecuencia.
    5. Propuestas
    Los países de América Latina y el Caribe requieren aprovechar la oportunidad histórica de
    conformarse como región ensamblada con una misma identidad en la diversidad.
    Podemos aseverar que existe un escenario alentador para consolidar una cooperación internacional
    universitaria efectiva. Contamos con países integrados en bloques regionales, con
    redes y asociaciones universitarias activas y con marcos internacionales como ALCUE y el
    recién creado EIC.
    Asimismo podemos afirmar que en la actualidad, situación que se incrementará en el futuro,
    la cooperación internacional responde a una necesidad en la medida que ninguna institución
    académica puede subsistir asilada, de allí el consenso acerca de forjarla como parte integrante
    de las misiones institucionales de los establecimientos y sistemas de educación superior.
    Por tanto, la educación superior de la región debe hacer su máximo y mejor esfuerzo para
    lograr una verdadera y profunda integración educativa, científica y cultural de los países de
    América Latina y el Caribe. La conformación del Espacio Latinoamericano y Caribeño de
    educación superior no necesariamente debe traer la desaparición de los espacios subregionales;
    por el contrario, estos lazos y relaciones interuniversitarias tanto nacionales como subregionales
    pueden aprovecharse para la consecución del objetivo propuesto y para lograr una
    mejor inserción de la educación superior de América Latina y el Caribe con relación a otras
    regiones del mundo: “Los principales avances de una internacionalización mejor entendida y
    más madura y una cooperación más solidaria, permitirán avocar en los diferentes escenarios de
    diálogo, cooperación y negociación, una posición más autónoma y latinoamericana en función
    de la integración y el desarrollo social.”81
    Les cabe a los gobiernos realizar un importante y coordinado esfuerzo a fin de resolver
    cuestiones específicas tales como la regulación del sector transnacional, el aseguramiento de la
    calidad de los servicios educativos, el mejoramiento de los dispositivos de reconocimiento de
    títulos, el despliegue de la movilidad y las medidas para estimular la retención y mitigar la fuga
    de recursos calificados.
    Por su parte, las universidades pueden y deberían contribuir a la integración, cultivando
    los beneficios de una colaboración fraterna, reforzando la conciencia colectiva regional, actua-
    81 Uribe, J. Op. cit.
    233
    lizando su función social, profundizando la consolidación de la ciudadanía y de la democracia;
    y en un marco de una verdadera cooperación en sustitución de la competencia individual y de
    la negociación mercantilista.
    Es nuestra convicción que el desarrollo y el bienestar de las personas y de los pueblos, no
    puede depender de su pertenencia a un país o a otro, a una raza o a otra, a unas características
    físicas y culturales o a otras. En consecuencia, una de las tareas prioritarias para las universidades
    deberá ser la de promover una genuina internacionalización y cooperación solidaria capaz
    de reducir la ilícita e inexcusable brecha que existe entre las naciones y substancialmente, entre
    los seres humanos.
    5.1. Propuestas de acciones para el futuro y escenarios deseables
    El nuevo milenio convoca a la creación y fortalecimiento de grandes espacios geopolíticos,
    donde se integran en bloque aspectos económicos, sociales, culturales, educativos, de defensa
    y seguridad. En este contexto, lo innegable es que América Latina alcanzará el grado de interlocutor
    independiente en la medida que haya éxito en los procesos de integración regional
    conducentes a un Estado-Región en el sistema mundial, y en donde prevalezca una verdadera
    cooperación internacional, partiendo de que vivimos en la región más desigual del planeta.
    La educación superior juega un papel clave, como componente esencial del crecimiento y
    la competitividad, especialmente
    ahora que los países enfrentan la necesidad de incorporarse a
    la economía global basada en el uso intensivo del conocimiento.
    Las universidades y el sistema de educación superior deben asumir el liderazgo y promover
    la cooperación internacional como el faro en las naciones para encarar estos desafíos. El enfoque
    debe atender la demanda de desarrollo de las capacidades humanas de nuestros estudiantes
    ya que son estas capacidades las que pueden abrir espacios en la economía.
    El desarrollo de programas de cooperación solidaria entre instituciones análogas del mundo en
    desarrollo y de las regiones más pobres, puede facilitar la comprensión mutua, y contribuir al esfuerzo
    de mantener la educación como un bien público de responsabilidad social y con alto valor para la
    ciudadanía, frente a quienes la consideran como un bien de mercado, transable y consumible.
    Asimismo, la impredictibilidad respecto del futuro, agravada por el poco conocimiento sobre
    cuan heterogénea o uniforme es la dimensión internacional en Latinoamérica, provoca enorme dificultad
    para establecer los criterios que deben orientar nuestra planificación. Esto deberá compensarse
    con la producción y disposición de información confiable, en cada uno de nuestros países.
    La convergencia e integración de la educación superior debe realizarse en sintonía con la
    instauración de un nuevo paradigma universitario, que enfrente con pertinencia y responsabilidad
    social los problemas de exclusión y desigualdad. Con o sin acuerdos comerciales, la
    educación superior requiere con urgencia un marco regulatorio que sea compatible con una
    geografía mundial diferente.
    Así también la cooperación internacional como contribución al desarrollo regional y nacional,
    debe colaborar en la construcción de una convivencia planetaria en términos éticos,
    políticos, ambientales, y a la valorización y preservación de nuestra diversidad cultural.
    Desde las perspectivas estratégicas de estas iniciativas, se debe concebir que el cambio orgánico
    de la educación superior es un imperativo, y en este escenario hay una actuación destacada
    que puede y sería deseable desempeñe IESALC para la puesta en marcha de propuestas que
    234
    estimulen y articulen la cooperación regional e internacional en América Latina y el Caribe.
    5.2 Lineamientos, programas y acciones factibles de implementar
    - Agendas bilaterales y regionales: la región necesita diseñar agendas de trabajo entre los
    países de América Latina y del Caribe que faciliten los procesos de internacionalización
    solidaria de las universidades de la región, incrementar los esfuerzos para la creación del
    Espacio Latinoamericano y del Caribe de Educación Superior, incentivar procesos tendientes
    a lograr consensos alrededor de referentes comunes para la formación profesional en los
    países de América Latina y el Caribe que faciliten la movilidad, conformar equipos para el
    estudio de la educación superior de América Latina y el Caribe para hacer transparentes
    nuestros sistemas educativos.
    - La formación de recursos humanos en temáticas de cooperación internacional: es una
    cuestión de base la formación de recursos humanos expertos en estas temáticas, tanto en
    las áreas de gobierno como en las universidades. Estos actores deben ser capaces de conformar
    grupos técnicos con continuidad, con un plan de acción a mediano y largo plazo y
    un presupuesto asignado. Comprometidos con una visión nacional y regional, que diseñen
    proyectos desde su concepción hasta su implementación, con estrategias que entiendan
    a la cooperación internacional como una herramienta al servicio de las instituciones y no
    como un tragaluz que solo puede captar recursos externos y administra becas que tienen
    como destino los países desarrollados.
    - Los observatorios de buenas prácticas: promover la participación de una mayor cantidad
    de instituciones y especialistas, con el fin de ampliar los enfoques, diversificar los matices
    e implementar procedimientos estables de consulta y concertación que tenga en cuenta la
    diversidad y pluralidad. Se cuenta con la estructura del Observatorio de la Educación Superior
    en América Latina y el Caribe, creado por IESALC en 2001 que contiene informes
    nacionales y estudios temáticos sobre diversos aspectos de la Educación Superior.
    - El uso efectivo de las tecnologías de información y comunicación (TIC): como efecto
    trasversal está contribuyendo a la internacionalización de la educación, permitiendo acortar
    las distancias, expandir la educación más allá de las fronteras y la educación en red y
    viabilizar nuevas prácticas pedagógicas. La relevancia de contar con información actualizada
    y disponible es una tendencia que no retrocederá y será fortalecida en América Latina,
    por lo que deben aprovecharse cada vez más las ventajas de las TIC para el intercambio,
    la difusión y la cooperación; evitando que las mismas se conviertan en un elemento que
    profundice la brecha entre los que acceden y los denominados analfabetos digitales.
    - Los convenios entre gobierno e instituciones: los mismos deben ser activos y no agotarse
    en sus firmas, convirtiéndose con el pasar de los años en letra muerta. Debemos revertir
    esta tendencia y cautivar estos instrumentos como verdaderas herramientas que promueven,
    guían y evalúan las acciones de cooperación internacional.
    - Los acuerdos sobre reconocimiento de títulos: actualizar las normas, crear centros de
    acopio de información y usar en forma efectiva acuerdos internacionales como el Convenio
    Regional de Convalidación de Estudios Andrés Bello. Nuestras instituciones son extremadamente
    celosas de sus atribuciones, por lo que deberemos incrementar la confianza
    recíproca y la capacidad técnica a fin de establecer o legitimar equivalencias de estudios, a
    235
    nivel nacional e intra-regional. Esta situación es uno de los problemas básicos a los que se
    enfrentan hoy las iniciativas de promoción de la movilidad. Es un tema a trabajar desde lo
    gubernamental, pero también desde las instituciones a través de la definición de los contenidos
    básicos de las carreras y la organización de los currícula teniendo en cuenta conceptos
    como los de competencias y créditos. Se propone aprovechar para el desarrollo de estos
    temas los resultados de los Proyectos Tuning América Latina y 6x4.
    - Las reformas legislativas: Es una deuda pendiente la inclusión enérgica de estas temáticas
    en las agendas nacionales, en los textos de leyes universitarias y en la asignación de presupuesto
    constante y sostenible. Todavía la cooperación internacional no ha sido incorporada
    como un tema sustantivo y aparece como una actividad anexa o de políticas ad hoc; y se
    encuentra lejos de constituir un verdadero componente revolucionario en las estrategias
    para mejorar la educación superior. Cabe revisar los fondos asignados a actividades de cooperación
    internacional por parte de los gobiernos que ni remotamente alcanzan al 1% del
    presupuesto. Asimismo, en las universidades tampoco suele ser un área priorizada.
    - Los posgrados cooperativos: aparecen como una buena oportunidad de consolidar la
    cooperación y la movilidad científica, permitiendo el despegue en áreas que en forma individual
    serían muy difíciles de lograr. El trabajo académico requiere de una inevitable
    internacionalización, ninguna universidad puede tener todos los temas de punta, tengo
    que cooperar con otros. Estimular y fortalecer la asociación académica entre programas de
    postgrado, reforzando las actividades de formación, alentando el intercambio de docentes
    y alumnos de postgrado, procurando el reconocimiento mutuo de créditos obtenidos,
    estimulando la co-orientación de tesis y la eventual co-diplomatura. La existencia y el desarrollo
    de capacidades locales de ciencia y tecnología son esenciales para corregir la brecha
    creciente entre las naciones desarrolladas y las que están en proceso. Corresponde también
    restituir la formación de investigadores sobre la base de una agenda consensuada sobre
    temas prioritarios para Latinoamérica.
    - La movilidad internacional de estudiantes universitarios: se presenta como la faceta
    más notoria de los procesos de internacionalización de la educación superior y está incluida
    como tema clave en todos los espacios mencionados. Si bien en los últimos años se implementó
    un amplio espectro de programas, promovidos especialmente por las asociaciones
    universitarias82 y algunos por los gobiernos, la misma es aun muy reducida entre países de
    la región83. Para expandir y fortalecer las mismas, se requiere buscar nuevas alternativas
    financieras, como el apoyo de empresas privadas y otros actores; avanzar en la definición
    de ciclos o materias que permitan al estudiante un intercambio que le ofrezca un programa
    de igual calidad al de su institución de origen y que contemple la validez automática de lo
    cursado; y substancialmente generar interés en la elección de países latinoamericanos como
    destinos posibles.
    También cabe destacar como ejemplo de cooperación académica en la formación de alumnos
    de grado, el proyecto que viene desarrollando desde hace años la República de Cuba,
    a través de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas (ELAM) y la Escuela Internacional
    de Deportes y Educación Física (EIEFD)84.
    82 PIMA, CRISCOS. Macrouniversidades, ESCALA Estudiantil.
    83 Cerca de 140.000 estudiantes (UNESCO y OCDE) se forman en el exterior, menos del 15% lo hace en otro país de Latinoamérica, entre
    el 50% y 60% estudia en Estados Unidos y el resto, en cuatro países de Europa: Gran Bretaña, España, Francia y Alemania.
    84 La ELAM se instala como un proyecto científico-pedagógico que hoy acoge a estudiantes de 24 países, 19 latinoamericanos, 4 de África
    y los Estados Unidos de América. La matrícula oscila en un total de 10 000 estudiantes en los diferentes años de la carrera, distribuidos
    236
    - La atracción y recepción de estudiantes extranjeros85: hasta el presente muy pocos países y
    universidades de la región han involucrado esta actividad como parte de sus políticas institucionales,
    por ende los resultados son efímeros. No obstante las tendencias indican que América
    Latina será cada vez mas un polo de atracción para estudiantes de otras latitudes en función de
    la estabilidad política, la belleza y riqueza de sus paisajes, el atractivo cultural, los aranceles mas
    accesibles para el estudio de carreras de grado y postgrado y el interés por el aprendizaje del
    español. Estos factores pueden ser aprovechados por los países.
    - La cooperación en la enseñanza y en la certificación de los idiomas: los analistas muestran
    que la lengua es importante en la cooperación como encuentro de elementos comunes
    para la comprensión entre las personas. Hoy en el mundo, más de 400 millones de
    personas hablan español y más de 200 millones hablan portugués, lo que implica que 600
    millones de personas pueden comunicarse entre sí, en el espacio socio-cultural-geográfico
    iberoamericano. En este sentido, el ejemplo de la creación del Sistema Internacional de
    Certificación del Español como lengua extranjera (SICELE)86, permitió unificar los criterios
    y métodos de evaluación para la concesión de Diplomas de dominio del Español como
    segunda lengua a los no hispanohablantes y estableció un sello común que avala la calidad.
    Así también hay que citar la decisión asumida por Brasil que desde hace unos años dispone
    obligatoriedad de la enseñanza del español en escuelas públicas y privadas de nivel medio,
    como paso favorable para la integración latinoamericana. El sentimiento de confianza en
    nuestras lenguas fortalecerá, sin duda, su uso en el mundo, y repercutirá en el prestigio de
    nuestros proyectos educativos y de nuestra cultura, tan variada y, a la vez, tan compartida.
    - El establecimiento de instituciones extranjeras: en la mayoría de los países existen fuertes
    restricciones, pero hay múltiples variedades respecto de la instalación de programas
    universitarios en alianzas con universidades locales o que operan bajo la modalidad no
    presencial. Esta será una tendencia que continuará creciendo, como producto de la globalización
    y sobre las que los países deberán revisar sus marcos normativos y las universidades
    las modalidades de cooperación que establezcan con instituciones extranjeras para la protección
    de los ciudadanos en el acceso a ofertas de calidad reconocida.
    - El fortalecimiento de redes de acreditación y evaluación regional: las mismas deben
    ser capaces de establecer criterios, indicadores y prácticas coherentes con nuestro entorno
    social. La evaluación llegó para quedarse y el aseguramiento de la calidad funciona como
    medida para favorecer la confianza y el intercambio. En esa óptica, apremia discutir la contribución
    de los procesos de acreditación para la agilización de los sistemas de transferencia
    de créditos, la duración promedio de las carreras, la identificación de competencias básicas
    y los componentes de los perfiles profesionales de los egresados.
    - El fomento de Redes UNITWIN y Cátedras UNESCO como programas en capacitación
    e investigación, fortaleciendo la cooperación a través de la transferencia del conocimiento
    más allá de las fronteras.
    - El impulso de acciones para contrarrestar la fuga de cerebros: hasta el momento las
    políticas específicas puestas en marcha para retener en la región a los talentos humanos
    en las 21 facultades de Medicina del país.
    85 Se estima en la actualidad que alrededor de 2 millones de estudiantes se encuentran matriculados en universidades extranjeras. Cerca del
    80% estudia en países de la OCDE y Latinoamérica es en el presente escasamente competitiva, registrando según diversos estudios menos
    de 20.000 estudiantes matriculados.
    86 El Instituto Cervantes y los rectores de las principales universidades de España y de Hispanoamérica ratificaron en marzo pasado en
    Medellín, en vísperas del IV Congreso Internacional de la Lengua, el Sistema Internacional de Certificación del Español como Lengua
    Extranjera.
    237
    altamente calificados, se muestran como escasamente eficaces y fuertemente condicionadas
    por el cuadro económico y político internacional. La resolución dependerá del nivel de
    desarrollo económico, científico, tecnológico de cada país y de una estrategia a largo plazo,
    que involucre una verdadera cooperación científica y técnica regional, y también con los
    países desarrollados, a través de una justa negociación de intereses recíprocos. Acciones
    como: el establecimiento de Redes de contacto de científicos latinoamericanos que residen
    en el exterior, las denominadas “becas de retorno”, y las políticas de retención y de vinculación
    con el sector productivo, deberían ser incitadas y consolidadas.
    - El estímulo e interconexión de las redes y asociaciones universitarias: deberán atenderse los
    problemas de financiamiento, apuntar a una mayor cooperación horizontal entre instituciones
    y sectores. Se señala como positivo, continuar con las actividades organizadas por IESALC sobre
    Encuentro de Redes Universitarias y Consejos de Rectores de América Latina y el Caribe.
    - Las políticas de financiamiento como factor transversal: debemos reconocer que muchos
    programas se han originado por efecto de alicientes externos, estimulados por convocatorias
    financiadas por organismos internacionales. Lo que implica en oportunidades no tener incidencia
    sobre los objetivos, las prioridades, las áreas de acción e influencia de esas estrategias de
    cooperación. Necesitamos procurarnos recursos propios y adquirir una actitud mas decidida
    en los planos bilaterales y multilaterales donde de definen los recursos y se estipulan los fines de
    la cooperación internacional en materia de educación superior, impulsando un proceso que se
    sustente en el arquetipo de una cooperación al desarrollo solidaria.
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    Colección Extremamérica.

    Capítulo 7

    REFORMAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR:
    25 PROPUESTAS PARA LA EDUCACIÓN SUPERIOR
    EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
    Ernesto Villanueva*
    Colaboradores**:
    Nicolás Bentancur
    Maria do Carmo de Lacerda Peixoto
    Maribel Duriez González
    ** NOTA DE LOS EDITORES: Los textos completos de los colaboradores en su versión original están incluídos en el CD-ROM
    Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Contribuciones a los documentos síntesis, anexo a esta publicación.
    También se encuentran en el sitio web de IESALC-UNESCO: www.iesalc.unesco.org.ve
    * El texto aquí presentado es de exclusiva responsabilidad del autor, quien ha contado con la colaboración de Claudia Bogosian y de
    Carolina González Velasco.

    243
    Introducción
    Este trabajo tiene como objetivo contribuir con la formulación de la propuesta que remitirán
    los Ministros de Educación de los países de América Latina a la próxima Conferencia
    Mundial de la Educación Superior organizada por la UNESCO, París, 2009.
    Este documento se basa en la convicción profunda acerca del rol central de la educación
    superior en la sociedad y de su interdependencia con componentes económicos, culturales y
    políticos.
    Desde sus orígenes la educación avanzada configura una pieza insustituible en el análisis de
    los principios universales del pensamiento y en la reflexión respecto de la realidad cambiante
    y múltiple, en el descubrimiento de nuevas perspectivas sobre el desarrollo y de piezas claves
    de éste y en el hallazgo de iniciativas para aprovechar las oportunidades y revertir la diversa
    cantidad de problemas en torno de las vastas transformaciones del último milenio.
    De acuerdo con diversas circunstancias, han primado algunas funciones por sobre otras. La
    educación superior desde hace algunos años está llamada a ocupar un lugar más pleno en los
    procesos económicos.
    El desarrollo económico es esencial para revertir la situación de pobreza por la que atraviesan
    vastos contingentes de personas que padecen hambre y desesperanza y para lograr un nivel
    de vida compatible con los derechos humanos más elementales. La educación superior en el
    progreso económico es fundamental, en particular, debido a que se transcurre un período de
    construcción, difusión y generalización de un paradigma productivo intensivo en información
    y conocimiento, pero por sobre todo, universalista por efecto del alcance de las nuevas tecnologías
    en las formas organizativas de producción y de consumo.
    Estas circunstancias, no obstante, conducen hoy más que nunca a revalorizar la diversidad
    de la educación superior. A menos que se protejan la estructura y las funciones de los
    sistemas de educación superior del mundo, el desarrollo social y cultural que pronostica
    este nuevo paradigma se debilitará. La relevancia actual de la educación superior en el
    desarrollo económico y en la nueva sociedad del conocimiento no puede privar al presente
    y a las generaciones futuras del legado de otras fuentes analíticas y reflexivas en torno de
    los sucesos de la humanidad.
    La educación superior latinoamericana, como la de otros países en desarrollo, es esencial
    para el progreso económico, pero fundamentalmente por su proyección futura sobre el Estado
    de las sociedades. El cambio de paradigma presenta el obvio peligro de agravar el rezago, pero
    también constituye una oportunidad.
    Lo que indican estos últimos años es que los cambios importantes pueden provenir de un
    degradé de estrategias, siempre y cuando, después se toman adecuadas iniciativas para aprovechar
    la oportunidad.
    Por ello, de todas las posibilidades y puntos de observación que hubieran podido elegirse
    para abordar el rol de la educación superior en América Latina, se optó por elegir aquéllos que
    permitieran presentarla en perspectiva a la luz de las necesidades variadas que suscita la reestructuración
    del aparato económico en la región como base de su desarrollo, la capacidad para
    comprender, adoptar y adaptar el nuevo patrón tecnológico y para elevar significativamente la
    calidad de las comunidades.
    244
    Es esencial la buena disposición, es vital contar con suficientes recursos financieros, pero es
    indispensable identificar los cursos de acción.
    La propuesta asume la forma de 25 acciones en torno de cuatro temas estratégicos y se
    presenta en la antesala de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior de la UNESCO,
    en la que representantes de numerosos gobiernos discutirán las acciones prioritarias de la
    educación superior para el segundo decenio del siglo XXI. Su propósito se basa en realizar una
    contribución práctica desde Latinoamérica para la discusión mundial.
    1. Rasgos de una transición
    Lo que el principio de siglo expresa con mayor nitidez es la transición entre dos estilos de
    desarrollo y, al mismo tiempo, el indicio de la construcción de un nuevo modo de crecimiento
    y de una presencia distintiva de la educación superior.
    Los diagnósticos sobre la situación de la educación superior en los primeros años del nuevo
    siglo confirman los pronósticos realizados en cuanto al dinamismo y las transformaciones que
    se preveían a la finalización del siglo XX.
    Lo que no se esperaba eran las tasas de desenvolvimiento y cambio alcanzadas por las
    transformaciones recientes de la educación superior en América Latina. Para comprender la
    magnitud de éstas bastaría señalar que durante los primeros años del presente siglo la matrícula
    registró un aumento equiparable al 80% del crecimiento registrado entre 1960 y 2000 ; la tasa
    de matriculación aumentó un 11%; el 47,5% de los matriculados corresponde a la enseñanza
    en instituciones privadas (casi un 3% más que en el 2000) y el porcentaje de estudiantes en
    posgrados aumentó del 1,3% al 3,6%. En estos primeros años, asimismo, fueron creadas 12
    de las 20 agencias de evaluación y acreditación de la región y, como novedad, se dio comienzo
    a un crecimiento sostenido de la educación trasnacional en todos los países de la región, desde
    un 12% de la matrícula en Bahamas, un 7,5% en Chile o apenas un 1% en Perú.
    Aun cuando algunas de estas transformaciones puedan observarse como un verdadero
    shock de los sistemas de educación superior de la región o denoten la inexistencia de reformas
    integrales y profundas en algunos temas de relevancia, lo que el principio de siglo
    expresa con mayor nitidez es la transición entre dos estilos desarrollo y, al mismo tiempo,
    el indicio de la construcción de un nuevo modo de crecimiento y de una presencia distintiva
    de la educación superior.
    Los 90
    Los 90 constituyeron un tiempo de prueba para el mundo universitario de la región: “cambiar,
    mejorar, modernizarse”, se presentaban como las consignas a partir de las cuales diseñar
    e implementar las reformas que se suponían imprescindibles. La urgencia e inevitabilidad del
    cambio se apoyaba en un diagnóstico general –propuesto por los organismos internacionalesque
    sostenía que las jóvenes democracias latinoamericanas, a través de sus Estados, gastaban
    demasiado y mal, lo cual se reflejaba en un déficit constante y en una gestión estatal cara e
    ineficiente. La recomendación era entonces, en principio, reformar el Estado en su conjunto
    Los datos expuestos en este informe provienen de tres fuentes fundamentales: IESALC (2006) Informe sobre la Educación Superior en América
    Latina y El Caribe 2000-2005, CINDA (2007) Educación superior en Iberoamérica - Informe 2007, Boletines de la CEPAL
    245
    tanto en sus estructuras como en sus funciones para permitir así un uso más racional de los
    recursos y una mejor calidad en los servicios ofrecidos.
    La educación superior en general, y las universidades en particular, eran parte de ese gasto
    compulsivo del Estado y, por ende, debían también transformarse. Por otro lado, ese mismo
    diagnóstico focalizaba algunos problemas propios del mundo universitario, vinculados a sus
    organización, gestión y a la relación que se establecía con el mundo de la producción y la
    investigación. La preocupación por la calidad y la eficiencia eran los dos pilares en los que se
    apoyaba la mayor parte del diagnóstico. El cuadro general se volvía más dramático en tanto y
    en cuanto la matrícula seguía en expansión presionada por un aumento constante de educación
    superior. Es decir, visto tanto desde una perspectiva externa –en relación a los problemas
    del Estado en sí mismo y el avance del neoliberalismo– como interna –los problemas de la
    universidad- el cambio se presentaba como inexorable para los años que vendrían.
    Los cambios propuestos
    Desde los años 60, las agencias internacionales de financiamiento han manifestado
    de diversas maneras su interés por el desarrollo de programas sociales y educativos. En
    particular el Banco Mundial (BM), desde el momento de su primera inversión en 1963 en
    Túnez, ha concedido créditos por cerca de 10 billones de dólares, a través de 375 proyectos
    desarrollados en más de 100 países. Por otro lado, ese organismo ha sido uno de los principales
    productores de documentos sobre políticas educativas que presentan diagnósticos,
    recomendaciones, resúmenes de experiencias, análisis de los cambios en los sistemas de
    educación, etc.
    A partir de 1996, el grupo de educación del departamento de desarrollo humano del BM
    inició la publicación de diversos documentos en los cuales analizaban las consecuencias y fines
    de la reestructuración de los sistemas educativos. “El propósito principal de la serie es el de
    ayudar a los tomadores de decisiones.” De ese conjunto de documentos, surgieron algunos
    de los ejes principales a partir de los cuales el organismo en cuestión hizo sus sugerencias: el
    problema del financiamiento, con la recomendación de diversificar las fuentes de recursos; la
    reforma de los modos de gestión y gobierno de las instituciones universitarias; la generación
    de estímulos para diversificar el sistema educativo, con nuevas instituciones terciarias y privadas;
    el desarrollo de procesos de evaluación y acreditación para medir y controlar la calidad;
    la necesidad de vincular de manera más efectiva y eficiente la enseñanza con el desarrollo de la
    industria y la investigación.
    Por otra parte, la UNESCO también produjo y estimuló el inicio de procesos de reforma
    educativa en la región, aunque con algunas importantes diferencias en relación con el Banco
    Mundial. Amparada en la idea de la “igualdad de oportunidades educativas”, la UNESCO ha
    presentado su propuesta desde una perspectiva más social y humanista de la educación y no
    estrictamente económica como lo han hecho tantas otras agencias, sólo realiza sus recomendaciones
    a los países miembros y no otorga recursos económicos para llevar adelante ningún
    proyecto en particular, excepto aquellos generados por ella misma.
    Maldonado-Maldonado, A. y Rodríguez-Sabiote C. Los organismos internacionales y la educación en México. El caso de la educación superior y
    el Banco Mundial (Foro Latinoamericano), Acta académica 30 (Mayo 2002). Academia Onefile. Thompson Gle, SECyT.
    Ibid.
    246
    No obstante, su lectura y sus recomendaciones para transformar la situación de la educación
    latinoamericana iban en un sentido similar al del Banco Mundial: mejorar el uso los
    recursos, incorporar otras fuentes de financiamiento; mejorar los procesos de gestión; tender
    a la diversificación de los sistemas educativos; apuntalar la calidad de los docentes, los programas
    de estudio y la infraestructura de las instituciones; renovar los programas y los métodos
    de enseñanza que permitan una mayor eficiencia en los procesos de aprendizaje; desarrollo de
    programas de investigación y fomento de la articulación entre educación superior y desarrollo
    humano sostenible.
    Aplicación en Latinoamérica
    De diversas maneras, ese conjunto de proyectos de reforma llegaron al continente. Lo evidente
    de los diagnósticos y la simplicidad que mostraban los enunciados sobre cómo solucionar
    los problemas contrastaba con la situación desde la cual los gobiernos locales –en particular
    los de los países con sistemas de educación más grandes y complejos como Argentina, Brasil, o
    México- se aprestaban a dar inicio a los cambios.
    Por otro lado, si las recomendaciones se presentaban como de carácter general y aplicable
    casi a cualquier contexto, el inicio de los procesos de reforma de los sistemas de educación
    latinoamericanos creó situaciones en algunos casos no previstas en los planes prescritos.
    Por un lado, quedaba claro desde un comienzo que, si bien Latinoamérica era considerada
    desde esas miradas externas “una” región, sus realidades educativas nacionales diferían tanto
    una de otra que difícilmente la aplicación de un mismo conjunto de medidas podría producir
    resultados similares. A su vez, esas diferencias se combinaban con diferencias en la situación
    política y económica de cada nación, con tradiciones diversas y con actores que reaccionaban
    de manera distinta frente a la instrumentación de los cambios: algunos los rechazaron de plano,
    otros los tomaron de manera prácticamente acrítica. No obstante, parecía claro que todos
    los sistemas educativos del continente, de una u otra manera deberían generar respuesta a la interpelación
    –y presión- internacional. Por cierto que la posibilidad de desplazarse hacia caminos
    intermedios respecto a los modelos propugnados por estos organismos se presentaba como
    una alternativa difícil de realizar: la caída de los socialismos reales, el auge del neoliberalismo,
    la crisis fiscal de los Estados y por ende su necesidad de financiamiento externo condicionaba
    cualquier posicionamiento más o menos autónomo.
    Desde otra perspectiva, la aplicación de reformas creó situaciones casi paradójicas, en parte
    porque habían sido elaboradas a partir de la experiencia realizada en los sistemas europeos o de
    otros continentes y en parte porque se aplicaban en contextos muy distintos unos de otros.
    Más allá de estas particularidades, a continuación se presentan algunas de las reformas que
    fueron impulsadas en casi todos los países y otras transformaciones también compartidas por
    la mayoría de las naciones latinoamericanas.
    Desregular a través de regulaciones
    La consigna general era achicar el Estado para promover una desregulación: a medida
    que el Estado se involucrara menos en determinados temas, eso permitiría un mejor uso de
    247
    los recursos y abriría la iniciativa para que la sociedad civil y/o el mercado pudieran tomar
    su decisión. Ahora bien, en el caso de la educación esa idea se tradujo paradójicamente en
    la creación de organismos de regulación y en la aplicación de políticas que requerían, para
    su puesta en marcha, consolidación y funcionamiento de una activa iniciativa de parte
    del Estado. La contradicción era aún más evidente dado que los sistemas universitarios en
    América Latina se han caracterizado precisamente por funcionar con alto grado de autonomía
    con respecto al Estado, tanto en lo que hace a su funcionamiento académico como
    político y administrativo. La mayor dependencia, para el caso de las universidades públicas,
    ha sido el financiamiento; aún para el caso de algunos gobiernos que desarrollaban
    actividades de planificación del sistema, lo cual implicaba cierto condicionamiento para el
    funcionamiento de las universidades, el cambio fue notable, ya que el sentido con el cual
    desarrollaban esas prácticas fue transformado.
    Por otro lado, este proceso de desregulación a través de regulaciones era acompañado por
    la puesta en marcha de procesos de descentralización, tanto territorial como funcional. Como
    respuesta a la expansión de la matrícula y continuando un proceso de crecimiento iniciado en
    las décadas anteriores, en los años 90 se crearon nuevas instituciones universitarias, algunas
    públicas y muchas otras privadas. La descentralización funcional implicó el traspaso hacia las
    universidades individuales de atribuciones que antes ejercía el Estado. Como explicita Nicolás
    Bentancur, “la competencia específica más frecuentemente involucrada en este proceso es la de
    fijación de los salarios de los docentes universitarios, que se pretende sean determinantes por
    cada institución tras un proceso de deshomologación y diferenciación”.
    En estas circunstancias, de manera general, podría considerarse que el nuevo tipo de intervención
    del Estado se dio a través de tres instancias combinadas y potenciadas entre sí: la
    promulgación de nuevas leyes y/o decretos para dar un nuevo marco legal a la educación; la
    creación de organismos vinculados a la gestión de la política universitaria y más específicamente
    a los procesos de evaluación y acreditación; y la aplicación de nuevos criterios para el otorgamiento
    de fondos e incentivos a los docentes y las instituciones, esto es, un mayor control sobe
    el modo en que se usan parte de los recursos destinados al mundo universitario.
    Nuevas leyes para el mundo universitario
    El IESALC-UNESCO ha organizado una serie de estudios –publicados en su página de
    Internet - sobre la situación legislativa de los países latinoamericanos: el análisis de esos documentos
    permite bosquejar un mapa de cómo, en los años 90, los cambios impulsados desde el
    Estado se tradujeron en un nuevo corpus normativo. En algunos casos se trató de una mención
    en la reforma constitucional, esto es, un capítulo o apartado con artículos referidos a la educación
    superior; en otros, además de la mención constitucional se sancionaron leyes específicas,
    y en otros, sólo se dieron algunos otros instrumentos legales que se apoyaron en la norma
    constitucional.
    Reformas normativas
    Bentancur, N. (2007)Reformas de la Educación Superior en América Latina y el Caribe. Segunda Entrega para el Tema de Apoyo.
    IESALC-UNESCO. Estudios. Disponible en: www.iesalc.unesco.org.ve
    248
    En Argentina, a la reforma constitucional de 1994, en la cual se establecían algunas declaraciones
    generales sobre el tema educativo le siguió en el año siguiente la sanción de una Ley
    de Educación Superior N° 24.521, la cual presentaba varios aspectos novedosos. En primer
    lugar, se planteaba como una norma para regular a la totalidad de la educación superior, y no
    sólo a las universidades; por otro lado, apuntaba a convertirse en una herramienta para ordenar
    pero también transformar a la totalidad del sistema. Sus artículos tocaban diversos temas:
    la autonomía, el gobierno y la participación de los claustros, la designación de los docentes,
    el ingreso, el financiamiento, el régimen de títulos, la creación de instancias de gestión y coordinación
    del sistema, la educación privada, entre otros. Otra novedad fue la incorporación
    de un apartado sobre temas de evaluación y acreditación y la relación entre ésta última y la
    habilitación profesional.
    Bolivia también inició reformas en su sistema de educación superior como parte de las
    transformaciones que se impulsaban en el Estado y a nivel constitucional. En 1994 se sancionó
    la Ley de Reforma a la Constitución Política del Estado, la cual incluía un apartado particular
    sobre la educación superior. También en ese año se sancionó una Reforma de la Educación
    Superior; sus artículos apuntaban a regular el sistema, aplicar mecanismos de evaluación y
    acreditación, regular la promoción de los docentes, el financiamiento, etc.
    En Chile, el marco legal se dio algunos años antes. En 1990 cuando se sancionó la Ley Orgánica
    Constitucional de Enseñanza, quedó regulada la creación y funcionamiento de las instituciones
    universitarias, su reconocimiento, las atribuciones de los títulos, etc. Los temas de evaluación y
    acreditación también ocuparon un lugar central, y fueron encargados al Consejo Superior de Educación,
    un organismo creado también por la nueva Ley. A partir de su puesta en vigencia, se fueron
    incorporando otros instrumentos legales para atender cuestiones particulares.
    Brasil sancionó una Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional, en 1996, en la
    cual se presentaban algunas medidas para transformar el sistema de educación en su conjunto.
    En el capítulo referido a la educación superior, esta Ley reglamenta, entre otros aspectos, la
    aplicación de mecanismos de evaluación y acreditación de programas e instituciones, y establece
    los criterios que definen el carácter de las universidades, así como los principios de su
    autonomía. En este caso, también el proceso de reforma de la educación se planeaba como
    parte de la modernización que se pretendía para el Estado.
    El rol del Estado mexicano ha sido clave para iniciar el proceso de cambio en la educación.
    A mediados de los 90 se puso en marcha el Programa de Modernización Educativa, el cual
    representaba “una transición hacia una nueva forma de coordinación del sistema de educación
    superior en México. Se observa el surgimiento de un Estado evaluador que tiene una mayor
    incidencia en la vida interna de las universidades.” En este caso, la política de evaluación pasa
    a tener un lugar central como directriz del proceso de cambio iniciado.
    En los casos de Ecuador y Paraguay, las reformas impulsadas no lograron traducirse en
    una nueva legislación; los efectos sólo produjeron un crecimiento del sistema en términos de
    cantidad de instituciones y matrícula, pero sin una norma que las regule u ordene.
    Por otra parte, parte de ese corpus fue la base para la creación de las diversas instancias de
    gestión y control y de la puesta en marcha de los programas de financiamiento e incentivos
    mencionados en el párrafo anterior.
    En la mayor parte de los países latinoamericanos sería posible notar cómo a lo largo de
    249
    la década de los años 90 el Estado buscó transformar la situación de la educación superior a
    través de diversas modalidades de intervención legal. Por cierto que hubo algunos otros que no
    pudieron, por diversas razones, impulsar mecanismos de reforma y sólo alcanzaron a producir
    algunos documentos legales de escasa aplicación.
    La creación de organismos de regulación
    La creación de agencias para desarrollar las tareas de acreditación y evaluación probablemente
    sea uno de los rasgos compartidos por todas las reformas educativas latinoamericanas de
    los años 90. En ese sentido, constituye un caso paradigmático de cómo el Estado buscó regular
    el funcionamiento del sistema educativo controlando la “calidad” de la educación ofrecida;
    por otro lado, la creación de las agencias y la puesta en marcha de los procesos de evaluación
    y acreditación eran una de las principales recomendaciones de los organismos internacionales.
    En tercer lugar, la puesta en marcha de estos procesos era tomada de la experiencia que se
    estaba desarrollando en los países europeos también. Probablemente estas razones hayan sido
    las que explican por qué las agencias fueron tan resistidas por las comunidades universitarias
    en varios de los países.
    Pese a que la mayor parte de las leyes mencionadas hacen expresa mención al respeto por
    la autonomía de las universidades, tanto la evaluación como la acreditación fueron vistas por
    muchos actores educativos como un avance exagerado del Estado sobre la preciada autonomía
    universitaria; más aún, se suponía que a través de esos procesos, el Estado condicionaría
    el otorgamiento de fondos. En ese sentido, ambas parecían más relacionadas a la aplicación
    de criterios de eficiencia, y de ahí la vinculación con los organismos internacionales, que de
    calidad.
    Como sea, el punto es que el rasgo clave con el que pasó a identificarse al Estado fue el de la evaluación:
    el “Estado evaluador” se convirtió en el modo de designar el nuevo rol asignado al Estado
    en relación con la educación. Y esto era lo que remitía a lo que había ocurrido ya en los años 80 en
    Europa. Se trata de los desplazamientos de los que daban cuenta Guy Neave y otros autores al caracterizar
    los cambios que se habían operado en el modo de actuar del Estado: “del Estado facilitador,
    hacia el Estado interventor, del Estado amigable al Estado evaluativo, de las políticas guiadas por la
    demanda social a las políticas basadas en las posibilidades presupuestarias”
    Así es como Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Costa Rica y México iniciaron la
    implementación de sistemas nacionales de evaluación y acreditación: algunos priorizaron la
    primera y otros la segunda. A su vez, cada uno otorgó un valor particular a cada una.
    Argentina creó la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU);
    Brasil que ya contaba con antecedentes en lo que hace a la acreditación de posgrados, creó en 1993
    el Programa de Evaluación y Institucional de las Universidades Brasileñas (PAIUB) al cual sumó
    en 1996 el Examen Nacional de Carreras y en 1997 la Evaluación de las condiciones de oferta de
    cursos de pregrado. En Chile, se creó el Consejo Superior de Educación (CSE).
    Tiempo de por medio, en algunos casos, las políticas de evaluación y acreditación se han convertido
    en importantes herramientas para regular, por ejemplo, la creación indiscriminada de instituciones
    privadas y para tener un mayor control sobre la calidad de algunas carreras en particular (tal
    el caso de Argentina, donde todas las universidades privadas deben ser acreditadas por el Estado, por
    Brunner, J. J. (2007) “Prometeo de visita en América Latina”. Disponible en: www.brunner.cl
    250
    ejemplo). En otros casos, el resultado ha tenido menos impacto sobre la regulación del sistema y ha
    incidido más en los temas de asignación de fondos, como ocurrió en Bolivia.
    En la mayoría de los casos, no obstante, las políticas de evaluación y acreditación estuvieron
    fuertemente orientadas hacia el problema de la calidad de la educación y mucho menos
    planteadas a partir del problema de la pertinencia. Sin ser excluyentes, lo cierto es que optar
    por la calidad y no por la pertinencia fue un modo de acentuar la desvinculación que el mundo
    universitario latinoamericano ha tenido en general con el mundo del trabajo y, de manera más
    general, el escaso diálogo que ha existido entre la planificación académica y las políticas sociales,
    económicas o de desarrollo del país. Visto desde el lado del empleo, se ha tendido a explicar
    el aumento del desempleo de los profesionales en relación a las variables de la economía sin
    considerar la incidencia que la falta de políticas de planificación y pertinencia de las carreras
    universitarias. Pocas son las respuestas que los países han dado a esta problemática: en Honduras,
    por ejemplo, a través de una Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Honduras, se
    establecen indicaciones relativas a la necesidad de coordinar esfuerzos entre la institución y el
    mundo del trabajo, para lo cual se prevé una actualización de las habilidades y conocimiento
    según las necesidades del entorno de la universidad, y el establecimiento de bolsas de trabajo
    que vinculen a los estudiantes con las empresas. También en Venezuela se han implementado,
    aunque recién en 2001, algunos mecanismos para fomentar un mayor contacto entre las empresas,
    los futuros empleadores y los estudiantes y egresados.
    Además de las agencias de evaluación y acreditación, la mayor parte de los Estados creó
    múltiples instancias de generación y control de la información: direcciones de estadísticas, sistemas
    de información, censos, etc. Esta decisión tampoco era azarosa; en parte la necesidad de
    tener información dura sobre la situación de la educación superior servía no sólo para conocer
    más profundamente al propio sistema sino también contar con insumos a la hora de diseñar e
    implementar otros cambios. No se trata de que antes de los 90 los ministerios o secretarías de
    educación no contaran con informaciones cuantitativas, sino que a partir de los procesos de
    reforma, esos datos pasaron a tener un rol clave.
    Más aún, en algunos países, se crearon nuevas dependencias específicas para implementar
    estos cambios y procesos. El intento de “achicar” el Estado parecía traducirse en forma inversa:
    más estructuras burocráticas de administración y gestión, más procesos de control, más presencia
    del Estado en los temas de la educación. A partir de los años 90, se crearon, por ejemplo: la
    Secretaría de Políticas Universitarias y el Consejo de Universidades en Argentina, el Ministerio
    de Educación Superior en Venezuela, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología junto a
    la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior en México,
    en Perú se creó el Consejo para la Autorización y Funcionamiento de Universidades y en la
    República Dominicana una Secretaría de Estado, Ciencia y Tecnología. Brasil, que ya poseía
    una estructura administrativa bastante compleja, en los 90 sumó también otras dependencias
    y organizaciones que a su vez reproducían la combinación de jurisdicciones municipal, federal,
    pública y privada característica del sistema brasilero.
    De Lacerda Peixoto, M. (2007) Reformas de la educación superior en América Latina y el Caribe. Inclusión, equidad, diversificación y diferenciación.
    Entrega para el tema de apoyo.
    Ibid.
    251
    Fondos concursables
    El otorgamiento de fondos extraordinarios a los docentes universitarios para realizar proyectos
    diversos ha sido una práctica frecuente en muchos países, no sólo en América Latina.
    Con esos recursos adicionales se han financiado investigaciones, perfeccionamientos, viajes,
    publicaciones, etc. Diversos organismos creados ya en los años 50 eran los encargados de
    otorgar los fondos: en Chile, existía desde 1950 la Corporación de Fomento y años después se
    sumó la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica; en Argentina en 1958
    se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas; en Brasil existían
    diversos organismos, tales como la Financiadora de Estudios y Proyectos desde 1965 y el Fondo
    Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico a partir de 1969. Venezuela y Colombia
    también han contado con organismos de financiamiento de investigaciones. En las décadas del
    70 y 80 algunas de esas instancias se consolidaron. En general, era usual que las asignaciones
    estuvieran vinculadas a las jerarquías propias de la estructura docente o administrativa de las
    instituciones, combinadas con la antigüedad de quien solicitaba los fondos y algunos otros
    criterios meritocráticos.
    En el marco de las reformas que se iniciaron en los años 90 esos fondos siguieron estando y
    se siguieron otorgando pero a partir de criterios distintos y gestionados por un nuevo conjunto
    de organismos creados para tal fin. Todos los países latinoamericanos pasaron a tener su propia
    agencia de financiamiento para la investigación, la ciencia y la tecnología; cada uno la diseñó
    de distinta manera, la dotó de presupuestos distintos y obtuvo los fondos necesarios a través de
    distintas fuentes A manera de ejemplo, en Colombia existe un Sistema Nacional de Ciencia y
    Tecnología y un Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología que trabajan con fondos estatales,
    con incentivos fiscales y con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En Brasil,
    existen tal y como se ha dicho, diversas instancias, algunas se apoyan en fondos estatales y
    otras en fondos empresariales. No obstante, en casi todos los países de la región, la mayor parte
    (y en algunos casos de manera exclusiva) los fondos provienen del Estado.
    Por otro lado, estos cambios modificaron a su vez las pautas a partir de las cuales se decidía
    la asignación de los fondos: por un lado, porque se desconfiaba de la carrera burocrática como
    único criterio para adjudicar las remuneraciones adicionales; por otro, porque el otorgamiento
    de fondos para docentes o investigadores pasó a planificarse apoyados en los criterios del nuevo
    gerenciamiento público10. De esta manera, los incentivos docentes se convirtieron en una
    herramienta de carácter selectivo: buscaron romper con la tradición profesionalista de la universidad
    latinoamericana y dar mayor énfasis a la creación del conocimiento. Sin embargo, en
    ocasiones se otorgaron sólo para algunas áreas consideradas, por diversas razones, prioritarias o
    centrales, lo cual significó la postergación de otras disciplinas y una diferenciación salarial entre
    docentes de trayectorias o jerarquías similares. Esto modificó el funcionamiento de las carreras
    académicas, estimuló la competencia entre los académicos aunque no siempre de la mejor
    manera: en muchos casos, se pasó a priorizar la cantidad de informes o actividades realizadas
    (atención de tesistas, presentaciones, publicaciones, etc.) antes que la calidad o profundidad
    de las mismas.
    El Estado se convirtió en la pieza clave para el otorgamiento de los fondos, dado que era
    Para un detalle de los organismos que fueron creados en cada país ver: Duriez González, M.. El papel de la educación superior en la construcción
    del conocimiento. Entrega para el tema de apoyo.
    10 Bentancur, N. Op. cit.
    252
    quien poseía los recursos a distribuir, quien establecía los criterios para la selección y quien
    finalmente decía a quién le correspondían. En cualquiera de los casos, esta intervención del
    Estado se ha tomado también como un condicionamiento externo para el desarrollo del conocimiento
    y la actividad académica.
    Insuficiencia de presupuesto ante el incremento de la demanda de estudios
    superiores
    Casi por definición, el financiamiento de los sistemas universitarios públicos estuvo a cargo
    del Estado. El supuesto era que ese aporte tenía una alta rentabilidad social -sea por la formación
    de recursos, el desarrollo de la investigación, la cultura y el impacto económico- y la
    posibilidad de que sus efectos fluyan por toda la sociedad.
    Esa concepción de distribución presupuestaria indiferenciada11 es la que ha sido puesta en
    jaque a partir de los años 90, dado que los montos que se destinaban a la educación debían
    recortarse como parte del recorte generalizado del gasto público social y porque la idea de que
    la inversión en educación quedaba recuperada a través de la rentabilidad social quedó en discusión,
    tal vez no tanto como definición en sí misma sino a partir de las experiencias concretas
    que se habían dado. Es decir, las universidades no funcionaban bien y no producían lo que se
    esperaba que produjeran. En ese sentido, dado que el financiamiento era la variable a través
    de la cual el Estado podía incidir en la definición de la política universitaria y en el funcionamiento
    de sus instituciones, recortar los fondos o condicionar su otorgamiento -tal como se
    hizo mención para el caso de los incentivos docentes- pasó a ser el modo de tener un mayor
    control sobre las universidades.
    No obstante, las reformas no suponían que los criterios estrictos para la distribución del
    gasto fuera sinónimo de achicamiento del sistema; por el contrario, consideraban que esas exigencias
    mayores por el financiamiento del Estado obligarían a aplicar una gestión más eficiente
    de parte de las instituciones en el uso de sus recursos y a buscar otras fuentes alternativas de
    recursos. En algunos casos, esto fue la puerta que abrió la posibilidad de que la educación superior
    pública pase a ser arancelada; también para que las universidades debieran salir a vender
    servicios al mercado, a vincularse con empresas y a veces con el propio Estado como prestadora
    de servicios. En tercer lugar, dejó una demanda de educación superior insatisfecha que terminó
    volcándose, en la medida en que sus recursos se lo permitían, a la educación privada.
    La primera contradicción que surge al considerar estos cambios en los modos de gestionar
    los recursos del sistema universitario es que esas políticas y modificaciones se dieron en un
    contexto de aumento de la demanda de educación superior.
    En efecto, el crecimiento de la matrícula en la región ha sido sorprendente12.
    Consecuentemente, se ha expandido el número de instituciones de educación superior, el
    cual pasó de 75 en 1950 a una cifra oscilante según los criterios que se utilicen para definir el
    concepto universidad, pero que seguramente pasa holgadamente los 1.50013. Ahora bien, en
    ese total de instituciones, es notable la diferencia en el crecimiento entre las instituciones públicas
    y las privadas. En el mediano plazo, y según consta en el Informe de Educación Superior
    11 Ibid.
    12 La educación superior en Iberoamérica. (2007). Informe del Centro Interuniversitario de Desarrollo. 2007 (CID).
    13 Fernández Lamarra, N. (2004). Hacia la convergencia de los sistemas de educación superior en América Latina. Revista Iberoamericana de
    Educación. N°35, mayo-agosto 2004.
    253
    en Ibero América 200714, realizado por el Centro Interuniversitario de Desarrollo, la cantidad
    de universidades públicas ha quedado muy por debajo de la cantidad de privadas en casi todos
    los países de la región.
    Los porcentajes de la matrícula de la educación privada confirman la tendencia para la
    mayoría de los países. Excepto en Argentina y Uruguay, donde no llega a un tercio, en el resto
    el crecimiento del número de estudiantes ha sido absorbido por las instituciones privadas. En
    Brasil, Colombia y Chile la matrícula de las privadas llega al 75% de la matrícula total.
    Evolución de la matrícula
    1975 1995 2004
    Argentina 579.736 1.054.145 2.026.735
    Bolivia 49.850 154.040 346.056
    Brasil 1.089.808 1.661.034 4.163.733
    Chile 149.647 327.074 567.114
    Colombia 176.098 576.540 1.112.574
    México 562.056 1.420.461 2.236.791
    Uruguay 32.627 74.842 109.817
    Venezuela 213.542 597.487 1.074.350
    País Universidades
    Públicas Privadas
    Argentina 45 55
    Bolivia 15 41
    Brasil 86 190
    Chile 16 48
    Colombia 53 112
    México 615 1159
    Perú 33 49
    En parte este era el resultado previsto por las reformas: sostener el crecimiento de la matrícula
    de estudiantes y el número de instituciones sin comprometer más gastos del Estado –y en
    la medida de lo posible reducirlos-. Lo que la reforma parecía no contemplar en su recomendación
    era que Latinoamérica posee altísimos niveles de inequidad y exclusión en el acceso a
    la educación: el avance de la educación privada en ningún sentido podría achicar esa brecha,
    y por el contrario su consolidación la ha profundizado. En concreto, tal como se expresa en el
    Informe del Centro Interuniversitario de desarrollo (CID) mencionado, “la fuerte desigualdad
    de la distribución del ingreso o el consumo se manifiesta en la desigual asistencia escolar de los
    jóvenes de 13 a 19 años de edad según su origen socio económico”. Esto se combina con las
    variables de retención y deserción, las cuales muestran que un porcentaje significativo de los
    jóvenes entre 15 y 19 años no ingresa al sistema escolar o deserta antes de terminar la secunda-
    14 El CID ha trabajado con sobre la base de Informes Nacionales. Se trata de una tabla provisoria, dado que no todos los países cuentan con
    la información actualizada y no todos utilizan necesariamente la misma denominación para instituciones similares.
    254
    ria. Son estos datos los que condicionan a posteriori las posibilidades de ingreso al sistema de
    la educación superior.
    En este sentido, el incremento insuficiente de la inversión pública en educación, el aumento
    de la demanda y el avance de la educación privada han reforzado el rasgo de inequidad en
    el acceso a la educación característico del continente. Si un mayor número de estudiantes y de
    instituciones estaría indicando un crecimiento del sistema, lo cual podría entenderse en términos
    positivos, la mirada es más sombría si el sistema es mirado desde el punto de vista de la
    inclusión y la equidad. El cuadro siguiente15 muestra la asistencia a una institución educacional
    en áreas urbanas según quintil de ingreso per capita de hogar, en el grupo de edad de 20 a 24
    años, alrededor del año 200316.
    La diferencia entre el acceso de los más pobres y los más ricos llega a más de 40 puntos en
    países como Brasil o Bolivia.
    Diversificación y diferenciación del sistema
    El crecimiento de la matrícula y del número de instituciones complejizaron, sin duda, a
    los sistemas de educación latinoamericanos y provocaron una mayor heterogeneidad en varios
    sentidos: en los tipos de institución, en las titulaciones y los programas ofrecidos, en los modos
    de ingreso y egreso, etc. Esta situación de transformación que se experimentaba fue acelerada
    y condicionada también por los cambios propuestos en los programas de reforma. La diferenciación
    institucional – estimulada por la expansión de nuevas instituciones universitarias y no
    universitarias- y la diversificación del financiamiento –a realizarse a través de la introducción
    de nuevas fuentes de financiamiento no vinculadas al Estado- fueron dos ejes clave para diseñar
    las reformas y fueron propuestos en un documento del Banco Mundial de 1994: “La enseñan-
    15 La Educación Superior en Iberoamérica. Op cit.
    16 Ibid.
    255
    za superior: las lecciones de la experiencia”. 17
    Ambas, diferenciación y diversificación se encontraban perfectamente justificadas desde
    la perspectiva de quienes proponían las reformas: en el primer caso, se trataba de modificar
    el modelo en el que se apoyaban muchas de las universidades latinoamericanas, esto es, un
    perfil orientado básicamente hacia la enseñanza de las profesiones tradicionales. El cambio era
    necesario en tanto este tipo de institución no estaba en condiciones de preparar, en cantidad
    y calidad, el tipo de profesionales que el mercado necesitaba. Como sostiene Maria do Carmo
    de Lacerda Peixoto, ese modelo era considerado por el Banco Mundial como excesivamente
    unificado, caro y dependiente del Poder Público, y volvía inviable, en el corto y mediano
    plazo, el sostenimiento de la educación superior, tanto desde un punto de vista teórico como
    financiero.18
    De allí también la explicación de la necesidad de diversificación: si la educación otorga
    ventajas comparativas para quienes pueden acceder a ella, entonces podría considerarse que la
    condición de bien público para toda la educación está en tela de juicio, en particular la educación
    superior que, en muchos casos pasó a ser considerada como un bien semipúblico o bien
    público imperfecto, del que se favorece más quien lo detenta que el resto de la sociedad y, en
    ese sentido, podría también considerarse algo negociable en el mercado de intercambios. En
    este razonamiento, no habría ninguna razón por la cual el Estado sea ni el único ni el principal
    sostenedor de la educación superior, lo cual habilita la expansión de emprendimientos educativos
    sostenidos económicamente por otros actores.
    Incluso tanto la diversificación como la diferenciación intentaban presentarse como modos
    de responder –de manera casi paradójica- al problema de la equidad en el acceso y la permanencia:
    se argumentaba precisamente, que la universidad tradicional vinculada a las profesiones
    de mayor prestigio (médicos, abogados, etc.,), al resultar cara en su sostenimiento, impedía
    que el presupuesto pudiera destinarse a ampliar la cantidad de plazas ofrecidas a los aspirantes.
    Junto con esto, también se suponía que la creación de nuevas instituciones –aún siendo pagaspermitiría
    ofrecer cursos más accesibles, cortos y con mayor vinculación al mercado de trabajo.
    Por supuesto, un aliado inconsciente de esta política fue la propia estructura universitaria
    preexistente, muy reacia a cambios que incorporaran mayor flexibilidad y novedad tanto en los
    currículos como en los títulos ofrecidos.
    La expansión de la educación privada
    La expansión de la educación privada ha sido parte de la diferenciación institucional. Junto
    con ello, es de destacar la creación de otras tantas instituciones terciarias o no universitarias, la
    mayor parte de ellas también del ámbito privado. Estas nuevas instituciones han creado un sin
    fin de nuevas titulaciones y programas para dar respuesta al crecimiento y la heterogeneidad de
    la demanda. Precisamente, lo que resultaba evidente desde la mirada de quienes impulsaban las
    reformas, era que las estructuras universitarias no podían dar cabida a la cantidad de aspirantes
    y tampoco a la necesidad de formar nuevos tipos de profesionales. Las nuevas instituciones,
    con estructuras más flexibles y programas más cortos, podían multiplicar en ese sentido las
    ofertas. Los datos sobre el aumento de la educación privada han sido presentados en el acápite
    anterior.
    17 De Lacerda Peixoto, M. Op cit.
    18 Ibid.
    256
    Por otro parte, el hecho de que el Estado no fuera el único actor con iniciativa para la
    creación de instituciones, ha estimulado que diversos sectores o actores corporativos hayan
    presentado sus propuestas: además de las instituciones religiosas, han surgido universidades
    vinculadas a empresas, a las fuerzas armadas, a movimientos sociales, a sectores de opinión
    y a corporaciones disciplinarias. Durante los años 90 el Estado, al tiempo que estimulaba
    estas creaciones intentaba a su vez controlarlas a través de la legislación: obligando a que se
    acrediten, a que sean evaluadas, a que se ajusten a determinada estructura, etc. No obstante,
    en muchos países es posible constatar un notable desfase: las normas no lograron contener ni
    regular la profusión de instituciones y titulaciones.
    Junto con esto, dada la ideología predominante que bajo la religión del mercado, negaba
    la característica de la educación en tanto mercado imperfecto o cuasimercado, y al no aparecer
    la pregunta por la pertinencia, la multiplicación de titulaciones y egresados no incidió con la
    eficacia deseable en las estructuras de empleo, en las que se continuó verificando un desfasaje
    apreciable entre formación y exigencias de conocimiento en el mercado laboral.
    El crecimiento de los posgrados
    El crecimiento de los posgrados ha sido otro elemento clave de los años 90, en parte vinculado
    a las reformas propuestas y en parte como respuesta a las tendencias de evolución de
    los sistemas educativos mundiales. América Latina partía de pisos muy bajos de desarrollo, por
    eso en parte, los datos del crecimiento son tan elevados en algunos casos. De todos modos,
    en este punto, al igual que en lo referente a la relación entre educación pública y privada, es
    posible notar importantes diferencias en la situación en que se encuentran los posgrados en
    unos países y en otros.
    Brasil es el único país que contaba con una cierta tradición en posgrados, y su calidad es
    asegurada por el sistema de evaluación de la Coordenação de aperfeiçoamento de pessoal de nível
    superior (CAPES), una agencia del Ministerio de Educación dedicada al desarrollo del posgrado,
    formando personal en Brasil y en el exterior. Actualmente cuenta con 2.300 programas
    de formación posgraduada, desarrollados en más de 200 instituciones de educación superior y
    con 35.000 doctores que forman unos 130.000 alumnos. En México, el crecimiento del posgrado
    se ha multiplicado por cinco desde 1980 y pasó de 25.505 estudiantes a 127.751 para
    el 2001. En Chile también el crecimiento ha sido notable, y su matrícula se ha multiplicado
    también durante los años 90. Los posgrados argentinos han crecido un 107% entre 1994 y
    1999. De Cuba y Colombia podrían presentarse datos similares; no obstante, en el resto del
    continente, el posgrado es un fenómeno incipiente, que por otra parte, no siempre logra vincularse
    de manera efectiva a la investigación y que en muchos casos han surgido y funcionan
    con una lógica mercantil.19
    El desarrollo de la educación virtual
    El desarrollo de las nuevas tecnologías vino a sumar más diversidad y complejidad a la situación.
    La tradicional educación a distancia se vio potenciada gracias a la tecnología de Internet.
    Si bien en esta cuestión la región también sufre las limitaciones de un contexto de escasos
    19 Duriez González, M.Op cit.
    257
    recursos, limitaciones tecnológicas y dificultades para un acceso equitativo, lo cierto es que en
    algunos casos se han logrado notables desarrollos. “Los sistemas universitarios que se destacan
    en el uso de plataformas virtuales para ofrecer programas académicos son Argentina, Brasil,
    Chile, Colombia, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela y la comunidad de naciones
    caribeñas angloparlantes”20. En contraste con países como Cuba, Bolivia, Perú, Ecuador,
    Haití, Honduras, Paraguay, Nicaragua o Guatemala, dado que el acceso a Internet sólo llega al
    10% de la población, por lo que es impensable aún este tipo de desarrollos.
    Por cierto, en esta cuestión, poco se estableció en los instrumentos legales producidos en
    los años 90, probablemente porque aún el despegue de las tecnologías era aún imprevisible o
    porque como ocurre en muchos casos, las prácticas corren por delante de las legislaciones. Así
    es que, pese a que la educación a distancia por Internet se convierte día a día en una alternativa
    para la formación, pocos son los países que cuentan con una legislación que la controle.
    La educación transnacional
    Uno de los mayores riesgos de la expansión de la educación virtual sin algún tipo de fiscalización
    estatal tiene que ver la educación transnacional. En efecto, la virtualidad ha permitido
    que los estudiantes de Latinoamérica reciban a través de la Internet múltiples ofertas de capacitación
    y graduación. A su vez, la educación transnacional se vincula estrechamente con el auge
    que la educación privada al que hemos ya hecho referencia. 21
    A través de diversas modalidades como la instalación de sedes extranjeras, el otorgamiento
    de dobles titulaciones, la realización de programas articulados, la educación a distancia virtual,
    etc. la educación transnacional ha cobrado relevancia en la última década. En muchos casos,
    la posibilidad de entrada al país ha dependido de alianzas estratégicas con instituciones locales
    que ofrecen el vínculo internacional para competir con otras instituciones. En otros casos, han
    sido los desarrollos tecnológicos los que han permitido crear sistemas virtuales de educación,
    en los cuales las distancias físicas, sociales y culturales entre quien provee la educación y quien
    la recibe quedan reducidas o acortadas gracias a las redes. Y en otros, la debilidad misma del
    sistema local ha buscado ser reforzada a través de convenios con el extranjero.
    Recientemente Sylvie Didou Aupetit ha publicado un detallado estudio sobre el tema de la
    internacionalización y los proveedores externos de educación superior para América Latina y el
    Caribe22. El trabajo fue realizado a partir del estudio de casos particulares, los cuales se hicieron
    con distintas metodologías.
    Según este trabajo, es posible encontrar una especie de escalonamiento cronológico en la
    llegada de instituciones extranjeras a América Latina, a partir de los años 80. Luego, se encuentran
    las otras modalidades: escuelas asociadas, alianzas entre instituciones a partir de programas
    determinados, desarrollo de la educación virtual, franquicias, universidades corporativas. La
    presentación del cuadro de situación es por definición provisoria, por razones similares a las
    que aludíamos antes: grandes lagunas de información para algunos países e inexistencia de una
    terminología compartida.
    Entre los principales proveedores de educación transnacional en América Latina se encuen-
    20 Duriez González, M.Op cit.
    21 El IESALC en 2003 sostenía que en Latinoamérica se da un modelo tripartito: público, privado local y privado internacional.
    22 Didou Aupetit, S.(2005)Internacionalización y proveedores externos de educación superior en América Latina y el Caribe.ANUIS.UNESCO.
    258
    tran los países europeos, España en particular. Esto se explica por las afinidades culturales y
    el idioma común. No obstante, es destacada en algunos contextos, la presencia de un grupo
    empresario norteamericano al frente de programas de educación transnacional. Por otro lado,
    es posible notar que poco a poco también las propias universidades latinoamericanas se están
    convirtiendo en exportadoras de servicios educativos hacia otros países de la región: “en años
    recientes se estuvo consolidando una oferta de servicios educativos desde Latinoamérica. Dicha
    oferta estuvo fundamentada en la homogeneidad lingüística, en los flujos migratorios e
    indirectamente en acuerdos macro-regionales de integración económica, con repercusiones en
    la esfera educativa”.23
    La situación no es igual en todos los países y depende de varias circunstancias: las características
    del propio sistema de educación superior, la posición del Estado en relación al financiamiento
    del sistema educativo, las restricciones legales, las posibilidades de encontrar una
    demanda disponible, etc. En algunos casos, la educación transnacional ha pasado a constituir
    un actor de importancia relevante; en otros, aún se mantiene en los márgenes del sistema.
    No obstante, el avance de esta modalidad ha generado diversas situaciones problemáticas,
    cuya resolución aún está en trámite.
    En primer lugar, desnuda el problema de la definición de la educación en tanto servicio o
    bien público: en el primer caso, tal como lo supone la Organización Mundial del Comercio,
    los servicios educativos deben estar desregulados para permitir su libre circulación de país
    en país. Esto, ha puesto la Internet como plataforma de circulación que multiplica y acelera
    cualquier tipo de movimiento. Pero si la definición se orienta hacia el segundo caso, el Estado
    se convierte en garante de la educación que se ofrece y entonces debe arbitrar los medios necesarios
    para controlarla. Las reformas de los años 90 si bien en general ratificaron esta segunda
    posición, no incorporaron demasiadas herramientas legales para hacer frente a la llegada de
    los proveedores internacionales, ya sea porque no contaban con los recursos para controlar esa
    difusión o porque sus sistemas mostraban debilidades o falencias que la educación transnacional
    se proponía saldar. Algunos Estados poco pudieron hacer para contener o controlar estos
    desarrollos.
    El problema es entonces de definición pero también de ejecución: desde qué posición y
    con qué herramientas cuenta cada Estado para enfrentarse a la expansión de la educación
    transnacional, controlar la calidad y los contenidos que se ofrecen y arbitrar los mecanismos de
    reconocimiento de la titulación.
    En segundo lugar, la llegada de la educación transnacional reaviva una polémica clave de la
    historia cultural de Latinoamérica: cómo desarrollar una actitud activa y crítica, y no meramente
    pasiva y defensiva o reactiva frente a ofertas culturales provenientes de exterior. En otras palabras,
    se trata de prever cómo posicionar a los sistemas de educación de la región frente a los extranjeros
    de manera sólida y flexible, no para que eviten el desarrollo de aquellos buenos programas internacionales
    sino para que puedan filtrar a los de baja calidad o a los que sólo se desarrollan por criterios
    comerciales. Sobre esto, la reforma de los 90 poco se preocupó por prescribir.
    Un caso llamativo, de gran expansión es la Laureate International Universities. Se trata de
    un consorcio educativo multinacional, con sede en Estados Unidos, creado en 1998 y que ha
    logrado instalarse en quince países de América, Europa y Asia. Trabaja con una modalidad
    presencial y virtual a partir del modelo educativo norteamericano y ofrece programas en administración
    de empresas, leyes, educación, telecomunicaciones, ciencias sociales, ingenierías,
    23 Ibid, pág. 26.
    259
    tecnología de la información, turismo, humanidades, medicina, psicología, entre tantas otras.
    Es la sucesora de lo que se conoció como Sylvan Learning Systems. En el caso de América, cuenta
    con sedes en Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Panamá y Perú.
    Lo preocupante de este caso es que se trata de un claro emprendimiento comercial, es decir,
    la educación es ofrecida y gestionada como un servicio del cual se espera obtener una ganancia.
    No es este el lugar para analizar hasta qué punto esta característica incide en los estándares
    de calidad esperados o en qué medida impacta en términos culturales, pero sin duda es un
    desafío a la concepción que entiende a la educación como un servicio público, sin ningún fin
    de lucro.
    Las políticas de integración
    Otra novedad de los años 90 llegó de la mano del desarrollo de instancias de cooperación e
    integración regional. Por un lado, el ritmo mismo de la globalización estimulaba la generación
    de esas articulaciones en todos los ámbitos: económicos, culturales, políticos, educativos. Por
    el otro, en el caso de aquellas regiones en las cuales la globalización parecía más padecerse que
    gozarse, la integración resultó una alternativa posible para fortalecerse frente a otros espacios
    regionales. En muchos casos han sido esos marcos más generales de integración los que han
    facilitado y/o estimulado el inicio de proyectos vinculados a la educación.
    América Latina no poseía una gran tradición en materia de integración educativa universitaria:
    entre 1948 y 1990 sólo existían 6 organismos que trabajaban articulando a instituciones
    de diversos países del continente. A partir de 1990, se crearon más de 10: algunos tienen una
    perspectiva continental, otros están integrados por países de determinada región; algunos involucran
    sólo a las universidades y otros incorporan además a los centros de investigación; en
    algunos casos, se trata de organismos que establecen el recorte a partir del carácter público o
    privado de la institución. Finalmente, es de notar también la creación de una Red vinculada
    a los temas de la evaluación y la acreditación y el desarrollo de instancias de estudio y análisis
    de la situación educativa latinoamericana que trabajan de manera descentralizada, y con la
    participación de especialistas e instituciones de todos los países de la región.
    Desde mediados de los 90 el MERCOSUR creó una instancia particular para trabajar sobre
    los temas de educación superior. El resultado positivo de esa iniciativa ha sido el desarrollo
    de un programa experimental de acreditación de carreras: el MEXA, que acaba de concluir
    y la puesta en marcha de un proyecto de relevo sobre el tema de acreditación: ARCU-SUR.
    Este proyecto está organizado de manera permanente y con un radio de alcance en cuanto a
    cantidad de carreras, instituciones y recursos mucho mayor que el realizado por el MEXA.
    Experiencias similares de integración regional sobre cuestiones particulares de la educación
    superior podrían citarse también para el caso de Centroamérica o la región andina. El inicio de
    estos acuerdos está fechado en la década de los 90.
    La Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior (RIACES)
    se constituyó en 2003, y está integrada por agencias de acreditación nacionales y regionales y por
    organismos de los gobiernos responsables de las políticas relacionadas con la calidad de la educación
    superior. Si bien su principal objetivo apunta al mejoramiento de la calidad de la educación, el trabajo
    que se ha ido desarrollando constituye una experiencia concreta de integración.
    Por otro lado, la integración también ha sido construida a través del trabajo realizado por
    260
    organismos tales como el IESALC-UNESCO. El Instituto viene desarrollando una intensa
    labor a través de estudios, encuentros, publicaciones, etc.; ha logrado tener más y mejor conocimiento
    sobre la situación de la educación superior de cada país lo cual a su vez ha permitido
    desarrollar estudios comparativos sobre determinados temas.
    En síntesis, algunos de los principales cambios registrados en la región durante la década
    del noventa, fueron los siguientes:
    • Fuerte apoyo desde organismos internacionales tendiente al logro de una mayor diversificación
    de las fuentes de recursos; reforma de los modos de gestión y gobierno de las instituciones
    universitarias; la generación de estímulos para diversificar el sistema educativo;
    el desarrollo de procesos de evaluación y acreditación; la necesidad de vincular de manera
    más efectiva y eficiente la enseñanza con el desarrollo de la industria y la investigación.
    • La promoción de la desregulación a partir de la existencia de regulaciones. De este modo,
    en la mayor parte de los sistemas de educación superior puede observarse:
    a- Nuevos cuerpos de normas, que abarcan desde menciones en las nuevas constituciones,
    nuevas leyes y diversas normas regulatorias;
    b- la evaluación y la acreditación como rasgo compartido por todas las reformas educativas
    latinoamericanas;
    c- la creación de nuevos organismos, para la evaluación, para la generación de información,
    para el control financiero;
    d- los fondos concursables: el otorgamiento de fondos extraordinarios a los docentes universitarios
    en función de sus méritos y antecedentes; el financiamiento de proyectos diversos; etc.;
    e- el ajuste del financiamiento a la educación superior en el marco de un déficit persistente
    por parte del Estado y, con ello, la aparición en algunos sistemas del arancelamiento de
    los estudios y la promoción de la educación superior como prestadora de servicios como
    forma de logro de ingresos propios;
    • Un crecimiento de la matrícula de la educación superior y una expansión de la base institucional
    de la educación superior, en particular, la de financiamiento privado; y como
    consecuencias de ambos una diversificación y diferenciación del sistema y una expansión y
    diferenciación de los programas y carreras, en particular, ciclos cortos y posgrados.
    • El desarrollo de las nuevas tecnologías y el surgimiento de la educación virtual.
    • La trasnacionalización a partir de ofertas virtuales y de la instalación de sedes.
    • El inicio de políticas de integración regional.
    Algunas transformaciones recientes. Breve reseña
    Los sucesos de comienzo de siglo en la educación superior latinoamericana no pueden
    comprenderse, sino, en función de su interdependencia con un grupo de transformaciones
    recientes, de profundo alcance.
    Crecimiento económico y cambio de política
    Se asiste a un cambio de la lente política sobre la educación superior de la región impulsada
    por las condiciones favorables para su crecimiento.
    261
    América Latina entre 2003 y 2007 acumuló un aumento del producto por habitante del
    orden del 15%, disminuyó la tasa de desempleo y los salarios reales se vieron favorecidos.
    La abultada demanda desde los mercados internacionales de las materias primas de la región,
    en particular, desde los importantes mercados emergentes de China e India (que contribuyen
    en la actualidad con el 33% del alza del PBI mundial) ha generado un crecimiento
    sostenido.
    Probablemente por las consecuencias experimentadas ante las fórmulas vigentes a finales
    del siglo XX, el crecimiento que se está registrando ha sido traducido en instrumentos que
    reducen el embate de los desequilibrios financieros externos. A diferencia de otros períodos, ha
    disminuido la relación deuda externa/exportaciones, los ingresos fiscales han crecido más que
    el gasto, se ha mejorado el balance de las cuentas públicas, se ha elevado la capacidad de endeudamiento
    con los organismos internacionales y, como resultado de ello, la región es menos
    vulnerable a las perturbaciones externas.
    Si bien han sido afrontados los cuadros masivos de gravedad social y económica y se ha
    gestado una plataforma de menor vulnerabilidad a las voluntades de los organismos de financiamiento
    internacional y de estrategias contracíclicas a las perturbaciones externas, persisten
    en la región situaciones de aguda desigualdad social y de rezago tecnológico y productivo. Al
    respecto, se observan evidencias tendientes a una conversión de las condiciones de desarrollo
    económico, social y cultural, un giro de los enfoques de política hacia la reversión de los problemas
    de iniquidad, pobreza y competitividad y, respecto de ambos, la convicción del lugar
    relevante que ocupa la educación superior de la región en el dinamismo de las ventanas de
    oportunidades y en el desarrollo de las reformas estructurales clave.
    Propósitos económicos y trasnacionalización
    Esta etapa caracterizada por una revitalización de la esencia política de los asuntos de gobierno
    y en donde la educación superior asume un rol relevante, ocurre en un contexto marcado por el
    predominio dominante de propósitos económicos y de trasnacionalización por sobre los de desarrollo
    de asuntos sustanciales para la educación superior, como son las condiciones de acceso a las
    nuevas tecnologías, la movilidad de docentes y estudiantes y las innovaciones curriculares. América
    Latina es una de las regiones vulnerables a los cambios que genera este re-significado de recursos
    estratégicos y sufre y sufrirá pérdidas económicas, sociales y culturales de grandes proporciones, sin
    tener responsabilidad en su origen. Una porción de los esfuerzos y recursos de la región se están volcando
    cada vez con mayor énfasis a la reducción del impacto de este fenómeno en vez de dedicarlos
    a desarrollar fórmulas apropiadas que aprovechen los avances en los objetivos comprometidos ante
    la UNESCO en pos de la disminución de la brecha que la separa de las regiones desarrolladas del
    mundo y de la reversión de las problemáticas específicas que contiene.
    De este modo, los esfuerzos iniciales de la región con respecto a la educación superior se ven
    alterados por la irrupción de una agresiva estrategia que combina el cubrimiento de la demanda de
    formación superior por parte de proveedores trasnacionales, una competencia feroz entre los países
    desarrollados por el reclutamiento de los mejores talentos del mundo, la difusión de nuevas tecnologías
    sin esquemas de aprovechamiento integral de éstas y la difusión de programas tendientes a asegurar la
    provisión oportuna de personal calificado a las cadenas internacionales de producción, con visiones
    cortoplacistas e insuficientes para el logro de la capacidad intelectual estratégica de las regiones.
    262
    Erosión del lenguaje referido a educación superior
    Otro elemento que distingue al comienzo de siglo es la profunda erosión que ha sufrido el
    lenguaje referido a la educación superior. La perspectiva del nuevo management público, marcadamente
    economicista, ha penetrado en el lenguaje habitual de analistas y decisores universitarios.
    Vocablos, tales como “capitalismo académico”, “transacciones en el mercado de estudiantes”, “universidad
    emprendedora”, “periferia de desarrollo mejorada”, “base de financiamiento discrecional”,
    “territorio central estimulado”, entre otros, han sido “instalados” para interpretar la prácticamente
    totalidad de los fenómenos locales acerca de la educación superior. Y no es casual. América Latina
    es una de las regiones donde los procesos de “mercadización” de variadas formas de producción
    cultural han adquirido enorme envergadura y múltiples formas de aparición.
    2. Acciones de comienzo de siglo
    Las transformaciones requeridas en la educación superior para los nuevos esquemas de
    desarrollo de la región suponen cambios globales en el nivel de las instituciones, pero también
    en los niveles intermedios. Se requieren acciones gubernamentales para atender las múltiples
    facetas involucradas en la educación superior. Del mismo modo, se requiere la colaboración
    internacional, dado que este carácter es inherente a este nivel.
    La educación superior en América Latina transcurre los primeros años del siglo XXI entre
    el viejo y nuevo contexto de desarrollo económico y social, ante escenarios internacionales
    regidos por nuevas reglas y con un protagonismo clave en la nueva política pública cuyo tratamiento
    analítico sobrepasa el ideario dominado por el enfoque management.
    Las declaraciones recientes que constan en las cumbres de ministros de educación y en las
    reuniones regionales de autoridades de instituciones de educación muestran un giro en los
    temas de interés de las agendas públicas.
    Sin menoscabar el profundo significado que confieren las decisiones de política, es cierto
    que a la luz del hondo cuadro de problemas de la región, las transformaciones, además de ser
    recientes, tenues, incompletas, encierran terrenos incógnitos que la propia implementación de
    la política pública ha de cubrir.
    Los determinantes subyacentes y las consecuencias finales de las transformaciones en curso
    están lejos de entenderse bien. No obstante, el acercamiento a éstas constituye un ingrediente
    clave para delinear el posicionamiento de la región ante la Conferencia Mundial de Educación
    Superior a realizarse en 2009, en tanto arena de discusión de las políticas globales que regirán
    el desarrollo de la educación superior en la próxima década en todo el mundo. A su vez, este
    acercamiento es ineludible en todo ejercicio que vincule decisiones de política y resultados y su
    complejidad es inherente al entramado de este vínculo.
    Los efectos de la intensificación del comercio exterior sobre las economías nacionales tendrán
    efectos positivos en la medida en que se lleven a cabo acciones capaces de modificar los
    obstáculos estructurales que afectan el desarrollo equilibrado o, lo que es igual, se construya un
    nuevo modo de crecimiento y en él un conjunto de lineamientos para la educación superior.
    Esa construcción implica un proceso de cambio profundo, aunque gradual, tanto en el
    campo de las ideas y los comportamientos como en el de las organizaciones e instituciones.
    263
    4 temas, 25 propuestas y un post scriptum
    Las acciones referidas a educación superior se vinculan con una amplia gama de variables.
    Su extensión supone amplios alcances.
    Éstas fueron organizadas en cuatro dimensiones básicas:
    1.El compromiso social del conocimiento avanzado
    2.El potencial y los desafíos de la nueva tecnología
    3.La gestión y el financiamiento
    4.Los marcos nacionales e internacionales
    El compromiso social del conocimiento avanzado
    Los primeros años del nuevo siglo ubican a la formación superior, como nunca antes, ante
    los imperativos de la sociedad del conocimiento: un abanico de competencias y habilidades
    capaces de lograr fórmulas flexibles que, a lo largo de la vida, cubran las progresivas demandas
    sociales; mayor acceso y más equitativo; mayor y mejor movilidad; y reconocimiento internacional
    de los trayectos de formación.
    Las propuestas son doce:
    PROPUESTA 1 - Fortalecer la visión integral de la educación
    PROPUESTA 2 - Revertir la deserción y el alargamiento de las carreras
    PROPUESTA 3 - Atender los cambios en el perfil social del estudiantado
    PROPUESTA 4 - Generar un esquema cuidadoso de articulación y reconocimiento mutuo
    que contribuya con la flexibilidad y la movilidad
    PROPUESTA 5 - Reforzar las políticas regionales de convergencia científica y tecnológica
    PROPUESTA 6 - Reforzar las políticas regionales de resguardo de los recursos altamente calificados
    PROPUESTA 7 - Generar políticas compensatorias y de apoyo a los cuerpos de docentes con
    menos opciones de acceso a subsidios competitivos
    PROPUESTA 8 - Abordar de manera integral los procesos de movilidad social y territorial
    PROPUESTA 9 - Fortalecer y apoyar los esquemas de evaluación y acreditación regional
    PROPUESTA 10 - Generar capacidades y apoyar los esquemas de mejoramiento derivados de
    los procesos de evaluación
    PROPUESTA 11 - Apoyar investigaciones tendientes a identificar senderos de mejoramiento
    apropiados
    PROPUESTA 12 - Reforzar los estudios regionales relacionados con la dinámica del trabajo
    profesional
    El potencial y los desafíos de la nueva tecnología
    Los primeros años del nuevo siglo muestran un avance en el empleo de tecnologías de
    información y comunicación digitales, a tal punto que, en cuanto a conectividad, constituye
    la comunidad de Internet el crecimiento más acelerado del mundo. No obstante, se requiere
    264
    fortalecer la región para el logro de un aprovechamiento sustantivo de la potencialidad de los
    recursos tecnológicos.
    Las propuestas son cuatro:
    PROPUESTA 13 - Reforzar las acciones de convergencia regional en materia de educación
    virtual
    PROPUESTA 14 - Superar el rezago de la inversión tecnológica
    PROPUESTA 15 - Acortar la brecha digital interna y externa
    PROPUESTA 16 - Reforzar los estudios relacionados con el impacto de las nuevas tecnologías
    sobre los procesos de enseñanza aprendizaje
    La gestión y el financiamiento de la educación superior
    Los primeros años del nuevo siglo está signado por un aumento de la inversión pública y privada
    en educación superior y por la presencia de complejas agendas universitarias relativas a la gestión.
    Entre 1998 y 2002 el monto del presupuesto público de la región dedicado a la educación
    superior aumentó en más del doble absorbiendo en 2002 el 23% del presupuesto que se dedica
    a todos los niveles educativos.
    Las propuestas son cuatro:
    PROPUESTA 17 - Superar obstáculos de la gestión de las instituciones de educación superior
    PROPUESTA 18 - Fortalecer la coordinación de los esfuerzos llevados a cabo por entidades
    diversas relacionadas con la educación superior.
    PROPUESTA 19 - Apoyar los esfuerzos de las instituciones de educación superior relativas a
    compromiso social.
    PROPUESTA 20 - Atenuar el esfuerzo privado de los pobres
    Los marcos nacionales e internacionales
    La educación superior se fortalece o debilita, en definitiva, en el nivel local y las políticas
    gubernamentales son las que crean los incentivos que facilitan o restringen el desarrollo de las
    instituciones. Las profundas transformaciones que suceden en la educación superior pronostican
    la necesidad del planteo de políticas inteligentes y analizadas en un vasto conjunto de
    variables. No hace falta mencionar la mundialización que asiste a la educación superior y la
    enorme interconectividad de varios de sus componentes.
    Las propuestas son cinco:
    PROPUESTA 21 - Aprovechar la red de instituciones de educación superior en pos del mejoramiento
    territorial.
    PROPUESTA 22 - Fortalecer las políticas gubernamentales.
    PROPUESTA 23 - Fortalecer las capacidades en materia de relaciones internacionales.
    PROPUESTA 24 - Hacer de la asistencia para el desarrollo un factor de fortalecimiento de la
    educación superior.
    PROPUESTA 25 - Reforzar el marco jurídico internacional en materia de educación superior.
    265
    PROPUESTA 1. Fortalecer la visión integral de la educación
    Desde fines de los 80 se ha venido desarrollando en todo el mundo el concepto de educación
    permanente. Por su impacto, numerosos analistas lo consideran uno de los sucesos más
    relevantes que ha brindado esta época a la historia de la educación. El tradicional enfoque basado
    en estudiar para obtener un título y ejercer para siempre su vida laboral con ese saber fue
    sustituido por uno nuevo basado en la constante actualización y el continuo reentrenamiento,
    no circunscrito a un período de la vida del hombre. La idea de la educación como preparación
    para la vida, da paso crecientemente a la idea de la educación durante toda la vida (life-long
    education).
    Los orígenes de la educación continua pueden ser explicados a partir, por lo menos, de dos
    visiones24:
    • La concepción de la educación como un proceso permanente, a lo largo de la vida, que
    involucra a la persona de manera integral, que supone que la necesidad de aprender no es
    finita y que se relaciona con cualquier tipo de actividad productiva del ser humano, como
    un elemento esencial en la marcha de la civilización.
    • La interpretación sobre la evolución que históricamente han tenido en el mundo las formas
    de concebir las ocupaciones y profesiones y las distintas estrategias que las sociedades han
    puesto en marcha para formar nuevos profesionales y garantizar su calidad.
    Ambas acepciones requieren superar la concepción restringida de la educación limitada a
    las instituciones formales como únicos agentes educativos, así como a limitar el alcance de las
    acciones de política a determinados ciclos. De este modo, la educación permanente supone el
    doble esfuerzo sincrónico y diacrónico de la política educativa y, dentro de ella, la de educación
    superior.
    Desde la dimensión sincrónica es ineludible atender el contexto socioeducativo familiar
    y comunitario. En 2002, en la región, 221 millones de personas, es decir el 44% de la población
    total, vivían en situación de pobreza. A su vez, 97 millones de personas, correspondiente
    al 19,4% de los habitantes de la región, se encontraban en condiciones de pobreza extrema o
    indigencia. En 2005, el 39,8% de la población de América Latina se encontraba en situación
    de pobreza (209 millones de personas) y un 15,4% (81 millones de personas) en pobreza extrema
    o indigencia. Esto representa una caída de más de cuatro puntos porcentuales en relación
    a 2002. Los mejoramientos más significativos se dieron en Argentina (26% de pobreza en el
    período 2003/2005, contra 45,4% en 2000/2002) y Venezuela (37,1% en 2003/2005, contra
    48,6% en 2000/2002). Asimismo, Colombia, Ecuador, México y Perú presentaron disminuciones
    de cerca de cuatro puntos porcentuales.
    Por su cobertura y obligatoriedad, los ciclos iniciales, básicos y medios son más porosos
    a la situación de cuadros de pobreza que el nivel superior y, aun cuando se han mejorado
    los índices, la pobreza continúa representando un desafío de enorme magnitud para los
    países de América Latina, ineludible al momento de proyectar acciones a futuro. Y, en este
    sentido, al momento del diseño de instrumentos relacionados con este desafío, es necesa-
    24 Izquierdo García, B. y Schuster Fonseca J. (2000) La educación continua, una alternativa para la formación de los recursos humanos. Comisión
    Mixta de Capacitación y Adiestramiento UV-FESAPAUV. Programa Desarrollo de Competencias Académicas procedimiento de la
    Educación Continua , Xalapa, (enero, 2000), pp. 1-5.
    266
    rio considerar las acciones que se están llevando a cabo por las instituciones educativas en
    materia de compromiso social y educación no formal, entre ellas, las llevadas a cabo por
    las de educación superior.
    Desde el punto de vista diacrónico, es claro que el embate de la pobreza sobre el desempeño
    educativo se hace evidente durante el trayecto de formación inicial, básica y media, pero
    también con posterioridad, al momento del ingreso a la educación superior.
    Por tal motivo, en algunos países de la región se está avanzando en políticas amplias
    de acceso25 basadas en una mayor articulación entre los niveles educativos. Los mecanismos
    son variados: fortalecimiento de la formación y actualización docente, definición de
    las competencias de manera articulada entre ciclos, evaluación anticipada de éstas, entre
    otros.
    Por sus particularidades, las políticas de formación permanente posgraduales merecen diseños
    especiales que atiendan, no solamente sus contribuciones a la elevación general de la
    educación, sino también su función clave en la conformación de los cuerpos de eruditos.
    Los posgrados son importantes catalizadores de ambos procesos. En primer lugar, por su
    esencia “internacionalizada”, son justamente los posgrados los que construyen los canales más
    ágiles en relación con procesos de movilidad académica y de estudiantes, de especialización
    de las disciplinas y, muy vinculado a este último aspecto, de difusión mundial de las reglas de
    legitimación.
    En segundo lugar, los desarrollos precompetititvos y la transferencia hacia el mundo de la
    innovación se reproduce a partir de la dinámica de investigación, transferencia – formación de
    discípulos – posgrado - movilidad.
    En tercer lugar, la especialización ya deja de estar regida solamente por el avance de la
    investigación disciplinaria. Los problemas del mundo de la producción llevó a la gestación
    de nuevas disciplinas que provienen de un mix de especialidades: la “inteligencia artificial”, la
    “nanobiotecnología”, entre otras tantas.
    De esta forma, los espacios de formación avanzada asumen un protagonismo inigualable y
    con perspectivas aún más relevantes. La tasa de incremento de la matrícula del postgrado (que
    alcanza en América Latina una dimensión del 31% interanual desde hace más de una década)
    también ubica a la formación posgradual en un lugar relevante.
    Como siempre ha sido, la actividad de los posgrados demarcará el perfil catedrático
    del futuro, así como el bagaje de nuevos conocimientos, nuevas interpretaciones, nuevas
    explicaciones y, también, nuevos compromisos. Asimismo, el posgrado está llamado a ser
    una herramienta excelente para la actualización periódica de las profesiones tradicionales
    como Medicina, Derecho, Ciencias Administrativas y Contables que, en el futuro puede
    convertirse en un elemento indispensable para la recertificación de títulos en el mercado
    laboral. Incluso, estudios recientes llevados a cabo en diversos países de Europa y Estados
    Unidos26, muestran cómo la estabilidad y la continuidad en las disciplinas científicas son
    mantenidas a través de procesos de socialización de la investigación doctoral dentro de la
    estructura y organización del laboratorio o grupo de investigación pero, también, en los
    espacios laborales de las empresas. Hoy vemos cómo la dinámica de muchas empresas, en
    particular, las de alta tecnología están signadas por la cultura posgradual. Los imperativos
    25 De Lacerda Peixoto ,M. Op. Cit., En el documento se compilan diversas estrategias relativas al acceso de la educación superior en su
    relación con la equidad.
    26 Enders, J. (2002) Serving Many Masters: The PhD on the Labour Market, the Everlasting Need of Inequality, and the Premature Death
    of Humboldt. Higher Education, v44 n3-4 p493-517 Oct-Dec 2002.
    267
    del desarrollo de los países de la región, muy probablemente, también asuman la impronta
    del sector posgradual.
    La formación superior avanzada de especialistas en los distintos ámbitos del ejercicio profesional,
    laboral y productivo, así como la formación de docentes e investigadores en los distintos
    campos del saber científico y tecnológico es una prioridad clave.
    Buenas prácticas
    • Fortalecer el involucramiento efectivo de las instancias ministeriales en el diseño de políticas
    que eleven la calidad integral educativa a través de esquemas de mayor integración de
    los ciclos; en la constitución de una red o trama que contemple y potencie los múltiples
    recursos educativos de la sociedad; y en la fijación de prioridades de generación de masa
    crítica en áreas que resulten estratégicas en los nuevos contextos de desarrollo y permitan
    crear programas propios de formación avanzada e investigadores.
    • Establecer en el plano internacional la existencia de catalizadores tendientes a integrar
    los esfuerzos en materia de calidad educativa. Tales como, un panel internacional tendiente
    a la elaboración de políticas y prioridades que mejoren las estrategias nacionales
    de elevación y equidad de la educación; la existencia de incentivos para que la política
    de elevación general de la calidad educativa se conjugue con otras políticas relevantes
    de los países
    PROPUESTA 2. Revertir la deserción y el alargamiento de las carreras
    Desde hace años los gobiernos de la región han llevado a cabo diversas fórmulas respecto de
    la deserción y repitencia. No obstante, los primeros años del siglo hacen evidente la insuficiencia
    de tales esfuerzos. El Informe sobre la Educación Superior en América Latina y El Caribe
    2000-2005 reseña los avances respecto de algunos proyectos tendientes a reunir condiciones
    para transferir créditos y revalidar títulos, mediante la acreditación regional de las carreras, la
    evaluación de las calificaciones con base en marcos concertados de normas de calidad o la elaboración
    de referentes comunes para las competencias profesionales y un sistema compartido
    de créditos (IESALC, 2006, p. 29-32).
    Sea por problemas en la definición de lo que estudiarán y del significado de los estudios
    superiores, por la complejidad de los métodos de estudio, por deficiencias en las
    orientaciones y apoyos para avanzar con sus trayectos de formación, por haber perdido la
    formación de grado la centralidad de la atención de la academia o por una combinación
    de todos ellos, anualmente enormes contingentes abandonan los estudios y se suman a las
    huestes de los desesperanzados con la educación superior. Otros permanecen por años
    hasta lograr su cometido. A este grupo de variables, necesariamente debe sumársele la
    situación social (De Lacerda Peixoto, 2007).
    De Lacerda Peixoto en el documento “Reformas de la educación superior en América Latina
    y el Caribe. Inclusión, equidad, diversificación y diferenciación” compila diversas políticas
    para la permanencia de los estudiantes dentro del sistema de educación superior, llevadas a
    cabo por los países de la región.
    Los indicadores de la región son concluyentes: por cada 11 estudiantes egresa 1 (mientras
    que en los países desarrollados la relación es 4 a 1).
    268
    Difícilmente la composición requerida entre desarrollo de la región y capital humano pueda
    lograrse cuando el porcentaje de personas adultas que han cursado estudios superiores abarca
    entre el 8% y el 16% de la fuerza del trabajo.
    Aunque constituya un problema presente en numerosos países, para los países en desarrollo
    la pérdida de recursos y el efecto de la pérdida potencial de capital humano es aún más grave.
    Buenas prácticas
    Es urgente la generación de estrategias apropiadas para revertir los graves cuadros de deserción
    y alargamiento de las carreras. Entre otras, el establecimiento de mecanismos de alerta
    temprana de problemas de rendimiento, el fortalecimiento de los sistemas de información referidos
    a graduados y la generación de líneas de apoyo para el mejoramiento de las capacidades
    de las instituciones referidas al mejoramiento de la retención y rendimiento de los estudios.
    PROPUESTA 3. Atender los cambios en el perfil social del estudiantado
    La creciente masificación de la educación superior introdujo cambios en el perfil social del
    estudiantado, asemejándolo a la estructura general de las sociedades: feminización, estudiantes
    del interior de los países, estudiantes como clientes, estudiantes de corto tiempo, estudiantes
    profesionales, estudiantes trabajadores, estudiantes a distancia, estudiantes indígenas, diversidad
    racial, estudiantes con discapacidades, junto a los tradicionales estudiantes.
    Todos los indicadores (expuestos en diversos informes recientes sobre la región como el
    Informe sobre la Educación Superior en América Latina y El Caribe 2000-2005 – IESALC
    2006, el cual reseña diversos programas relacionados con la inclusión de diversos grupos a la
    educación superior) muestran estas tendencias.
    Asimismo, las instituciones han ido incorporando programas a los efectos de atender las
    particularidades derivadas de esta diferenciación social, en pos de una mayor equidad. Incluso,
    algunos gobiernos están haciendo esfuerzos sistemáticos para atender a una ampliación drástica
    de la matrícula, por ejemplo, la experiencia venezolana con sus universidades experimentales
    y sus aldeas universitarias constituyen esfuerzos destacables en ese sentido27.
    Buenas prácticas
    Se requiere un involucramiento efectivo de las instancias ministeriales en la construcción
    de acciones de convergencia educativa a escala regional, así como un compromiso mundial en
    esta materia que efectivamente apoye la realización de acciones pertinentes a las circunstancias
    de las regiones.
    PROPUESTA 4. Generar articulación y reconocimiento mutuo que contribuya con la
    flexibilidad y la movilidad
    La mayor parte de las instituciones de educación superior de la región han introducido
    modificaciones en los currículos a los efectos de atender los imperativos de flexibilidad y de
    cubrimiento de una demanda cada vez más amplia de diversidad de competencias desde los
    27 Albornoz, O. (2007) .Recent changes in Venezuelan Higher Education . En: International Higher Education , number 48, summer 2007.
    269
    años 70.
    Las reformas curriculares y las alianzas institucionales en torno de ellas están en expansión
    continua y en proceso constante de diferenciación dando origen a un sinnúmero de fórmulas
    curriculares.
    El Informe sobre la Educación Superior en América Latina y El Caribe 2000-2005 reseña
    los avances respecto de algunos proyectos tendientes a reunir condiciones para transferir créditos
    y revalidar títulos, mediante la acreditación regional de las carreras, la evaluación de las calificaciones
    con base en marcos concertados de normas de calidad o la elaboración de referentes
    comunes para las competencias profesionales y un sistema compartido de créditos (IESALC,
    2006, pág. 29-32). También De Lacerda Peixoto en el documento “Reformas de la educación
    superior en América Latina y el Caribe. Inclusión, equidad, diversificación y diferenciación”
    compila diversas reformas llevadas a cabo por los países de Latinoamérica, vinculándolas a
    programas de investigación.
    Asimismo, en años recientes se han establecido acuerdos entre países para la compatibilidad
    de estas modificaciones: TUNING, un programa de cooperación entre universidades de
    América Latina y la Unión Europea financiado por el programa ALFA desde 2004 y 6 por 4,
    preparado desde 2004 y lanzado en 2005.
    Al respecto, tres preguntas son los ejes de la discusión: ¿Cómo desarrollar programas capaces
    de atender una amplia y diversa gama de demandas de estudiantes, sociedad y empresas?
    ¿Cómo equilibrar las prioridades nacionales, culturales y sociales con la provisión de oportunidades
    para la movilidad?
    Es necesario conocer los reales aprendizajes certificados por los títulos y la denominación y
    contenidos de éstos y generar un cuidadoso esquema de integración educativa, incremental y
    progresivo para el reconocimiento mutuo de las titulaciones de los países de la región y hacia
    el interior de ellos.
    Buenas prácticas
    A la luz de estas necesidades se requiere fortalecer los ejercicios tendientes a un involucramiento
    efectivo de las instancias ministeriales en la construcción de acciones de convergencia
    educativa que atienda las necesidades institucionales de reforma curricular, así como las áreas
    prioritarias para la región.
    La cooperación internacional, por su parte, deberá realizarse sobre la base de un respeto de
    la salvaguarda de dichos intereses prioritarios. Asimismo, será necesario contar con un marco
    que oriente la acción en torno de esos aspectos estratégicos y permita generar conocimientos
    que contribuyan con el diseño adecuado de políticas.
    PROPUESTA 5. Reforzar las políticas regionales de convergencia científica y
    tecnológica
    Los primeros años del siglo muestran que América Latina no ha podido avanzar adecuadamente
    hacia un perfil de especialización intensivo en conocimiento y revertir las tasas deficientes
    en términos de la utilización de los recursos altamente calificados.
    Los datos comparativos entre los años 2000 y 2004 muestran lo siguiente:
    270
    • Los gastos en I+D se han elevado en la región alrededor de un 9% (en términos de Paridad
    de Poder de Compra –PPC-) pero han disminuido en dólares.
    • La cantidad de investigadores por cada mil habitantes de la PEA, ha aumentado (de 1,18 a
    1,43).
    • El número de patentes otorgadas ha disminuido (de 19.411 a 17.070) y su participación
    no alcanza el 0,3% en el mundo.
    Existen problemas de coordinación entre el sistema educativo y el sistema productivo, así
    como dificultades para superar las limitaciones del modelo lineal de innovación y poder vincular
    ciencia, tecnología y desarrollo productivo y social:
    • Aunque entre 1988 y 2003 la participación iberoamericana en la producción mundial
    de nuevo conocimiento se ha duplicado, pasando de 2,5% el año 1988 a 5,2% en el año
    2003, solamente ha contribuido a la producción mundial de conocimiento científico y
    técnico con sólo un 4%, menos de la mitad de su participación en la población mundial.
    • Entre los países iberoamericanos, más de un tercio de su producción científico tecnológica
    corresponde a artículos producidos bajo el régimen de coautoría internacional.
    • El porcentaje de las citas que generan los artículos publicados correspondientes a diferentes
    países de la región, en tres distintos años durante la última década, presenta una positiva
    evolución a lo largo del tiempo. De todas formas, la participación promedio iberoamericana
    es baja comparada con la de los países desarrollados.
    • Se ha incrementado la movilidad estudiantil como parte constitutiva de las nuevas dinámicas
    de aprendizaje en la sociedad del saber
    • La relación entre gasto en I+D y producción de conocimiento medido por el número de
    artículos publicados y registrados internacionalmente muestra en Iberoamérica una productividad
    dispar entre los países, con un promedio de 3,2 artículos producidos por cada
    millón de dólares gastados, siendo Argentina –entre los principales países productores de la
    región– el más productivo y México el que entre ellos muestra el índice más bajo.
    • En términos del número de artículos publicados por cada 100 investigadores (JCE), la productividad
    promedio iberoamericana se sitúa en torno a 24 artículos publicados, ocupando en este
    caso Argentina la posición más baja entre los principales países productores de la región.
    Aun así, diversos países de la región cuentan con planes de ciencia y tecnología para los
    próximos años. Perú: Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica 2006-
    2021. Venezuela: Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2007-2013. Argentina:
    Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2006-2010. Guatemala: Plan
    Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2005 - 2014.
    La inteligencia y el conocimiento constituyen acervos insustituibles en cualquier esquema de
    progreso social y económico. También, lo es el impulso de la creación y la investigación científica
    y la generación de un ambiente de confianza y de seguridad jurídica donde la actividad científica,
    económica y cultural pueda desarrollarse en terrenos de colaboración e influencia mutua.
    Buenas prácticas
    Se requiere un involucramiento serio de las instancias ministeriales en la construcción de
    acciones de convergencia científica y tecnológica a escala regional.
    271
    PROPUESTA 6. Reforzar las políticas regionales de resguardo de los recursos
    altamente calificados
    Según estimados del Banco Mundial, un 14,3% de los graduados universitarios mexicanos
    en el año 2000 residían en el exterior, mientras que el porcentaje en Colombia es del 11%, en
    Ecuador el 10,9%, en Chile el 5,3%, en Brasil el 3,3% y en Argentina el 2,5%. Los porcentajes
    más altos están en Centroamérica. No se trata de un tema privativo de los países emergentes.
    Más de 400.000 científicos nacidos en Europa residen en los Estados Unidos, lo que supone
    el 40% del stock de investigadores que trabajan en dicho país. De los miles de europeos que
    realizan cada año su doctorado en Estados Unidos, un porcentaje elevado opta por quedarse
    en territorio estadounidense.
    Desde hace algunos años en diversos espacios ha venido sustituyéndose el término fuga por
    el de movilidad, circulación, redes de cerebros. Se sostiene esta perspectiva en el hecho de que
    los científicos y tecnólogos producen conocimiento a escala global en el marco de redes de cooperación
    presenciales y virtuales. De esta manera, equipos de investigadores, centros de investigación
    públicos y privados, universitarios e industriales, funcionan en sistemas de relaciones
    dinámicas basadas en el intercambio de conocimiento. Desde esta perspectiva, la movilidad
    de personal calificado puede contribuir a disminuir la brecha entre los países desarrollados y
    sub-desarrollados, ya que se pueden traspolar experiencias del primer mundo a otros países.
    E, incluso, se señala que existen evidencias de “desperdicio de cerebros” cuando científicos y
    tecnólogos talentosos vuelven a su país de origen y son subutilizados, al no encontrar espacios
    adecuados para su desarrollo.
    Sin embargo, esta lógica piensa exclusivamente en términos de individuos no en los aportes que
    la presencia de científicos talentosos puede significar en comunidades científicas que todavía no son
    de avanzada en el sentido de ponerlas en contacto con desarrollos más importantes y estimularla en
    ese plano. Por lo demás, puede resultar peligroso ese razonamiento en la medida que se constituya en
    un fundamento de una división internacional del trabajo intelectual con asimetrías crecientes.
    Las políticas públicas de la región adoptan estrategias tanto de creación de redes que facilitan
    la vinculación entre científicos, como de repatriación. La Red Caldas (Colombia), Raíces
    (Argentina), el Programa de Repatriación (México) son, entre otros, esfuerzos de los Estados
    tendientes a la vinculación de los académicos y científicos emigrados desde América Latina.
    No obstante, América Latina posee una pérdida neta de recursos de orden estructural o,
    desde otra perspectiva, posee una reubicación permanente de científicos latinoamericanos que
    se desenvuelven en importantes centros de investigación del mundo.
    Las cifras globales, sin embargo, contienen casos que han sabido utilizar la trama de estrategias
    y han combinado el desarrollo permanente de talentos in situ y el aprovechamiento de los
    lazos con los emigrados. Un repaso por este conjunto de casos da cuenta de la importancia de la
    gestión científica, de las condiciones del trabajo científico, del desarrollo temático que abordan,
    de la productividad científica y tecnológica, del medio cívico en que el grupo se inserta pero,
    fundamentalmente, de los niveles y continuidad de los aportes de financiamiento y, entre ellos,
    los que derivan del Estado.
    No parecieran haberse modificado las reglas de legitimación. Las redes funcionan si, los
    nodos resultan verdaderos interlocutores, aquí y allá.
    Más allá de los beneficios que pueden obtenerse por el hecho de contar con una masa crítica
    272
    de la región distribuida en diversas regiones desarrolladas del mundo (enfoque promovido por
    varias entidades internacionales), la persistencia de este flagelo da cuenta de los serios problemas
    del contexto de desarrollo de los países.
    Más todavía, cuando el reclutamiento de personal calificado sigue siendo una prioridad
    para los países desarrollados, sin importar sus impactos para los países de origen. En este punto
    es importante el reclutamiento que los Estados de estos países generan programas diversos
    para facilitar los corredores de movilidad desde numerosos puntos del planeta. Como suceso
    significativo de la importancia que tendrá este tema en los años venideros, según el Instituto de
    Política Migratoria de Washington, cada vez más países industrializados adoptan sistemas de
    emisión de residencias por puntaje, correspondiendo a los graduados, los puntajes más elevados.
    Por ejemplo, en 2006 Gran Bretaña decidió que los graduados de las 50 mejores escuelas
    de negocios de todo el mundo automáticamente recibirán los 75 puntos que el país requiere
    para la residencia permanente. La Unión Europea está considerando adoptar un sistema de
    puntaje. Si los Estados Unidos sigue la misma política, se podría dar una competencia entre los
    países ricos por recibir a los graduados universitarios más capacitados del mundo.
    La orientación a la política pública es clara: se requiere financiamiento inteligente. La situación
    de la región puede ser observada en un dato contundente: en 2003 Corea del Sur invirtió
    más de 15.000 millones de dólares en I+D mientras que toda América Latina gastó alrededor
    de 11.000 millones.
    Buenas prácticas
    Teniendo en cuenta las necesidades especiales de los países en desarrollo en materia de reclutamiento
    de cuadros calificados, resulta necesario el fortalecimiento de programas que faciliten
    la movilidad de académicos y científicos y de sus conocimientos pero que, simultáneamente,
    aseguren la existencia de cuadros calificados análogos en la región. Asimismo, se requiere un
    importante incremento de los montos de financiamiento provenientes de los Estados y de los
    organismos internacionales dirigido a las actividades científico-tecnológicas de la región.
    PROPUESTA 7. Generar políticas compensatorias de apoyo a los cuerpos de
    docentes con menos opciones de acceso a subsidios competitivos
    La necesidad de lograr ingresos propios incrementados (a través de la vinculación con empresas
    u otro tipo de entidades); el perfil competitivo que va instalándose en la academia a la
    luz de mayores capacidades en la búsqueda y cubrimiento de estos espacios; así como las cada
    vez más grandes dificultades para retener al personal muy calificado ante la creciente demanda
    desde diversos sectores empresarios que fueron incorporando áreas de I+D o desde el Estado;
    constituyen procesos que modifican las reglas y valores asociados a la profesión académica.
    También por efecto de una mayor movilidad internacional, las reglas se modifican.
    Más allá del impacto que pueda generar esta trilogía de factores sobre los espacios en los
    que se ponen en juego reputaciones de individuos o de pequeños grupos dentro del campo,
    como la evaluación por pares de los trabajos de investigación o de los concursos docentes, es
    claro su efecto sobre los conocimientos en juego, en tanto que los mayores o menores enlaces
    al mercado laboral por fuera de la academia devienen de las propias prácticas disciplinarias.
    Al respecto, solamente basta observar cómo se hallan presentes criterios referidos a ingresos
    273
    propios en los procesos de acreditación de carreras universitarias, de la totalidad de los países de
    la región. De Lacerda Peixoto en el documento “Reformas de la educación superior en América
    Latina y el Caribe. Inclusión, equidad, diversificación y diferenciación” compila diversas
    políticas y transformaciones vinculadas con los académicos. A través de la acreditación, a los
    criterios de exclusión disciplinaria se añaden determinadas prácticas de enseñanza académica,
    quedando de este modo más o menos completa la profesionalización de este perfil de académico
    universitario.
    Asimismo, esta nueva entidad cognitiva que ofrece la acreditación al campo supone la
    aparición de nuevas direcciones de la cultura disciplinaria. La acreditación implica un cambio
    de escala del campo. Las propuestas de cambio que se dirimen hacia el interior de las instituciones,
    ya no dependen solamente de la fortaleza de un grupo respecto de otro, sino que están
    consagradas en el nivel nacional, por otros pares y por el Estado. Probablemente las tasas de
    cobertura de los procesos de acreditación que se registran en la región devengan de la oportunidad
    que brindan a los grupos académicos para legitimar determinados intereses.
    Es importante el libre juego de los grupos disciplinarios en pugna porque hace a la libertad
    académica. No obstante, es claro que la preeminencia de un enfoque competitivo basado en
    fondos concursables ha generado un aumento de la brecha entre los grupos, así como problemas
    en la trama de relaciones entre éstos e, incluso, el debilitamiento o la extinción de aquéllos
    con mayores dificultades en cuanto a su vinculación con la nueva economía del conocimiento.
    En este sentido, resulta central una fuerte intervención estatal que privilegie comunidades
    académicas que tengan rasgos particulares, principalmente aquellas que, por las características
    de la disciplinar, posean menos opciones de acceso a subsidios competitivos o simplemente
    que se trate de áreas de vacancia que se requiera reforzar en función de necesidades presente o
    futuras de los desarrollos nacionales.
    Buenas prácticas
    Se requieren políticas compensatorias tendientes a la elevación general de la calidad de la
    educación superior, lo cual implica atender la diversidad disciplinaria y heterogeneidad en el
    desarrollo de los cuerpos de docentes, académicos, investigadores y tecnólogos.
    PROPUESTA 8. Abordar integralmente los procesos de movilidad social y territorial
    Movilidad social y movilidad territorial son piezas indisolubles de un mismo término: capacidades
    y condiciones que contribuyan con las expectativas de desarrollo de los individuos.
    La movilidad internacional de estudiantes –tanto activa como receptiva– es reducida para
    el caso de la región. En su conjunto, los países de este espacio participan a nivel mundial con
    un 7% de los estudiantes que salen a estudiar al extranjero y recibe apenas a un 3% de los
    estudiantes del mundo.
    La conclusión es simple: América Latina no resulta atractiva para movilizar a los talentos
    del mundo.
    En cuanto a la movilidad social, aun cuando han disminuido las tasas de pobreza e indigencia,
    después de África, América Latina es la región con mayor desigualdad en el mundo: el 20%
    más pobre de la población corresponde a sólo un 3% del consumo. En cuanto a educación
    274
    superior, el quintil de más altos ingresos envía al 50% o más de sus hijos a las instituciones de
    enseñanza superior en tanto que en el caso del quintil más pobre dicha cifra oscila entre un
    10% y un 20%.
    Asimismo, de acuerdo con un informe reciente del Banco Mundial, en muchos países latinoamericanos,
    las brechas en logros académicos entre los estudiantes son producto de la alta
    desigualdad social entre ellos. Por otra parte destaca: a) Los países latinoamericanos están entre
    los de menor rendimiento académico en la evaluación internacional de estudiantes en materias
    como matemática. b) Hay un enorme porcentaje de estudiantes cuyo rendimiento está por debajo
    de los niveles mínimos en todas las materias. c) Pocos estudiantes en la región completan
    sus estudios con una educación internacionalmente competitiva.
    La segunda conclusión también es simple: América Latina presenta rezago en cuanto a las
    posibilidades de brindar oportunidades de acceso a la educación superior a los diferentes estratos
    socio-económicos de la población y a la movilidad social potencial que ello supone.
    Aun así, vale recalcar esfuerzos tales como: el Programa Universidad para Todos (ProUni).
    Este es un programa que fue lanzado recientemente por el gobierno brasileño y su objetivo
    principal consiste en favorecer el acceso de cerca de 300 mil estudiantes de baja renta a la
    educación superior en universidades privadas en un plazo de cinco años. Los estudiantes beneficiarios
    del ProUni son preseleccionados por los resultados y perfil socioeconómico del Exame
    Nacional do Ensino Médio (ENEM), o bien por otros criterios definidos por el Ministerio de
    Educación. Asimismo, el programa cuenta con una política de cupos por la cual las becas de
    estudio para afrodescendientes e indígenas son concedidas de acuerdo con la proporción de
    estas poblaciones en los respectivos estados.
    Otro caso lo encontramos en Venezuela, donde existen las universidades nacionales experimentales,
    las cuales fueron creadas con el propósito de ensayar formas de gobierno, organización
    y funcionamiento distintas a las de las universidades autónomas, constituyendo, en principio,
    un modelo particular, una forma de gobierno distinta. Hasta el año 2001 habían sido
    creadas 16 universidades experimentales. Cada una de ellas posee una fisonomía y orientación
    propias, pero es posible señalar algunas características que se presentan con bastante frecuencia
    en este tipo de instituciones. En todas ellas las autoridades (Rector, Vice-Rectores y Secretario)
    son designadas por el Ministro de Educación o por el Presidente de la República. En la mayoría
    de los casos son las propias instituciones las que proponen ternas de candidatos al Ejecutivo a
    través de un proceso interno de votaciones en el que participan miembros del profesorado y del
    cuerpo estudiantil. Casi todas las universidades experimentales están organizadas por departamentos
    y programas, en contraposición con la estructura tradicional de facultades y escuelas
    que caracterizan a la universidad autónoma y generalmente tienen un Consejo Superior asesor,
    además de un Consejo Directivo de carácter ejecutivo, en el cual participan representantes de
    sectores externos a la universidad. Ese cuerpo tiene como función la formulación de políticas
    de desarrollo, la supervisión general y la evaluación de la institución. Aunque se trata de una
    experiencia reciente, lo que impide un análisis definitivo, lo cierto es que constituye un esfuerzo
    destacable para ampliar la cobertura en materia de educación superior y queda por ver en
    qué medida estás instituciones experimentales atienden el problema de la calidad sin afectar
    los perfiles propios de cada una.
    275
    Buenas prácticas
    Es claro que todo ejercicio de política pública sobre movilidad social o territorial ha de tener
    que abordar profundamente y de manera multidimensional el espacio y ambiente educativo,
    así como los correspondientes al empleo potencial y estratégico de profesionales y académicos.
    De otra forma, serán decrecientes las tasas de movilidad social y negativos los balances de movilidad
    territorial. Entre las medidas a tener en cuenta, pueden considerarse: el fortalecimiento
    de la cooperación internacional tendiente a la generación de capacidades relacionadas con la
    previsión estratégica de recursos humanos; la generación de códigos de conducta tendientes a
    proteger y apoyar internacionalmente la existencia de cuadros estratégicos, en particular, en los
    países en desarrollo; la inserción de las definiciones de áreas prioritarias de recursos calificados
    en las políticas de orden internacional, así como en las de asistencia.
    PROPUESTA 9. Fortalecer y apoyar los esquemas de evaluación y acreditación
    regional
    Los primeros años del nuevo siglo han sido testigos de un relevante cambio de escala de los
    procesos de evaluación y acreditación: su expansión territorial y su abordaje regional.
    La totalidad de los países de la región han incorporado a la evaluación y acreditación dentro
    de sus políticas de educación superior y la prácticamente totalidad de ellos han creado estructuras
    institucionales para su implementación. Si bien este proceso se inició a finales del siglo
    anterior, adquiere relevancia e intensidad en el período reciente. Por una parte, se ha dado
    inicio en países que no los poseían. Por otra parte, la entrada en régimen de las agencias más
    antiguas conlleva un cúmulo de conocimientos sobre los intersticios de la estructura de educación
    superior que resignifica el sentido de estos procesos. Aunque los procedimientos, normas
    de legitimación y organización de las evaluaciones y acreditaciones varían entre los países,
    existe un enfoque básico común que incluye la existencia de una autoevaluación contextualizada,
    una evaluación externa por pares, la publicación del informe final, la publicación de los
    instrumentos de evaluación, la generación de información sobre las carreras e instituciones y la
    cooperación entre agencias para el desarrollo de los constructos.
    Asimismo, se registran avances en materia de acreditación de carreras y títulos tendientes
    al reconocimiento regional: en el MERCOSUR, con la puesta en marcha del Mecanismo
    Experimental de Acreditación de Carreras (MEXA); en Centroamérica, con la creación del
    Consejo Centroamericano de Acreditación (CCA) y de varias redes de facultades en las áreas
    de Ingeniería, Medicina y Agronomía.
    Desde el año 2003, existe RIACES (Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad
    de la Educación Superior) a través de la cual se llevan a cabo acciones de cooperación e intercambio
    de información y experiencias entre los espacios de evaluación, avanzando hacia un
    posicionamiento diferencial de la calificación de los procesos de evaluación y de las entidades
    que los realizan, y la organización de sistemas, agencias y entidades de evaluación y acreditación,
    en aquellos países que carecían de éstos.
    Indudablemente, la existencia activa de instancias de este carácter en toda la región ha de
    ayudar al diseño de un sistema universitario con mayor calidad y contiene la potencialidad de
    colaborar también en esquemas más pertinentes y una mayor conexión Sur-Sur.
    276
    Buenas prácticas
    Es necesario ampliar el radio de acción de este tipo de ejercicios entre los países de la región.
    Al respecto, resulta importante la articulación que pueda realizar RIACES, así como las medidas
    de apoyo gubernamental e internacional para la extensión de los esquemas regionales de
    evaluación y acreditación en el continente; la creación de canales para la circulación de recursos
    que refuercen las capacidades de los países en materia de convergencia; el fortalecimiento de los
    sistemas de información de los países, así como la consolidación de una red efectiva en materia
    de intercambio y apoyo a los procesos de convergencia; el apoyo gubernamental e internacional
    en materia de investigación y estudio del impacto de los procesos de convergencia.
    PROPUESTA 10. Generar capacidades y apoyar los esquemas de mejoramiento
    derivados de los procesos de evaluación
    Como resultado del mayor conocimiento de los sistemas de educación superior de la región
    se arriba a una conclusión: América Latina muestra un mapa signado por un inequitativo patrón
    de calidad del desarrollo de la formación superior.
    Por ello, fue necesario introducir a los procesos de aseguramiento de la calidad, objetivos
    de mejoramiento continuo de ésta como la fórmula más adecuada para no modificar los estándares
    internacionales, pero a la vez, no excluir del sistema porciones importantes de éste. El
    Informe sobre la Educación Superior en América Latina y El Caribe 2000-2005 refiere las modificaciones
    que se han registrado en los procesos de evaluación y acreditación (IESALC, 2006,
    pág. 38-43). En definitiva, el principio motor de los procesos evaluativos es su contribución a
    la elevación general de las calificaciones de la formación y de los desarrollos académicos e institucionales.
    En este punto resulta imperioso recordar que la educación superior no comprende
    sólo a las universidades, y que la formación de técnicos y de profesores para la enseñanza media
    y básica requiere igualmente de un esfuerzo continuo de jerarquización, evaluación y análisis
    permanente de las prácticas docentes y de los currículos a fin de que guarden una fuerte correspondencia
    con las necesidades actuales y futuras de los respectivos pueblos de la región.
    Buenas prácticas
    La región requiere nutrirse de mayores y mejores capacidades de generación de estrategias
    de mejoramiento que atiendan las singularidades institucionales, locales y nacionales, pero
    que, a su vez, fortalezca el posicionamiento de la región. Es necesario considerar que los esquemas
    de mejoramiento requieren de apoyo dirigido al refuerzo de las capacidades para el
    mejoramiento de la educación superior; la identificación de áreas comunes de mejoramiento
    regional a los efectos de lograr sinergias institucionales y redes de mejoramiento; la asistencia
    gubernamental e internacional para la implementación de los procesos de mejoramiento
    derivados de los procesos de evaluación y acreditación; el fortalecimiento del intercambio de
    información y experiencias e.
    PROPUESTA 11. Apoyar investigaciones tendientes a identificar senderos de
    mejoramiento apropiados
    277
    La incorporación del componente de mejoramiento a los procesos de evaluación y acreditación
    va permitiendo conocer una faceta singular, pero de suma relevancia para las políticas de
    educación superior: las capacidades de acercamiento a los estándares internacionales de calidad
    y una mejor definición de criterios propios de la nación respectiva o de la región.
    Cualquier ejercicio que invoque a la calidad general universitaria tiene que reconciliarse de
    una u otra forma con la diversidad de instituciones y niveles de desarrollo. La cuestión es, sin
    embargo, cómo dirimir la diferenciación. En particular, en un contexto en el que la preeminencia
    de un enfoque competitivo ha generado debilidades e insuficiencias en la trama de relaciones
    entre las instituciones de educación superior que afecta, en lo sustantivo, el propósito
    de elevación general y colectiva de la calidad de la educación superior. A ello se suma, desde ya,
    la diferenciación institucional derivada de la expansión de la base institucional de la educación
    superior, de importante intensidad en la región en las dos últimas décadas.
    El enfoque actual se basa en cumplir, más tarde o más temprano, con un grupo flexible
    de estándares, atento a las heterogeneidades disciplinarias y que, respondiendo también a las
    diferencias regionales, apunte de todos modos a niveles crecientes de calidad.
    Como resultado de la implementación de los procesos de evaluación y acreditación y de la
    profundización del conocimiento del mundo real de necesidades en el que se desenvuelven las
    instituciones y sus carreras, los referentes académicos y profesionales que actúan como evaluadores
    comienzan a plantear la necesidad de contar con varios grupos de estándares que consideren
    la diversidad de capacidades de las instituciones y, de ese modo, se atiendan las distintas
    necesidades sociales de formación y de generación calificada de conocimientos.
    Sin dudas no es fácil establecer categorías dentro de las tipologías de instituciones de educación
    superior28 (por ejemplo, universidades de investigación, universidades de formación,
    etc.). Más difícil es todavía diseñar esquemas móviles de evaluación y acreditación apropiados
    para estas categorías que, a la vez, permitan a las instituciones el cambio de categorías con el
    tiempo y en función de sus respectivos senderos. Lo que es claro, es la dificultad de establecer
    diseños apropiados y pertinentes de desarrollo si no se sinceran las categorías que, de hecho,
    son evidentes.
    La otra gran cuestión de comienzo de siglo, es que los esfuerzos internacionales tendientes
    a la introducción de esquemas de evaluación y acreditación de la calidad en la región no han
    tenido un correlativo esfuerzo en materia de apoyos para el mejoramiento de ésta. Incluso, fue
    cambiado el histórico principio de subsidios cruzados entre países con desarrollo diferencial
    en pos de la elevación general del conocimiento, por fórmulas de co-responsabilidad entre los
    organismos internacionales y los Estados o con los organismos privados. Esos fueron los enfoques
    preeminentes de los apoyos en materia de intercambio de conocimientos, creación de
    sistemas interactivos, movilidad de profesores y estudiantes y proyectos de investigación que
    han caracterizado al comienzo de siglo, aunque, probablemente como extensión y permanencia
    de la política de los 90.
    Buenas prácticas
    Es necesario considerar esquemas de refuerzo mutuo entre instituciones. De no mediar
    políticas que contribuyan a la complementación y refuerzo mutuo, las desigualdades institucionales
    y regionales poseerán una brecha aún mayor.
    28 Nicolás Bentancur en la segunda entrega para el tema Reformas de la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Op. Cit), expone
    diversos escenarios para la universidad pública que, desde otra perspectiva, podrían ser interpretados como tipologías de instituciones
    universitarias e, incluso, de educación superior.
    278
    PROPUESTA 12. Reforzar los estudios regionales relacionados con la dinámica del
    trabajo profesional
    El modelo tradicional de vinculación entre las universidades y su entorno social está atravesando
    un período de profundas transformaciones. El patrón de la “extensión universitaria”,
    que moldeó históricamente las formas de relación de las instituciones de educación superior
    con las problemáticas sociales, económicas o políticas de su ámbito territorial, está siendo superado
    por un esquema de compromiso más activo en los procesos locales.
    La inclusión social y educativa de futuros estudiantes, el emprendimiento co-responsable
    de unidades económicas que generen empleo y favorezcan el desarrollo local
    y nacional y la conformación de un espacio de reflexión crítica y de profundización
    del conocimiento social y cultural son los ejes presentes en numerosos proyectos llevados
    a cabo por las instituciones de educación superior y apoyados por todos los
    Estados de la región.
    A este grupo de iniciativas se suma la aparición o reconversión hacia formas “emprendedoras”
    de institucionalización. Comienzan a reconocerse a las universidades como pequeñas y
    medianas empresas creativas, capaces de proponer iniciativas a la sociedad y, a la par, estar en
    condiciones de afrontar sus propios problemas desde una posición innovadora. Comienzan a
    gestarse, desde este cambio institucional, nuevos relacionamientos con las empresas. Éste no se
    circunscribe solamente al desarrollo precompetitivo, sino que avanza en torno de la gestación
    de profesionales acorde con las demandas específicas o, lo que es igual, aparece una nueva forma
    de credencialismo “a medida”.
    Un efecto poco explorado de la vinculación entre las instituciones de educación superior y
    las empresas y programas estatales de desarrollo, se vincula con la modificación de la histórica
    demarcación entre profesión liberal y académica. La división entre los profesionales que ejercen
    en contacto directo con “los legos” (liberal) de aquéllos cuyos principales consumidores de
    los bienes que producen son pares (académica) comienza a presentarse borrosa y pletórica de
    efectos que requerirán políticas especiales. Sin dudas se tratará de una temática a considerar en
    las agendas universitarias.
    PROPUESTA 13. Reforzar las acciones de convergencia regional en materia de
    educación virtual
    En la región se ha generado un mosaico heterogéneo caracterizado por la prácticamente
    ausencia de criterios tendientes a una sólida formación en virtualidad. El actual desafío de las
    instituciones de educación superior en la incorporación de nuevas modalidades de educación
    requiere el desarrollo de proyectos estratégicos a partir de una clara direccionalidad política,
    técnica y organizativa. Aún es escasa la comprensión sobre la necesidad de desarrollar modelos
    pedagógicos flexibles (multi-ruta) y sobre la reingeniería que requieren las instituciones para
    el aprovechamiento de las tecnologías digitales. Sin ellos se hace muy difícil producir y ofrecer
    nuevos contenidos (objetos virtuales de aprendizaje) y nuevos modelos curriculares acordes
    con las medios digitales.
    Su abordaje es necesario a la luz de un pool de oportunidades.
    Desde diversos ámbitos de cooperación regional se están generando estrategias para el
    279
    logro de un mayor acceso a los recursos que otorgan las nuevas tecnologías en los procesos
    de enseñanza aprendizaje. En la IV Conferencia Iberoamericana de Rectores se acordó elaborar
    un modelo iberoamericano de reconocimiento de la enseñanza superior a distancia,
    y se manifestó que buscan garantizar que la educación en la virtualidad sea de alta calidad.
    En la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL) se constituyó la Red Continental
    de Universidades e Instituciones de Educación Superior de América Latina y el Caribe,
    con 30 instancias responsables con la finalidad de afrontar los retos contemporáneos,
    como el de la enseñanza a través de Internet. En el II Seminario Iberoamericano de Posgrado,
    los representantes de las 20 instituciones miembro pactaron establecer programas
    de posgrado compartidos mediante el uso de las redes. La Universidad Técnica Particular
    de Loja ha desarrollado un Centro Virtual tendiente a homogeneizar criterios de calidad
    para la educación a distancia.
    En cuanto a su uso en formación, 459 instituciones de educación superior de la región
    estarían ofreciendo algún tipo de programas de educación virtual. Según el informe
    experto incluido en el informe de IESALC-UNESCO, si bien existen algunas diferencias
    entre los países, la transición en América Latina hacia la educación superior virtual en
    sentido más estricto puede situarse hacia finales de los noventa. En ese momento se inicia
    el ofrecimiento de los primeros cursos en línea, se comienzan a disponer de programas
    académicos formales completos, de portales y plataformas virtuales que, además de utilizar
    las TIC digitales como transporte de contenidos de docencia, comienzan a emplearse en
    servicios administrativos de registro, administración académica, información y bienestar
    comunitario y, en algunos casos, se desarrolla la utilización de bibliotecas digitales, así
    como de algunos elementos de realidad virtual (particularmente en medicina y mecatrónica)
    e incluso la formación de comunidades virtuales.
    Se estima que el mercado de e-learning en América Latina, en 2006, rondó los 500 millones
    de dólares de facturación y es aún un mercado pequeño: sólo el 4% del presupuesto destinado
    a la formación de las empresas latinoamericanas de más de 1.000 empleados se dedica a la modalidad
    de e-learning, mientras que EE UU esta cantidad llega al 28%.
    Al mercado le queda gran recorrido que muchas empresas e instituciones de América Latina
    y de otros países quieren aprovechar. Actualmente, Argentina exporta el 65% de la oferta,
    México el 32%, Costa Rica el 56% y el resto es relativamente exiguo. Los porcentajes varían
    enormemente entre el sector educativo y las empresas: las instituciones educativas exportan
    más del 90% de cursos terminados, en tanto que las empresas del sector corporativo exportan
    más del 70% de desarrollos de contenidos a medida.
    La cooperación entre universidades y empresas en el aprendizaje virtual empresarial (o “elearning”)
    en la región es relativamente reciente y no está inserta dentro de una política que
    englobe toda la región.
    Buenas prácticas
    Se requiere un involucramiento serio de las instancias ministeriales en la construcción de
    acciones de convergencia a escala regional en materia de educación virtual a los efectos de
    aprovechar las ventajas existentes.
    280
    PROPUESTA 14. Superar el rezago de la inversión tecnológica
    En América Latina, las inversiones en tecnología de la información (TI) están muy rezagadas
    en comparación con otras regiones del mundo.
    Mientras que en Estados Unidos las inversiones en TI representan el 5,25 % de su Producto
    Interno Bruto; 3,50% en Europa y 2,40 % en Asia, en Latinoamérica representa tan solo
    un 1,38% del PIB de la región.
    Ello repercute sobre diversos indicadores. Según el informe de IESALC-UNESCO29:
    • El costo relativo de conexión a Internet de los países de la región resulta 145 veces más
    oneroso que en Hong Kong; 58 veces más oneroso que en Estados Unidos; o 41 veces más
    que en Dinamarca, Taiwán, Canadá, Suiza y Alemania.
    • En lo relativo al ancho de banda o la velocidad con la cual se establecen las conexiones,
    Bahamas que es el país de la región con mejor conexión, se encuentra en una situación 44
    veces inferior a la de Dinamarca, el país mejor clasificado en materia de conectividad. La
    diferencia de Dinamarca con Brasil es de 377 veces, con Colombia de 1.598 veces y con
    Haití, la diferencia es de 4.830 veces.
    • Al comparar el promedio de los países latinoamericanos en materia general de infraestructura,
    las diferencias con Taiwán, que es el país con mayor índice global, la diferencia es
    de cerca de 4 veces y con las Bahamas (el país mejor clasificado de la región) es cerca del
    doble.
    • En materia de usuarios de Internet, mientras Islandia (el país con el promedio más alto)
    tiene un promedio de 65 usuarios por cada 100 habitantes, Chile (el país de la región con
    mayor densidad de usuarios) llega apenas a un promedio de 24%. La densidad de usuarios
    de la región es de solo 15 suscriptores por cada 100 habitantes.
    En términos educativos ello significa un acceso restringido a videos, sonido, flash, movimientos,
    interactividad y muchas otras posibilidades de la digitalidad.
    No obstante, en 2007 se lanzó oficialmente la Red Latinoamericana de Portales Educativos,
    al igual que la RedCLARA en el marco del Programa América Latina Interconectada con Europa
    (ALICE) cofinanciado con la Unión Europea. Ésta última se trata de la primera red latinoamericana
    de educación e investigación y proporciona una conectividad directa a 155 Mbps, con una topología
    en "anillo" que conecta las NREN (redes de investigación y educación nacionales) de Argentina
    (Red Teleinformática Académica –RETINA-), Brasil (Rede Nacional de Ensino e Pesquisa –RNP-
    ), Chile (Red Universitaria Nacional –REUNA-), Panamá y México (Corporación Universitaria
    para el Desarrollo de Internet –CUDI-). Este anillo latinoamericano se conectará a 622 Mbps con
    la red de investigación europea GÉANT en Madrid, España. Además, la NREN de Venezuela se
    conectará al anillo a través de un circuito a 45 Mbps entre Caracas y Sao Paulo. En tanto que más
    adelante se conectarán al anillo las NREN de Uruguay y Paraguay.
    Buenas prácticas
    Al esfuerzo de construcción de acciones de convergencia a escala regional en materia de
    educación virtual, se deben sumar acciones tendientes a mejorar el monto y la direccionalidad
    de las inversiones.
    29 Informe sobre la Educación Superior en América Latina y El Caribe 2000-2005. (2006). IESALC.
    281
    PROPUESTA 15. Acortar la brecha digital interna y externa
    El panorama actual de la región muestra un acceso desigual de los distintos sectores sociales
    a las nuevas tecnologías. En ese sentido, la CEPAL advierte que el riesgo de ampliación de la
    brecha digital interna es mayor en América Latina que la amenaza de incremento de la brecha
    que existe entre la región y el mundo desarrollado.
    Un grupo importante de países de la región registra grados de conectividad superiores a los
    esperados según su nivel de ingreso por habitante.
    La aún relativamente baja conectividad telefónica existente en los estratos de menores ingresos
    y la estructura de costos del servicio son factores que obstaculizan la participación en
    Internet, tanto de hogares pobres como de pequeñas empresas. Los costos de adquirir equipos
    de computación siguen siendo también elevados para los hogares de menores recursos o las
    empresas más pequeñas y las microempresas.
    Por otra parte, América Latina se encuentra profundamente desfasada en cuanto a productividad
    de la economía en comparación con la de los países desarrollados. Los organismos
    estatales de apoyo, entre ellos los productores de información estratégica sobre la educación
    superior, no se encuentran integrados en una red para la toma de decisiones estratégicas.
    Las falencias expuestas afectan el acceso universal a las nuevas tecnologías, los procesos de
    creación de masa crítica para la organización digital, la cooperación regional en materia de
    desarrollo, consolidación y comercialización de productos y servicios de alta tecnología, como
    programas de computación y educación a distancia, así como del desarrollo de redes de alcance
    regional. Por otra parte, el hecho de que las políticas implementadas en los países de la región
    tengan una semejanza muy notoria entre sí habla de la fuerte influencia de ciertos centros de
    formulación de políticas y la baja incorporación de la perspectiva local30.
    Buenas prácticas
    La digitalización y una rápida y adecuada transición hacia la era de la producción informatizada
    es una necesidad urgente para que la región aproveche la nueva oportunidad que ofrece
    el mundo de las TIC.
    PROPUESTA 16. Reforzar los estudios relacionados con el impacto de las nuevas
    tecnologías sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje
    El siglo XX dejó un turbulento legado: el significado de Internet en la formación, en los
    procesos de enseñanza-aprendizaje y en la idea de aula.
    El simple uso de la computadora no supone utilizar las nuevas técnicas de aprendizaje. Por
    ejemplo, la clase avanzada (enriched classroom) con conexión a la red y acceso a recursos dentro
    de un campus y bases de datos externas (campus inteligente), así como “la clase virtual” no
    cambian excesivamente la concepción general del aula presencial.
    Por el contrario, la utilización de multimedia y redes para la enseñanza que impliquen un
    tratamiento individualizado del alumno o la utilización de EPSS (Performance support system)
    30Bianco, C. y Peirano, F.(2005) La Brecha Digital en Argentina, Chile y Uruguay. Resultados de la aplicación de una metodología de evaluación de la
    e-readiness y del análisis de las principales políticas en materia de reducción de la Brecha Digital. Documento de Trabajo Nº: 22. Septiembre de
    2005.
    282
    con módulos de entrenamiento orientados a tareas específicas, dentro de un entorno integrado
    con un espacio de trabajo, implican claramente un cambio de la concepción del aula.
    Al respecto, de acuerdo con el análisis integral de los países de la región coordinado por
    IESALC-UNESCO31, es habitual el uso de la primera serie de innovaciones, mientras que se
    ha avanzado bastante menos en la utilización de la segunda.
    Es esencial avanzar en esta segunda línea. Al respecto, se señalan como temáticas relevantes,
    las siguientes:
    • El impacto de la filosofía Web 2.0 en la transformación de los procesos virtuales de aprendizaje
    continuo, en particular, las nuevas herramientas emergentes y los servicios formativos
    basados en el desarrollo de comunidades.
    • El e-learning y la creación de ambientes eficaces de aprendizaje.
    • Las nuevas metodologías de diseño instruccional, el creciente papel que están desempeñando
    herramientas como los Mediablogs y otras innovadoras herramientas de autor en la
    capacitación online, la personalización en el desarrollo de servicios, así como de espacios
    flexibles de aprendizaje.
    • Los juegos y simulaciones como soporte al aprendizaje, la educación móvil (m-learning), el
    video como apoyo a la formación virtual, accesibilidad y calidad en e-learning.
    Este conjunto de acciones implica, asimismo, abordar tres dimensiones relacionadas de
    hondo calado en los esquemas de planificación:
    • Las traducciones que se operan en los pasajes de un contenido de conocimiento a través de
    distintas formas de soportes.
    • Las tasas de desgaste de estos soportes en relación con las propiedades del conocimiento en
    sí.
    • La tensión que las tecnologías digitales provocan ante el uso extendido que se hace de ellas
    en los esquemas de difusión masiva de ofertas de formación superior.
    • Las tasas de renovación características del área de la microelectrónica (para un chip de una
    velocidad determinada, su precio se reduce a la mitad cada 18 meses).
    La Universidad Virtual del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey ha
    desplegado acciones en empresas, especialmente a través de su programa Aula Virtual Empresarial
    (AVE). Fundada en 1989 cuenta con 1430 sedes receptoras, 1270 en México y 160 en
    10 países de Latinoamérica. La Universidad Virtual Pública do Brasil constituye un consorcio
    de 82 instituciones públicas de educación superior, creado en 1999 cuyo objetivo primordial
    es elevar el acceso a la formación superior a través de ofertas a distancia en los niveles de grado,
    posgrado y extensión. La Universidad Virtual de Quilmes de Argentina desarrolla una
    importante acción en aprendizaje virtual desde 1999, que podría extenderse en el futuro a
    la cooperación entre universidades y empresas en la educación permanente. En Venezuela, la
    empresa TECADI está promoviendo desde el año 2001el movimiento "E-Learning Venezuela”
    que contempla actividades de concertación y cooperación en el ámbito del aprendizaje virtual,
    con participación de empresas, universidades y otras organizaciones.
    Aun así, se asiste más que nunca a la tensión que se produce entre la ontología replicable de
    la información digital y el propósito de mercantilizarla, a la luz, en particular, de su reticulari-
    31 Informe sobre la Educación … Op.Cit.
    283
    dad (dado que la forma en red potencia la cantidad de información disponible).
    Buenas prácticas
    El acceso, la adquisición y el desarrollo de soportes se suman a los históricos temas de
    relevancia de la educación superior como son el intercambio de información y el desarrollo y
    transmisión de conocimientos.
    Conforman una trilogía ineludible al momento de establecer cualquier política pública de
    formación superior.
    PROPUESTA 17. Mejorar la gestión de las instituciones de educación superior
    Entre 1998 y 2002, el gasto público de América Latina en educación superior, representó el
    0,87% del PIB, cifra que se ha mantenido casi constante y que resulta marcadamente menor
    a la de los países desarrollados: en Estados Unidos, la inversión por alumno es de 15.000 a
    18.000 dólares y en la región es de 700 dólares promedio.
    En principio, podría señalarse que ha existido un incremento de la eficiencia en tanto que
    la matriculación extendida se ha mantenido con un porcentaje del PBI inalterado.
    No obstante, de una encuesta Delphi realizada por GUNI32 existe consenso en los encuestados
    acerca de la inexistencia de modelos eficientes de asignación de recursos en América
    Latina. Como causa de esto se alude: a) el predominio de políticas económicas adversas al
    gasto social; b) la ausencia de políticas de Estado en materia de financiamiento de la educación
    superior, la ciencia y la tecnología, que permitan planear a largo plazo metas y compromisos
    de las universidades públicas; c) el desplazamiento real de la educación superior pública y de la
    ciencia y la tecnología como prioridades políticas de gobierno durante períodos prolongados;
    d) escasa tradición de la iniciativa privada local para financiar a las universidades públicas; e)
    creciente impulso, dentro de las políticas gubernamentales, tanto federal como estatales, a los
    servicios educativos prestados por la iniciativa privada cuya calidad es precaria y escasamente
    supervisada; f ) no existe un sistema de crédito estudiantil patrocinado por el Estado que facilite
    el acceso a la educación superior privada o pública; g) no existen incentivos fiscales que
    permitan un mejor acceso a tecnología, equipamiento, bibliografía u otro tipo de recursos que
    favorezcan el mejoramiento de las universidades.
    Es necesario complementar estos comentarios con algunos relativos a la eficiencia interna
    de las instituciones. El estudio de UNESCO-IESALC33 muestra cómo para el año
    2001 los empleados administrativos representaban entre el 30 y el 40 % de la totalidad
    del plantel de empleados, esto es, de cada 10 empleados entre 3 y 4 eran administrativos.
    En el mismo informe se señala que, más allá de las dificultades para definir un criterio
    óptimo para la relación entre el número de personal docente y no docente, y que inclusive
    ese tendería a variar en función de las características de la institución, es claro que, en los
    últimos años los avances en la informatización de los procesos de gestión deberían haber
    contribuido a un cambio en esas proporciones.
    Otro aspecto a considerar es el impacto de los procesos de evaluación y acreditación. Los
    instrumentos vinculados a estos procesos, a menudo, pecan marcadamente de exhaustivos en
    cuanto a requerimientos de información. Las instituciones han generado capacidades para
    32 GUNI .La Educación Superior en el Mundo 2006: la financiación de la universidades. (2007).
    33 El Informe sobre la Educación … Op. Cit.
    284
    completar los formularios y, con el paso del tiempo y por la periodicidad que habitualmente
    asumen estos procesos, han sido incorporados a los sistemas de gestión de las universidades.
    No obstante, la totalidad de las referencias expertas sobre el tema aluden a la debilidad de
    los sistemas de información agregada.
    Buenas prácticas
    Es necesario que los Estados hagan un uso estratégico de los esfuerzos institucionales en
    materia de información, para la toma de decisiones estratégicas de la región
    PROPUESTA 18. Fortalecer la coordinación de las entidades relacionadas con la
    educación superior
    En otro plano de la gestión, se observa la presencia de nuevas figuras jurídicas en el marco
    de una mayor complejización institucional y de dinámicas de negociación y construcción de
    consensos más complejas.
    Por una parte, el aumento de la base institucional de la educación superior trajo aparejada
    la aparición de nuevos tipos de instituciones.
    Por otra parte, y probablemente debido a la multiplicidad de temáticas de las agendas universitarias
    y a la centralidad que ha asumido el contexto financieramente restrictivo, las universidades
    han continuado creando asociaciones de rectores e instituciones análogas. Aunque en
    algunos casos las instituciones tienen muchos años, la mayoría de ellas se han creado desde los
    noventa, asumiendo además nuevos roles y cometidos en el proceso de regulación de la educación
    o del establecimiento de consensos en los procesos de negociación con los Gobiernos.
    Asimismo, crecientemente, tanto las unidades ministeriales como las agencias de evaluación
    comienzan a asumir roles y cometidos regulatorios, en particular, asociados a la dinámica
    de internacionalización de la educación superior.
    Buenas prácticas
    Es esencial llevar a cabo un esfuerzo de coordinación y articulación de la diversidad de
    esfuerzos tendientes a una sinergia de las capacidades singulares que poseen las entidades vinculadas
    con el quehacer de las instituciones de educación superior.
    PROPUESTA 19. Apoyar los esfuerzos de las instituciones de educación superior
    relativas a compromiso social
    Si bien el financiamiento, la creciente complejidad institucional y el imperativo de fórmulas
    de eficiencia interna constituyen temas importantes de la agenda de la educación superior,
    probablemente los esfuerzos de gestión más relevantes de las instituciones latinoamericanas se
    ubiquen en el plano de su compromiso social.
    Un recorrido por diversos portales universitarios, informes de evaluación institucional y
    nóminas de proyectos vinculados a entidades de promoción del desarrollo, hacen evidente un
    esfuerzo sin parangón de una faceta de las instituciones de educación superior, no tan explorada
    recientemente: sus acciones en torno de la promoción y preservación de la cultura local y
    de compromiso hacia el desarrollo social.
    285
    Se trata de iniciativas que revalorizan la articulación entre el hombre, su lugar de pertenencia
    y el desarrollo de ambos. En este sentido, la multiplicación de experiencias de promoción
    del desarrollo local que se verifica en el conjunto de América Latina en esta última década
    da cuenta del avance de un enfoque sobre el desarrollo que pone el acento en la cuestión del
    territorio y de la valorización del espacio local como ámbito de referencia para la formulación
    de políticas públicas e iniciativas sociales.
    Es claro que para los países de la región, así como para otras economías emergentes, los
    imperativos de mejoramiento de la gestión, así como las buenas prácticas vinculadas a ella,
    requirieron de una re-significación a la luz del pentágono: docencia, investigación, extensión,
    gestión y compromiso social.
    Buenas prácticas
    Es necesario crear un inventario de experiencias en materia de compromiso social de las
    instituciones de educación superior, así como líneas de financiamiento específicas para este
    esfuerzo.
    PROPUESTA 20. Atenuar el esfuerzo privado de los pobres
    Las familias realizan un esfuerzo económico importante expresado en los pagos a la educación
    superior y en los costos de oportunidad de los tiempos de estudio.
    Mientras que el ingreso promedio per capita a precios constantes se ha mantenido casi estable,
    la matrícula de la educación privada se duplicó en el período, mostrando el sacrificio de
    renta de los hogares como resultado de un cambio en los patrones de consumo de los hogares
    y una mayor propensión al gasto educativo.
    Como sucede en diversos países desarrollados (donde cerca de la mitad o más de los
    recursos totales de las instituciones proviene de la generación de ingresos propios), en
    algunos países, como Perú y Chile, una proporción significativa de los recursos (entre el
    60% y 70%) se genera por las propias instituciones, sea mediante el cobro de aranceles,
    contribuciones y tasas a los estudiantes y sus familias, intereses por inversiones, venta de
    activos, donaciones, herencias, venta de servicios, ingresos por licencias, royalties y contratos
    de investigación.
    La precariedad de los empleos, la incertidumbre respecto a la sostenibilidad de los trabajos
    son también derivaciones de la actual globalización que incentiva a las personas a incrementar
    sus años de escolarización e incrementar la cobertura terciaria como escudo de defensa, como
    estrategia de sobrevivencia de los hogares.
    PROPUESTA 21. Aprovechar la red de instituciones de educación superior en pro del
    mejoramiento territorial
    Si bien la rápida expansión territorial motivada por la masificación de la educación superior
    constituye una de las razones de la heterogeneidad interna de calidades, el aprovechamiento
    diferencial de la amplia red de “sitios” en la que ésta se despliega contribuye con la implementación
    de los instrumentos de política que se han iniciado recientemente en la mayor parte de
    286
    los países de la región.
    El fortalecimiento institucional de las regiones se presenta como propósito relevante en la
    mayoría de los actuales ejercicios de políticas públicas y, más precisamente, en las alternativas
    para el logro de su eficacia.
    El mejoramiento de la calidad a través del aprovechamiento de las capacidades diferenciales
    que se presentan en las redes en la que se despliegan las instituciones de educación superior,
    resulta una contribución de envergadura para este propósito.
    La interdependencia funcional entre partes de una estructura de formación cooperativa trae
    ventajas para elevar la legitimación global en el plano internacional y, de ese modo, ampliar las
    posibilidades de aprovechamiento de las ventajas de la nueva internacionalización y preservarla
    de sus efectos adversos.
    Al respecto, constituyen evidencias prometedoras:
    • La expansión de la educación superior en la región ha sido acompañada con una paralela
    demanda sostenida de personas altamente calificadas y un significativo premio salarial para
    los graduados.
    • La respuesta a nuevas demandas de acceso de la población han permitido la inclusión de
    sectores fuertemente marginados con anterioridad como los grupos indígenas u otras minorías
    como las personas con discapacidad o los migrantes.
    Buenas prácticas
    Es necesario que, en el marco de las definiciones estratégicas, se atiendan las particularidades
    de las instituciones y de las regiones donde éstas se insertan. En ocasiones, los corredores
    culturales entre dos o más zonas superan la barrera de los límites nacionales, por ejemplo la
    zona andina que abarca vastas zonas de diversos países de la región. Respecto de ellas deben
    crearse facilitadores especiales.
    PROPUESTA 22. Fortalecer la capacidad de las políticas gubernamentales
    Es clara la necesidad de desarrollar capacidades para el diseño y la implementación de los
    instrumentos de política complejos, como son los relativos a educación superior.
    Entre otras:
    1. El fortalecimiento de las políticas públicas como aspecto central del alcance de las visiones
    establecidas en la Declaración Mundial de 1998.
    2. El compromiso de la educación superior con respecto a la reducción de vulnerabilidades
    estructurales y de los factores de riesgo de su contexto.
    3. El fortalecimiento de las medidas legislativas, administrativas o de política por parte de los
    Estados para el control de las prácticas de transnacionalización de la formación superior.
    4. El derecho soberano de los Estados en cuanto a:
    a. R econocer los títulos de los profesionales que ejercerán en su territorio.
    b. Limitar el reconocimiento a los títulos extranjeros de aquellas instituciones cuyos Estados
    hayan convalidado la Declaración Mundial sobre educación superior.
    c. Solicitar el consentimiento fundamentado previo acerca de la calidad de la oferta a las
    287
    agencias de acreditación del Estado en la que se encuentra la sede central de la institución
    que provee la oferta internacionalizada.
    Buenas prácticas
    - Es clave la existencia de financiamiento dirigido al fortalecimiento de las unidades gubernamentales
    e institucionales. La educación superior en la próxima década requerirá un
    amplio cuadro de profesionales expertos. En los países desarrollados es especial contar con
    capacitación. En la región, deben fortalecerse las capacidades de convergencia.
    - Los problemas de falta de información pertinente y accesible afecta la formulación de
    políticas. Al respecto, es relevante que los generadores de información lleven a cabo sus
    relevamientos de manera articulada, de modo de asegurar la compatibilización de las bases
    informativas. Asimismo, muy raramente la información satisface las necesidades de los
    usuarios. Es necesario que los responsables de preparar y publicar la información estudien
    sistemáticamente a las comunidades de usuarios, entre ellos, los decidores políticos y los
    planificadores. En este sentido cobran importancia los inventarios, las bases de datos y las
    redes a través de las cuales acceder a la información.
    - Si bien desde hace dos décadas ha aumentado sustancialmente la investigación sobre la
    educación superior, las medidas que se requieren implementar superan la actual capacidad
    de investigación. Es necesario incrementar el volumen de financiamiento para la investigación
    en educación superior. Es especial, la investigación en el corto y largo plazo, en
    particular, sobre los lazos existentes entre la educación superior y el desarrollo económico,
    pero también sobre la preservación de la cultura y la crítica a los acontecimientos contemporáneos.
    - Aunque en el nivel regional o de los países se ha avanzado poco en posiciones comunes
    o individuales con respecto a las nuevas transformaciones en la educación superior, a la
    luz de las reformas que se inician en los países de la región, diversos y pequeños espacios
    e, incluso, instituciones completas, se han anticipado a los desafíos venideros y vienen
    emprendiendo estrategias que re-significan estas nuevas reglas de juego para el desarrollo
    endógeno de la región. Las micro-regulaciones, los medios y la persuasión que contienen
    estas estrategias debieran ser observadas como un cúmulo de instrumentos contributivos
    para la investigación, la generación de información y la formulación de nuevas políticas
    públicas.
    PROPUESTA 23. Fortalecer las capacidades en materia de relaciones internacionales
    Los primeros años del siglo se caracterizan por la creación y el fortalecimiento del papel de
    las asociaciones y redes entre países de la región y de éstas con otras del mundo.
    Las redes van constituyendo corredores esenciales de la cooperación en sus múltiples facetas.
    Han cobrado una singular importancia debido a que responden a la necesidad de compartir información
    y experiencias, generar respuestas a las demandas de los países e instituciones y favorecer los
    canales para que éstos actúen por ante las diferentes entidades del plano internacional.
    Su existencia y desarrollo cobra especial interés a la luz de la complejidad de las relaciones
    internacionales: mientras las fuerzas globalizadoras generan un progresivo debilitamiento del
    288
    grado de territorialidad, el desarrollo del sistema económico global requiere de un espacio organizativo
    y social capaz de brindar una serie de actividades y servicios especializados, en donde
    la educación superior adquiere un rol singular. El territorio subnacional -en cualquiera de sus
    niveles y con el conjunto de sus instituciones- se convierte en el nuevo actor del desarrollo y
    la “paradiplomacia” adquiere un alcance singular e implica para las instituciones sumar nuevas
    competencias en materia de estrategias de internacionalización.
    Si bien, a diferencia de lo que sucede en otros sectores, el segmento correspondiente a la
    educación superior se ha caracterizado por la presencia temprana de formas de cooperación
    descentralizada (articuladas en mayor o menor medida con las fórmulas tradicionales de gestión
    de la cooperación entre naciones), no quedan dudas que en la actualidad la participación
    directa de las instituciones en las redes y en los sistemas de cooperación internacional adquiere
    un rol relevante.
    El documento “Procesos de integración, cooperación internacional, conformación de redes
    y asociaciones universitarias, procesos de internacionalización de la educación superior y
    fuga de talentos humanos en América Latina y el Caribe”, 2007, de Maribel Duriez González
    expone un detallado estado de los acuerdos, asociaciones y redes vinculadas a la educación
    superior.
    Las acciones imbuidas en los nuevos fenómenos de creciente compromiso de las instituciones
    con los espacios locales en diversas facetas de la formación superior y la investigación
    y el desarrollo y, en el otro extremo, de creciente incidencia de fórmulas de formación mundializadas
    a través de las facilidades que a éstas les ofrecen las nuevas tecnologías, conllevan
    el diseño de políticas cuidadosas en materia internacional, tanto en relación con organismos
    multilaterales como en aspectos de la cooperación.
    Al respecto, el comienzo de siglo –como probablemente ningún otro período- resulta un
    muestrario profundamente diverso en cuanto a corredores diferenciales de cooperación y de
    negociación multilateral, regional y binacional: la acreditación regional; las discusiones en
    torno de la inclusión de la educación superior en la OMC; los diversos programas relacionados
    con ejercicios tendientes al reconocimiento mutuo de titulaciones o trayectos de formación;
    las fórmulas de co-responsabilidad financiera de la cooperación, entre otras, dan cuenta de la
    complejidad de los asuntos internacionales de la educación superior.
    PROPUESTA 24. Hacer de la asistencia para el desarrollo un factor de fortalecimiento
    de la educación superior
    La asistencia para el desarrollo podría cumplir un importante papel respaldando directamente
    la labor de fortalecimiento de la educación superior.
    Al respecto, las entidades de asistencia para el desarrollo deberían crear pautas de evaluación
    de las repercusiones de los proyectos sobre la educación superior, dedicar fondos para
    poner en marcha programas referidos a las acciones prioritarias expuestas en la Declaración
    Mundial sobre la Educación Superior, desarrollar experiencia técnica y enunciados estratégicos
    a la luz de estas acciones prioritarias y asegurarse de que en todos los sectores se cuente entre
    los objetivos el fortalecimiento de la educación superior.
    289
    PROPUESTA 25. Reforzar el marco jurídico internacional en materia de educación
    superior
    La Declaración Mundial sobre la Educación Superior es una referencia importante para
    el planteo de acciones mancomunadas entre las naciones. Asimismo, numerosos tratados y
    acuerdos regionales y bilaterales se refieren a la educación superior. No obstante, muchos de
    estos deben ser revisados y conectados a la Declaración. Por otra parte, es necesario que la declaración
    asuma el carácter de convención a ser ratificada por ley por los distintos Estados involucrados.
    Tanto la educación transnacional, las modalidades virtuales de la educación superior,
    como el reconocimiento mutuo de acreditaciones y de títulos han de ser temas prioritarios a la
    hora de los tratados multilaterales y los acuerdos bilaterales.
    Post scriptum
    Los vacíos teóricos y conceptuales relativos a importantes aspectos de la educación superior,
    en particular, al momento de la formulación de políticas públicas, conllevan al planteo
    de la necesidad de promover expresamente la atención de la educación superior por parte de
    diversas disciplinas que contribuyan a balancear el dominio interpretativo hoy predominante
    desde la administración y la economía, así como del tratamiento específico de la diversidad de
    contextos en que se desenvuelven las instituciones de educación superior y sus comunidades.
    El pensamiento sobre el desarrollo de la educación superior en América Latina posee como
    rasgo sobresaliente la preeminencia de una perspectiva “economicista” y la centralidad en torno
    de dos principios clave:
    • El mercado
    • La interpretación y re-interpretación de la crisis de las instituciones de educación superior
    (en particular de la universidad).
    Al respecto, existen unas cuantas indicaciones que gozan de un amplio consenso y que
    delinean el perfil básico del Estado actual del pensamiento político sobre el desarrollo de la
    educación superior en América Latina.
    Aun cuando, a lo largo de estos años ha sido enriquecida, la perspectiva analítica dominante
    está siendo sobrepasada cada vez más por algunos grandes problemas que van emergiendo y
    que requieren análisis apropiados. Un sinnúmero de sucesos ilustran nítidamente la necesidad
    de una visión renovada de la educación superior latinoamericana.
    El catálogo de ideas predominantes
    Desde la relación que estableció la universidad con la corona, el papado y la ciudad en el
    siglo XII hasta los actuales sofisticados mecanismos de trasnacionalización de la educación
    superior e, incluso, de la instalación de la noción de “industria de la educación superior” en el
    marco de la OMC, las instituciones de educación superior se han desenvuelto en un espacio
    signado por la necesidad social, las cuestiones de oferta y demanda y el cruce de diversos intereses
    económicos.
    290
    Esta dimensión analítica ha sido abordada, desde Smith, por numerosos autores provenientes
    de diversas escuelas del pensamiento, como didácticamente expone J.J. Brunner en
    el reciente trabajo “Mercados universitarios. Los nuevos escenarios de la educación superior”
    (2007). Asimismo, como también señala este autor, esta perspectiva se ha convertido en el
    centro del debate internacional sobre las tendencias actuales de la educación superior, sus perspectivas
    de desarrollo y sobre las políticas para este nivel de la educación.
    Lo especial, no obstante, es el consenso prácticamente unívoco de centrar los análisis relativos
    a la educación superior en torno de conceptos de esta disciplina, así como focalizar el desarrollo
    de ésta en torno de dos mecanismos clave. El primero es el cambio de paradigma hacia
    un desarrollo basado en el mercado. El segundo es la hermenéutica de las crisis de la educación
    superior, en particular, el complejo proceso de interpretar y reinterpretar las relaciones entre el
    Estado y la educación superior34.
    El cambio de paradigma hacia un desarrollo basado en el mercado fue parte de una transformación
    de mayor alcance en el pensamiento político sobre el desarrollo de la educación superior
    en un sentido opuesto a la indulgencia estatal que había prevalecido en América Latina
    hasta avanzados los años 80.
    Entre los conceptos que gozan de un amplio consenso con este enfoque del mercado y más
    allá de los posicionamientos diferenciales al respecto, se encuentran:
    • El capital humano en relación con la interrelación entre la educación superior y las empresas,
    la incorporación de prácticas empresariales en la gestión de las instituciones, el rol
    emprendedor de las instituciones en relación con el desarrollo del medio, los efectos que
    sobre la investigación académica produciría su creciente orientación utilitaria y la mayor o
    menor autonomía ante la ampliación de la base de financiamiento.
    • La estandarización de las prácticas de la educación superior, en particular, en su relación
    con la internacionalización de los hábitos académicos a nivel institucional y con las convergencias
    de los programas de grado y posgrado (créditos y reconocimiento mutuo).
    • La creciente conexión de los mercados locales, en particular, en su relación con la movilidad
    internacional de estudiantes y el intercambio y la interacción entre académicos e investigadores
    de diferentes partes del mundo a través de redes globales cada vez más flexibles
    e imbricadas, así como del impacto de las nuevas tecnologías y los mercados de prestigios
    sobre las tasas y giros de estas relaciones.
    • Las traducciones que se operan en los pasajes de contenidos a través de distintas formas de
    soportes (humanos, tecnológicos), así como de las tasas de desgaste de estos soportes en
    relación con las propiedades del conocimiento en sí.
    • Los beneficios individuales y sociales de la educación superior.
    • La formación superior como bien público y su relación los puntos antes mencionados.
    En cuanto al segundo mecanismo analítico basado en las interpretaciones relacionadas con
    la crisis de la educación superior a la luz de los nuevos vínculos con los Estados, goza de amplio
    consenso el abordaje del Estado regulador por una parte, y el pasaje del Estado regulador al del
    control burocrático y promotor de la autorregulación y de la competitividad, por otra. A ellos
    34 Se ha observado el increíble paralelismo de esta postura con la que expresan numerosos analistas económicos. Por ese motivo, en los
    párrafos que aquí se vuelcan se recogen las contribuciones de estas perspectivas, en particular, del documento: El desarrollo económico
    en América Latina: grandes problemas emergentes, respuestas políticas limitadas de Augusto de la Torre, Juan Carlos Gozzi y Sergio L. Schmukler.
    En Machinea, José Luis y Narcí Serra (2007) Visiones del desarrollo en América Latina. CEPAL.
    291
    necesariamente se agrega una tercera relación: la del Estado indulgente al del control burocrático.
    Asimismo, cualquiera sea el Estado o pasaje que se observa, la cuestión del financiamiento
    adquiere un significado especial o, más precisamente, los dispositivos de política pública y de
    las instituciones para lograr el objetivo de un financiamiento compartido entre el gobierno por
    un lado y los estudiantes y sus familias por otro.
    Una cuestión adicional es el hecho de que prácticamente no existen interpretaciones latinoamericanas,
    más allá de la aplicación de estos conceptos y relaciones. Al respecto, señala
    Brunner:
    (…) manteniendo su centro de gravedad en los países anglosajones, el campo de
    estudios de la educación superior se amplía tanto desde el punto de vista temático
    como de sus practicantes, que ahora provienen de lugares tan dispares como
    Holanda y Hong Kong o Brasil y África del Sur. Con todo, como ha reparado
    C. García, las secciones de la Encyclopedia of Higher Education destinados a
    analizar las diferentes perspectivas disciplinarias que convergen en el estudio de
    la educación superior --que citamos más arriba--, si bien contienen más de mil
    referencias bibliográficas, sólo 20 provienen de títulos publicados en idiomas
    ajenos al inglés; 13 en alemán, 3 en francés, 3 en ruso y 1 en italiano. De los
    autores de esas secciones, ninguno pertenece a América Latina.
    Los beneficios individuales y sociales, la sustentabilidad de la educación superior basada en
    cuestiones de financiamiento, el riesgo e incertidumbre del proceso de opción de trayectos por
    parte de los estudiantes, el efecto derrame del capital humano, la provisión de graduados, han
    ganado terreno sobre perspectivas analíticas como la dignidad del cuestionamiento, la impotencia
    creadora del saber, la esencia intrínseca de la ciencia, la existencia de la universidad en
    la cultura.
    Es comprensible que en la práctica de la política pública o del financiamiento, las cuestiones
    de mercado constituyan componentes fundamentales a la luz de las prácticas que se
    difunden o, que estas prácticas horaden los análisis de la relación entre el Estado y la educación
    superior. Lo que es menos comprensible es lo unidisciplinaria que es la fuente a partir de la cual
    idear tales políticas o perspectivas de financiamiento.
    También es llamativa la velocidad a la que ha ocurrido esta erosión. Solamente basta recordar
    las aproximaciones disciplinarias a la educación que planteaba Clark hacia 1980: la
    Historiografía, la Ciencia Política, la Economía, el enfoque organizacional, la Sociología, la
    antropología de las culturas académicas, el estudio de la implementación de políticas públicas
    en este sector, la aproximación provista por quienes estudian los sistemas académicos de las
    ciencias, el Derecho, la Filosofía, la Literatura, la Economía política, la administración pública,
    la psicología social y los estudios de género.
    Algunas evidencias de la insuficiencia de la perspectiva predominante
    Aunque se requerirían varios capítulos para ahondar en la necesidad de renovar la visión
    analítica sobre la educación superior latinoamericana, al sólo efecto de fundamentar su tratamiento
    en la próxima Conferencia Mundial sobre educación superior, se esbozan algunos interrogantes
    que, en principio, tienen poca cabida en el marco analítico de la teoría económica,
    292
    pero que habitualmente se presentan al momento de delinear políticas públicas.
    La virtualización, más allá del mayor o menor empleo que de sus ventajas puedan
    realizar las instituciones de educación superior, está presente en numerosas acciones cotidianas
    y cambian permanentemente sus medios. De la Web 1 a la Web 2, del post al blog;
    entre otros tantos. Desde la interpretación aristotélica, lo virtual no es real. No obstante,
    habida cuenta de las transformaciones en curso, es más correcto preguntarse acerca de qué
    tipo de realidad es la virtualidad y cómo impactará ésta en la actividad de un profesional
    dentro de 20 años. A modo de ejemplo, la súper especialización condujo a la existencia
    de problemas de aplicación en el mundo real de las profesiones, como por ejemplo en la
    clínica o atención primaria de los médicos, en la extensión de los agrónomos, entre otras.
    Los principios vinculados a la virtualidad, como por ejemplo la tendencia a decisiones
    rápidas, a reversiones rápidas (solamente con “esc”) ¿Cómo impactarán sobre el desarrollo
    profesional? Las representaciones utilizadas en la plataforma de la virtualidad ¿cuánto se
    acercan o alejan de su quehacer profesional? Los sistemas hápticos ¿enriquecerán el abordaje
    de problemas? Lo cierto es que las instituciones de educación superior recibirán, cada
    vez con mayor presencia, generaciones imbuidas en las nuevas prácticas y hábitos de la
    virtualidad que, a su vez, serán más digitales, más móviles y de mayor alcance. Sin dudas,
    análisis relativos a estas cuestiones son relevantes al momento de establecer una diversidad
    de políticas públicas.
    La masificación y el compromiso social de la educación superior han llevado a instalar
    espacios de formación avanzada en regiones de extremo riesgo social. Asimismo, las instituciones
    cuentan con estudiantes cuyo ámbito de desempeño familiar y laboral corresponde
    a esta categoría. De hecho, Estados completos sufren el flagelo del riesgo social y de
    la violencia. Esto es un hecho. Las cuestiones vinculadas a estos sucesos atraviesan varias
    aristas: el miedo, la organización de los horarios, problemas en el reclutamiento de docentes,
    la convivencia con personal de seguridad armada, exabruptos para los que no existen
    procedimientos, la perspectiva múltiple acerca del valor de la vida y la muerte, el abordaje
    de reglas distintas y, hasta en ocasiones, la subvaloración del desarrollo tecnológico de las
    instituciones a la luz de las tecnologías utilizadas por grupos altamente tecnologizados
    de, por ejemplo, narcotraficantes. Los planteos habituales son unidireccionales (de ayuda,
    de apoyo) y su abordaje es en el nivel de los principios. Lo cierto es que es cada vez más
    extendida esta situación en el mundo y se requieren, en consecuencias, definiciones más
    específicas.
    Estos ejemplos están lejos de cubrir la cantidad de sucesos que requieren análisis que sobrepasan
    la plataforma teórica de la economía y que resultan gravitantes en las decisiones de
    políticas públicas acerca de la formación calificada de personas.
    3. Conclusión
    Los párrafos precedentes intentan delinear un aporte para la discusión de los Ministros de
    Educación de los países de América Latina a la luz de la próxima Conferencia Mundial de la
    Educación Superior desde un lugar singular: las transformaciones en curso o, más estrictamente,
    los temas emergentes de las actuales agendas de política pública de la educación superior
    latinoamericana.
    293
    La región posee el doble imperativo de desarrollar alternativas en el marco de los recientes
    cambios de política, y de generar los mecanismos apropiados para el logro de los resultados por
    éstas delineados. En este sentido, los argumentos que fueron expuestos apuntan a fundamentar
    aspectos específicos de la región como contribución a la discusión mundial.
    Es claro que se requerirá de discusiones de fondo en torno de una serie de transformaciones
    que se inician, que agudizan los fenómenos de trasnacionalización y que impactarán profundamente
    en el desarrollo de los sistemas de educación superior del mundo. Al respecto, el temario
    propuesto avanza sobre algunos tópicos desde la mirada de la región.
    A modo de post scriptum se ha señalado la necesidad de una visión renovada del análisis de
    la educación superior general, en este caso desde algunos retos de América Latina. Desde ya,
    ello no significa dejar de lado los importantes aspectos mencionados en la declaración de 1998,
    incluso, desde una mirada renovada de ellos.
    Un principio atraviesa el conjunto de las acciones propuestas: el valor intrínseco de la
    diversidad de los espacios de formación avanzada y de los valores sociales, económicos,
    científicos, educativos y culturales asociados a esa diversidad. Esta es nuestra contribución
    latinoamericana al nuevo preámbulo de la Declaración Mundial de la Educación Superior para
    el próximo decenio.
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